Homosexualidad y esperanza

HOMOSEXUALIDAD Y ESPERANZA DECLARACION DE LA ASOCIACION MEDICA CATOLICA, DE EEUU

INDICE

I CONSIDERACIONES

Introducción
1. No es innato.
2. Atracción por el mismo sexo, como síntoma.
3. La atracción por el mismo sexo puede prevenirse. 4. Se está al riesgo, no predestinado.
5. Terapia
6. Fines de la terapia.

II RECOMENDACIONES

1. Atención a personas que sienten atracción por el mismo sexo. 2. El papel del sacerdote
3. Profesionales de la salud católicos
4. Profesores en instituciones católicas

5. Familias católicas
6. La comunidad católica 7. Los Obispos.
8. Esperanza.

PRIMERA PARTE CONSIDERACIONES.

INTRODUCCION

La Asociación Médica Católica (EEUU) se dedica a mantener los principios de la Fe Católica en todo lo que se relaciona con la práctica de la medicina y a promover los principios éticos Católicos en la profesión médica, incluyendo profesionales de salud mental, el clero y el público en general.

Ningún tema ha causado más revuelo en la década pasada que el de la homosexualidad, y por ello la Asociación Medica Católica Americana (AMCA) presenta el siguiente resumen y examen de la cuestión en el momento actual. Este resumen se basa en gran medida en las conclusiones de varios estudios, y pone énfasis a la consistencia de las enseñanzas de la Iglesia y de estos estudios. Es de

esperar que esta revisión servirá también como instrumento de educación y de referencia para el clero Católico, los médicos, el personal de salud mental, educadores, padres, y para el público en general.

AMCA apoya las enseñanzas de la Iglesia Católica, como ha sido expuesta en la versión revisada del Catecismo de la Iglesia Católica, especialmente las enseñanzas en materia de sexualidad. «Todos los bautizados están llamados a vivir la castidad» (CIC, n.2348) «Los casados están llamados a vivir la castidad matrimonial; los demás viven la castidad en forma de continencia» (CIC 2349) «…la tradición ha afirmado siempre que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados… No pueden ser aprobados bajo ninguna circunstancia.» (CIC 2333)

Es posible, con la ayuda de la Gracia de Dios, para todas la personas el vivir la castidad, incluyendo aquellos que sienten atracción homosexual, como el Cardenal George, Arzobispo de Chicago, ha expresado en lenguaje muy fuerte, en su discurso a la Asociación Nacional Diocesana Católica para el ministerio a Lesbianas y Homosexuales. «Negar que el poder de la Gracia hace que aquellos que experimentan atracción homosexual, puedan vivir la castidad, es negar, en efecto, que Jesús ha resucitado de entre los muertos» (George, 1999).

Ciertamente hay circunstancias tales como desórdenes psicológicos y experiencias traumáticas, que pueden, a veces, hacer tal castidad más difícil, y aún hay condiciones que pueden disminuir significativamente la responsabilidad individual, en casos de faltas contra la castidad. Sin embargo, tales circunstancias y condiciones, no niegan la libertad de conciencia, ni eliminan el poder de la gracia. Aunque muchos hombres y mujeres que se sienten atraídos homosexualmente, dicen que esos deseos sexuales fueron experimentados como un «hecho dado» (Chapman, 19871) esto no puede implicar una predeterminación genética o una condición inmutable. Algunos se rindieron a la atracción por personas del mismo sexo porque se les dijo que habían nacido con esa inclinación, y que era imposible cambiar el tipo de atracción sexual. Tales personas pueden creer que es fútil y sin esperanza el resistir tal atracción, de modo que abrazan la identidad gay.* Estas personas, entonces, pueden sentirse oprimidas por el hecho que la sociedad y la religión, en especial la Iglesia Católica, no acepta que tales deseos se expresen a través del acto sexual. (Schreier 19982)

Los trabajos citados en este informe contradicen el mito de que la atracción homosexual sea genéticamente predeterminada y que no se pueda cambiar, y ofrece esperanzas para la prevención y el tratamiento.

1. NO ES INNATO.

Un número de investigadores han intentado encontrar una causa biológica para la atracción homosexual. Los medios de comunicación han popularizado la idea de que un «gene gay» ya habría sido descubierto. (Burr 19963), pero a pesar de los numerosos intentos, ninguno de los estudios mas difundidos (Hamer 19934; LeVay 1991 5) han podido ser reproducidos. (Gadd 1998) Un número de autores han revisado cuidadosamente tales estudios y encontraron que no sólo no demuestran una base genética para la atracción homosexual, sino que ni siquiera pretenden tener evidencia científica para tal afirmación. (Byne 19636; Crewdson 19957; Goldberg 1992; Horgan 1995 8; McGuire 19959; Porter 1996; Rice 199910)

Si la atracción homosexual fuera genética, entonces uno esperaría que los mellizos idénticos tuvieran la misma orientación sexual. Sin embargo, hay numerosos casos de mellizos idéntidos que no son idénticos en su orientación sexual. (Bailey 199111; Eckert 1986; Friedman 1976; Green 1974; Heston 1968; McConaghy 1980; Rainer 1960; Zuger 1976) La historia de casos con frecuencia revela factores del medio ambiente que explican el desarrollo de distintos modelos de atracción sexual en niños genéticamente idénticos, lo que apoya la teoría de que la atracción homosexual es el producto de la interacción de una variedad de factores ambientales. (Parker 196412). Sin embargo, hay intentos frecuentes de convencer al público que la atracción homosexual tiene base genética. (Marmor 197513) Tales esfuerzos pueden ser motivados por política, porque la gente tiende a responder más positivamente a exigencias de cambio en política o en doctrina religiosa , cuando están convencidas de que la atracción sexual es genéticamente determinada, e inmutable. (Ernulf 198914; Piskur 199215) Otros han intentado probar la base genética de la atracción homosexual para poder apelar a las cortes en busca de derechos basados en la inmutabilidad.»(Green 198816)

Los católicos creen que la sexualidad fue estructurada por Dios como un signo del amor de Cristo, el novio, a su novia, la Iglesia, y por consiguiente, la actividad sexual es adecuada solamente dentro del matrimonio. Un desarrollo psico-sexual saludable lleva naturalmente a la atracción de personas por el sexo opuesto. Traumatismos, errores educacionales y el pecado puede causar una desviación de esta conducta.. Las personas no deben ser identificadas por sus conflictos emocionales o de desarrollo, como si tal fuera su identidad esencial. En el debate entre esencialismo y estructuración social, el que crea en la ley natural aceptará que los seres humanos tienen una naturaleza esencial — ya sea macho o hembra – y que la inclinaciones pecaminosas – tales como el deseo de

envolverse en actividad homosexual – son estructuras que pueden, por lo tanto, ser desestructuradas.

Es por lo tanto probablemente prudente evitar siempre que sea posible, usar las palabras «homosexual» y «heterosexual» como sustantivos, ya que tal uso sugiere un estado inmutable y una equivalencia entre el estado natural de hombre y mujer, como Dios los creó, y aquellos que experimentan atracción o conducta hacia personas del mismo sexo.

2. ATRACCION HACIA EL MISMO SEXO, COMO SINTOMA.

Las personas se sienten atraídas por personas del mismo sexo por distintas razones. Si bien hay modelos de desarrollo con aspectos similares, cada individuo es único, con una historia personal. En las historias de personas que se sienten atraídas por otros del mismo sexo, uno encuentra frecuentemente uno o más de los siguientes:

  •   Alienación del padre en la infancia, porque el padre fue percibido como hostil, distante, violento o alcohólico. (Apperson 196817; Bene 196518; Bieber 196219; Fisher 199620; Pillard 198821; Sipova 198322).
  •   La madre fué sobreprotectora (niños hombres), (Bieber, T. 197123; Bieber 196224 Snortum 196925)
  •   La madre era necesitada de afecto y exigente con los niños, (Fitzgibbons 199926)
  •   Madre emocionalmente vacua (niñas), (Bradley 199727; Eisenbud 198228)
  •   Los padres no fomentaron la identificación con el propio sexo (Zucker

    199529)

  •   Ausencia de juegos más o menos violentos (niños). (Friedman 198030;

    Hadden 1967a31)

  •   Falta de identificación con sus iguales del mismo sexo, (Hockenberry

    198732; Whitman 197733)

  •   Aversión a los juegos por equipo (niños), (Thompson 197334)
  •   Falta de coordinación de la mano con la vista, que lleva a pullas de los

    iguales (niños), (Bailey 199335; Fitzgibbons 199936; Newman 197637)

  •   Abuso sexual o violación, (Beitchman 199138; Bradley 199739; Engel

    198140; Finkelhor 1984; Gundlach 196741)

  •   Fobia social o timidez extrema, (Golwyn 199342)
  •   Pérdida de un padre por muerte o divorcio (Zucker 1995)
  •   Separación de un padre durante una etapa crítica del desarrollo (Zucker

    1995)

En algunos casos, la atracción sexual homoerótica o la actividad ocurre en un paciente con algún otro diagnóstico psicológico, tal como:

  •   Depresión grave , (Fergusson, 199943)
  •   Ideas de suicidio (Herrell 1999),
  •   Neurosis de angustia generalizada,
  •   Abuso de drogas,
  •   Desórdenes de conducta de adolescentes,
  •   Personalidades psicopáticas marginales,(Parris 199344; Zubenko 198745)
  •   Esquizofrenia ,(Gonsiorek 198246)
  •   Narcisismo patológico.(Bychowski 195447; Kaplan 196748)

    En unos pocos casos, la conducta homosexual aparece tarde en la vida como respuesta a un trauma, tal como el aborto, (Berger 199449; deBeauvoir 1953) o profunda soledad (Fitzgibbons 1999)

    3. LA ATRACCION HOMOEROTICA PUEDE PREVENIRSE

    Si las necesidades emocionales y de desarrollo de cada niño se satisfacen adecuadamente tanto por la familia como por sus iguales, el desarrollo de atracción homoerótica es muy poco probable. Los niños necesitan cariño, alabanzas y aceptación por ambos padres, por sus hermanos y por sus iguales. Tales situaciones familiares y sociales, sin embargo, no siempre se establecen con facilidad y las necesidades de los niños pueden no ser fácilmente reconocibles. Algunos padres pueden estar luchando con sus propios problemas y ser incapaces de proporcionar la atención y el apoyo que el niño requiere. Algunas veces los padres hacen esfuerzos grandes, pero la personalidad del niño hace que el apoyo y la educación sean más difíciles. Algunos padres reconocieron signos incipientes y buscaron atención y consejo profesional, y se les dio consejos inadecuados y a veces erróneos.

    El Diagnostic and Statistical Manual IV (APA 199450) de la Asociación Psiquiátrica Americana ha definido la Desordenada Identidad de Género (GID) en niños como una fuerte y persistente identificación con el género opuesto, insatisfacción con el propio sexo, y preferencia por papeles del sexo opuesto en juegos o fantasías. Algunos investigadores (Friedman 1988, Phillips 199251) han identificado otro sindrome no tan pronunciado en niños – sentimientos crónicos de no ser masculinos. (unmasculinity). Estos niños, si bien no se envuelven en ningún juego de sexualidad cruzada, o tales fantasías, se sienten profundamente inadecuados en su masculinidad y tienen una reacción casi fóbica a los juegos violentos en la infancia y mucha aversión a deportes de equipos. Varios estudios han mostrado que niños con Desordenada Identidad de Género y niños con

sentimientos crónicos de no ser masculinos están expuesto al riesgo de homoeroticismo en la adolescencia .(Newman 1976; Zucker 1995; Harry 198952)

La identificación temprana (Hadden 196753) y la intervención profesional adecuada, si es apoyada por los padres, puede superar la Desordenada Identidad de Género (Rekers 197454; Newman 1976). Desgraciadamente, a muchos padres que expresan esta preocupación a su pediatra, se les dice que no se preocupen por eso. En algunos casos los síntomas y la preocupación de los padres pueden parecer que disminuyen, cuando el niño entra a la segunda o tercera preparatoria, pero a menos que reciban el tratamiento adecuado, los síntomas pueden reaparecer en la pubertad como intensa atracción homoerótica. Esta atracción parece ser resultado de la incapacidad de identificarse positivamente con el propio sexo.

Es importante que aquellos envueltos en el cuidado y educación de niños estén informados de los signos de la Desordenada Identidad de Género y la antimasculinidad juvenil crónica, y que conozcan los recursos disponibles para obtener ayuda adecuada para estos niños. (Bradley 1998, Brown 196355; Acosta 197556) Una vez convencidos de que la atracción homoerótica no es un desorden de origen genético, se puede esperar el éxito de la prevención y uno puede también tener esperanza de encontrar un modelo terapéutico que vaya a mitigar significativamente si no a eliminar la atracción homoerótica.

4. SE ESTA AL RIESGO, NO PREDESTINADO.

Mientras un número de estudios han mostrado que niños que han sido abusados sexualmente, niños que exhiben síntomas de GID, y niños con antimasculinidad crónica juvenil se encuentran al riesgo de la atracción homoerótica en la adolescencia y la edad adulta, es importante darse cuenta de que un porcentaje significativo de estos niños no llegan a ser homosexuales activos en la edad adulta. (Green 198557; Bradley 1998)

Para algunos, experiencias negativas en la niñez pueden ser contrarrestadas por interacciones positivas. Algunos hacen una decisión consciente de evitar las tentaciones. La presencia y el poder de la gracia de Dios, si bien no puede ser medido en todos los casos, no puede ser ignorado como factor que puede ayudar a los sujetos al riesgo para evitar la atracción homoerótica. El etiquetar a un adolescente, o peor, a un niño, como «homosexual» sin remedio hace un muy flaco servicio a la persona. Tales adolescentes o niños pueden, dada la intervención positiva adecuada, recibir consejos adecuados para poder superar el problema de traumatismos emocionales anteriores.

5. TERAPIA.

Aquellos que defienden la idea de que la orientación sexual es inmutable frecuentemente citan una discusión publicada, entre los Doctores C.C. Tripp y Lawrence Hatterer en la que el Dr. Tripp afirmó: «…no hay un solo caso registrado de cambio de orientación homosexual que haya sido validado por jueces o tests independientes. Kinsey no pudo encontrar uno solo. Ni tampoco Dr. Pomeroy ni yo hemos podido encontrar tal paciente. Nos gustaría mucho recibir alguno del Dr. Hatterer.» (Tripp & Hatterer 1971) Pero no citan la respuesta del Dr. Hatterer:

«Yo he ‘curado’ a muchos homosexuales, Dr. Tripp. El Dr. Pomeroy o cualquier otro investigador puede examinar mi trabajo que está documentado por diez años de grabaciones en cinta. Muchos de estos pacientes’curados’ (prefiero usar la palabra ‘cambiados’) se han casado, tienen familias y viven una vida feliz. Es un mito destructivo que ‘una vez homosexual, siempre homosexual’. Esto ha hecho, y hará en el futuro millones de homosexuales convencidos. Y aún más, no solo yo sino muchos otros psiquiatras de prestigio (Los Doctores Samuel B. Hadden, Lionel Ovesey, Charles Socarides, Harold Lief, Irving Bieber, y otros) han reportado sus éxitos terapéuticos de homosexuales tratables.» (Tripp & Hatterer 1971).

Un número de terapeutas han publicado numerosos trabajos sobre resultados favorables en el tratamiento del homoerotismo. Tripp prefirió ignorar la abundante literatura sobre tratamientos y encuestas de terapeutas. Trabajos de revisión de resultados del tratamiento del homoerotismo muestran que ha tenido tanto éxito como el tratamiento de problemas psicológicos similares: alrededor del 30% se siente liberado de los síntomas y otro 30% se encuentra mejor . (Bieber 196258; Clippinger 197459; Fine 198760; Kaye 196761; MacIntosh 199462; Marmor 196563; Nicolosi 199864; Rogers 197665; Satinover 199666; Throckmorton67; West68)

Informes de terapeutas individuales han sido igualmente positivos. (Barnhouse 197769; Bergler 196270; Bieber 197971; Cappon196072; Caprio 195473; Ellis 195674; Hadden 195875; Hadden 1967b76; Hadfield 195877; Hatterer 197078; Kronemeyer 198979)

Esta es solamente una muestra representativa de los terapeutas que han reportado resultados con éxito en el tratamiento de individuos que experimentan atracción homoerótica.

Hay también muchos informes autobiográficos de hombres y mujeres que creyeron alguna vez estar irremisiblemente amarrados con homoeroticismo y

conducta homosexual. Muchos de estos hombres y mujeres (Exodus 1990- 200080) se describen ahora como libres del homoeroticismo, de las fantasías y la conducta. La mayoría de estos individuos encontraron la libertad a través de participar en grupos de apoyo basados en la religión, aunque algunos también han buscado ayuda de terapeutas. Desgraciada-mente un número de personas y grupos profesionales influyentes han preferido ignorar esta evidencia (APA 199781; Herek 199182) y pareciera haber un esfuerzo coordinado de parte de los ‘apologistas de la homosexualidad’ de negar la eficacia del tratamiento de la atracción homoerótica, o afirmar que tal tratamiento es dañino. Barnhouse se mostró admirado de estos esfuerzos: «La distorsión de la realidad inherente en la negación que la condición pueda ser curada, por los apologistas de la homosexualidad, es tan inmensa que uno se pregunta qué pueda motivarla.» (Barnhouse 1977).

