El relativismo lleva a la tolerancia hostil

El relativismo lleva a la «tolerancia hostil», no a la libertad religiosa

Representante vaticano reflexiona sobre la persecución a los cristianos

ROMA, miércoles 14 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).- El secretario de la Santa Sede para las relaciones con los Estados, el arzobispo Dominique Mamberti, considera que el relativismo que impera en Occidente no lleva a la libertad religiosa, sino a una “tolerancia hostil”.

Lo afirmó en un discurso pronunciado durante la cumbre, el pasado lunes 12 de septiembre en Roma, de la Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa (OSCE), sobre la discriminación de los cristianos.

El arzobispo recordó que en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, el Papa Benedicto XVI ya advirtió que los cristianos “constituyen el grupo religioso que sufre más persecución a causa de su fe”.

El prelado admitió que la mayor parte de los crímenes de odio contra los cristianos tienen lugar fuera del área de la OSCE, pero afirmó que hay “signos preocupantes” también en Europa. Citó en este sentido un informe de la Oficina para las Instituciones Democráticas y los Derechos Humanos (ODIHR), que “ofrece una prueba irrefutable de una creciente intolerancia contra los cristianos».

Monseñor Mamberti explicó que la promoción y la consolidación de la libertad religiosa está en el centro de la prevención de este tipo de crímenes.

«La libertad religiosa no puede limitarse a la simple libertad de culto, aunque esta última sea obviamente una parte importante de ella», afirmó. “he explained. «Con el debido respeto por los derechos de todos, la libertad religiosa incluye, entre otros, el derecho a predicar, educar, convertir, contribuir al discurso político y participare plenamente en las actividades públicas».

Trascendente y social

El prelado explicó también que la libertad religiosa no es sinónimo de relativismo, ni de “ni de la idea post-moderna según la cual la religión es un componente marginal de la vida pública».

“El relativismo y el secularismo niegan dos aspectos fundamentales del fenómeno religioso, y por tanto del derecho a la libertad religiosa, que en cambio exigen respeto: las dimensiones trascendente y social de la religión, en los que la persona humana intenta ligarse, por así decirlo, a la realidad que la supera y que la rodea, según los dictámenes de su propia conciencia», explicó.

Prosiguió diciendo que «si bien es verdad que el riesgo de crímenes dictados por el odio está ligado a la negación de la libertad religiosa, no deberíamos olvidar que hay graves problemas en áreas del mundo donde por fortuna no hay persecuciones violentas de cristianos».

Aun admitiendo que la marginalización de la religión no puede compararse con la persecución violenta, sin embargo “estos crímenes se alimentan en un ambiente en el que la libertad religiosa no es plenamente respetada y la religión es discriminada”.

«En la región de la OSCE, estamos ampliamente bendecidos por el consenso sobre la importancia de la libertad religiosa. Por esto es importante seguir hablando de la sustancia de la libertad religiosa, de su vínculo fundamental con la idea de verdad, y de la diferencia entre la libertad de religión y el relativismo que simplemente tolera la religión aún considerándola con un cierto grado de hostilidad», agregó.

El prelado concluyó apuntando que “la visión que identifica la libertad con el relativismo o con el agnosticismo militante y que hace surgir dudas sobre la posibilidad de conocer jamás la verdad, podría ser un factor base del aumento de la verificación de estos incidentes y crímenes dictados por el odio”.

El legado de Galileo Galilei

Informe Especial

El legado de Galileo Galilei
Una conferencia debate la duradera influencia de los científicos

Por Edward Pentin

ROMA, lunes 13 de diciembre de 2009 (ZENIT.org). – Cuatrocientos años después de haber inventado el primer telescopio, el legado de Galileo Galilei sigue vivo, mientras sigue influyendo en cómo el mundo ve la ciencia y cómo la ciencia ve el mundo y, por supuesto, el universo.

Se ha examinado con detalle su grado de impacto en el mundo científico y en la Iglesia en una fascinante conferencia en Roma, reunida por la Pontificia Universidad Lateranense.

Titulado “1609-2009: Desde el Telescopio de Galileo a la Cosmología Evolutiva – Ciencia, Filosofía y Teología en Diálogo”, el encuentro de tres días reunió a toda una serie de conferenciantes de primer orden incluyendo a dos Nobel de Física, cosmólogos, teólogos y filósofos. Ha tenido lugar al finalizar el Año Internacional de la Astronomía, para celebrar el invento de Galileo en 1609.

La conferencia comenzó, lógicamente, aclarando los mitos que todavía rodean a Galileo y su relación con la Iglesia. El Dr. Own J. Gingerich, antiguo profesor e investigador de astronomía y de historia de la ciencia en la Universidad de Harvard, presentó la historia de la controversia.

Eliminó rápidamente la acusación más famosa y al parecer más irrefutable: que la Iglesia torturó a Galileo. Se envió una carta al astrónomo italiano, afirmaba Gingerich, que indicaba que debía ser “interrogado por una vehemente manifestación de herejía” y que concluía “siendo mostrados legalmente los instrumentos de tortura”.

No obstante Gingerich afirmó que Galileo “ciertamente no fue torturado y sospecho que tampoco se le mostraron los instrumentos de tortura, pero estaba en su tercer interrogatorio cuando se dio cuenta de que no habría debate, de que no sería capaz de sostener que el sistema copernicano se debía tomar en serio”. A partir de entonces estaba dispuesto a “confesar de cualquier forma que se le requiriese, a ponerse en arresto domiciliario y a ser devuelto a Florencia”.

El profesor Gingerich decía que era especialmente importante ver el caso de Galileo en su contexto. “Hay que comprender que la mayoría de la gente pensaba que el sistema copernicano era totalmente ridículo; además nadie quería adoptar el sistema copernicano”.

El astrónomo norteamericano hacia luego una observación especialmente pertinente: que la controversia de Galileo “cambió esencialmente la forma en que hacemos ciencia porque hoy la ciencia trabaja sobre todo por la persuasión y no por las pruebas, y Galileo influyó mucho en que esto ocurriera”.

Después de que Galileo publicara su Diálogos sobre los Dos Mayores Sistemas del Mundo que comparaba los sistemas copernicano y ptolemaico (que la tierra giraba alrededor del sol y que el sol giraba alrededor de la tierra), Gingerich decía que hubo una constante “erosión de esta distinción entre la tierra y los cielos”. Pero al mundo le llevó siglos que se extendiera plenamente.

Era de descubrimientos

Sin embargo, los avances en astronomía han sido desde entonces impresionantes, y muchos de ellos han tenido lugar durante los últimos 15 a 20 años. “Estamos en una era de grandes descubrimientos y haciendo grandes progresos”, afirmaba el profesor George F. Smoot, ganador del premio Nobel de Física en el 2006 por su trabajo para ayudar a entender la Teoría del Big Bang.

Gracias al telescopio espacial Hubble y al más reciente observatorio espacial Planck, lanzado por la Agencia Especial Europea, los astrónomos pueden ver ahora el universo con un detalle mucho mayor. Smoot, cuya tarea es cartografiar la superficie del comienzo del universo, comparaba dos mapas del globo para ilustrar cuánto se ha progresado. Uno mostraba todos los continentes cartografiados más o menos como en un atlas medieval, el segundo mostraba la tierra con gran detalle topográfico. El primero representaba lo que sabíamos del universo en 1992; el segundo, lo que conocemos hoy.

Los telescopios actuales han llevado al descubrimiento de por lo menos 100.000 millones de galaxias en el universo, observaba Smoot, llevándole a plantear una cuestión cosmológica provocativa. “Si el propósito del universo es que el ser humano pudiera vivir en él, ¿Por qué hacer tantas galaxias? Claramente sería más que suficiente con crear el sistema solar, [sin embargo] hay muchas, muchas galaxias distribuidas de formas extrañas y evolucionando a lo largo del tiempo. Por eso la cuestión que se tiene en cosmología es explicar todas estas series de factores”. Añadía que los astrónomos esperan que Planck les ayude a comprender mejor la naturaleza fundamental de la creación del espacio y el tiempo que, afirmaba “es muy crítica”.

Más allá de la observación

En su mensaje a los participantes en la conferencia, Benedicto XVI afirmaba que la lección de Galileo es también una llamada a ir más allá de lo que se puede observar. Las cuestiones sobre la inmensidad del universo, su origen y su fin, “no admiten una única respuesta de carácter científico”, afirmaba. “Quien mira al cosmos, siguiendo la lección de Galileo, no podrá detenerse sólo en aquello que observa con el telescopio; deberá ir más allá, interrogándose sobre el sentido y el fin al que se orienta toda la creación”. En este contexto, observaba el Papa, la filosofía y la teología tienen un importante papel “para allanar el camino hacia ulteriores conocimientos”.

Algunos oradores pusieron de relieve que Galileo valoraba la Escritura, observando que le gustaba citar al cardenal Cesare Baronio, que afirmaba: “La Biblia fue escrita para mostrarnos cómo ir al cielo, no cómo van los cielos”. Pero Galileo hacía hincapié en que la Biblia no debería tomarse a la letra o como un instrumento de prueba de la ciencia. Al hacerlo, esperaba que esta visión fomentaría la reconciliación entre la fe y la ciencia (sus detractores, sin embargo, tomaron la postura opuesta y vieron en ello un intento de interferir en la teología)”.

Sin embargo, según el arzobispo Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, la postura de Galileo sobre el literalismo enseña algo muy relevante al mundo de hoy: que tales interpretaciones de la Biblia conducen al fundamentalismo. El prelado italiano, que es también un renombrado erudito de la Biblia, afirmaba que los textos bíblicos son “una realidad vida” y, por tanto, implican el riesgo del fundamentalismo. Pero también ponía de relieve que, a través de la Biblia, se puede llegar a apreciar la “estética de la creación”. “El hombre no puede nunca estar presente en la creación sólo estudiándola desde un punto de vista científico”, explicaba. “Al estudiar el científico el universo desde el punto de vista científico, se deja abrumar por el lenguaje simbólico y recurre a las emociones estéticas, poéticas”.

“Esto es lo que hacen los creyentes, y los grandes pensadores como [Blas] Pascal cuando habla del temor y casi vértigo cuando se enfrenta a estos inmensos espacios y reconoce que una criatura muy frágil”, continuaba el arzobispo. Hizo referencia al salmo 8 en el que un hombre contempla las galaxias y piensa de sí mismo: ¿Qué es el hombre? “De la contemplación estética de la creación dimanan grandes cuestiones existenciales”, afirmaba Mons. Ravasi, “y este es uno de nuestros grandes empobrecimientos”. No es que la humanidad no haya progresado en la ciencia, afirmaba, “sino que el hombre no ha progresado en la contemplación de la belleza de la creación”.

Citando a G. K. Chesterton, afirmaba que “estamos pereciendo no por falta de maravillas, sino por falta de capacidad de maravillarnos”. El arzobispo pedía luego a creyentes y a no creyentes “que descubrieran el valor secreto, el valor poético” de la creación.

¿Orden o desorden?

Como un apunte interesante, el profesor Smoot había afirmado en su conferencia que el universo es “extremadamente ordenado” y parece que llegará a estar incluso más ordenado.

Esto llevó a un miembro del auditorio a preguntar sobre la observación del profesor, preguntando si, como se piensa comúnmente, el universo se está expandiendo y enfriando a una temperatura uniforme y, por lo tanto, se volverá más desordenado, un proceso conocido en termodinámica como entropía creciente.

La conclusión lógica es que, si esto es así, entonces el universo se dirige hacia una posible muerte, o lo que los astrofísicos llaman “muerte caliente”, en la que toda la energía del cosmos termine como una distribución homogénea de energía termal, de manera que no pueda extraerse fuerza de ninguna fuente.

El profesor Smoot contestaba diciendo, en primer lugar, que la parte más temprana del universo tiene una baja entropía. Luego continuaba: “La entropía es mayor donde hay agujeros negros, y nuestro conocimiento actual es que la mayoría de la entropía del universo está en los grandes agujeros negros”.

“La entropía específica es todavía bastante baja, y aunque el universo comenzó extremadamente ordenado se ha vuelto menos ordenado. Aunque parezca ordenado, si se mira a cómo se distribuyen las galaxias y la materia oscura, actualmente está más desordenado que cuando comenzó con casi una uniforme distribución.

“Este desorden está aumentando, y uno de los principales debates de hoy es si esta entropía seguirá creciendo siempre, o si en algún momento esta información se perderá y se borrará y se logrará un nuevo Big Bang.

“Esta es una de las cuestiones interesantes de la cosmología actual: que incluso aunque parezca que nos ordenamos más, no es así”.

 

El matrimonio se funda en la diferencia de sexos

El matrimonio se funda en la diferencia de sexos

La palabra “homoparentalidad”, recientemente acuñada, intenta hacer olvidar que el matrimonio está fundado sobre la diferencia de sexos, y no sobre la sexualidad de los individuos. Esta es la tesis que desarrolla la filósofa francesa Sylviane Agacinski en un artículo que publica en Le Monde (22 junio 2007).

Agacinski señala que la institución de una pareja parental homosexual “aboliría la distinción hombre/mujer en beneficio de la distinción entre homosexuales y heterosexuales”. La reivindicación del “matrimonio homosexual” o de la “homoparentalidad” se ha formulado a partir de la construcción de sujetos jurídicos que nunca han existido: los “heterosexuales”, con lo cual se ha planteado la igualdad de derechos entre homosexuales y heterosexuales. “Sin embargo, se trata de una ficción, pues ni el matrimonio ni la paternidad se basan en la sexualidad de los individuos, sino en primer lugar en el sexo, es decir, en la distinción antropológica entre hombres y mujeres”.

En una civilización como la nuestra, heredera del derecho romano, afirma Agacinski, el matrimonio ha sido siempre la unión legal de un hombre con una mujer, a la que hace la madre de sus hijos. El matrimonio es, todavía hoy, “la unión de dos sexos en razón de su complementariedad en la generación”. En cambio, “un matrimonio homosexual instauraría simbólicamente como pareja parental a dos personas del mismo sexo y pondría en cuestión la filiación bilateral de los hijos (un lado materno y otro paterno)”.

“Se invoca generalmente un culturalismo integral para afirmar que el derecho civil y particularmente la institución del matrimonio y de la filiación son puras construcciones, ajenas a la sexuación y a la generación. Pero no hay nada de eso, pues el lazo de filiación que une a un hijo con sus padres es universalmente reconocido como bilateral, y esta bilateralidad sería ininteligible si no se construyera directamente sobre la generación sexuada”.