Robert Spitzer, el famoso investigador psiquiátrico de la Universidad de Columbia, que estuvo envuelto directamente en la decisión de 1973 de retirar la homosexualidad de la lista de desórdenes mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana, recientemente se ha envuelto en un estudio sobre la posibilidad del cambio. El Dr. Spitzer afirmó en una entrevista: «Estoy convencido de que muchas personas han hecho cambios sustanciales hacia llegar a ser heterosexuales… Creo que eso hace noticia… Empecé este estudio escéptico. Ahora afirmo que tales cambios pueden ser mantenidos.» (NARTH 2000).

6. FINES DE LA TERAPIA.

Aquellos que sostienen que el cambio de orientación sexual es imposible, generalmente definen el cambio como la liberación total y permanente de toda conducta homosexual, de fantasías o de atracción en una persona que había sido anteriormente homosexual en su conducta o su inclinación. (Tripp 197183) Aun cuando el cambio sea definido en esta forma extrema, la afirmación no es cierta. Numerosos estudios reportan casos de cambio total. (Goetz 199784).

Aquellos que niegan la posibilidad de un cambio total, admiten que cambio en el comportamiento es posible (Coleman 197885; Herron 198286) y que personas que han estado envueltas sexualmente con ambos sexos parecen más capaces de cambiar. (Acosta 197587) Al leer cuidadosamente los artículos de aquellos que se oponen a la terapia de cambio, revela que los autores ven tal terapia como no ética (Davison 198288; Gittings 197389) lo hacen así porque en su opinión esa terapia es opresiva contra aquellos que no quieren cambiar (Begelman 197590; 197791; Murphy 199292; Sleek 199793; Smith 198894) y ven a aquellas personas atraídas por el mismo sexo que expresan el deseo de cambiar como víctimas de opresión social o religiosa. (Begelman 197795; Silverstein 197296)

Debe notarse que casi sin excepción, aquellos que consideran la terapia como contraria a la ética, también rechazan la abstinencia de actividad sexual extramatrimonial, como una meta mínima (Barrett199697) y entre los terapeutas que aceptan los actos homosexuales como normales, son muchos los que no encuentran nada malo en la infidelidad dentro de relaciones comprometidas (Nelson 198298), contactos sexuales anónimos, promiscuidad general, auto- erotismo (Saghir 1973), sadomasoquismo, y varias parafilias. Algunos llegan a propiciar la reducción de restricciones sobre relaciones sexuales entre adultos y menores (Mirkin 199999) o niegan el impacto psicológico negativo del abuso sexual de niños. (Rind 1998, Smith 1988100)

Algunos de los que consideran la terapia como no ética también disputan las teorías establecidas de desarrollo infantil (Davison 1982101; Menvielle 1998102) Ellos tienden a culpar de opresión social a los problemas innegables que sufren los adolescentes y adultos homosexuales activos. Todas las conclusiones de las investigaciones tienen que ser evaluadas teniendo en cuenta la parcialidad de los investigadores, lo que afecta sus resultados. Cuando la investigación está impregnada de un agenda política reconocida, su valor está muy severamente limitado.

Debiera señalarse que los católicos no pueden apoyar formas de terapia que fomentan el reemplazo de un pecado sexual con otro. (Schwartz 1984) Algunos terapeutas, por ejemplo, no consideran a un paciente como ‘curado’ hasta que pueda envolverse cómodamente en actividades sexuales con el sexo opuesto, aunque el paciente no esté casado. (Masters 1979) Otros estimulaban al paciente a masturbarse empleando imaginaciones heterosexuales. (Blitch 1972; Conrad 1976).

Para un Católico con atracción hacia su mismo sexo, la meta de la terapia debiera ser la libertad de vivir castamente de acuerdo a su estado en la vida. Algunos de los que han bregado con atracción por el mismo sexo creen que están llamados a una vida de celibato. No debiera hacérseles creer que han fracasado en el intento de adquirir libertad, porque no experimenten deseos sexuales por el sexo opuesto. Otros pueden querer casarse y tener hijos. Hay buenas razones para esperar que muchos van a poder alcanzar esta meta a su debido tiempo. Sin embargo, no debiera estimulárselos a precipitarse a un matrimonio, ya que hay abundante evidencia de que el matrimonio no es cura para la atracción por el mismo sexo. Con la ayuda poderosa de la gracia, los sacramentos, apoyo de la comunidad y un terapeuta con experiencia, un individuo bien decidido debiera ser capaz de alcanzar la libertad interior que Cristo ha prometido.

Terapeutas experimentados pueden ayudar a individuos a descubrir y comprender las causas profundas de los traumatismos emocionales que dieron origen a la atracción por el mismo sexo y poder seguir la terapia que va a ayudar a resolver ese problema. Hombres que experimentan atracción por su propio sexo, a menudo descubren que su identidad masculina fue afectada negativamente por sentimientos de rechazo por parte de su padre, o de sus iguales, o de una imagen corporal pobre que resulta en tristeza, rabia e inseguridad. Al mejorar el sufrimiento emocional en la terapia, la identidad masculina es reforzada y la atracción por el propio sexo disminuye.

Las mujeres con atracción por su mismo sexo pueden llegar a ver cómo el conflicto con sus padres u otros hombres importantes las ha llevado a desconfiar del amor de los hombres, o cómo la carencia de afecto maternal la ha llevado a una profunda necesidad de amor femenino. Perspicacia para entender las causas de ira y tristeza pueden, es de esperar, llevar al perdón y a la liberación. Todo esto necesita tiempo. Con respecto a esto, individuos que sufren de atracción por el mismo sexo no son diferentes de los muchos hombres y mujeres que tienen sufrimiento emocional y necesitan aprender a perdonar.

Terapeutas Católicos trabajando con individuos católicos debieran sentirse autorizados para usar las riquezas de la espiritualidad Católica en el proceso curativo. Aquellos con heridas causadas por el padre pueden ser animados a desarrollar su relación con Dios como padre amante. Y los que fueron rechazados o puestos en ridículo por sus iguales cuando jóvenes, pueden meditar considerando a Jesús como hermano, amigo y protector. Los que se sienten ignorados por sus madres pueden buscar el apoyo de María.

Hay muchas razones para esperar que con tiempo, los que busquen liberación la encontrarán, pero debemos reconocer al estimular la esperanza, que algunos no van a lograr llegar a esa meta. Podemos encontrarnos en la misma situación de un oncólogo pediatra que dio una charla sobre cómo cuando empezó su práctica, prácticamente no había esperanza para niños con cáncer, y el deber del médico era ayudar a los padres a aceptar lo inevitable y no botar su dinero en pos de una «curación» Hoy por hoy casi 70% de los niños se recuperan, pero cada muerte deja al equipo médico con una terrible sensación de fracaso. A medida que mejore la prevención y tratamiento de la atracción por el mismo sexo, los individuos que estén luchando van, más que nunca, a necesitar apoyo compasivo y razonable.

SEGUNDA PARTE. RECOMENDACIONES.

1. MINISTERIO A INDIVIDUOS QUE EXPERIMENTAN ATRACCION POR EL MISMO SEXO.

Es muy importante que cada católico que sienta atracción por el mismo sexo, sepa que hay esperanza, y que puede encontrar ayuda. Desgraciadamente esta ayuda no es fácil de encontrar en todas partes. Grupos de apoyo, terapeutas y directores espirituales que apoyen sin vacilaciones la enseñanza de la Iglesia son componentes esenciales de la ayuda que es necesaria. Puesto que las nociones sobre sexualidad en nuestro país son tan variadas, los pacientes que soliciten ayuda tienen que tener mucho cuidado que el grupo, o el consejero apoye los imperativos morales de la Iglesia Católica. Uno de los grupos Católicos de apoyo mejor conocidos es una organización llamada Courage (Coraje, vease el apéndice) y la organización afiliada, Estímulo (Hay un juego de palabras, ‘Courage’ y «Encourage’) Si bien cualquier intento de enseñar lo pecaminoso que es la conducta homosexual ilícita puede ser recibida con acusaciones de ‘homofobia’, la realidad es que Cristo llama a todos a la castidad, de acuerdo a la condición de vida de cada uno. El deseo de la Iglesia de ayudar a todo el mundo a vivir castamente no es una condenación de aquellos que encuentra la castidad difícil, sino más bien la respuesta llena de compasión de una Iglesia que trata de imitar a Cristo, el Buen Pastor.

Es esencial que todo Católico que sienta atracción por el mismo sexo encuentre acceso fácil a grupos de apoyo, terapeutas y Directores espirituales que apoyen en forma inequívoca las enseñanzas de la Iglesia y estén preparados para ofrecer ayuda de la más alta calidad. En muchas partes los únicos grupos de apoyo están dirigidos por Evangélicos o por gente que rechaza las enseñanzas de la Iglesia. El que la comunidad Católica no proporcione ayuda para las necesidades de esta población es un defecto grave, que no debe permitirse que continúe. Es especialmente trágico que Courage, que bajo la dirección del Fr. John Harvey ha desarrollado una red auténticamente Católica y excelente de grupos de apoyo, no esté disponible en todas las diocesis y ciudades importantes.

Informes anecdóticos de individuos u organizaciones, bajo auspicios Católicos o directamente asociada con la Iglesia Católica, que aconsejan a personas con atracción por el mismo sexo que practiquen fidelidad en sus relaciones con personas del mismo sexo, en lugar de la castidad de acuerdo a su situación en la vida, debieran causar preocupa-ción. Es muy importante que los consejeros relacionados con la Iglesia, o los grupos de apoyo, tengan muy en claro la naturaleza y origen de la atracción por el mismo sexo. Esta condición no es genética o determinada biológicamente. Esta condición no es inmutable. Es un engaño el aconsejar a individuos que experimentan atracción por el mismo sexo que sea aceptable hacer vida sexual siempre que los actos sexuales se desarrollen

dentro del contexto de una relación fiel. Las enseñanzas de la Iglesia Católica sobre moral sexual son claras en forma explícita y no admiten excepciones. Los Católicos tienen derecho a saber la verdad y los que trabajan con o para instituciones Católicas tienen la obligación de presentar claramente tal verdad.

Algunos clérigos, tal vez porque creen, erróneamente, que la atracción por personas del mismo sexo es genética e inmutable, han estimulado a individuos que experimentan atracción por el mismo sexo que se identifiquen con la comunidad homosexual, proclamando públicamente el ser ‘gay’ o lesbiana, pero vivir la castidad en su vida personal. Hay varias razones por la cuales es este una conducta equivocada:

  1. Se basa en una idea errónea que la atracción por el mismo sexo es un aspecto inmutable del individuo y decorazona a las personas de buscar ayuda;
  2. Lacomunidad’gay’promueveunaéticadeconductasexualquees antitética a las enseñanzas de la Iglesia Católica sobre sexualidad, y no oculta su deseo de eliminar la ‘erotofobia’ y el ‘heterosexualismo’. Sencillamente, no hay manera que se puedan reconciliar las posiciones de los personeros de la comunidad ‘gay’ con las de la Iglesia Católica;
  3. Coloca a personas que son fáciles de tentar en lugares que deben ser considerados como ocasión próxima de pecado;
  4. Crea una falsa esperanza de que la Iglesia pueda cambiar eventualmente su enseñanza de moral sexual.

Los católicos tienen que tratar de ayudar a personas que experimentan atracción por el mismo sexo, a aquellos que están activamente envueltos en actos homosexuales, y particularmente a aquellos que están afectados por enfermedades de transmisión sexual, con amor, esperanza y un mensaje auténtico, y sin compromisos, de liberación del pecado por Jesucristo.

2. EL PAPEL DEL SACERDOTE.

Es de importancia primordial que los sacerdotes, cuando encuentren feligreses con problemas de atracción por el mismo sexo, que tengan acceso a información sólida y a recursos auténticamente beneficiosos. El sacerdote, sin embargo, tienen que hacer algo más que simplemente referirlo a otras agencias (Véase Courage y Encourage en el apéndice). El está en una posición única para proporcionar ayuda espiritual específica a aquellos que experimentan atracción por el mismo sexo. Debe, por supuesto, ser muy delicado con los sentimientos muy intensos de inseguridad, culpa, vergüenza, rabia, frustración, depresión y aún temor en esos individuos. Pero esto no significa que no deba hablar

claramente sobre las enseñanzas de la Iglesia (Véase CIC n.2357-2359), la necesidad de perdón y curación en la Confesión, la necesidad de evitar las ocasiones de pecado, y la necesidad de una vida de oración viva. Un número de terapeutas creen que la fe religiosa juega un papel esencial en la recuperación de la atracción por personas del mismo sexo y la adicción sexual.

Cuando un individuo confiesa atracción por el mismo sexo, fantasías o actos homosexuales, el sacerdote debiera saber que ellos son frecuentemente manifestaciones de traumatismos de la infancia o adolescencia, abuso sexual enla niñez, o necesidades infantiles no satisfechas de amor y afirmación, de parte del padre del mismo sexo. A menos que estos problemas subyacentes sean resueltos, el individuo puede encontrar que vuelven las tentaciones, lo que puede hacerlo caer en la desesperación. Aquellos que rechazan las enseñanzas de la Iglesia y estimulan a las personas con atracción por el mismo sexo, a que entren en las así llamadas «uniones homosexuales amorosas estables» no comprenden que tales arreglos no pueden resolver los problemas subyacentes. Al mismo tiempo que se estimule la terapia y el ingreso a los grupos de apoyo, el sacerdote debiera recordar que a través de los sacramentos, puede ayudar a los penitentes no sólo a resolver el pecado, sino también las causas de la atracción por el mismo sexo.

La lista siguiente, si bien no es exhaustiva, ilustra algunas de las maneras cómo puede el sacerdote ayudar a los individuos que con estos problemas, se acercan al Sacramento de Reconciliación:

a) Las personas que experimentan atracción por el mismo sexo, o se confiesan de pecados en esta área, casi siempre tienen una carga de profundo dolor emocional, pena y resentimiento contra aquellos que los han rechazado, descuidado o herido, incluyendo sus padres, sus iguales y los que los hayan molestado sexualmente. Ayudándolos a perdonar puede ser el primer paso hacia la curación. (Fitzgibbons 1999103)

b) Individuos que experimentan atracción por los del mismo sexo a menudo cuentan una larga historia de experiencias sexuales tempranas, y traumatismos sexuales. (Doll 1992104) Es más probable que personas homosexuales activas se hayan visto envueltas en formas extremas de actividad sexual con otra persona a edad muy temprana. (Stephan 1973105; Bell 1981106) Muchos no le han contado a nadie sobre estas experiencias (Johnson 1985107) y llevan encima tremendo sentimiento de culpa y vergüenza. En algunos casos, aquellos que fueron abusados sexualmente se sienten culpables porque reaccionaron al trauma con comportamiento sexual. El sacerdote puede preguntar delicadamente sobre experiencias tempranas, asegurándoles que sus pecados son perdonados, y ayudándolos a encontrar liberación al perdonar a los otros.

Individuos envueltos en actividad homosexual pueden sufrir también de adicción sexual (Saghir 1973108; Beitchman 1991109; Goode 1977110) Aquellos que se envuelven en actividad homosexual se han envuelto también en formas extremas de conducta sexual o han recibido dinero por sexo. (Saghir 1973111) La adicción no es fácil de superar, recurrir frecuentemente a la confesión puede ser el primer paso hacia la liberación. El sacerdote debiera recordar al penitente que aún los casos más extremos de pecados en esta área pueden ser perdonados, alentándolos a resistir la desesperación y a perseverar, y al mismo tiempo sugerir algún grupo de apoyo que sirva para controlar la adicción.

Personas con atracción por el propio sexo con frecuencia abusan de alcohol, y de drogas legales e ilegales. (Fifield 1977112; Saghir 1973113) Tal abuso puede debilitar la resistencia a las tentaciones sexuales. El sacerdote puede recomendar ingresar a un grupo de apoyo que se preocupe de tales problemas.

Pensamientos de desesperación y de suicidio son también frecuentes en la vida de individuos afectados por atracción por el mismo sexo. (Beitchman 1991114; Herrell 1999; Fergusson 1999) El sacerdote puede asegurar al penitente que hay muchas razones para esperar que la situación va a cambiar y que Dios los ama y quiere que vivan una vida plena y feliz. Nuevamente, perdonar a los demás puede ayudar mucho.

Personas que experimentan atracción por el mismo sexo pueden sufrir de problemas espirituales tales como envidia (Hurst 1980) o autocompasión. (Van den Aardweg 1969) Es importante que el individuo que experimenta atracción por el mismo sexo, no sea tratado como si las tentaciones sexuales fueran su único problema.

La inmensa mayoría de hombres y mujeres que experimentan atracción por el mismo sexo reportan una pobre relación con sus padres (véanse las notas 17 a 23) El sacerdote, como figura paterna que los quiere y los acepta, puede a través de los sacramentos comenzar la labor de reparar el daño y facilitar una relación curativa con Dios Padre. El sacerdote puede también estimular la devoción a San José.