“Sin duda alguna, es la complementariedad y asimetría hombre-mujer la que da su modelo a la distinción de los lados paterno y materno de la filiación”.

Agacinski reconoce que la paternidad civil no siempre coincide exactamente con la generación biológica, pero en general se ha intentado que coincidan. “No olvidemos tampoco que el orden civil no borra todo lazo biológico: el incesto sigue siendo tabú entre padres e hijos naturales, y la responsabilidad moral de los progenitores, cuando son conocidos, no desaparece simplemente tras la paternidad legal”.

En cualquier caso, “la alteridad sexual da su modelo formal a la bilateralidad de los ascendientes (por eso, y solo por eso, son dos, y no tres o cuatro)”. En resumen, “si el orden humano, social y simbólico, da a los individuos una filiación doble, materna y paterna, no es en razón de los sentimientos que pueden unir a los padres entre sí, los deseos que los animan o los placeres que se dan, sino en razón de la condición sexuada de la existencia humana y de la heterogeneidad de toda generación, cuyo modelo la cultura ha querido conservar hasta ahora”.

Se trata pues de decidir si hay que mantener o romper “este modelo en el que se articulan la generación, la diferencia de sexos y la de generaciones

 

Fuente: Aceprensa

El lenguaje no es sexista

Contrapunto

La gramática no es sexista

 RAFAEL SERRANO. Fuente: Aceprensa.  8.MAR.2012

Un informe sobre “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”, obra del académico de la Lengua Ignacio del Bosque y suscrito por 26 colegas,

critica algunas guías de “lenguaje inclusivo” aparecidas en los últimos años. El texto se publicó en El País el 4 de marzo, en vísperas del Día Internacional de la Mujer, y el mismo diario ha atizado una polémica en sus páginas pidiendo comentarios a unos y otros. Unas nociones de gramática comparada pueden ayudar a comprender que el género no es el sexo, y una expresión será o no sexista según lo que signifique, no por la extensión que se dé al masculino.

La correspondencia entre los géneros gramaticales y los sexos de algunos seres vivos es a lo sumo parcial, y no existe en todas las lenguas

Los filipinos son un pueblo falto de iniciativa. Efectivamente, en su idioma, la voz verbal no marcada es pasiva. Por defecto, el tagalo –como otras lenguas austronesias – pone el foco en el objeto en vez del agente. Para entendernos: si el español fuera una lengua del mismo tipo, en “un búho cazó un ratón”, el ratón sería el depredador y el búho, la presa. Esta forma de expresar acciones en esos idiomas es muestra de la pasividad de sus hablantes.

Salta a la vista que lo anterior es una estupidez. La pasividad gramatical no tiene que ver con la del carácter. Hay millones de filipinos emprendedores, y en cambio se puede hablar una lengua en que la voz activa sea la directa y la pasiva derivada, y ser un holgazán redomado.

Pues bien, no menos absurdo es tachar de sexista el uso del masculino para mentar hombres y mujeres. Ocurre simplemente que en muchos idiomas, como el

español, el masculino es el género no marcado, de suerte que tiene mayor extensión, a costa de ser menos preciso. Al revés, el femenino tiene mayor precisión y es excluyente. Por eso, “los alumnos” puede significar todo el estudiantado o solo los hombres, mientras que “las alumnas” no son más que las mujeres.

Interpretar eso como sexismo es buscar tres pies al gato. Con la misma base, podríamos ver un indeseable prejuicio antimasculino en el ruso porque los

equivalentes de “hombre” (muzhchina) y “tío” (diadia) terminan en -a y se declinan según el modelo femenino; o, si se prefiere, cabe denunciar machismo porque a esas mismas palabras, pese a su morfología femenina, se las obliga a concordar con adjetivos en versión masculina. Y ¡qué sexismo el de los alemanes – y las alemanas–!, que hacen neutras Fräulein (señorita) yMädchen (chica), haciendo invisible la feminidad. En cambio, los hablantes de inglés, turco o euskera, lenguas sin géneros gramaticales, han de ser los paladines de la igualdad sexual. El caso de los holandeses es dudoso, pues por una parte casi han desterrado de su idioma el femenino, pero por otra, lo han hecho fundiéndolo con el masculino en un género común que se contrapone al neutro.

Cuando hay conductas sexistas, como presionar a una empleada para que no tenga hijos, la batalla contra el género masculino es una pérdida de tiempo

Los 16 géneros del swahili

Quédense tranquilos esos a quienes se les antojan los dedos huéspedes cuando no oyen “los alumnos y las alumnas”. El género de las palabras no guarda relación necesaria con el sexo de los seres significados. Como su denominación indica, el género es una clase o tipo. En virtud de esta categoría gramatical, los nombres y pronombres se dividen en clases que se distinguen, en algunos casos, por la morfología, y sobre todo, por concordar con unas u otras formas de artículos, adjetivos o incluso verbos. La correspondencia entre los géneros gramaticales y los sexos de algunos seres vivos es a lo sumo parcial, y no existe en todas las lenguas. El swahili tiene 16 géneros o clases nominales, y ninguno tiene que ver con el sexo: en dos (uno para singulares, otro para plurales) entran los nombres aplicados a personas, sin distinción de mujeres y hombres; otros dos son para árboles y fuerzas naturales; hay dos más para animales…

La clasificación de nombres, o sea la distinción de géneros, tiene la ventaja de evitar ambigüedades con economía de palabras. Por ejemplo, el género del pronombre disipa toda duda en una frase con dos posibles objetos directos: “Hay allí un jardín con una fuente, pero no lo encontré”, o bien: “… no la encontré”.

Ni jardines ni fuentes tienen sexo, pero en muchos idiomas los nombres tienen género, y se aplican a las realidades significadas con independencia que estas sean de un sexo, del otro o de ninguno. Decimos, pues, “él es una persona muy simpática” y “ella es el miembro más activo del grupo”. Hay también en español sustantivos comunes en cuanto al género, que concuerdan con artículos y

adjetivos femeninos o masculinos, indistintamente (artista, detective, juez…); y adjetivos de una sola forma que concuerdan con nombres de cualquier género (sagaz, fuerte, fácil…). Pero si un nombre tiene variante de género y ha de designar a hombres y mujeres conjuntamente, lo más económico es usar una de las formas. La lengua cayuga, de la familia iroquesa, para referirse a varias personas de uno y otro sexo emplea la forma femenina del pronombre

personal, godi (ellas), mientras que la masculina, hodi (ellos), no sirve más que

para un grupo de hombres solos. ¿Hemos de acusar a los iroqueses de sexismo contra los varones?
Bordeando el ridículo
La corrección política en esta materia bordea el ridículo en su empeño de implantar el lenguaje no sexista. Es curioso que la paranoia comenzara con un idioma sin géneros, el inglés, a propósito de los pocos casos en que no se emplea una misma palabra para hombres y mujeres (he/she,man/woman…). Hay feministas que quieren suprimir womenporque incluye el plural de man. No se han puesto de acuerdo en el término sustituto (womyn, wimmin, womban…), y los otros 375 millones de angloparlantes nativos siguen aferrados al de siempre.

En el caso del español, el filósofo Jesús Mosterín propone el
término humán (pl. humanes) para designar a mujeres y hombres sin referencia al sexo. Bien poco se adelanta con ese neologismo, pues en cuanto se le adjunta el

artículo, reaparece el género. Mosterín, concretamente, dice “los humanes”, no sin lógica, pues “las humanes” serían solo mujeres. Los demás seguimos diciendo “los hombres”, “los seres humanos” o “las personas”.
Por supuesto, como las palabras no son signos naturales, la norma última del lenguaje es el uso común. Es posible que la generalidad de los hablantes se acostumbre a decir “voy al cine con las amigas y los amigos” o “esto es bueno para nosotros y nosotras”. Aunque, si ha de cambiar el uso, yo preferiría que adoptáramos el femenino como género no marcado, y así bastara decir “nosotras” para referirse a nuestro grupo de amigas (incluidos, pues, los amigos). Pero si eminencias como las antedichas apenas han logrado seguidores, menos cabe esperar que se imponga mi opinión.

En todo caso, el lenguaje sexista no lo es por la gramática, sino por el significado injurioso o despectivo contra las personas de un sexo. Y peor aún que el de las palabras es el sexismo de los hechos: presionar a una empleada para que no tenga hijos, la pornografía que reduce a la mujer a un objeto erótico, que un hombre deje a su pareja en la alternativa de abortar o ser abandonada. Cuando abundan conductas como esas, la batalla contra el género masculino es una pérdida de tiempo.

Impacto del envejecimiento en la economía

El impacto del envejecimiento en la economía

Nueva oleada de presión para promover el control demográfico

ROMA, domingo, 8 de marzo de 2009 (ZENIT.org).- La preocupación por el medio ambiente ha dado un nuevo impulso a los defensores del control de nacimientos.

El libro de Paul R. Ehrlich «La Bomba de Población» (1968) creó una oleada de presiones maltusianas para frenar el crecimiento de población, pero, conforme han pasado los años, y los desastres previstos no ocurrieron, el entusiasmo por el control de población disminuyó.

Sin embargo, una nueva oleada de preocupación está siendo alimentada por los ecologistas. En Inglaterra, Jonathan Porritt, que dirige la Comisión de Desarrollo Sostenible del gobierno, declaró que las familias deberían limitarse a dos hijos, informaba el Sunday Times de Londres el 1 de febrero.

Según el artículo, Porritt ha instado a grupos de presión medioambiental a que hagan de la población uno los puntales de sus campañas.

Hizo estas afirmaciones tras unos comentarios de James Lovelock, autor de la teoría de Gaia, que considera la tierra como un único organismo que se autorregula.

En una entrevista publicada el 23 de enero por la revista New Scientist, Lovelock hacía el pronóstico apocalíptico de que debido al calentamiento global el 90% de la población del mundo moriría, según sus palabras, con «una matanza».

El clamor de los activistas verdes tiene una amplia cobertura mediática, mientras que una situación mucho más preocupante – la de una población envejecida por la falta de niños – suele atraer poca atención. Tras las drásticas caídas en la fertilidad de las últimas décadas, muchos países se enfrentan a enormes problemas económicos debido a una proporción más alta de personas ancianas en su población.

Cambio demográfico

Recientemente George Magnus, consultor económico del banco de inversiones suizo UBS, publicaba un análisis en profundidad del impacto económico de este envejecimiento

En «The Age of Aging How Demographics Are Changing the Global Economy and Our World» (La Edad del Envejecimiento: Cómo la Demografía está cambiando la Economía Global y nuestro Mundo) (John Wiley and Sons), Magnus comienza comentando que no hay precedentes para guiarnos en esta situación de rápido envejecimiento de la población.

Para el 2050 habrá casi 2.000 millones de personas con más de 60 años, cerca del 22% de población mundial total prevista, un gran cambio si se compara con la actual proporción de este grupo que es del 10%. Este vuelco en la estructura de edades traerá consigo, explicaba Magnus, nuevas cuestiones económicas, sociales y políticas.

En cuanto a los de más de 80 años, se espera que aumente de los actuales 88 millones, hasta más de 400 en el 2050.

Magnus está capacitado de sobra para hablar sobre temas económicos globales. Según un artículo publicado en el diario británico Telegraph el 8 de noviembre, Magnus, en marzo del año pasado, cuando el Henry Paulson, Secretario del Tesoro de Estados Unidos, anunciaba que no estaba preocupado por las inestabilidades del mercado mundial, publicó un documento advirtiendo de que la crisis de las hipotecas subprime de Estados Unidos provocaría el fin del ciclo crediticio «con consecuencias económicas para el sistema mundial».

Una población envejecida significa que habrá menos personas trabajando para sostener a los que estén jubilados. En Estados Unidos, en los próximos años, la población en edad de trabajar, de los 15 a los 64 años, crecerá, aunque lentamente.

En cambio, en Japón, las cifras de aquellos en edad laboral ya están descendiendo, y en Europa Occidental están casi en punto muerto, explicaba Magnus. Algunos se han visto especialmente afectados.

Menos personas trabajando

En Japón y en Italia, por ejemplo, las personas con más de 65 años eran en 2005 aproximadamente el 30% respecto a la población en edad laboral. Para el 2050 alcanzarán no menos del 70%. En términos prácticos, esto significa que mientras actualmente hay en Japón 3,4 personas en edad laboral por cada persona con más de 65 años, para el 2.050 esto habrá disminuido a sólo 1,3.

En general, en Europa Occidental, el actual nivel de casi cuatro personas en edad de trabajar por cada una con más de 65 años se reducirá aproximadamente a la mitad en el 2050.

Pero el mundo desarrollado no es el único que se enfrenta a un dramático cambio en la distribución de edades. En China, gracias a las draconianas medidas de planificación familiar, el número de quienes trabajan por cada persona con más de 65 años se desplomará en el 2050 del actual nivel de 9,2 hasta el 2,5.

Persuadir a más personas para que se sumen a la fuerza laboral es una solución a la escasez de trabajadores, pero Magnus quitaba alas a esta solución refiriéndose a un estudio llevado a cabo por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Según el FMI, el índice de participación total de la población de una nación que está trabajando tendría que aumentar en un 10% en los países avanzados para ayudar a compensar el envejecimiento. Sin embargo, en tiempos de la expansión económica de los años noventa, la participación en la fuerza laboral aumentó sólo en un 6%, cuando las condiciones económicas fueron lo más favorables posible.

Para países como España, Corea del Sur e Italia, el índice de participación tendría que aumentar de un 18% a un 20% debido al rápido envejecimiento de su población, un objetivo imposible, declaraba Magnus.

Tampoco la inmigración es una solución inmediata. De media, en las economías avanzadas, la inmigración como porcentaje de población ha estado cerca del 6% en el 2000. Para el 2050 tendría que alcanzar un nivel del 30% para compensar en envejecimiento.

Elevar la edad de jubilación y animar a más mujeres a sumarse a la fuerza laboral puede contribuir a la solución del descenso en el número de trabajadores, pero, según Magnus, son sólo remedios muy parciales.

Al mismo tiempo que tiene lugar el envejecimiento, los más jóvenes retrasan su incorporación a la fuerza laboral. Esto se debe en parte al creciente número de quienes emprenden estudios universitarios, pero muchos jóvenes se toman también un tiempo antes de incorporarse a la fuerza laboral y viven en casa con sus padres.