El sacerdote necesita estar al tanto de la profundidad de la curación que necesitan estas personas que tienen un conflicto muy serio. Tiene que ser una fuente de esperanza para los que desesperan, perdón para los que yerran, fortaleza para los débiles, ánimo para los pusilánimes, a veces una figura de padre amante, para los heridos. En suma, debe ser Jesús para estos hijos amados de Dios que se encuentran en una situación muy difícil. Debe ser pastoralmente sensible, pero también pastoralmente firme, imitando como siempre a un Jesús compasivo que

curaba y perdonaba setenta veces siete veces, pero que siempre recordaba, «Vete y no vuelvas a cometer este pecado».

3. PROFESIONALES MEDICOS CATOLICOS.

Los pediatras necesitan conocer los síntomas de la Desordenada Identidad de Género (GID- Gender Identity Disorder) y de la antimasculinidad juvenil crónica. Dada la identificación y la intervención tempranas, hay buenas razones para esperar que el problema pueda ser resuelto en forma satisfactoria. (Zucker 1995115; Newman 1976116) Mientras que la razón principal para tratar a niños es para aliviar su infelicidad presente (Newman 1976117; Bradley 1998118; Bates 1974119), el tratamiento de la Desordenada Identidad de Género y de la antimasculinidad crónica juvenil puede prevenir el desarrollo de la atracción sexual por el mismo sexo y los problemas asociados con la actividad homosexual en la adolescencia y la edad adulta.

La mayoría de los padres no quieren que su hijo se envuelva en conducta homosexual, pero los padres de niños al riesgo suelen resistir el tratamiento. (Zucker 1995; Newman 1976120) Si se les informa que el 75% de los niños que muestran síntomas de Desiordenada Identidad de Género y de antimasculinidad juvenil crónica, van, en la ausencia de intervención, a experimentar atracción por su mismo sexo (Bradley 1998) y haciéndoles ver los riesgos asociados con la actividad homosexual (Garafalo 1998121; Osmond 1994122; Stall1988b123; Rotello 1997; Signorille 1997124) puede ayudar a sobreponerse a su oposición al tratamiento. La cooperación de los padres es extraordinariamente importante para que la intervención temprana pueda tener éxito.

Los pediatras debieran estar familiarizados con la literatura sobre tratamiento. George Rekers ha escrito un número de libros al respecto. (Rekers 1988125) Zucker y Bradley tienen una revisión extensa de la literatura en su libro Gender Identity Disorder and Psychosexual Problems in Children and Adolescents, (1995) además de numerosos historias de casos y recomendaciones de tratamiento.

Los médicos que encuentren pacientes con enfermedades de transmisión sexual adquiridas por actividad homosexual pueden informar al paciente de que hay terapia disponible psicológica y de grupos de apoyo, y que aproximadamente el 30% de pacientes motivados pueden lograr cambiar su orientación. Y en términos de prevención de enfermedades, otros 30% son capaces de mantenerse célibos o eliminar las actividades de alto riesgo. Debieran también preguntar a estos pacientes por abuso de drogas y alcohol, y recomendar tratamiento cuando sea

adecuado, puesto que un número de estudios han correlacionados infecciones con ETS a abuso de drogas. (Mulry 1994126)

Aún antes del comienzo de la epidemia de SIDA un estudio de hombres que tienen relaciones con hombres encontró que el 63% habían contraído efermedades de transmisión sexual por la actividad homosexual. (Bell1978127) A pesar de toda la educación del SIDA, los epidemiólogos predicen que hasta donde podamos ver el futuro, el 50% de los hombres que tengan relaciones con hombres se harán positivos para el VIH. (Hoover 1991; Morris 1994; Rotello 1997128) Están también expuestos al riesgo de sífilis, gonorrea, hepatitis A,B o C, Virus de Papiloma y un número de otras enfermedades.

Los profesionales de la salud mental debieran familiarizarse con los trabajos de los terapeutas que hayan tratado con éxito a personas que experimenten atracción por el mismo sexo. Debido a que la atracción por el mismo sexo no se debe a una sola causa, distintos individuos pueden necesitar distintas modalidades de tratamien-to. Combinando la terapia con participación en un grupo de apoyo y curación espiritual es también una posibilidad que debiera ser considerada.

4. PROFESORES EN INSTITUCIONES CATOLICAS.

Profesores en instituciones Católicas tienen la obligación de defender las enseñanzas de la Iglesia en materias de moral sexual, para contrarrestar la falsa información sobre la atracción por el mismo sexo, y para informar a los adolescentes expuestos al riesgo o envueltos en homosexualidad, que se puede encontrar ayuda. Debieran continuar resistiendo la presión de incluír la educación sobre condones en el currículo para acomodar a los adolescentes homosexualmente activos. Numerosos estudios han encontrado que tal educación es ineficaz para prevenir la transmisión de enfermedades en la población expuesta. (Stall 1988a129; Calabrese 1987130; Hoover 1991131)

Los activistas de derechos de los ‘gay’ han insistido que adolescentes al riesgo deben ser puestos en contacto con grupos de apoyo que los ayudarán a ‘salir del closet’. No hay ninguna evidencia de que el participar en tales grupos sirva para prevenir las consecuencias negativas a largo plazo asociadas con la actividad homosexual. Tales grupos no estimularán nunca a los adolescentes a evitar el pecado y vivir castamente de acuerdo con su estado en la vida. Los síntomas de Desordenada Identidad de Género y antimasculinidad juvenil crónica en niños hombres debieran ser tomados en serio. Niños expuestos al riesgo, necesitan cuidados especiales, y más aún aquellos que hayan sido víctimas de abuso sexual cuando chicos.

Los educacores también tienen obligación de dejar de embromar y poner en ridículo a niños que no se ajustan a las normas de género. Recursos para educar a los profesores, planes de lecciones y estrategias para combatir las bromas, tienen que crearse y que ser proporcionadas a los profesores en escuelas Católicas, programas de educación religiosa parroquial (CCD) y en otras instituciones.

5. FAMILIAS CATOLICAS.

Cuando padres Católicos descubren que su hijo o su hija esté experimen-tando attracción por el mismo sexo o estén envueltos en actividad homosexual, quedan con frecuencia abrumados. Temiendo por la salud del niño, su felicidad y su salvación, los padres con frecuencia se encuentran aliviados cuando se les informa que la atracción por elmismo sexo puede ser tratada y prevenida. Pueden encontrar apoyo de parte de otros padres en Encourage. Y también necesitan ser capaces de compartir su carga con sus amigos cercanos y con la familia.

Los padres debieran ser informados de los síntomas de Desordenada Identidad de Género y de la prevención de problemas de identidad de género, y estimulados a tomar tales síntomas en serio y referir los niños con problemas de identidad de género a profesionales de la salud mental competentes y de moral adecuada.

6. LA COMUNIDAD CATOLICA.

Hubo un tiempo, nohace muchos años cuando el embarazo extramatrimonial y el aborto eran tópicos tabú, y las actitudes hacia las mujeres envueltas eran prejuiciadas y crueles. La legalización del aborto ha forzado a la Iglesia a afrontar este tema y proporcionar un ministerio activo a mujeres que se encuentran con un emba-razo ‘no deseado’ y también a las mujeres que sufran de traumatismo post-aborto. En pocos años la actitud de diócesis, parroquias individuales y los fieles Católicos se ha visto transformada, y hoy la caridad Cristiana es la norma y no la excepción. De la misma manera tienen que transformarse las actitudes con respecto la atracción por el mismo sexo, siempre que cada institución Católica haga lo que le corresponde.

Aquellos que experimentan atracción por el mismo sexo, aquellos que estén envueltos en conducta homosexual, y sus familias, con frecuencia sienten que están siendo excluídos de la preocupación caritativa de la comunidad Católica. Ofrecer oraciones por las personas que experimentan atracción por su propio sexo y sus familias, como parte de las intenciones durante la misa es una de las maneras de hacerles saber que la comunidad se preocupa de ellos.

Los miembros de los medios de información católicos necesitan estar informados sobre la atracción del mismo sexo, las enseñanzas de la Iglesia, y los recursos para prevenirla y tratarla. Panfletos y otros recursos que articulen claramente la doctrina de la Iglesia y proporcionen información sobre los recursos para aquellos que tengan necesidades en esta materia, debieran ser impresos y colocados en los casilleros para libros y panfletos en muchas parroquias.

Cuando un miembro de los medios de comunicación Católico, un profesor en una institución católica,o un cura, de información errada sobre la doctrina de la Iglesia o de la impresión de que la atracción homosexual es determinada genéticamente e inmutable, los laicos pueden ofrecerle información para corregir tales errores.

7. LOS OBISPOS.

La Asociación Médica Católica reconoce la responsabilidad que el Obispo Diocesano tiene de supervisar la enseñanza de la doctrina correcta en su Diócesis. Esto, sin duda, incluye instrucciones claras sobre la naturaleza y propósito de las relaciones sexuales entre las personas, y lo pecaminoso de las relaciones inadecuadas. La Catholic Medical Association espera poder trabajar con los Obispos y sacerdotes en ayudar a establecer grupos de apoyo apropiados y modelos de terapia para aquellos que tratan de superar la atracción homosexual. Si bien encontramos Courage y Encourage como muy útiles y valiosos, y los apoyamos activamente, estamos seguros de que hay otras maneras de proporcionar ayuda, y estamos dispuestos a trabajar con cualquier programa apropiado desde un punto de vista psicológico, espiritual y moral.

8. ESPERANZA

Jeffrey Satinover, Doctor en Medicina y Filosofía ha escrito de su amplia experiencia con pacientes que sufren de atracción homosexual»

«He tenido la gran suerte de haber encontrado a mucha gente que ha logrado salir del ambiente homosexual de vida. Cuando veo las dificultades que han encontrado, el coraje que han demostrado, no solo al encontrar esas dificultadies, sino al confrontar una cultura que usa todos los medios para negarle la validez de sus valores, metas y experiencias, me muevo a la admiración… Son estas personas – previamente homosexuales, y todos aquellos que están luchando en este momento en América y en el extranjero – que me parecen un modelo de todo lo que hay de bueno y posible en un mundo que toma el corazón humano, y al Dios de ese corazón, muy en serio. En mis exploraciones en el mundo del

psicoanálisis, la psicoterapia y la psiquiatría, nunca antes he visto curaciones tan profundas.» (Satinover 1996)

Los que quieren librarse de la atracción homosexual frecuentemente se vuelven en primer lugar hacia la Iglesia. La Asociación Médica Católica quiere estar segura de que encontrarán la ayuda y la esperanza que buscan. Hay muchas razones para esperar que todos los que experimenten atracción homosexual y que busquen ayuda de la Iglesia, puedan verse libres de la actividad homosexual y muchos puedan encontrar aún más, pero vendrán sólo si encuentran amor en nuestras palabras y obras.

Si los profesionales de la salud Católicos no han sido capaces en el pasado de satisfacer las necesidades de esta población, y fallado en trabajar activamente para desarrollar prevención efectiva y terapias de tratamiento, o hayamos fallado en tratar a las personas que tienen estos problemas con el respeto debido a cada persona, les pedimos disculpas.

La Asociación Médica Católica reconoce que los profesionales de la salud mental tienen un deber especial en esta área y espera que este documento pueda ayudarlos a satisfacer ese deber de acuerdo a los principios de la Iglesia Católica.

Las investigaciones citadas en este trabajo provienen de una gran variedad de fuentes. En la mayoría de los casos muchas otras fuentes podrían haberse citado. Aquellos que deseen hacer un estudio en profundidad de los temas tratados, una bibliografía extensa está disponible (email :74747.2241@compuserve.com) junto con revisiones de la literatura pertinente.

Debiera también indicarse que muchos de los autores citados no aceptan las enseñanzas de la Iglesia sobre la naturaleza intrínsecamente desordenada de los actos homosexuales. No se ha hecho esfuerzos por distinguir entre aquellos que están de acuerdo y los que no, ya que los que favorecen la prevención y el tratamiento y aquellos que defienden las terapias de apoyo a la homosexualidad presentan evidencias y material de estudio esencialmente consistentes , y difieren solamente en sus interpretaciones y la importancia de la evidencia presentada.

APPENDIX

Courage and Encourage
St. John the Baptist Church and Friary, 210 West 31st Street, New York, NY 10001

212-268-1010 , 212-268-7150 (fax)

email: NYCourage@aol.com http:/ world.std.com/-courage

AUTHORS, CONTRIBUTORS & EDITORS

Eugene Diamond, M.D., Professor of Pediatrics, Loyola Stritch School of Medicine, Chicago, IL

Richard Delaney, M.D., Family Medicine, Washington, DC

Sheila Diamond, RN, MSN, Nursing Consultant, John Paul II Institute, Rome, Italy

Richard Fitzgibbons, M.D., Psychiatrist, Comprehensive Counseling Service, Philadelphia, PA

Rev. James Gould, Vocations Director, Diocese of Arlington,. Arlington, VA

Rev. John Harvey, Director, Courage Ministry, New York, NY

Ned Masbaum, M.D., Forensic Psychiatrist, Indianapolis, IN

Kevin Murrell, M.D., Dept. of Psychiatry, Univ. of Georgia Medical School, Augusta, GA

Peter Rudegeair, Ph.D.,Clinical Psychologist, Philadelphia, PA

Edward Sheridan, M.D., Dept. of Psychiatry, Georgetown Univ. School of Medicine, Washington, DC

Endnotes

1 Chapman y Brannock (1987) encontraron que el 63% de las lesbianas en su encuenta, declararon que habían elegido el serlo, el 28%, que no tenían otra alternativa, y el 11% que no sabían. * Gay quiere decir alegre, festivo, dada la manera de presentarse de algunos homosexuales.

2 Schreir escribe en apoyo de un terapeuta (Wolpe 1969) que rechazó la petición de un paciente de que la terapia fuera destinada a cambiar la orietación, de homo a heterosexual: «Es posible que en vez de reorientación sexual, los individuos podrían buscar reorientación religiosa, porque hay un gran número de organizaciones religiosas en EEUU que apoyan a personas de orientación homosexual…No todas las religiones enjuician y condenan tales actos. El ser partidarios de reorientación sexual, y criticar la reorientación religiosa revela exclusivamente prejuicios.» (p.308)

3 Burr: Artículo principal de The weekly Standard, «Supongamos que hay un Gene Gay…entonces qué?» 4 Hamer sostuvo haber encontrado una señal de homosexualidad en el cromosoma X.

5 LeVay sostuvo que habría encontrado que cierta parte del cerebro de homosexuales que murieron de SIDA sería distinto del de hombres y mujeres heterosexuales.

6 Byne: «Una revisión crítica muestra que la evidencia favorable a una teoría biológica no existe. En un modelo alternativo, rasgos de personalidad y temperamento interactúan con el medio social y familiar, al desarrollarse la sexualidad del individuo.»(p.228) «Investigación de la herencia de algunos rasgos de personalidad sugieren que algunos de ellos pueden ser hereditarios, incluyendo curiosidad por novedades, evitar daños y dependencia de recompensas. Si uno aplica tales rasgos al escenario anterior, uno podrí predecir que un niño con mucho afán de novedades y poca prudencia para evitar daños y poca necesidad de recompensas, tendría tendencia a ignorar los consejos de su madre contra el baseball. Por otra parte, uno que tuviera bajo nivel de curiosidad por cosas nuevas, pero muy prudente para evitar daños, y con gran necesidad de recompensas, sería más probable que necesitara el apoyo de la aprobación de la madre, y que estaría menos inclinado a buscar y encontrar modelos de comportamiento fuera de la familia, y tendería a evitar a baseball por miedo a ser herido. En la ausencia del apoyo de un padre entusiasta, o de otro modelo alternativo, tal niño tendería a sentirse distinto de sus compañeros, y como consecuencia podrí tener experiencias no eróticas en su niñez, que podrían contribuir al desarrollo de tendencias homoeróticas más tarde. Tales experiencias podrían incluír las descritas por Friedman como frecuentes en niños prehomosexuales, incluyendo pobre imagen masculina de sí mismo, aislamiento, echarle la culpa a otros y rechazo por los compañeros hombres y por hombres mayores, incluyendo el padre». (p.237)

7 Crewdson: «…no other laboratory has confirmed Hamer’s findings.»

8 Horgan: «Los hallazgos de LeVay no han sido reproducidos todavía por otros investigadores. Y en cuanto a Hamer, un estudio ha contradicho sus resultados».

9 McGuire:»….algunas personas quieren que la homosexualidad sea biológica o genética porque creen que habiendo los homosexuales nacido así, entonces serán mejor tolerados. Otros invocan causas del medio ambiente, puesto que esto justifica su opinión de que los individuos «eligen el ser gay»» (p.141) «Y aunque supiéramos todo con respecto a los genes, y todo con respecto al medio ambiente, todavía sería imposible predecir el fenotipo de cualquier individuo».(p.142)

10 Rice et al. Trató de reproducir el estudio de Hamer, sin éxito.

11 Bailey: Un estudio de los hijos hombres de padres homosexuales activos encontró que » 52% (29/56) de los mellizos monozigóticos, 22% (12/54 de mellizos dizigóticos y 11% de hermanos adoptivos eran homosexuales…y la tasa de homosexualidad entre hermanos biológicos no mellizos, de acuerdo a la información de ellos, es 9.2% (13/142). (p.1089)

12 Parker: Caso A: «La madre, de 39 años de edad, supo sólo unos pocos días antes del parto que iba a tener mellizos, y como ya tenía un niño de 7 años, estaba ansiosa de que uno de ellos debiera ser mujer. La enfermera, al darse cuenta de su desilusión de haber dado a luz dos hijos varones de 6 _ libra cada uno, la consoló al sugerirle que el mayor, que eventualmente fue homosexual, era tan bonito como si fuera una niña. Aunque eran tan parecidos que no era posible distinguirlos, la madre se fijó en esta idea, le colocó una pulsera al primer mellizo para asegurarse de que no iban a ser confundidos, y desde ese momento lo trataron como si fuera niña.» (p. 490)

13 Marmor: «El mito de que la homosexualidad no puede tratarse es una creencia muy común en el público en general y entre los homosexuales. Esta idea está frecuentemente relacionada con la creencia de que la homosexualidad es constitucional o genética. Esta convicción de que no hay tratamiento, sirve como mecanismo de defensa del yo para muchos homosexuales. A medida que se ha encontrado que el comportamiento homosexual tiende a ser esencialmente de adaptación, se ha desarrollado mayor optimismo respecto a las posibilidades de cambiar, y resultados más prometedores han sido reportados… Hay pocas dudas de que un cambio auténtico en la elección de objeto sexual puede darse, y de hecho tiene lugar en unos 20 a 50% de pacientes homosexuales activos que buscan psicoterapia a ese fin».(p1519)

14 Ernulf encontró que aquellos que creían que los homosexuales «nacieron así» tenían una actitud significativamente más positiva hacia los homosexuales que aquellos que creían que los homosexuales «eligen su propia vida» y/o «aprenden a serlo».

15 Piskur: «El principal hallazgo de este estudio fue que el estar expuesto a un resumen de investigación que apoyan la determinación biológica de la homosexualidad pueden afectar los resultados de los estudios de actitudes hacia los homosexuales, cuando se miden inmediatamente después de leerlos».(p.1223)

16 Green: «La Corte Suprema decidió en Bowers v Hardwick que no existe un derecho básico, en ley bien aplicada, para envolverse en conducta homosexual. Por consiguiente, la única posibilidad legal de proteger a los homosexuales contra la discriminación es la cláusula de la décimocuarta modificación de la Constitución, que establece el derecho a igual protección. Para obtener el mayor nivel posible de protección, un grupo de personas

tienen que ser declarado ‘susceptible’. Para obtener tal calificación, el grupo tiene que demostrar, entre otras cosas, que el rasgo por el que se le discrimina es inmutable»(p.537)

17 Apperson: «La importancia de la relación – o su ausencia – con el padre, debe ser enfatizada, con los sujetos homosexuales exhibiendo diferencia marcada con respecto al grupo control, viendo al padre como crítico, impaciente y que los rechazaba, y menos como un agente de socialización.»(p.206)

18 Bene: «Un número mucho menor de homosexuales que de hombres casados pensó que sus padres habían sido alegres, ayudadores, de confianza, cariñosos y comprensivos, y muchos más pensaron que sus padres no tenían tiempo para ellos, no los querían, y los habían hecho sentirse infelices.» (p.805)

19 Bieber: «Problemas interpersonales profundos se ven de continuo en la relación padre-hijo cuando este es homosexual. Ni uno solo de los padres (de hijos homosexuales)… podría ser considerado un padre normal. (p.114) Hemos llegado a la conclusión que un padre afectuoso, constructivo, protector, excluye la posibilidad de un hijo homosexual; actúa como un agente protector y neutralizante si la madre pudiera hacer esfuerzos para seducir al niño o para dominarlo.» (p.311)

20 Fisher: «Fisher analizó los 58 estudios e informó que una gran mayoría apoyaba el concepto que los hijos homosexuales perciben a sus padres como figuras negativas, distantes, poco amistosas». Revisión de la literatura sobre las experiencias de la niñez de hombres homosexuales encontró «Con muy pocas excepciones, el hombre homosexual considera que el padre ha sido una influencia negativa en su vida. Se refiere a él con adjetivos tales como frío, poco amistoso, castigador, brutal, distante, despegado. No hay un solo estudio moderadamente bien controlado que hayamos podido encontrar en el cual los homosexuales varones se refieren a sus padres en forma positiva o cariñosa «. (p.136)

21 Pillard: «Alcoholismo se da más frecuentemente en los padres de hombres homosexuales (14 padres de homosexuales masculinos, contra cinco padres de hombres heterosexuales )» (p.54)

22 Sipova: «Se encontró que los padres de homosexuales y transsexuales eran más hostiles y menos dominantes que los padres del grupo control, y por consiguiente menos deseables como modelos para identificarse con ellos (p75)

23 Bieber: En alrededor del 75% de los casos,las madres habían tenido un vínculo inadecuadamente estrecho, opresivo e íntimo con sus hijos. Más de la mitad de estas madres fueron descritas como seductoras. Eran posesivas, dominantes, sobreprotectoras y desmasculinizantes». (p.524)

24 Bieber: En el momento que el hijo homosexual ha alcanzado el período de la preadolescencia, ha sufrido un extenso daño de la personalidad. Excesiva preocupación maternal sobre la salud y las heridas, restricción de actividades apropiadas para su edad y potencial, que interfieren con una conducta afirmativa, actitudes desmasculinizantes, e interferencia con la sexualidad – entremezclada con rechazo, hostilidad y falta de apoyo por parte del padre – produciendo un niño excesivamente tímido, patológicamente dependiente de su madre e inquieto por sentimientos de inferioridad, impotencia y autodesprecio. El se resiste a participar en actividades de niños, pensando que pueden herirlo – generalmente sobreestima la prudencia. Sus compañeros responden con sobrenombres humillantes y no raras veces con ataques físicos, que la timidez suele invitar entre los niños… De este modo él se ve privado de la importante interacción proporcionada por los grupos de sus pares «.(p.316)

25 Snortum estudió 46 varones, excluídos del servicio militar por conducta homosexual y concluyó: «Pareciera que de la relación entre una madre controladora y amarradora y un padre rechazador y desligado no es exclusivo de la subcultura de la clase media alta sofisticada, que va al psicoanalista.»(p769).

26 Fitzgibbons: «La segunda causa más comun de la atracción sexual anormal entre los varones es falta de confianza en el amor de la mujer…Niños hombres en hogares sin padre con frecuencia se sienten demasiado responsables de sus madres. Al entrar a la adolescencia, pueden considerar el amor de la mujer como agotador y muy cansador». (p.89)

27 Bradley: «Niñas con identificación sexual anormal… tienen dificultad conectándose con sus madres, las que son vistas como débiles e ineficientes. Vemos tal percepción como originándose en los niveles más profundos de la psicopatología observados en esas madres, especialmente depresión grave y personalidad psicopática marginal». (p.877)

28 Eisenbud «Hogares deshechos y alcoholismo en el hogar de la niñez de mujeres lesbianas, y también relación maternal inadecuada, no proporcionan la oportunidad para una inclusión cariñosa. La muerte de una madre querida produce aislamiento muy frío. Aún cuando la madre está presente, la muchacha lesbiana frecuentemente se siente abandonada por ella después de 18 meses .» (p98-99)

29 Zucker:»…nos parece que la toleracia paterna a la conducta del sexo opuesto en el momento de su aparición es instrumental en permitir que tal comportamiento se desarrolle… Lo que es único entre los niños que desarrollan un problema con la identificación sexual es que ocurren juntos una multitud de factores en un período sensitivo en el desarrollo del niño – es decir, típicamente en los primeros años de vida, el período en el que se forma y consolida la identidad del género. Debe haber un número suficiente de factores para inducir un estado de inseguridad profunda en el niño, tal que necesita una solución defensiva para poder combatir la ansiedad. Esto tiene que suceder en un contexto en el que el niño percibe que el papel sexual opuesto proporciona un sentido de seguridad o de protección.» (p.259) «…nos fue imposible encontrar alguna publicación de un clínico que pensaba que los padres habían estimulado claramente la identidad masculina en sus hijos.» (p.277)

30 Friedman: «Trece de los 17 sujetos homosexuales (76%) reportaron terror crónico y persistente de pelear con otros niños durante la niñez y temprano en la adolescencia. La intensidad de esta reacción era cercana al pánico. Que pudieran recordar, estos niños nunca respondieron al desafío de un compañero varón con algún desafío de su parte, una amenaza o agresión. El temor obsesionante de la agresión entre varones era una idea dominante . Ansiedad por anticipado resultó en reacciones fóbicas a ciertas actividades sociales; la fantasía de que una pelea pudiera ocurrir llevó a evitar una amplia gama de interacciones sociales, especialmente diversiones más o menos violentas (definidas en nuestro estudio como deportes de contacto físico, tales como el fútbol y el fútbol Americano).

«Estos sujetos informaron que sufrieron de pérdida penosa de autoestimación y de soledad como resultado de su aversión extrema a interacciones juveniles violentas. Todos menos uno (12 de 13) sentían una necesidad crónica de sentirse más cerca de otros niños. Al no ser capaces de superar su temor a la posible agresión, para poder ganar aceptación y respeto, estos niños fueron considerados como poco hombres por sus compañeros. Estos doce sujetos dijeron que ellos tenían el último lugar en el estrato social del grupo durante los años de niñez y comienzo de la adolescencia. Eran alternativamente eliminados y les echaban la culpa de todo, y eran los blancos de humillaciones continuas. Todos ellos negaron el haber sido afeminados…»(p.432-433) «Ningún muchacho prehomosexual tenía ninguna experiencia de haber peleado o de haber tenido diversiones violentas en su juventud. Ninguno se envolvió en las actividdes the connotación sexual más modestas, descritas por los jóvenes heterosexuales menos agresivos.»(p.434)

31 Hadden: «Un examen analítico de el período preescolar de la vida, por lo general reveló que el niño que llegó a ser homosexual nunca se sintió aceptado por sus compañeros, y nunca se sintió a gusto en sus relaciones con ellos. Muy a menudo debido a interferencia de parte de los padres no se le permitió participar en los juegos de otros niños y tuvieron pocas oportunidades para correr, travesear, rodar por el suelo, tironear, luchar y otros juegos de esa clase, con sus coetáneos, desde la infancia hasta entrar al colegio.»(p.78).

32 Hockenberry: «La conclusión alcanzada fue que de las cinco actividades (jugar con muchachos, preferir los juegos de muchachos, imaginarse ser un gran deportista, leer libros de aventuras o de deportes y ser considerado poco hombre) fueron los elementos predictivos y discriminatorios más poderosos entre los hombres adultos para su orientación sexual. También se observó que la ausencia de conductas y rasgos masculinos parecía ser un predictor más potente de una orientación homosexual más adelante, que los rasgos y conductas tradicionalmente consideradas femeninas o del sexo opuesto». (p.475)

33 Whitam desarrolló un grupo de seis elementos y los administró a 206 homosexuales y a 78 hombres heterosexuales, con respecto a sus intereses en la niñez para vestirse como mujeres, preferencia de jugar con muñecas, de jugar con muchachas o mujeres mayores, el ser considerado poco hombre por sus iguales, y la clase de juegos de tipo sexual de la niñez. Prácticamente todos los homosexuales (97%) informaron tener uno o más de estos «indicadores de la infancia», mientras que el 74% de los sujetos heterosexuales informaron una ausencia completa de cualquiera de esos indicadores en su niñez. (en Hockenberry, p. 476)

34 Thompson comparó 127 hombres homosexuales con 123 controles: «Los siete factores más discriminatorios en orden descendente fueron : (a) jugaron baseball… con los homosexuales concentrados en nunca o a veces…;(b) jugaron juegos de equipo, competitivos (los homosexuales nunca o a veces…); (c) el niño pasaba tiempo con su padre (homosexuales, muy poco); (d) aptitud física cuando niño (homosexuales, delicado, torpe o coordinados, heterosexuales: atlético); (e) se sentía aceptado por su padre (homosexuales, un poco o nada…); (f) jugaba con niños antes de la adolescencia (homosexuales, a veces…); y (g) la madre exigía ser el centro de atención del niño (homosexuales, a menudo o siempre)» (p.123)

35 Bailey: «Hombres homosexuales eran recordados por sus madres como menos masculinos y poco atléticos.» (p.44)

36 Fitzgibbons: «Una identidad masculina débil es fácil de identificar y, en mi experiencia clínica, es una de las causas mayores de atracción homosexual en hombres. Lo que es sorprendente es que puede provenir de problemas de coordinación de la vista y las manos que lleva a la incapacidad de jugar bien a los deportes. Tal condición se acompaña de rechazo por los iguales… La «herida deportiva» afectará negativamente la imagen de sí mismo, sus relaciones con sus iguales, su identidad de género y su imagen corporal.» (p.88)

37 Newman: «La experiencia de ser rechazado y puesto en ridículo puede que juegue un papel más importante que lo que se ha pensado, llevando alcompletoabandono del rol masculino en fechas más tardías.» (p.687)

38 Beitchman: «Entre los adolescentes, secuelas (de abuso sexual en la infancia) reportadas frecuentemente incluyen insatisfacción sexual, promiscuidad, homosexualidad y un riesgo mayor de volver a ser víctima. (p.537)

39 Bradley: En nuestras adolescentes con Desordenada Identidad de Género , la historia de abuso sexual o temor a la agresión sexual ha aparecido frecuentemente .»(P878)

40 Engel: Algunas pacientes lesbianas [víctimas de abuso sexual] sufren un tiempo de confusión, no estando seguras si ellas están con otras mujeres por su propia elección o lo hacen solamente porque están asustadas, enojadas y asqueadas de los hombres, dado el abuso sexual.» (p.193)

41 Gundlach informó que 39 de 217 lesbianas, contra 15 de 231 no-lesbianas reportaron que habían sido víctimas de violación o intento de violación a los 15 años o antes. (p.62)

42 Golwyn: «Concluímos que la fobia social puede ser un factor oculto que contribuye en algunos casos a la conducta homosexual.» (p.40)

43 Fergusson et al. Encontraron que en una muestra de cohorte de nacimiento, los «gay», lesbianasy bisexuales tienen una tasa significativamente más alta de : Ideas de suicidio (67.9%/29.0%), Intentos de suicidio (32.1%/7.1%) y desórdenes psiquiátricos entre las edades de 14 y 21 – Depresión mayor (71.4%/38.2%), Neurosis de angustia (28.5%/12.5%), desórdenes de conducta (32.1%/11.0%), dependencia nicotínica (64.3%/26.7%), Abuso/dependencia de otras sustancias (60.7%/44.3%), Patologías múltiples (78.6%/38.2%) que la muestra heterosexual (p.879)

44 Parris en un estudio de admisiones consecutivas encontró que la tasa de homosexualidad en los desórdenes marginales de personalidad (DMP) fué de 16.7% comparado con 1.7% de un grupo control (sin DMP). El grupo de homosexuales con DMP tenía una tasa de haber sido abusados sexualmente en la niñez de 100% comparado con el 37.3% para el grupo heterosexual con DMP. Es interesante que 3 de 10 pacientes homosexuales con trastorno marginal reportaron incesto de padre a hijo». (p.59)

45 Zubenko: «La homosexualidad fue diez veces más común entre los hombres y seis veces más común entre las mujeres con desorden psicopático marginal que en la población general o en un grupo control de deprimidos.» (p.748)

46 Gonsiorek discute el tratamiento de homosexuales que son también esquizofrénicos. (p.12)

47 Bychowski: «…aquellos homosexuales en los cuales el ego ha permanecido fijado en la etapa de narcisismo temprano, encuentran imposible reemplazar en forma permanente y resolver con éxito la realidad de los actos homsexuales, que ellos interpretan como mágicos. La estructura de tales individuos es en muchos aspectos cercana a la esquizofrenia.» (p.55)

48 Kaplan: «En cierto sentido, el homosexual tienen mucho en común con el narcisista, que tiene una relación amorosa consigo mismo. El homosexual, sin embargo, es incapaz de amarse tal como es, ya que está demasiado insatisfecho consigo mismo; en vez de ello, ama su ego ideal, representado por el compañero homosexual que ha elegido. De tal modo, para esta clase particular de individuo, la homosexualidad se transforma en una extensión del narcisismo.» (p.358)

49 Berger: «Un posible factor etiológico que no ha sido mencionado en la literatura, el aborto de un embarazo concebido por el paciente masculino que puede haber llevado a que el paciente «salga»y declare su homosexualidad, se discute.»(p.251)

50 American Psychiatric Association: «La Desordenada Identidad de Género puede distinguirse de la mera rebeldía a los papeles estereotípicos de conducta por la magnitud y convicción de los deseos de género opuesto, sus intereses y actividades.» (p.536)

51 Phillips: «La función discriminadora de 16 items… produjo una clasificación correcta del 94.4% de los hombres héterosexuales y del 91.8% de los hombres homosexuales. Estos resultados indican que los hombres hétero u homosexuales se clasifican con precisión equivalente en base a sus recuerdos de haber tenido o no haber tenido experiencias conforme a su género (masculino) en la niñez.»(p.550)

52 Harry: «Estos datos sugieren que alguna historia de femineidad infantil es casi siempre precursora de conducta homosexual en la adolescencia .»(p.259)

53 Hadden: «En mi experiencia con homosexuales masculinos, casi sin excepción reconocen que estaban mal ajustados ya al comenzar la escuela. Muchos padres se dieron cuenta de que necesitaban ayuda psiquiátrica mucho antes.»(p.78)

54 Rekers: «Cuando lo vimos por primera vez, el nivel de su identificación femenina era tan profundo…que sugería determinantes bioquímicos y neurológicos irreversibles. Después de 26 meses de tratamiento, se veía y actuaba como cualquier otro niño. Personas que han visto los videos de antes y después del tratamiento han comentado que ‘son dos niños distintos’.»