Dilemas económicos

Una población más anciana significa costes sanitarios más altos y un aumento de los gastos sociales. Pero con menos contribuyentes sosteniendo las finanzas públicas, financiar este gasto, observaba Magnus, será un verdadero problema.

Los costes de pensiones ya se han convertido en una pesada carga para empresas y gobiernos. Esto empeorará cuando aumente la expectativa de vida. Magnus observaba que sólo en el Reino Unido, en los dos años anteriores a marzo de 2007, las empresas del sector privado añadieron cerca de 30.000 millones de libras a sus fondos para pensiones, reconociendo que sus antiguos empleados tendrán una vida más larga.

Por otra parte, Magnus comentaba que muchas personas no hacen lo suficiente por ahorrar para su jubilación. Citaba una reciente encuesta en Estados Unidos que demostraba que muchas personas simplemente asumen que recibirán una cobertura sanitaria y una pensión de su empresa por lo que sus ahorros son insignificantes.

De hecho, afirmaba Magnus, para algún tiempo los hogares norteamericanos no han ahorrado o han sobre consumido. Incluso países como Japón, tradicionalmente con altos índices de ahorro, han visto un descenso en los ahorros en la última década, debido a las adversas condiciones económicas.

El gasto de los gobiernos en los jubilados y ancianos aumentará en los próximos años, de una forma más rápida, observaba Magnus, de lo que puede financiarlo el índice subyacente de crecimiento económico. Por lo que se irán haciendo difíciles las decisiones sobre las prioridades de gasto y los niveles de impuestos.

Los gobiernos de algunos países han ajustado la generosidad de sus planes de pensiones en los últimos años. Por ejemplo, en el Reino Unido, quien se retire con unos ingresos medios en el 2050 recibirá una pensión equivalente a sólo un 31% de sus ingresos antes de jubilarse.

Magnus advertía que aunque los trabajadores comiencen a dedicar más ingresos a planes de ahorro para su jubilación, la pobreza en la vejez se convertirá en un grave riesgo.

La situación económica tras la publicación de este libro, y el actual colapso de los mercados bursátiles y monetarios, subrayan los desafíos que plantea el estudio de Magnus.

Los actuales aprietos ya han afectado gravemente a muchos jubilados que dependían de inversiones para financiar su jubilación. Con el envejecimiento que traerá un dramático cambio demográfico en las próximas décadas, muchas personas ven con preocupación sus perspectivas de futuro.

Por el padre John Flynn, L. C., traducción de Justo Amado

 

El encanto de la vejez

EL ENCANTO DE LA VEJEZ

 

 

Por Fco. Lucas Mateo Seco

«Al atardecer se levantará para ti una especie de luz meridiana, y cuando creyeres que estás acabado, te levantarás cual estrella matinal. Estarás lleno de confianza por la esperanza que te aguarda»(Job 11, 17-18)

SER ANCIANO implica haber vivido una prolongada existencia, encontrarse al final de un largo viaje, quizá demasiado cansado. La ancianidad es también tiempo de despedidas. Las cosas y los afanes le van dejando a uno. También la gente querida que ha partido antes que nosotros. Con frecuencia, como recuerda Ovidio, se siente el abandono de quienes más nos debían. La ancianidad es antesala natural de la muerte y del juicio divino; antesala, según el plan de Dios, del gozo y descanso eternos. Pero no se puede olvidar que la ancianidad pertenece todavía al tiempo del peregrinaje terreno. Es, por tanto, tiempo de prueba, tiempo de hacer el bien, tiempo de labrar nuestro destino eterno, tiempo de siembra. No puede concebirse la vejez como una época fácil de nuestra vida. A los trabajos propios del peregrinaje sobre la tierra —eso es la vida humana— se suman la progresiva pérdida de fuerzas, la inercia de cuanto se ha obrado anteriormente, los característicos defectos de la vejez contra los que es necesario luchar, los inconvenientes que plantea este siglo nuestro tan inhumano.

Es inevitable envejecer; pero no se puede ser buen anciano —y son tan necesarios— sin mucha gracia de Dios y sin una continua lucha personal. Por ello, la vejez, que es tiempo de serena recogida de frutos, puede ser también tiempo de naufragios. Se atribuye al general De Gaulle esta descripción amarga de la ancianidad: «La vejez es un naufragio.» La frase debe calificarse en ocasiones como de muy justa. No es sólo un naufragio de las fuerzas físicas o una disminución paulatina de las mismas fuerzas morales: inteligencia y voluntad. Es un naufragio de todo el hombre. Digamos que en la vejez puede revelarse con todas sus fuerzas —y sin piadosas vendas que lo oculten—el naufragio de toda una vida. Tantas veces el estrepitoso derrumbamiento moral de la vejez muestra que se naufragó en la adolescencia, en la juventud, en la madurez. Metido en la corriente de la vida, se intentó almacenar, como el cocodrilo, las pequeñas piezas cobradas en sórdidas cacerías, y el paso del tiempo lo único que hace es difundir su olor a podrido.

En oposición a la adolescencia —que es tiempo de promesas y de esperanzas, tiempo en que el ensueño desdibuja los perfiles de las cosas y de las acciones—, la ancianidad es tiempo de recuento, de verdad desnuda, de examen de conciencia. Y aquí radica no poco de su utilidad y de su grandeza. Digamos que la misma debilidad de la vejez es su mayor fuerza y, a una mirada cristiana, uno de sus principales encantos.

Y no es que sea aceptable la concepción heideggeriana del hombre como un ser-para-la-muerte, un ser que alcanzase su realización en la propia destrucción. Quédese esto para quienes conciben al hombre como un ser vomitado con la amargura de quien se cree hijo del azar y no de una omnipotente y amable sabiduría creadora. E1 hombre no es fruto del azar. Su misma estructura material ha sido delineada por la sabiduría amorosa del Creador; infundióle Dios un alma inmortal, capaz de conocer y de amar trascendiendo lo efímero, capaz de desear una vida y un amor eternos. El hombre fue creado para vivir, y no para envejecer o morir.

Y. sin embargo, la misma debilidad de la vejez —que es un mal, en cuanto que es carencia de vida— es su mayor fuerza. Lejanos ya los sueños de la adolescencia y los delirios de la juventud, el anciano puede enfrentarse a la verdad con una sobriedad y con un realismo superiores a los de las demás épocas de la vida. Se hace así más fácil descubrir con una nueva nitidez lo que es importante y lo que es intrascendente, distinguir lo fugaz de lo que permanece. La ancianidad pertenece al ciclo vital humano. Antesala de la muerte, la vejez prepara para el encuentro definitivo con Dios, para ese juicio divino que va a recaer sobre toda nuestra existencia.

La debilidad inherente a la vejez ayuda a despojarse de todo vano afán, de toda estúpida soberbia. Si a lo largo de la existencia el hombre superficial ha podido olvidarse de su humilde origen, de que ha sido hecho, de que es una débil criatura, la vejez le otorga una oportunidad inmejorable para volver al sentido común, a la contemplación de las realidades elementales. La ancianidad facilita el cumplimiento de aquella primera regla del ideal apolíneo —conócete a ti mismo—, expresión que en su sentido inicial quería decir: conoce tus limitaciones, tu condición mortal respecto a los inmortales, para que no te rebeles contra ellos. En definitiva, es buena época la ancianidad para que Dios siga colmando aquel deseo suplicante que formulaba San Agustín: Domine, noverim me, noverim te; que me conozca a mí, que te conozca a Ti, Señor.