55 Brown: «En resumen, parecería que el modelo de familia con una combinación de una madre dominante y excesivamente íntima sumada a un padre desapegado y hostil o débil está sin duda relacionado al desarrollo de la homosexualidad masculina… Es sorprendente que no se haya reconocido esta relación entre las varias disciplinas que se ocupan de los niños. Un problema que se presenta con relación a esto es cómo informar y educar a los profesores y a los padres con respecto a la influencia decisiva de la familia en determinar el curso y resultado del desarrollo psicosexual del niño.. Pareciera no haber justificación para tener que esperar otros 25 o 50 años hasta poder hacer llegar esta información a aquellos que se preocupan de los niños. Y no hay excusa para que profesionales en las ciencias del comportamiento continúen haciéndole el quite a la responsabilidad de diseminar este conocimiento y estos conceptos tan ampliamente como sea posible». (p.232)

56 Acosta: «…mejores espectativas para intervenir en la homosexualidad se encuentran en la prevención, en la identificación precoz y el tratamiento del niño potencialmente homosexual.»(p.9)

57 Green: «Este estudio longitudinal de dos grupos de niños demuestra que la asociación entre la actividad de género cruzado en la niñez y el comportamiento homosexual en la edad adulta, sugerido por estudios retrospectivos anteriores, puede ser convalidado por un estudio prospectivo de niños identificados en la clínica o referidos por las familias con Desordenada Identidad de Género en la niñez. Sin embargo, no todos los niños con comportamiento transgenérico extenso evolucionaron como homosexuales o bisexuales cuando grandes. Ningún niño en el grupo control evolucionó como bisexual u homosexual.» (p.340)

58 Bieber: «Los resultados terapéuticos de nuestro estudio justifican el optimismo. Muchos homosexuales llegaron a ser exclusivamente heterosexuales por el tratamiento psicoanalítico. Aunque esta modificación puede ser lograda con mayor facilidad por algunos que por otros, a nuestro parecer un cambio hacia le heterosexualidad es posible para todos los homosexuales que tienen una fuerte motivación de cambiar.» (p. 319)

59 Clippinger: «De 785 pacientes tratados, 307 – o sea aproximadamente 38% –fueron curados. Sumando los porcentajes de los otros dos estudios, podemos decir que al menos el 40% de los homosexuales fueron curados, y un 10 a un 30% adicional estaban mejor, dependiendo de qué estadísticas estuvieran disponibles.» (p.22)

60 Fine: «Ya sea que con hipnotismo…psicoanálisis de cualquier tipo, psicoterapia educativa, terapia conductual, y/o sencillamente medidas educacionales, un porcentaje considerable de homosexuales se transformaron en heterosexuales…Si los pacientes estaban motivados, sea el que sea el procedimiento adoptado, un alto porcentaje dejará la homosexualidad… La información errónea de que la homosexualidad no tiene tratamiento psicoterapéutico causa un daño incalculable a miles de mujeres… Todos los estudios a partir de Schrenk-Notzing en adelante han encontrado resultados positivos, independiente del tipo de tratamiento:. (p.85-86)

61 Kaye: :Finalmente, tenemos indicaciones de optimismo terapéutico en el tratamiento psicoanalítico de mujeres homosexuales. Encontramos, a grandes rasgos, un 50% de probabilidades de mejoría significativa en mujeres con este sindrome que buscan tratamiento y lo siguen.» (p.634).

62 MacIntosh interrogó a psicoanalistas que informaron que de 824 pacientes hombres vistos por 213 analistas – 197 (23.9%) cambiaron a heterosexualidad, 703 se beneficiaron significativamente con el tratamiento; y de las 391 pacientes mujeres vistas por 153 analistas – 79 (20.2%) cambiaron a heterosexualidad, 318 recibieron beneficio terapéutico significativo .(p.1183)

63 Marmor: «Los clínicos aludidos en este volumen presentan evidencia convincente de que la homosexualidad es una condición potencialmente reversible. Cabe poca duda que muchos de los casos de éxito terapéutico reciente de homosexuales se debe a la opinión creciente entre los psicoanalistas de que la homosexualidad es un problema de adaptación.» (p.21)

64 Nicolosi estudió 850 individuos y 200 terapeutas y consejeros – específicamente buscando profesionales que dicen haber logrado algunos cambios de orientación sexual. Antes de la terapia o de las sesiones de consejo, el 68%

se consideraba exclusivamente o casi enteramente homosexuales, y otro 22% declaraba ser más homosexuales que heterosexuales. Después del tratamiento, sólo el 13% se consideraba exclusivamente o casi enteramente homosexuales, mientras un 33% se describían ya como exclusivamente o casi enteramente heterosexuales. El 99% de los interrogados dijo que ahora creen que el tratamiento para cambiar la homosexualidad puede ser eficaz y tener valor.

65 Rogers: «En general, los informes sobre el tratamiento de grupos de homosexuales son optimistas; en casi todos los casos los terapeutas reportaron resultados favorables de la terapia, ya sea que la meta de la terapia fuera alcanzar un cambio de orientación sexual o fuera una reducción de problemas concomitantes» (p.22)

66 Satinover revisó la literatura sobre tratamientos y encontró que sólo en los ocho años entre 1966 y 1974,la base de datos Medline (database) – que excluye muchas revistas de psicoterapia – incluía una lista de más de mil artículos sobre tratamiento de la homosexualidad. De acuerdo a Satinover, estos informes contradicen las aseveraciones de que el cambio es imposible. Más aún, sería más acertado afirmar que la evidencia que hay actualmente es muy sugerente de que la homosexualidad se puede cambiar. La mayoría de los psicoterapeutas reconocerán que en el tratamiento de cualquier condición, puede esperarse una tasa de 30%. (p.169).

67 Throckmorton: «En síntesis, la pregunta que debe hacerse es: Funcionan las técnicas terapéuticas para cambiar la excitación sexual no deseada? A mi modo de ver, el caso contra la terapia de conversión requiere que los opositores demuestren que ningún paciente se ha beneficiado por tales procedimientos, o que el beneficio, cualquiera que sea, es demasiado costoso, medido en alguna forma objetiva, para ser utilizado aún si funcionara. La evidencia disponible apoya la observación de muchos consejeros – que muchos individuos de orientación sexual homoerótica han sido capaces de cambiar, a través de una variedad de técnicas de consejo». (p.287)

68 West resume los resultados de estudios: las técnicas de comportamiento tienen los mayores éxitos (nunca inferior a 30%); el psicoanálisis sostiene que ha tenido mucho éxito (la tasa promedio parece ser alrededor del 25%, pero el 50% de los bisexuales lograron heterosexualidad exclusiva). «Todos los estudios que se hayan realizado sobre la conversión de orientación homosexual a heterosexual ha producido algunos éxitos.»

69 Barnhouse. «Estos hechos y estadísticas sobre curaciones son bien conocidas y no son difíciles de verificar. Además hay mucha gente que ha considerado su homosexualidad como una carga, ya sea por razones sociales o morales, que han logrado,con la ayuda de psicoterapia, librarse de esta síntoma; de entre estos, un número considerable han sido capaces de hacer la transición a heterosexualidad satisfactoria. Además de los estudios publicados por aquellos que se han especializado en el tratamiento de desórdenes sexuales, muchos psiquiatras y psicólogos con una práctica más general (entre los que me cuento yo) han tenido éxito en ayudar a pacientes homosexuales que han hecho una transición completa y permanente a la heterosexualidad». (p.109)

70 Bergler: «En poco menos de treinta años he concluído con éxito el psicoanálisis de cien homosexuales… y he visto cerca de quinientos casos en interconsulta. En base a la experiencia adquirida, puedo hacer una declaracción firme que la homosexualidad tiene un pronóstico excelente en el tratamiento psiquiátrico-psicoanalítico de uno a dos años de duración, con un mínimo de tres sesiones por semana – siempre que el paciente realmente quiera cambiar. Un número considerable de colegas han obtenido éxitosimilar». (p.176)

71 Bieber: «Hemos seguido algunos pacientes por hasta veinte años que se han mantenido exclusivamente heterosexuales. Se estima actualmente que el cambio se logra de un 30% a un optimista 50%» (p.416).

72 Cappon informó que pacientes con problemas de bisexualidad, se curaron en un 90% (i.e., sin volver a conducta homosexual, y sin deseos o fantasías conscientes de tipo homosexual) en hombres que terminaron el tratamiento de acuerdo con el médico. De los pacientes homosexuales hombres: 80% mostraron mejoría importante (i.e., recaídas ocasionales, episodios de agresión, progresivamente heterosexualidad domi-nante)… el 50% cambiaron». (p.265-268) De los pacientes mujeres, el 30% cambiaron.

73 Caprio: «Muchos de mis pacientes, que fueron anteriormente lesbianas, se han puesto en contacto conmigo largo después de terminado el tratamiento, haciéndome saber de que están felices casadas y que están convencidas de que nunca volverán a la vida homosexual.» (p.299)

74 Ellis: «…se piensa que hay razones para creer que la mayoría de los homosexuales que están preocupados seriamente por su condición y están dispuestos a hacer un esfuerzo para mejorar, pueden, en el curso de psicoterapia de orientación psicoanalítica, ser ayudados a alcanzar una orientación heterosexual más satisfactoria.» (p.194).

75 Hadden: En mi experiencia he llegado a la conclusión de que los homosexuales pueden ser tratados más eficazmente en terapia de grupo cuando se incorporan a grupos exclusivamente homosexuales. En tales grupos la racionalización de que la homosexualidad es un estilo de vida que quieren mantener es destruída por los otros homosexuales del grupo .» (P.814).

76 Hadden: «A medica que cada paciente se incorpora al grupo, le dejamos en claro que no consideramos la homosexualidad como una enfermedad particular, sino como un síntoma de una constelación de mal ajuste…Anticipo que más de un tercio de los pacientes que permanecen en terapia van a experimentar una inversión de su conducat sexual, pero el tratamiento puede tener que continuar por dos años o más.»(p114)

77 Hadfield publicó la curación de ocho homosexuales: «por cura no quiero decir… que el homosexual sea capaz de controlar su inclinación…Ni…quiero decir que el paciente se encuentre capaz de tener relaciones sexuales y tener hijos; porque podría ser capaz de hacer esto con la ayuda de fantasías homosexuales. Por ‘curación’ quiero decir que pierde su inclinación hacia su mismo sexo y tiene sus intereses sexuales dirigidos hacia personas del sexo opuesto, de modo que llega a ser, en todos los aspectos, una persona sexualmente normal». (p.1323)

78 Hatterer reportó: 49 pacientes cambiaron (20 casados, de estos, 10 permanecían casados, 2 divorciados, 18 lograron adaptarse heterosexualmente); 18 se recuperaron parcialmente, se mantenían solteros; 76 persistieron en la homosexualidad (28 con paliativos, 58 sin cambio) «Una pobalción grande no identificada se ha fusionado con la sociedad heterosexual, personas que tuvieron conducta homosexual en la adolescencia tardía y edad adulta temprana, y quienes, por sí mismos, resolvieron sus conflictos y abandonaron esa conducta para desarrollar matrimonios con éxito, o lograr una adaptación de tipo bisexual.» (p.14)

79 Kronemeyer: «De mis 25 años de experiencia como psicólogo clínico, creo firmemente que la homosexualidad es una respuesta aprendida a través de experiencias dolorosas a edad temprana y que puede ser des-aprendida, por aquellos homosexuales que no están felices con su estilo de vida, y que si encuentran terapia adecuada, es ‘curable'».(p.7)

80 Exodus North America Update (puesta al día) publica una carta mensual con testimonios de hombres y mujeres que han abandonado la homosexualidad. PO Box 77652, Seattle WA 98177, USA, véanse los números de 1990 a 2000.

81 «APA «Fact sheet: Homosexuality and Bisexuality:… No hay evidencia científica publicada a favor de la eficacia de ‘terapia reparativa’ como tratamiento para cambiar la orientación sexual de la persona.»

82 Herek: «En fecha tan reciente como Enero de 1990, el Dr. Bryant Welch, Director Ejecutivo para la Práctica Profesional de la Asociación Americana de Psicología, declaró que ‘no hay evidencia científica en apoyo de la eficacia de ninguna de las terapias de conversión que intentan cambiar la orientación sexual de la persona’y que ‘datos de investigación sugieren que los esfuerzos para ‘reparar’ a los homosexuales no son más que prejuicio social disfrazado de vestiduras psicológicas'». (p.152)

83 Tripp: «Desde mi punto de vista, no hay indicación que cambios radicales de la vida sexual puedan ser nunca logrados a través de terapia, ni sería especialmente deseable, de todos modos. La mejor orientación sexual de una persona es aquella que lo ayuda a obtener el máximo de sí mismo, espontáneamente. Eliminar su sentimientos de culpa y su expectativa infantil de ser como los demás es camino del cielo que va a proporcionarle la confianza y la energía necesarias para una integración social mucho más fluida… Como la homosexualidad es una orientación alternativa y no una enfermedad, la ‘cura’ es obviamente imposible. Lo que pasa por ‘cura’ es una supresión de síntomas en apariencia, o la negación lisa y llana.» (p.48)

84 Goetz revisó 17 estudios y encontró un total del 44 personas que eran exclusiva o predominantemente homosecuales, que experimentaron un cambio total de orientación sexual.

85 Coleman: «…ofrecer cura a los homosexuales que piden un cambio en su orientación sexual no es, en mi opinión, ético. Hay evidencia, como la que se revisa en este trabajo, que terapeutas puieden ayudar a algunos individuos a cambiar su conducta por un período de tiempo. La duda permanece si es beneficioso para el paciente el cambiar su conducta hacia algo que no es consecuente o congruente con su orientación sexual.» (p.354)

86 Herron: «Cambiar la conducta de una persona, de homosexual a heterosexual podría lograrse al trabajar con una potencialidad ya presente, pero esto no cambiaría realmente la preferencia de la persona. Si bien puede parecer que el psicoanálisis pueda cambiar la orientación sexual de una persona, en verdad es este un logro limitado que ocurres sólo ocasionalmente, y aún entonces es de duración dudosa.»(p.179

87 Acosta: «La mayoría de los éxitos terapéuticos parecen haber sido con bisexuales más que con homosexuales exclusivos. El uso combinado de psicoterapia y técnicas específicas de conducta pareciera ofrecer alguna promesa de adaptación heterosexual con cierta clase de pacientes.» (p.9)

88 Davison: «…aunque uno pudiera demostrar que la preferencia sexual podría ser modificada por una experiencia de aprendizaje negativo, queda la duda de cuán pertinentes son esos datos a la cuestión ética de si uno debiera envolverse en regímenes de cambio de conducta. La sencilla verdad es que los datos sobre la posible eficacia son

muy sin importancia. Aún cuando pudiéramos efectuar ciertos cambios, tendríamos que considerar la pregunta de fondo de si debiéramos hacerlo. Yo creo que no debiéramos.»(p.96) «Programas terapéuticos de cambio de orientación debieran ser eliminados. El que se encuentren disponibles confirma el prejuicio de la sociedad y de profesionales contra la homosexualidad, a pesar de la aparentemente creciente retórica sobre su normalidad…»(p.97)

89 Gittings: «La comunidad homosexual ve los esfuerzos de cambiar a los homosexuales a la heterosexualidad, o a moldear jóvenes, posiblemente más maleables, de la homosexualidad a la heterosexualidad…como un asalto a nuestra gente, comparable al genocidio.»

90 Begelman: «Los efuerzos de terapia behaviorista (de comportamiento) de reorientar a homosexuales hacia la heterosexualidad por el hecho de existir constituye un elemento causal de refuerzo ala doctrina social de que la homosexualidad es mala.» (p.180)

91 Begelman: Mi recomendación de que los terapeutas de conducta (behavioristas) consideren abandonar la administracixón de técnicas de reorientación sexual se basa en las siguientes consideraciones. La administración de estos programas refuerza la idea de la sociedad sobre la homosexualidad. El significado del acto de proporcionar servicios de reorientación es otro elemento más en un vínculo causal de opresión.» (p.217)

92 Murphy: «No habría técnicas de reorientación si no hubiera la interpretación de que el homoeroticismo es un estado inferior, interpretación que de muchas maneras continúa siendo definida médicamente, forzada criminalmente, sancionada por la sociedad y justificada por la religión. Y es en esta interpretación moral, más que en la teoría médica dominante hoy en día, que todos los programas de reorientación sexual tienen su origen y su justificación común.» (p.520)

93 Sleek cita a Linda Garnet, Presidenta de la APA Comité para el avance de la Psicología para beneficio del Público, quien afirma que las terapias de reorientación «se alimentan del prejuicio social hacia los gay y puede exacerbar los problemas de un paciente con pobre auto estimación, vergüenza y sentimientos de culpa.»

94 Smith: «naturalmente, todos los padres quisieran que sus niños fueran felices y que se parezcan a ellos, y si fuera posible impedir una adaptación homosexual (para no mencionar el transsexualismo) la mayoría de los padres celebrarían la intervención. Por otra parte, esto despierta dudas de ética similares a las líneas de otras ‘Soluciones Finales’ a problemas de minorías.» (p.67)

95 Begelman: «La recomendación no se basa en ningún desacuerdo abstracto con el principio de que los pacientes tienen el derecho de buscar ayuda para reducir la ansiedad o las molestias. Pero toma conocimiento del hecho que la persona homosexual que busca tratamiento lo hace la mayor parte de las veces porque ha sido forzado a adoptar una visión convencional y prejuiciada de su conducta. Sobre qué base ética, podemos preguntar, estamos obligados a abandonar al paciente a favor de una lealtad a un conjunto de consideraciones abstractas.» (p.217)

96 Silverstein: «Sugerir que una persona busque voluntariamente cambiar su orientación sexual es ignorar las poderosas tensiones del ambiente, opresión y si se quiere, que les han dicho por muchos años que debieran cambiar… Lo que los trae a la consulta es sensación de culpa, vergüenza, y la soledad que nace de su secreto. Si uno los quiere ayudar realmente a elegir con entera libertad, sugiero que empiecen por desensitizarlo de su sentimiento de culpa. Permítanle deshacerse de la vergüenza causada por sus deseos y comportamiento y a sentirse cómodos con su sexualidad. Después de eso, déjenlo elegir, pero no antes.» (p. 4)

97 Barrett: «Ayudar a los «gay» y lesbianas a separarse de la autoridad religiosa externa puede desafiar la aceptación de tales principios por el consejero.» (p.8)

98 Nelson, profesor de ética Cristiana, defiende la infidelidad homosexual:»… No es sensible ni justo el juzgar a los hombres ‘gay» y a las lesbianas por el ideal heterosexual de una relación monógama… Algunas de esas parejas (como también algunas parejas heterosexuales) han explorado relaciones en las que se admite la posibilidad de intimidad sexual con otras personas secundarias.» (p.173)

99 Mirkin: «Este artículo argüirá que, tal como la homosexualidad, el concepto de abuso sexual de niños es una creación moderna, cultural y específica de cierta clase. Aunque los Americanos consideran el sexo entre distintas generaciones como maligno, ha sido permisible u obligatorio en muchas culturas y edades históricas. Relaciones con varones jóvenes son especialmente frecuentes.» (p.4)

100 Smith: «Pedofilia puede ser una etiqueta cultural, y no algo inherente a la medicina o psiquiatría; investigaciones antropológicas apoyan este punto de vista.» (p.68)

101 Davison: «Bieber et al. Encontraron que lo que ellos llamaron ‘una madre de intimidad constrictiva’ estaba presente mucho más frecuentemente en la historia de la vida de los pacientes homosexuales en análisis que entre los controles heterosexuales. Pero qué hay de malo con tal madre a menos que uno la encuentre en los antecedentes de personas cuya conducta actual uno juzga por anticipado que es patológica? Aún más, aunque un trastorno emocional se encuentre en un homosexual, podría argumentarse que el problema se debe a la extrema dureza bajo la cual la persona ha tenido que vivir en una sociedad que afirma que los homosexuales son estrafalarios (queer) y que los oprime en forma activa.» (p.92).

102 Menvielle en una carta crítica de un artículo sobre GID (Sesordenada Identidad de Género) por Bradley y Zucker (1997): «Las implicaciones éticas de si GID en la niñez sea un trastorno psiquiátrico, contra la posibilidad de que sea una manifestación de otientación homosexual normal es vital porque el etiquetar niños prehomosexuales como trastornados sería incorrecto.»(p.243) Bradley and Zucker contestaron: «El Dr. Menvielle es ingenuo en su suposición de que estos niños estarían felices si se les permitiera simplemente ‘crecer’ siguiendo esta conducta e intereses de género cruzado

103 Fitzgibbons: «La experiencia me ha enseñado que la curación es un proceso difícil, pero que a través de esfuerzos compartidos del terapeuta y del paciente, heridas emocionales graves pueden cerrar en el curso del tiempo (p.96)

104 Doll: 42% de una muestra de 1,001 homosexuales varones acusaron experiencias en la infancia que cumplen con las condiciones de abuso sexual.

105 Stephan: «…homosexuales informaron haber experimentado su primer orgasmo a una edad más temprana que los heterosexuales». El primer orgasmo del 24% de los homosexuales sucedió durante un contacto homosexual, contra el 2% en los heterosexuales. (p. 511)

106 Bell: Edad promedio de el primer encuentro homosexual 9.7 años. Primer encuentro sexual de heterosexuales, 11.6 años.

107 Johnson: «Los 40 muchachos adolescentes que informaron haber sido víctimas sexuales fluctuaban en edad entre los 15 y los 21 años a la fecha de su primera visita a la clínica… Ningún adolescente de menos de 15 años informó haber sido asaltado sexualmente, y sólo seis de los 40 tenían menos de 17 años… Sólo seis de los 40 pacientes relataron haber revelado el asalto a alguna persona antes de la entrevista en la clínica….Los seis se identificaron como homosexuales al presente.» (p.374) «Aunque cerca de la mitad de los adolescentes en la población de enfermos varones de la clínica tienen menos de 15 años, todos los adolescentes que revelaron el haber sido abusados eran mayores de 15 años. Dado que todos los abusos reportados sucedieron durante los años de la preadolescencia, sólo podemos especular que nuestros varones jóvenes no informaron sobre abuso sexual previo .» De los 40 que informaron de abuso sexual, 47.5% se identificaron como homosexuales. (p.375)

108 Saghir y Robins encontraron que mientras menos del 6% de heterosexuales varones de menos de 19 años y 0% de aquellos de más de 19 años se masturbaban cuatro o más veces por semana, el 46% de los homosexuales de menos de 19, 31% de los entre 20 y 29 años, y 26% de aquellos de más de 30 años, lo hacían. (p.49-50)

109 Beitchman:»…niños de edad escolar de ambos sexos que han sido abusados, como sus contrapartidas preescolares abusados, aparecían como más probable que expresaran conducta sexual inadecuada (ej.: masturbación excesiva, preocupación sexual, y agresión sexual) que los niños normales y los controles clínicos. (p.544)

110 Goode: Nunca se habían masturbado – 28% de mujeres sin experiencia homosexual contra 0% de las con experiencia homosexual. Se masturbaron 6 veces o más en el último mes – 13% de las sin experiencia homosexual, contra 50% de las experimentadas.

111 Saghir y Robins encontraron que el 40% de hombres homosexuales pagaron o recibieron dinero por sexo, contra 17% de los controles (no homosexuales), que pagaron por él, y ninguno recibió. (p.81)

112 Fifield:»…un número alarmante de hombres y mujeres homosexuales (31.96%) están atrapados en un estilo de vida centrado en el alcohol.

113 Saghir y Robins encontraron que el 30% de los homosexuales en su muestra reportaban beber en forma excesiva o dependencia alcohólica, contra el 20% de los heterosexuales. (p.119)

114 Beitchman: «Revisión de estudios que reportan sintomatología de adolescentes que han sido abusados sexualmente revelaron la presencia de depresión, baja autoestimación e ideas de suicidio.»(p.544)

115 Zucker:»…En general estamos de acuerdo con los que (p.ej.: Green 1972; Newman 1976; Stoller, 1978) creen que mientras más temprano comience el tratamiento, mejor.» (p. 281) «Ha sido nuestra experiencia que un número significativo de niños y sus familias pueden cambiar mucho. En estos casos, el desorden de identidad de género se puede resolver completamente, y nada de la conducta o fantasías del niño sugiere que pueda haber temas de identificación sexual en permanente conflicto… Si consideramos todo, sin embargo, tomamos la posición de que en tales casos un clínico debiera ser optimista en lugar de pesimista, sobre la posibilidad de ayudar a los niños a hacerse más seguros en su identidad de género.»(P. 282)

116 Newman: «Niños femeninos, a diferencia de hombres con desorden de género postpuberal, parecieran responder muy bien al tratamiento.» (p. 684)

117 Newman: «Las bromas y rechazo social por los muchachos iguales disminuyen, y son reemplazadas por aceptación. Durante los primerso 12 a 24 meses de tratamiento, estos pacientes empiezan a disfrutar el ser aceptados como muchachos, y esa aceptación es un refuerzo continuado y poderoso .»(p.684)

118 Bradley: «Nuestra experiencia es que tales sufrimientos disminuyen radicalmente, que la autoestimación mejora cuando los padres son capaces de valorar al niño y de apoyarlo y estimular la conducta sexual apropiada.» (p.245)

119 Bates: «Parece probable que es la combinación de ser afeminado, tímido, con aversión social; e inmadurez que juntas constituyen razones suficientes para que los padres, las escuelas y otros puedan buscar atención médica para tratar la conducta afeminada.» (p.14)

120 Newman: «Las madres generalmente temen perder la compañía del hijo, a medida que se pone más masculino y por consiguiente son rehacias a comenzar un programa de tratamiento.» (p.684)

121 Garafalo: » Muchachos ‘gay’ y bisexuales pueden tomar más riesgos, y envolverse en actividades peligrosas a una edad más joven que los muchachos que se describen a sí mismos como heterosexuales. Muchachos ‘gay’, lesbianas y bisexuales tenían mayor tendencia a contemplar o intentar suicidarse, abusar de alcohol o drogas, participar en actividad sexual riesgosa, o ser víctimas de ella, y a iniciar estas actividades a una edad más temprana».

122 Osmond et al. Hicieron una encuesta de hogares de hombres solteros, de 18 a 29 años de edad, y encontraron que de 328 hombres homosexuales, el 20.1% tuvieron un test positivo para VIH.

123 Stall: «…la prevalencia del uso de algunas drogas en esta muestra de una comunidad ‘gay’ urbana es muy alta, y hay diferencias significativas entre el número de drogas usadas por los homosexuales y los heterosexuales que contestaron. El descubrimiento que un número grande de hombres ‘gay’ usan varias clases diferentes de drogas sugiere la posibilidad de que el uso combinado de drogas sea relativamente común entre los hombres ‘gay’.» (p.71)

124 Signorille, citando a Steve Troy: «Es la edad del SIDA y pienso que la actitud de la gente es, ‘No se cuánto tiempo voy a vivir…La mayoría de las personas que van a fiestas de nuestro grupo son VIH positivas, al menos así creo. Su actitud es, ‘Voy a vivir para el momento presente’. Las fiestas del grupo son la única salida que tenemos para el escapismo total. Lo desafortunado de esto es que cuando usamos drogas, nos desinhibimos mucho más. Cosas que no haríamos normalmente cuando estamos en nuestros cinco sentidos, las hacemos… Y, para decir la verdad, no puedo decir que sea… no puedo decir que no lo haya hecho yo también. Cuando la gente usa drogas, las chances de sexo no protegido es mayor – como diez veces mayor.» (p.116)

125 Rekers: «Con ‘grants’de investigación del National Institute of Mental Health, he demostrado experimentalmente un tratamiento afectivo para la «desordenada identidad de género de la niñez» que parece tener la capacidad de prevenir la orientación homosexual en varones, si se aplica extensamente en la población».

126 Mulry: «…hombres que no tomaban antes de tener relaciones tenían pocas posibilidades de envolverse en coito anal sin protección, mientras que el 90% de hombres que habían tenido al menos un episodio de coito anal sin protección también habían tomado, al menos algunas veces, antes de las relaciones.» El trabajo encontró: «ausencia virtual de individuos que no bebían pero que se envolvían en coito anal sin protección.» (p.181)

127 Bell: 62% de 575 hombres homosexuales en un estudio publicado en 1978 habían contraído enfermedades de transmisión sexual por contactos homosexuales.

128 Rotello: «¿Quién puede querer animar a sus hijos a envolverse en una vida que los expone a tener un 50% de chance de infección por el VIH? ¿Quién podría mantenerse neutral ante tal posibilidad? Si la razón para que la sociedad tolere la homosexualidad es que permite a los niños ‘gay’ tener la misma chance de alcanzar la felicidad, la razón está dañada sin remedio por la epidemia que rechaza la felicidad».(p.286)

129 Stall: «Aunque se usen diseños complicados, la eficacia de las intervenciones educativas para reducir el riesgo de infeción por VIH, no ha podido ser demostrada en forma consistente…Más educación, durante períodos más largos, no pareciera ser efectiva para determinar cambios de conducta en hombres que están crónicamente expuestos a alto riesgo.» (p.883)

130 Calabrese, Harris y Easley estudiando una muestra de hombres ‘gay’ viviendo fuera de las grandes comunidades homosexuales de la costa, encontraron que ni la participación en conferencias sobre sexo seguro, leer folletos sobre sexo seguro, recibir consejos de un médico sobre SIDA, ser examinados para anticuerpos contra VIH, ni terapia de consejo en un centro distinto, se asoció con participación en sexo seguro.

131 Hoover: «La probabilidad sumada de seroconversión [de VIH- a VIH+] antes de la edad de 55 años es de alrededor de 50%, con seroconversión que puede continuar después de esa edad. Dado que este grupo consiste en voluntarios que reciben extensa educación sobre la transmisión del VIH-1, las tasas de serocon-versión futuras de la población homosexual general puede ser aún más alta que lo observado aquí.»(p.1190)

BIBLIOGRAPHY FOR CMA STATEMENT ON HOMOSEXUALITY

Acosta, F. (1975) Etiology and treatment of homosexuality: A review. Archives of Sexual Behavior. 4: 9 – 29.

American Psychiatric Association (1997) Fact Sheet: Homosexuality and Bisexuality. Washington DC:APA. Sept.

American Psychiatric Association (1994) Diagnostic and Statistical Manual IV. Washington DC: APA.

Apperson, L., McAdoo, W. (1968) Parental factors in the childhood of homosexuals. Journal of Abnormal Psychology. 73, 3: 201 – 206.

Bailey, J., Miller, J., Willerman, L. (1993) Maternally rated childhood gender nonconformity in homosexuals and heterosexuals. Archives of Sexual Behavior. 22, 5: 461 – 469.

Bailey, J. Pillard, R. (1991) A genetic study of male sexual orientation. Archives of General Psychiatry. 48: 1089 – 1096.

Barnhouse, R. (1977) Homosexuality: A Symbolic Confusion. NY: Seabury Press.
Barrett, R., Barzan, R. (1996) Spiritual experiences of gay men and lesbians. Counseling and Values. 41: 4 – 15.

Bates, J., Skilbeck, W., Smith, K, Bentley, P. (1974) Gender role abnormalities in boys: An analysis of clinical rates. Journal of Abnormal Child Psychology. 2, 1: 1 – 17.

Begelman, D. (1977) Homosexuality and the ethics of behavioral intervention. Journal of Homosexuality. 2, 3: 213 – 218.

Begelman, D.(1975) Ethical and legal issues of behavior modification (in Hersen, M., Eisler, R., Miller, P. Progress in Behavior Modification. NY: Academic).

Beitchman, J., Zucker, K., Hood, J., DaCosta, G., Akman, D. (1991) A review of the short-terms effects of child sexual abuse. Child Abuse & Neglect. 15: 537 – 556.

Bell, A., Weinberg, M., Hammersmith, S. (1981) Sexual Preference: Its Development in Men and Women: Bloomington IN: Indiana U.P.

Bell, A., Weinberg, M. (1978) Homosexualities: A Study of Diversity Among Men and Women. NY: Simon and Schuster.

Bene, E. (1965) On the genesis of male homosexuality: An attempt at clarifying the role of the parents. British Journal of Psychiatry. 111: 803 – 813.

Berger, J. (1994) The psychotherapeutic treatment of male homosexuality. American Journal of Psychotherapy. 48, 2: 251 – 261.

Bergler, E. (1962) Homosexuality: Disease or Way of Life. NY: Collier Books.
Bieber, I., Bieber, T. (1979) Male homosexuality. Canadian Journal of Psychiatry. 24, 5: 409 – 421.

Bieber, I. (1976) A discussion of «Homosexuality: The ethical challenge.» Journal of Consulting and Clinical Psychology. 44, 2: 163 – 166.