La ancianidad es tiempo de recoger frutos y tiempo de siembra. Siendo un mal, Dios la ha permitido, porque de ella pueden surgir bienes superiores. E1 dolor, la soledad, la sensación de impotencia, se convierten —tantas veces— en imprescindible colirio para curar los ojos del alma y abrirlos a las realidades trascendentes. También la ancianidad está bajo la mano providente y amorosa de nuestro Padre Dios.

La medicina divina es enérgica, pero el hombre sigue siendo hombre y libre: puede no aprovecharla. Es posible que quien naufragó a lo largo de toda su vida naufrague también en esta última época, ya cercana la última batalla entre el pecado y Dios, en que se juega la suerte eterna. El proceso de involución, que se inició con el primer pecado y que ha podido irse acelerando —generalmente por la pereza y la soberbia—, puede seguir avanzando, y la egolatría terminar en un lamento estéril por el ídolo caído. Se avanzaría así, casi inexorablemente, hacia el endurecimiento total del corazón, precursor del infierno. Y es que la ancianidad, como toda época de la vida, puede ser bien vivida o mal vivida; pero es una época quizá fatigosa —¿cuál no lo es?—, en la que Dios nos espera, nos asiste, llama a la puerta de nuestro corazón, y en la que tiene más importancia de lo que a veces sospechamos la respuesta de nuestras libres decisiones.

No es la vejez una época vacía o inútil. Es época de lucha ascética, de heroísmo, de santidad. A pesar de la decadencia física, la gracia de Dios rejuvenece el alma con fuerzas sobrenaturales, hacienda la santidad tan asequible como en la adolescencia.

Pero decíamos que, a una mirada cristiana, la ancianidad tiene un encanto especial, como la niñez, la enfermedad o la pobreza. En efecto, si cada hombre es Cristo, los débiles lo son especialmente. Dios, que es misericordioso con todas sus criaturas, siente una ternura especial por las más desamparadas. Los enfermos, los niños, los ancianos son de una forma especial el mismo Cristo que nos sale al encuentro. Resuenan con fuerza eterna aquellas palabras del Maestro en la descripción del juicio final: «Venid, benditos de mi Padre, entrad a poseer el reino que os está preparado desde el principio del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber (…); estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; (…) En verdad os digo, cuantas veces se lo habéis hecho a uno de los más pequeños de estos mis hermanos, a mí me lo habéis hecho» (Mt. 25, 34-40)

Los ancianos constituyen en realidad una parte importante del tesoro humano y sobrenatural de la humanidad entera. La picaresca de un mundo deshumanizado —precio inherente al ateísmo— se esfuerza en poner de relieve que los ancianos son una carga, subrayando sus defectos. A este triste materialismo hedonista sólo hay un yugo que no le parece insoportable: la esclavitud a placeres desnaturalizados en un frenesí cada vez más insaciable.

No es verdad que los ancianos sean inútiles o constituyan una carga difícil de soportar, aunque a veces su misma debilidad material les convierta en ocasión de que los hombres y la sociedad entera practiquen con ellos la virtud de la caridad en cumplimiento de unas dulces obligaciones que, casi siempre, dimanan de estricta justicia. ¡Ellos, en cambio, aportan tantas cosas con su presencia! Nos dieron mucho, cuando se encontraban en plena fuerza; nos lo dan ahora, en el ocaso de su vida, con su presencia venerable, con su sufrimiento silencioso, con su palabra acogedora. Privar a la humanidad de los ancianos sería tan bárbaro como privarle de los niños. Dios cuenta con los ancianos para el bien de todos nosotros. Ellos son útiles en tantas cosas humanas; son útiles, sobre todo, en el aspecto sobrenatural. Forman parte del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia, y lo enriquecen con su santidad, con su oración, con sus sacrificios. Si ninguna vida es inútil a los ojos de Dios, mucho menos puede serlo la de aquellos que sufren física o moralmente. Estas vidas, en las que se refleja con especial vigor la Cruz de Cristo, adquieren a la mirada divina un relieve y un valor inexpresables.

Los ancianos, vivificados par la gracia de Dios, pueden ejercer ese «sacerdocio real» de que habla San Pedro (1 Pedr 2, 5 ), ofreciendo su vida —unidos a Cristo— como acción de gracias, como impetración, como reparación. La vida, entonces, se ennoblece, y el alma descubre horizontes de universalidad insospechados. Se puede palpar lo certero de esta afirmación de monseñor Escrivá de Balaguer: «Si sientes la Comunión de los Santos —si la vives— serás gustosamente hombre penitente. Y entenderás que la penitencia es gaudium etsi laboriosum —alegría, aunque trabajosa—, y te sentirás aliado de todas las almas penitentes que han sido, y son y serán» (Camino, n. 548~.

Es la vejez tiempo de sufrimiento, tiempo de santidad, tiempo de hacer el bien. Es la vejez, también, tiempo de despedida; y en las despedidas se suelen decir las cosas más importantes. No es la vejez —no puede ser— tiempo de jubilación en lo que se refiere a la ayuda humana y sobrenatural a los demás. Aunque las circunstancias han cambiado, permanecen en su sustancia las mismas obligaciones y los mismos lazos entrañables que fuimos adquiriendo durante la vida. Ningún bien nacido puede recordar a sus padres, ya ancianos, sin conmoverse. Cuando la muerte nos los arrebata, sentimos una irreparable pérdida, nos duele la orfandad, aunque les sabemos en el cielo. No es sólo la sensación lógica de haber perdido la tierra donde hundíamos nuestras raíces; es, por encima de eso, el claro convencimiento de que con ellos se nos ha ido el cariño más desinteresado, de que hemos perdido nuestra mejor custodia. Nos damos cuenta, quizá demasiado tarde, de que, a pesar de su invalidez, eran nuestro mejor tesoro, de que con su presencia nos hacían mucho bien. Nos conforta la seguridad de que, ahora de una forma invisible, nos siguen custodiando desde el cielo, de que conservamos los mismos vínculos, ahora más queridos y beneficiosos. Y nos queda el orgullo de que en ningún momento, ni siquiera en los de su mayor postración, nos fueron inútiles. Su rostro deseado, surcado por las arrugas de tantos sufrimientos, es ahora una de esas pequeñas luces que iluminan indeficientemente la noche de nuestra vida. De su mano —que antaño nos enseñó a andar— y de la mano de Santa María, que es Madre del Amor Hermoso, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza (cfr Eccli. 24, 24), podemos aprender —aún en nuestra misma ancianidad— esas lecciones que son las que más importan, las que orientan toda la vida hacia su verdadero centro: hacia esa Hermosura, esa Bondad y ese Poder indeficientes de nuestro Padre-Dios; hacia esa fecundidad del espíritu que no mengua cuando el vigor de la carne muere.

 

Amor y matrimonio cristianos

EL AMOR Y EL MATRIMONIO DESDE LA PERSPECTIVA CRISTIANA HOY EN DÍA

 

 

La profecía de Daniel nos dice que habrá tiempos difíciles (Cfr. Dn 12,1-3).

 

Que se salvarán todos los escritos en el libro.

 

Y el Evangelio nos dice que en estos tiempos difíciles todo pasará, menos la palabra de Jesús.

 

En los tiempos en los que nos ha tocado vivir también puede haber desconcierto, pero siempre el Señor nos da a qué agarrarnos.

 

Unos dicen unas cosas y otros dicen otras. Hay gente desconcertada que no sabe dónde está la verdad.

 

En temas fundamentales como el matrimonio, el noviazgo… la gente no sabe muchas veces a qué atenderse.

 

Pasa lo mismo que en los tiempos de San Pablo que nos cuenta, en su Carta a los Romanos todas las barbaridades que cometían contra el sexto Mandamiento (cfr. Rm 1,24 y ss). No os leo la descripción porque es muy desagradable.

Ahora pasa lo mismo. No se tienen ideas claras sobre el noviazgo y el amor en el matrimonio.

 

Hace unos días me dijeron que venían cuatro de mis sobrinas a Granada. Llegaron de incognito.

 

Venían a celebrar la despedida de soltera de una de ellas, que se casa en noviembre. Me enteré de que estaban. Y quedé en verlas.

 

Me encontré con ellas en la plaza del ayuntamiento: llevaban un megáfono, pegatinas y carteles.

 

Eran de un partido feminista, y en los cartelitos que habían hecho aparecía la foto de la sobrina que se va a casar. Y ponía un lema: Vota Armenta.

 

VOTA ARMENTA

 

Así que ya podéis imaginaros, que el tal Armenta es el novio, y ella la candidata de ese partido político.

 

En realidad él trabaja con una conocida marca de material deportivo. Así que la novia, en el día de su boda, vestirá de blanco sevillista la última vez en su vida.

 

Porque en adelante la equipación se la proporcionará el novio. Que a partir de ahora será su sponsor para toda la vida.

 

Hace unos días le pregunté al novio, que si veía algún tema interesante para tratarlo en la homilía de la boda:

 

Sí, claro. Puedes hablar de lo que es el matrimonio. Va a ver mucha gente joven, y puede interesarle.

 

Efectivamente es difícil tener las ideas claras sobre el matrimonio, pero no es cosa solo de ahora.

 

Pues ante el asombro de los Apóstoles, el Señor habla sobre la verdad del matrimonio: que es uno con una y para siempre.

 

Y LAS PALABRAS DE JESÚS NO PASARÁN

 

Hay gente que dice que son progresistas, pensando que los demás son retrógrados.

Que la Iglesia, con el tiempo, tiene que cambiar en muchas cosas. Que eso de que el matrimonio sea uno con una y para toda la vida, que depende.

Y dicen: –somos, los progresistas, los que tenemos que ir por delante, cambiando estructuras de la cúpula.

Cuando pase el tiempo, los burócratas nos darán la razón. Hay que esperar y forzar.

 

¿PROGRESISTA O RETRÓGRADO?

 

Si Jesús viviera ¿qué sería? ¿Progresista o retrógrado? ¿Teólogo avanzado o miembro de la jerarquía?

 

Algunos dicen: –La Iglesia tiene que adaptarse a los tiempos. Roma tiene que cambiar.

Y piensan: Gracias a Dios que hay gente que no le hace caso al Papa dentro de la Iglesia.

 

Si viviera Jesucristo, ¿qué postura tomaría con respecto al matrimonio actual? Esto es lo que debemos pensar.

 

Los fariseos eran los teólogos de aquella época, amigos de disquisiciones. Pensaban cosas y no las hacían, siempre críticos y nada sencillos.

 

Jesús, hablando del divorcio que habían introducido los judíos progresistas, les decía a sus discípulos: –En un principio no fue así…

Nuestro Señor se decanta por la verdad. Independientemente de si ocurrió hace 200 años, o de si estaba de moda.

 

Y dijo: –El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Es absurdo pensar en progresistas y retrógrados. Porque, lo diga quien lo diga, el matrimonio siempre será uno con una y para toda la vida.

Nosotros no creemos por los teólogos, ni por los curas, ni por los obispos. Creemos por Jesucristo.

 

Las distinciones dentro de la Iglesia, entre progresistas y retrógrados, son políticas. Los que dicen eso parece que no tienen fe.

 

Por eso se preguntan: ¿qué partido tomaría Jesucristo si viviera ahora?

Lo que no saben es que Jesús vive. Esto es precisamente lo que ellos no creen.

No es Jesús un personaje que existió, sino que ahora mismo está con nosotros.

 

HAY COSAS QUE PUEDEN CAMBIAR

 

Es verdad que hay cosas que pueden cambiar.

 

Y Jesús no tiene varias verdades dependiendo de la época.

Es cierto que hay cosas humanas que pueden cambiar, porque son accidentales, pero otras cosas siempre serán así.

 

Por eso hay que enterarse de lo que piensa nuestro Señor, no de lo que piensan los hombres.

 

Para eso ha puesto Jesús al Papa. La Roca donde se apoya su Iglesia.

Al Papa no lo hemos puesto nosotros ni la UNESCO. Lo ha puesto el mismo Dios.

Jesús dio su palabra y la mantiene. No puede cambiar.

 

Y dijo: –Sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia… y los poderes del infierno no prevalecerán… Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo.

Jesús no tiene dos verdades. Una para los progresistas y otra para los retrógrados. Alguien estará equivocado… hay que decidir.

Pero los inscritos en el libro son los que creen en lo que dice Jesús. También sobre el matrimonio.

 

LA VERDAD DE DIOS SOBRE EL MATRIMONIO

 

Hacer las cosas según quiere Dios, nos hace felices. Y Jesús es la Verdad de Dios.

 

A veces, los curas, cuando alguno no sabe si casarse o no, les preguntamos: Tú ¿para qué te casas?

 

El para qué quieres casarte es la prueba de la verdad del matrimonio.

 

Si la respuesta es: –Me casaría para ser feliz.

 

–Entonces es mejor que no te cases, sería el consejo.

 

Si la respuesta es: –Yo me casaría para hacer feliz a mi novia.

A ese habría que responderle: –Entonces cásate.

 

Porque así es como vas a ser feliz tú: no buscando una felicidad egoísta, sino fundamentada en el amor.

 

Y el amor hay que afianzarlo en la Verdad.

 

El Papa en su última encíclica nos habla precisamente sobre el Amor. Se han dicho tantas cosas sobre este tema.

 

Para el Papa el amor no es un sentimiento pasajero, debe estar fundado en la verdad.

La verdad es que todos somos tan distintos… Por eso el amor, más que en dar o en darse está en comprender.

 

Esto es muy difícil. Intentar meterse en el interior del otro: y se consigue venciendo el egoísmo.

 

Y la entrega es lo definitivo en nuestra vida: es lo que queda. Por eso dice San Pablo que el Amor no pasará.

 

María es la Madre de Dios, trajo la Verdad al mundo.

 

Ella también vota Armenta.

 

 

Fuente: http://forodemeditaciones.blogspot.com/search/label/-%20PARA%20GENTE%20JOVEN

Imposición violenta de una minoría

 

 

Ejemplos de la imposición violenta y “legal” de una visión minoritaria que de hecho discrimina a la normalidad y al sentido común.

Esto va a más….

 

Grave retroceso para la libertad religiosa

En lo que se califica como un grave retroceso para libertad de expresión y la libertad religiosa en los Estados Unidos, la Corte Suprema de ese país dictaminó que un grupo de estudiantes cristianos no tienen derecho a reglamentar la pertenencia a su asociación.