Bieber, I. et al. (1962) Homosexuality: A Psychoanalytic Study of Male Homosexuals. NY: Basic Books. Bieber, T. (1971) Group therapy with homosexuals. ( In Kaplan, H., Sadock, B. Comprehensive Group

sychotherapy, Wiliams & Wilkins: Baltimore MD).
Blitch, J., Haynes, S. (1972) Multiple behavioral techniques in a case of female homosexuality. Journal of Behavior

Therapy and Experimental Psychiatry. 3: 319 – 322.
Bradley, S., Zucker, K. (1998) Drs. Bradley and Zucker reply. Journal of the American Academy of Child and

Adolescent Psychiatry. 37, 3: 244 – 245.26
Bradley, S., Zucker, K. (1997) Gender identity disorder: A review of the past 10 Years. Journal of the American

Academy of Child and Adolescent Psychiatry. 34, 7: 872 – 880.
Brown, D. (1963). Homosexuality and family dynamics. Bulletin of the Menninger Clinic. 27: 227 – 232.

Burr, C. (1996) Suppose there is a gay gene…What then?: Why conservatives should embrace the gay gene. The Weekly Standard. Dec. 16.

Bychowski, G. (1954 ) The structure of homosexual acting out. Psychoanalytic Quarterly. 23: 48 – 61.
Byne, W., Parsons, B. (1993) Human sexual orientation: The biologic theories reappraisal. Archives of General

Psychiatry. 50: 229 – 239.

Calabrese, L., Harris, B., Easley, K. (1987) Analysis of variables impacting on safe sexual behavior among homosexual men in the area of low incidence for AIDS. Paper presented at the Third International Conference for AIDS. Washington DC. (in Stall 1988)

Cappon D. (1965) Toward and Understanding of Homosexuality. Englewoord Cliffs NJ: Prentice-Hall.

Caprio, F. (1954) Female Homosexuality: A Psychodynamic Study of Lesbianism. NY: Citadel.

Catechism of the Catholic Church (CCC)

Chapman, B., Brannock, J. (1987) Proposed model of lesbian identity development: An empirical examination. Journal of Homosexuality. 14: 69 – 80.

Clippinger, J. (1974) Homosexuality can be cured. Corrective and Social Psychiatry: Journal of Behavior Technology Methods and Therapy. 21, 2: 15 – 28

Coleman, E. (1978) Toward a new model of treatment of homosexuality: A review. Journal of Homosexuality. 3, 4: 345 – 357.

Conrad, S., Wincze, J. (1976) Orgasmic reconditioning: A controlled study of its effects upon the sexual arousal and behavior of adult male homosexuals. Behavior Therapy. 7: 155 -166.

Crewdson, J. (1995) Study on ‘gay gene’ challenged. Chicago Tribune. June 25.

Davison, G. (1982) Politics, ethics and therapy for homosexuality. (in Paul, W., Weinrich, J., Gonsiorek, J., Hotredt, M., Homosexuality: Social, Psychological and Biological Issues. Berverly Hills CA: Sage) 89 – 96.

Doll, L., Joy, D., Batholow, B., Harrison, J., Bolan, G., Douglas, J., Saltzman, L., Moss, P., Delgado, W. (1992) Self- reported childhood and adolescent sexual abuse among adult homosexual and bisexual men. Child Abuse & Neglect. 18: 825 – 864.

de Beauvoir, S. (1953) The Second Sex. NY: Knopf: .
Eckert, E., Bouchard, T., Bohlen, J., Heston, L. (1986) Homosexuality in monozygotic twins reared apart.

British Journal of Psychiatry. 148: 421 – 425.
Eisenbud, R. (1982) Early and later determinants of lesbian choice. Psychoanalytic Review. 69, 1: 85 – 109

Ellis, A. (1956) The effectiveness of psychotherapy with individuals who have severe homosexual problems. Journal of Consulting Psychology. 20, 3: 191 – 195.

Engel, B. (1982) The Right to Innocence. Los Angeles: Jeremy Tarcher.
Ernulf, K., Innala, S., Whitam, F. (1989) Biological explanation, psychological explanation, and tolerance of

homosexual: A cross-national analysis of beliefs and attitudes. Psychological Reports. 65: 1003 – 1010. Exodus North America (1990-2000) Update. Exodus: Seattle WA.

Fergusson, D., Horwood, L., Beautrais, A. (1999) Is sexual orientation related to mental health problems and suicidality in young people?» Archives of General Psychiatry. 56, 10: 876 -888.

Fifield, L., Latham, J., Phillips, C. (1977) Alcoholism in the Gay Community: The Price of Alienation, Isolation and Oppression, A Project of the Gay Community Service Center, Los Angeles, CA.

Fine, R. (1987) Psychoanalytic theory. (in Diamant L. Male and Female Homosexuality: Psychological Approaches. Washington: Hemisphere Publishing.) 81 – 95.

Finkelhor, D. et al. (1986) A Sourcebook on Child Sexual Abuse. Newbury Park CA: Sage.

Finkelhor, D (1984) Child sexual abuse: New theory and research. NY: The Free Press.

Fisher, S., Greenberg, R. (1996) Freud Scientifically Reappraisal. NY: Wiley & Sons.

Fitzgibbons, R. (1999) The origins and therapy of same-sex attraction disorder. (in Wolfe, C. Homosexuality and American Public Life. Spense) 85 – 97.

Friedman, R. Stern, L. (1980) Juvenile aggressivity and sissiness in homosexual and heterosexual males. Journal of the American Academy of Psychoanalysis. 8, 3: 427 – 440.

Friedman, R., Wollesen, F., Tendler, R. (1976) Psychological development and blood levels of sex steroids in male identical twins of divergent sexual orientation. The Journal of Nervous and Mental Disease. 163, 4: 282 – 288. 27

Friedman, R. (1988) Male Homosexuality: A Contemporary Psychoanalytic Perspective. New Haven: Yale U. Press.

Gadd, J. (1998) New study fails to find so-called ‘gay gene’. Toronto Globe and Mail. June 2.

Garofalo, R., Wolf, R., Kessel, S., Palfrey, J., DuRant, R., (1998) The association between health risk behaviors and sexual orientation among a school-based sample of adolescents: Youth risk behavior survey. Pediatrics.101, 5: 895 – 903.

George, Cardinal (1999) Address to National Association of Catholic Diocesan Lesbian & Gay Ministries, Chicago, IL LifeSite Daily News: October 26.

Gittings, B. (1973) Gay, Proud, Healthy. Philadelphia PA: Gay Activists Alliance.
Goetze, R. (1997) Homosexuality and the Possibility of Change: A Review of 17 Published Studies. Toronto Canada:

New Directions for Life.
Goldberg, S. (1992) What is normal?: If something is heritable, can it be called abnormal? But is homosexuality

heritable. National Review. Feb. 3. 36 – 38.
Golwyn, D., Sevlie, C. (1993) Adventitious change in homosexual behavior during treatment of social phobia with

phenelzine. Journal of Clinical Psychiatry. 54, 1: 39 – 40.
Gonsiorek, J. (1982) The use of diagnostic concepts in working with gay and lesbian populations. (in Homosexuality

and Psychotherapy. NY: Haworth) 9 – 20.
Goode, E., Haber, L. (1977) Sexual correlates of homosexual experience: An exploratory study of college

women. Journal of Sex Research. 13, 1: 12 – 21
Green, R. Newman, L., Stoller, R. (1972) Treatment of boyhood «transsexualism,» Archives of General

Psychiatry. 26: 213 – 217 (in Zucker 1975)
Green, R. (1974) Sexual Identity Conflict in Children and Adults. Baltimore: Penguin.

Green, R. (1985) Gender identity in childhood and later sexual orientation: Follow-up of 78 males. American Journal of Psychiatry. 142, 3: 339 – 441.

Green, R. (1988) The immutability of (homo) sexual orientation: Behavioral science implications for a constitutional analysis. Journal of Psychiatry and Law. 16, 4: 537 – 575.

Gundlach, R., Riess, B. (1967) Birth order and sex of siblings in a sample of lesbians and non- lesbians. Psychological Reports. 20:61 – 62.

Hadden, S. (1967a) Male homosexuality. Pennsylvania Medicine. Feb.: 78 – 80 Hadden, S. (1967b) A way out for homosexuals. Harper’s Magazine. March: 107 – 120.

Hadden, S. (1958)Treatment of homosexuality by individual and group psychotherapy. American Journal of Psychiatry. March. 810 – 815.

Hadfield, J. (1958) The cure of homosexuality. British Medical Journal. 1: 1323 – 1326.
Hamer, D., Hu, S., Magnuson, V., Hu, A., Pattatucci, A. (1993) A linkage between DNA markers on the X

chromosome and male sexual orientation. Science. 261: 321 – 327.
Harry, J. (1989) Parental physical abuse and sexual orientation in males. Archives of Sexual Behavior. 18, 3: 251 –

261.
Hatterer, L. (1970) Changing Homosexuality in the Male. NY: McGraw-Hill.

Herek, G. (1991) Myths about sexual orientation: A lawyer’s guide to social science research. Law & Sexuality. 1: 133 – 172.

Herrell, R.,Goldberg, J., True, W., Ramakrishnan, V., Lyons, M., Eisen, S., Tsuang, M. (1999) A co-twin control study in adult Men: Sexual orientation and suicidality. Archives of General Psychiatry. 56, 10: 867 – 874.

Herron, W., Kinter, T., Sollinger, I., Trubowitz, J. (1982) Psychoanalytic psychotherapy for homosexual clients: New concepts. (in Gonsiorek, J. Homosexuality and Psychotherapy. NY: Haworth)

Heston, L., Shield, J. (1968) Homosexuality in twins. Archives of General Psychiatry. 18: 149 – 160.

Hockenberry, S., Billingham, R. (1987) Sexual orientation and boyhood gender conformity: Development of the boyhood gender conformity scales (BGCS) Archives of Sexual Behavior. 16, 6: 475 – 492.

Hoover, D., Munoz, A., Carey, V., Chmiel, J., Taylor, J., Margolick, J., Kingsley, L., Vermund, S. (1991) Estimating the 1978 – 1990 and future spread of human immunodeficiency virus type 1 in subgroups of homosexual
men. American Journal of Epidemiology. 134, 10: 1190 – 1205.

Horgan, J. (1995) Gay genes, revisited: Doubts arise over research on the biology of homosexuality. Scientific American. Nov. : 28.

Hurst, E. (1980) Homosexuality: Laying the Axe to the Roots. Minneapolis MN: Outpost.
Isay, R., Friedman, R. (1989) Toward a further understanding of Homosexual Men. Journal of the American

Psychoanalytic Association: Scientific Proceedings. 193 – 206. 28
Johnson, R., Shrier, D. (1985) Sexual victimization of boys: Experience at an adolescent medicine clinic. Journal of

Adolescent Health Care. 6: 372 – 376.
Kaplan, E. (1967) Homosexuality: A search for the ego-ideal. Archives of General Psychology. 16: 355 – 358.

Kaye, H., Beri, S., Clare, J., Eleston, M., Gershwin, B., Gershwin, P., Kogan, L., Torda, C., Wilber, C.(1967) Homosexuality in Women. Archives of General Psychiatry. 17: 626 – 634.

Kronemeyer, R. (1980) Overcoming Homosexuality. NY: Macmillian
LeVay, S. (1991) A difference in hypothalamic structure between heterosexual and homosexual men. Science. 258:

1034 – 1037.
MacIntosh, H. (1994) Attitudes and experiences of psychoanalysts. Journal of the American Psychoanalytic

Association. 42, 4: 1183 – 1207.
Mallen, C. (1983) Sex role stereotypes, gender identity and parental relationships in male homosexuals and

heterosexuals. Homosexuality and Social Sex Roles. 7: 55 – 73.
Marmor, J. (1965) Sexual Inversion: The Multiple Roots of Homosexualty. NY: Basic

Marmor, J. (1975)Homosexuality and Sexual Orientation Disturbances. (In Freedman, A., Kaplan, H., Sadock, B. Comprehensive Textbook of Psychiatry: II, Second Edition. Baltimore MD:Wilaims & Wilkins)

Master, W., Johnson, V. (1979) Homosexuality in Perspective. Boston: Little Brown, Co.
McConaghy, (1980) A pair of monozygotic twins discordant for homosexuality: Sex-dimorphic behavior and penile

volume responses. Archives of Sexual Behavior. 9: 123 – 131.
McGuire, T. (1995) Is homosexuality genetic? A critical review and some suggestions. Journal of Homosexuality. 28,

1/2: 115 – 145.
Menvielle, E. (1998) Gender identity disorder (Letter to the editor in response to Bradley and Zucker

article). Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry. 37, 3: 243 -244 Mirkin, H. (1999) The pattern of sexual politics: Feminism, homosexuality, and pedophilia. Journal of

Homosexuality. 37, 2: 1 -24.
Morris, M., Dean, L. (1994) Effects of sexual behavior change on long-term human immunodeficiency virus

prevalence among homosexual men. American Journal of Epidemiology. 140, 3: 217 – 232.

Mulry, G., Kalichman, S., Kelly, J. (1994) «Substance use and unsafe sex among gay men: Global versus situational use of substances. Journal of Sex Educators and Therapy. 20, 3: 175 – 184.

Murphy, T. (1992) Redirecting sexual orientation: Techniques and justifications. Journal of Sex Research. 29: 501- 523.

NARTH (2000) «Dr. Laura» Interview Psychiatric Association’s Robert Spitzer. NARTH Bulletin. 8,1:26- 27. Nelson, J. (1982) Religious and moral issues in working with homosexual clients.(in Gonsiorek, J. Homosexuality

and Psychotherapy. NY: Haworth) 163 – 175.
Newman, L. (1976) Treatment for the parents of feminine boys. American Journal of Psychiatry. 133, 6: 683 – 687.

Nicolosi, J., Byrd, A., Potts, R. (1998) Towards the Ethical and Effective Treatment of Homosexuality. Encino CA: NARTH.

Osmond, D., Page, K., Wiley, J., Garrett, K., Sheppard, H., Moss, A., Schrager, K., Winkelstein, W. (1994) HIV infection in homosexual and bisexual men 18 to 29 years of age: The San Francisco young men’s health study.American Journal of Public Health. 84, 12: 1933 – 1937.

Parker, N. (1964) Homosexuality in twins: A report on three discordant pairs. British Journal of Psychiatry. 110: 489 – 492.

Parris, J., Zweig-Frank, H., Guzder, J. (1995) Psychological factors associated with homosexuality in males with borderline personality disorders. Journal of Personality Disorders. 9, 11: 56 – 61

Phillips, G., Over, R. (1992) Adult sexual orientation in relation to memories of childhood gender conforming and gender nonconforming behaviors. Archives of Sexual Behavior. 21, 6: 543 – 558.

Pillard, R. (1988) Sexual orientation and mental disorder. Psychiatric Annals. 18, 1: 52 – 56.
Piskur, J., Degelman, D. (1992) Effect of reading a summary of research about biological bases of homosexual

orientation on attitudes toward homosexuals. Psychological Reports. 71: 1219 -1225.
Porter, R. (1996) Born that Way: A review of Queer Science: The Use and Abuse of Research into Homosexuality by

Simon LeVay and A Separate Creation by Chandler Burr. New York Times Book Review. August 11.
Rainer, J. et al. (1960) Homosexuality and heterosexuality in identical twins. Psychosomatic Medicine. 22: 251 –

259.

Rekers, G., Lovaas, O., Low, B. (1974) Behavioral treatment of deviant sex role behaviors in a male child.

Journal of Applied Behavioral Analysis. 7: 134 – 151 (in Newman 1976).

Rekers, G. (1988) The formation of homosexual orientation. (In Fagan, P. Hope for Homosexuality. Washington DC: Free Congress Foundation.)

Rice, G., Anderson, C., Risch, N., Ebers, G. (1999) Male homosexuality: Absence of linkage to microsatellite markers at Xq28. Science. April.

Rind, B., Bauserman, R., Tromovitch, P. (1998) A meta-analytic examination of assumed properties of child sexual abuse using college samples. Psychological Bulletin. 124, 1: 22 -53

Rogers, C., Roback, H., McKee, E., Calhoun, D. (1976) Group psychotherapy with homosexuals: A review. International Journal of Group Psychotherapy. 31, 3: 3 – 27

Rotello, G. (1997). Sexual Ecology: AIDS and the Destiny of Gay Men. NY: Dutton.
Saghir, M., Robins, E. (1973) Male and Female Homosexuality: A Comprehensive Investigation. Baltimore MD:

Williams & Wilkins.
Satinover, J. (1996) Homosexuality and the Politics of Truth. Grand Rapids MI: Baker.

Schreier, B. (1998) Of shoes, and ships, and sealing wax: The faulty and specious assumptions of sexual reorientation therapies. Journal of Mental Health Counseling. 20, 4: 305 – 314.

Schwartz, M., Masters, W. (1984) The Masters and Johnson treatment program for dissatisfied homosexual men. American Journal of Psychiatry. 141: 173 – 181.

Signorile, M. (1997) Life Outside: The Signorile Report on Gay Men: Sex, Drugs, Muscles, and the Passages of Life. NY: Harper Collins.

Silverstein, C. (1972) Behavior Modification and the Gay community. Paper presented at the annual convention of the Association for Advancement of Behavior Therapy. NY. Oct.(quoted by Davison 1982)

Sipova, I., Brzek, A. (1983) Parental and interpersonal relationships of transsexual and masculine and feminine homosexual men. (in Homosexuals and Social Roles. NY: Haworth). 75 – 85.