 

El 28 de junio pasado se conoció la sentencia en la que por 5 votos contra 4, la Corte Suprema refrendó la decisión de la Corte de Apelaciones del Noveno Distrito, que negó el derecho a un grupo de estudiantes cristianos de ser reconocidos como asociación, ya que sus reglamentos excluyen a no cristianos y a aquellos cristianos que vivan un “estilo de vida sexual inmoral”.

 

El caso llegó a la Corte a raíz de la decisión del Hastings College of the Law de la Universidad de California (San Francisco), de no reconocer a la asociación de estudiantes Christian Legal Society (CLS). Los reglamentos de la asociación exigían no sólo la pertenencia al cristianismo, sino un estilo de vida coherente con la doctrina cristiana, y establecían que sus miembros, de no mantener un estilo de vida sexual moral, podían ser excluidos, perder su derecho elegir autoridades o a ser elegidos. La Corte de Apelaciones dio la razón a la universidad, y la Corte Suprema confirmó ese fallo, declarando que esas cláusulas “discriminaban por pertenencia religiosa y por orientación sexual”.

 

El fallo fue redactado por la jueza Ruth Bader Ginsburg, conocida por su postura eugenista. Ginsburg declaró el año pasado al New York Times que el fallo Roe vs. Wade, que liberalizó el aborto en Estados Unidos, evitó el crecimiento de grupos de personas “de las que no queríamos que hubiera muchos”.

 

 

 

 

 

 

Abolir el celibato del clero católico

Recordemos que en el Reino Unido, el anterior gobierno del laborista Gordon Brown, intentó obligar a la Iglesia Católica a incorporar al ministerio sacerdotal a mujeres y a homosexuales y a abolir el celibato de los clérigos.

 

En diciembre pasado, los obispos de Inglaterra y Gales denunciaron que la entonces Ministro de Igualdad, Harriet Harman, quería prohibir que el clero católico estuviera compuesto sólo por hombres célibes.

 

Richard Kornicki, un ex alto funcionario del Ministerio del Interior, coordinador parlamentario de la Conferencia Episcopal, declaró que la Iglesia podría ser perseguida por discriminación sexual si rechazaba a mujeres o a homosexuales activos como candidatos al sacerdocio, de acuerdo al proyecto de ley de Igualdad que preparó Harman. Según el proyecto no se podía impedir que los sacerdotes se casaran (con mujeres o con hombres), realizaran operaciones de cambio de sexo, mantuvieran estilos de vida abiertamente promiscuos, o realizasen cualquier otro tipo de actividades reconocidas como “formas legales de expresión sexual”.

 

Según el esquema del proyecto, los ministros religiosos eran convertidos en una especie de empleados públicos, a los que el Estado les otorgaba derechos y fijaba deberes. En ese momento, los obispos también denunciaron que el proyecto de ley podría significar el fin de la celebración pública de la Navidad y advirtieron que las escuelas y centros de asistencia católicos podrían verse obligados a quitar los crucifijos y las imágenes sagradas de sus paredes en el caso de que esas imágenes “ofendieran” a los trabajadores de la limpieza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El proyecto llegó a tratarse en el Parlamento. Las protestas de los obispos católicos y anglicanos, así como de muchos fieles cristianos, hicieron que el gobierno abandonara sus pretensiones tiránicas. En esa marcha atrás tuvo particular importancia el discurso de Benedicto XVI a los obispos católicos ingleses del 1 de febrero de 2010. Sobre la igualdad de oportunidades, el Papa dijo: “Algunas leyes delineadas han llevado a imponer limitaciones injustas a la libertad de las comunidades religiosas para actuar de acuerdo con sus creencias. En algunos puntos se viola incluso la ley natural, sobre la que se funda la igualdad de todos los seres humanos y mediante la cual se garantiza esa igualdad”.

 

Despedido por enseñar la doctrina católica

Kenneth Howell, profesor católico, de la Universidad de Illinois fue despedido de su cátedra tras enviar en mayo, a sus alumnos del curso de doctrina católica, un correo electrónico en el que explicaba que los actos homosexuales eran contrarios a la ley moral natural. Desde 2001, Howell enseñaba Introducción al catolicismo y al pensamiento católico moderno, en el ámbito del Department of Religion de la Universidad.

 

El correo electrónico fue reenviado a la Office of Gay, Lesbian, Bisexual, and Transgendered Concerns (Oficina para asuntos de Gays, Lesbianas, Bisexuales, y Transexuales) de la universidad, por un estudiante anónimo que ni siquiera es alumno del curso de Introducción al cristianismo, el cual se declaró “ofendido” por el contenido del mismo, y acusó a Howell de difundir “mensajes de odio”. Eso bastó para que Robert McKim, responsable del Departamento de Religión, comunicara al profesor Howell su cese, sin darle explicaciones sobre el procedimiento seguido, ni oportunidad de defenderse.

 

Como consecuencia Howell, también perdió su trabajo en el college católico Newman, adscrito a la universidad y dependiente de la diócesis de Peoria. El college se encarga de proveer al Departamento de Religión profesores de religión católica. Howell llevaba en la institución 12 años.

 

 

 

 

El caso se encuentra en manos de los abogados del Alliance Defense Fund, una institución legal que se dedica a la defensa de la libertad religiosa, la santidad de la vida humana y los valores familiares.

 

Se reduce la actividad social de la Iglesia

En febrero pasado, Catholic Charities de la Arquidiócesis de Washington, dio por terminado el programa de adopción de menores que desarrollaba desde hace 80 años. La medida se debe a la entrada en vigor en el Distrito de Columbia de la ley de “matrimonio entre personas del mismo sexo” (Civil Marriage Equality Act) y la imposibilidad de obedecer una ley inicua que manda entregar menores en adopción a parejas homosexuales. (Vid. NG 755, 847, 1015)

 

Listas negras de escolares

En Gran Bretaña, en marzo, el entonces ministro Vernon Coaker, anunció que desde septiembre de 2010, todas las escuelas, incluidas las elementales para chicos de 6 años a 11 años, llevarán un registro de “crímenes de odio”. En dichas listas los directivos tienen que incluir a todos los alumnos que cometan faltas de homofobia, sin importar lo mínimas que sean, incluyendo los “epítetos antihomosexuales” que los chicos puedan usar dentro y fuera de la escuela. La norma es una concreción de la Ley de Igualdad Sexual de 2007 (Sexual Orientation Regulations-SOR’s). El registro de crímenes de odio será elevado a las autoridades cada vez que éstas lo soliciten.

 

Las faldas discriminan a los alumnos transexuales

También en el Reino Unido, la Equality and Human Rights Commission (EHRC), en aplicación de las Sexual Orientation Regulations (SOR’s), recomendó al gobierno prohibir las faldas en las escuelas, los hospitales y en todos los organismos gubernamentales. La EHRC considera las faldas como un elemento discriminador.

 

En concreto, bajo la legislación existente las escuelas deben evitar cualquier «discriminación» por motivos de raza, religión, género, discapacidad y orientación sexual. La Comisión considera que los colegiales transexuales (que padecen disforia de género) pueden sentirse discriminados por las faldas. (La disforia de género es el término técnico con el que se designa algún grado de disconformidad entre el sexo asignado al nacer y el percibido como propio).