Sleek, S. (1997) Concerns about conversion therapy. APA Monitor. October. 28:16
Smith, J.(1988) Psychopathology, homosexuality, and homophobia. Journal of Homosexuality. 15, 1/2: 59 – 74:

Snortum, J., Gillespie, J., Marshall, J., McLaughin, J., Mosberg, L. (1969) Family dynamics and homosexuality. Psychological Reports. 24: 763 – 770.

Stall, R., Coates, T., Hoff, C. (1988a) Behavioral risk reduction for HIV infection among gay and bisexual men. American Psychologist. 43, 11: 878 – 885.

Stall, R., Wiley, J. (1988b) A comparison of alcohol and drug use patterns of homosexual and heterosexual men: The San Francisco Men’s Health Study. Drug and Alcohol Dependence. 22: 63 – 73.

Stephan, W. (1973) Parental relationships and early social experiences of activist male homosexuals and male heterosexuals. Journal of Abnormal Psychology. 82, 3: 506 – 513.

Stoller, R. (1978) Boyhood gender aberrations: Treatment issues. Journal of the American Psychoanalytic Association. 26: 541 – 558 (in Zucker 1995)..

Thompson, N. Schwartz, D., McCandles, B., Edwards, D. (1973) Parent-child relationships and sexual identity in male and female homosexuals and heterosexuals. Journal of Consulting and Clinical Psychology. 41, 1: 120 – 127.

Throckmorton, W. (1996) Efforts to modify sexual orientation: A review of outcome literature and ethical issues. Journal of Mental Health and Counseling. 20, 4: 283 – 305.

Tripp, C. Hatterer, L. (1971) Can homosexuals change with Psychotherapy? Sexual Behavior. 1, 4: 42 – 49. van den Aardweg, G. (1967) Homophilia, Neurosis and the Compulsion to Complain. Amsterdam: Polak, van

Gennep.

West, D. (1977) Homosexuality Re-examined. London: Duckworth

Whitam, F. (1977) Childhood indicators of male homosexuality. Archives of Sexual Behavior. 6, 2: 89 – 96.

Wolpe, J. (1969) The Practice of Behavior Therapy. Elmsford, NY: Pergamon

Zubenko, G., George, A., Soloff, P., Schulz, P. (1987) Sexual practices among patients with borderline personality disorder. American Journal Psychiatry.144, 6: 748 – 752.

Zucker, K., Bradley, S. (1995) Gender Identity Disorder and Psychosexual Problems in Children and Adolescents. NY: Guilford.

Zuger, B. (1976) Monozygotic twins discordant for homosexuality: Report of a pair and significance of the phenomenon. Comprehensive Psychiatry. 17: 661 – 669.

Homofobia

Homofobia

La tergiversación del lenguaje es uno de los mecanismos de control mental más utilizados hoy en día. Asocia una palabra a  un conjunto de emociones negativas, a unos slogans, para impedir o dificultar que pienses y hagas las matizaciones correspondientes. Dale bombo y platillo en los medios de comunicación, asócialo a términos como fascista,, intolerante, etc. y “magia”. Has conseguido tergiversar el concepto y puedes colar las mayores barbaridades conceptuales.

Pues bien, la homofobia es uno de estos conceptos- trampa. Diseccionemos el concepto y descubramos lo que esconde.

Según la RAE, homofobia es la aversión obsesiva hacia personas homosexuales. De aquí se deduce que:

– es una obsesión, no es razonada, se basa en un sentimiento incontrolado

– es una aversión hacia personas homosexuales, no hacia ideas ni conceptos

Sin embargo, en la práctica este concepto se ha tervigersado y extendido, de tal forma que :

– cualquier persona que no esté de acuerdo con la homosexualidad como concepto, es un homófono.

– asigna implícitamente a la homosexualidad como concepto, un valor positivo. Por tanto, el que no esté de acuerdo, se le da un valor negativo, incluso denunciable, de delito.

Esta tergiversación del leguaje exige aclarar los siguientes términos:

1. Estar en contra de la homosexualidad como actividad humana, es una valoración moral que afecta al hecho en sí: un hecho que bajo muchos aspectos puede y debe tratarse como una desviación:

– contra el ejercicio de al sexualidad humana, que por naturaleza está orientada al amor entre un hombre y una mujer, consecuencia del cual surge el nacimiento de hijos y la perpetuación de la especie. Si no está orientada al amor, no supone una entrega y donación interpersonal, sino un ejercicio egoísta (y por tanto inmoral) orientada al placer, aunque sea un consentimiento entre dos egoísmos. Si no está abierta a la vida, es tan “contra natura” – aunque en grado distinto. como otros ejercicios desviados de la sexualidad como son la masturbación, la pedofilia o la bestialidad.

– antropológicamente es una obviedad que no cumple ninguna función social, ya que una sociedad humana con predominio de homosexuales acabaría extinguiéndose.

– fisiológica y anatómicamente es un contrasentido, ya que no hay ningún tipo de complementariedad física en su ejercicio, como sí existe claramente en las relaciones sexuales entre un hombre y una mujer. Es más, su ejercicio engendra por su propia naturaleza, graves disfunciones médicas en los que lo practican: graves problemas en el tracto anal, en la digestión, etc.

– psicológicamente es una grave neurosis que exige un tratamiento psiquiátrico potente, ya que los homosexuales sufren una grave distorsión sobre el rol de la sexualidad que les afecta en las relaciones paternas, filiales, conyugales y de su propia identidad personal. De hecho, hay homosexuales que desean huir de los graves trastornos psicológicos que sufren, se tratan psiquiátricamente, y acaban curándose su neurosis, pudiendo posteriormente disfrutar de vida plena y equilibrada.

– sociológicamente, la homosexualidad es una actividad cuya extensión crea graves problemas sociales: existe una correlación muy fuerte entre homosexualidad y pedofilia, se difumina el delito de la corrupción de menores, se reduce la tasa de natalidad, se da pie a aberraciones como la posibilidad de que un hijo adoptado tenga dos “padres” del mismo sexo, etc.

2. Valorar la homosexualidad como moral y antropológicamente negativo no es odiar al homosexual, sino apuntar a la irracionalidad y antinaturalidad de la homosexualidad. La Iglesia católica, una autoridad moral y pastoral de más de 2.000 años de antigüedad, declara – y razona- con la misma fuerza ,la grave inmoralidad de la práctica de la homosexualidad, y su apertura y ofrecimiento de ayuda al homosexual para su sanación y conversión, pues como todo ser humano es Hijo de Dios y llamado a la santidad y a la vida eterna. Como Cristo, odia el pecado pero no al pecador. Con la misma lógica que condena el asesinato o la violación, pero busca el arrepentimiento y la conversión del asesino y del violador.

Recomiendo que, cuando alguien use el término homófono como si fuera lo peor y la actividad más execrable que existe, como una especie de descalificación personal absolutamente indiscutible, os atreváis a hacer razonar a vuestro interlocutor, haciéndole ver los matices arriba expuestos, y negarse a ser convertido en una marioneta de la manipulación lingüística e ideológica. Por desgracia, tendrás muchas ocasiones de hacerlo: ánimo, le harás un favor al discutir el concepto, y te lo harás a ti mismo como ejercicio de libertad orientado a la verdad.

Hijos de homosexuales

NIÑOS EN PAREJAS HOMOSEXUALES: ¿DA IGUAL?

Aceprensa

          En general, los estudios hechos hasta ahora sobre niños educados por parejas homosexuales contemplan números relativamente pequeños de casos (el fenómeno es aún minoritario) y no siguen la evolución de los sujetos durante largo tiempo. Por otro lado, algunos de los más citados han sido criticados por defectuosos. Así, en conjunto no permiten extraer conclusiones firmes.

          De todas formas, señala O’Leary, dos partidarios declarados de la adopción por parte de uniones homosexuales no suscriben la idea de que los niños criados por tales parejas son como los demás. Judith Stacey y Timothy

          Biblarz revisaron veinte estudios que supuestamente no habían encontrado diferencias y concluyeron que los autores habían pasado por alto las diferencias sacadas a la luz por sus propias investigaciones2. En realidad, según Stacey y Biblarz, esos trabajos muestran que los niños de parejas homosexuales son más sensibles a la “diversidad social” y menos condicionados por los estereotipos sexuales; entre ellos se dan más casos de indefinición con respecto al sexo y son más frecuentes la experimentación sexual, la promiscuidad y las prácticas homosexuales. Como Stacey y Biblarz consideran positivos esos rasgos, concluyen que los hogares de parejas homosexuales pueden incluso ser mejores para los niños.

          La diferencia con una familia normal se da en todo caso, pero –dice O’Leary– sobre todo en el del chico varón a cargo de dos lesbianas. La peculiaridad parece venir de que “muchas mujeres homosexuales tienen una actitud extremadamente negativa hacia los hombres”. “Algunas extienden su hostilidad a la masculinidad misma, y ven con malos ojos las actividades propias de los chicos”. Naturalmente, a un niño criado en ese ambiente le será difícil desarrollar una identidad masculina normal: de ello muestra numerosos ejemplos el libro Lesbians Raising Sons, que es una colección de reflexiones y testimonios escritos por lesbianas con niños varones.

          Tales mujeres, prosigue O’Leary, “creen que pueden suplir por completo la falta de padre: según ellas, para un niño no tener padre no es un problema, a no ser que una sociedad opresiva lo convierta en problema”. Pero los niños no lo ven necesariamente así. Como se ve en otro libro, Gay and Lesbian Parents, es corriente que a partir de los cuatro años, más o menos, los niños en esa situación pregunten por su padre, pidan a un hombre que sea su padre o expresen el deseo de tener padre. No es raro que se inventen explicaciones, como que su padre murió.

          La “segunda madre” no es una buena sustituta del padre. Un estudio citado por O’Leary indica la importancia para el niño de la diversidad de sexos en los padres o tutores. Al examinar otros casos de chicos criados por dos mujeres: la madre soltera y la abuela materna, se comprueba que ellos están en desventaja con respecto a los que se encuentran en la misma situación pero tienen también abuelo. En estos, problemas psicológicos, como inseguridad o angustia, o dificultades de adaptación son menos frecuentes. Las diferencias son más marcadas en los niños que en las niñas.

________________________________

(1) Dale O’Leary. One Man, One Woman. Sophia Institute Press. Manchester (New Hampshire), 2007. 340 págs. 19,95 $.

(2) J. Stacey, T.J. Biblarz, “(How) Does the Sexual Orientation of Parents Matter”, American Sociological Review, abril 2004.

¿Fue Galileo condenado a la hogera por la Iglesia?

FUE GALILEO CONDENADO A LA HOGUERA POR LA IGLESIA CATÓLICA?

  1. Galileo (1564-1642)

 

Con relación al famoso caso Galileo, la mayor parte de la gente sólo conoce las cosas de oídas y, por falta de información, muchos creen que fue condenado a la hoguera o poco menos. Pero veamos cómo sucedieron las cosas en la realidad.

 

Copérnico (1473-1543) era un sacerdote polaco que tenía un rudimentario observatorio en una torre de la catedral de Frauenburg. Él fue el primero que afirmó que la tierra daba vueltas en torno al sol (sistema copernicano) y no, como hasta entonces se afirmaba, que era el sol el que daba vueltas alrededor de la tierra. Su obra fundamental, Las revoluciones de los mundos celestes, publicada en 1543, estaba dedicada al Papa Pablo III y su obra tenía el imprimatur (puede imprimirse) de un cardenal dominico. Hasta la llegada de Galileo, se sucederán once Papas, que no sólo no desaprobaron esta teoría heliocéntrica de Copérnico, sino que la alentaron como una hipótesis.

 

La teoría de Copérnico se enseñaba en las universidades de la Iglesia, al igual que la teoría de Tolomeo. Pero Galileo, que seguía la opinión de Copérnico, la afirmaba con total seguridad, como verdad absoluta. Y tenía expresiones de desprecio para quienes no compartían su teoría. En sus cartas hay expresiones como imbécil, con la cabeza llena de pájaros, apenas digno de ser llamado hombre, alguien que se ha quedado en la niñez, una mancha en el honor del género humano, etc. Por eso, cuando le pidieron pruebas objetivas, sólo dio una, que era totalmente equivocada y lo es todavía, la prueba de las mareas oceánicas. Decía que las mareas eran provocadas por la sacudida de las aguas a causa del movimiento de la tierra. Ahora sabemos que el flujo y reflujo del agua del mar se debe a la atracción de la Luna. Al no dar pruebas convincentes de su teoría y, según algunos de sus jueces, ir en contra del texto bíblico de Josué 10, 12: Detente, sol en Gabón, según el cual parece ser que el sol era el que daba vueltas alrededor de la tierra, como siempre se había creído, fue condenado el 22 de junio de 1633. ¿A qué fue condenado?

 

No fue condenado a muerte ni a prisión ni a ser torturado. Fue obligado a no presentar su teoría como verdad absoluta sino como hipótesis. El texto de la sentencia decía que era temporal donec corrigatur, es decir, mientras no sea corregida la doctrina propuesta como absoluta y se presente como hipótesis, pero él no estuvo ni un día en prisión ni le pusieron un dedo encima. Sólo tuvo arresto domiciliario y, muy pronto, se le levantó la prohibición de alejarse de su villa. Sólo le quedó la obligación de rezar una vez por semana los siete salmos penitenciales, que sólo duró tres años. Según algunos, esta obligación la cumplió por él su hija religiosa.

 

No perdió la estima y amistad de obispos y científicos, que venían a su casa a visitarlo y siguió trabajando. Su principal obra Discursos y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias, la escribió después del proceso. Y murió a los 78 años en su casa, siendo miembro de la Academia Pontificia de Ciencias. Al final de sus días, pudo escribir: En todas mis obras no habrá quien pueda encontrar la más mínima sombra de algo que recusar de la piedad y reverencia a la santa Iglesia[1]. La famosa frase que, según algunos, dijo al ser sentenciado: Eppur si muove (Y, sin embargo, se mueve), es una de tantas fábulas inventadas por los anticatólicos. Esta frase fue inventada en Londres en 1757 por Giussepe Baretti[2].

 

Sobre el caso Galileo, debemos decir, en primer lugar, que es un caso único en la historia de la Iglesia, en que se haya condenado a un científico. Por eso, hacer un mito del caso Galileo está fuera de contexto. También hay que tener en cuenta que nunca fue condenado por el Papa, sino por un tribunal eclesiástico (siete jueces contra tres). No hubo, ni podía haber, una sentencia infalible, porque el Papa sólo es infalible, cuando habla ex cáthedra, es decir, con toda solemnidad para imponer una verdad de fe y costumbres. El Papa no tiene autoridad sobre temas científicos.

 

El error de los jueces del tribunal estuvo en interpretar literalmente la Biblia y creer que el texto de Josué defendía el sistema de Tolomeo. El error grave de Galileo fue querer imponer como verdad absoluta algo que no podía probar. Por eso, la misma sentencia le impone que enseñe su opinión como hipótesis, lo que no era un error para aquellos tiempos. La primera prueba experimental, indiscutible, de la rotación terrestre data de 1748, un siglo después. Y, desde 1741, la teoría heliocéntrica había sido reconocida oficialmente por el Santo Oficio.

 

Algunos científicos del siglo XXI podrían decir que Galileo tampoco tenía razón, porque el sol también se mueve y no está fijo como creía Galileo. El sol se mueve en torno al centro de la galaxia y la galaxia en torno al centro de un conjunto de galaxias. Todo el Universo se mueve.

 

Ahora bien, decir que la Iglesia, por este caso, va en contra de la ciencia es ir demasiado lejos. De hecho, el primer gran observatorio astronómico, el más antiguo del mundo, y que funciona desde 1579, es el del Vaticano. Y las primeras universidades europeas y americanas fueron fundadas por la Iglesia.

 

¿Qué hubiera pasado, si Galileo hubiera estado en territorio protestante? El astrónomo protestante Kepler, por seguir su misma opinión, fue expulsado del colegio teológico de Tubinga por sus compañeros protestantes y tuvo que abandonar Alemania y refugiarse en Praga. De allí recibió una invitación para enseñar en territorio pontificio en la universidad de Bolonia.

 

Si hubiera vivido en Ginebra, probablemente, hubiera sido decapitado; simplemente por ser concubino y no estar casado con su esposa, como hacía Calvino con los concubinos.

 

Lutero mismo decía sobre el sistema copernicano: La gente le presta oído a un astrólogo improvisado, que trata de demostrar en cualquier modo que no gira el cielo, sino la tierra. Para ostentar inteligencia, basta con inventar algo y darlo por cierto. Este Copérnico, en su locura, quiere desmontar todos los principios de la astronomía[3].

 

En resumen, podemos decir que hay que diferenciar bien los campos de la fe y de la ciencia. Ambas se complementan y nos llevan a Dios. No puede haber contradicción entre ellas. Si apareciera alguna contradicción, algo anda mal en alguna de las dos partes. O no es verdadera fe lo que se propone como tal, o no es verdadera ciencia. La verdadera ciencia nos lleva a la fe, y la fe nos ayuda a investigar las maravillas de Dios dentro de los límites de respeto a los derechos humanos.

 

La lección que debemos aprender es que hay que evitar los fundamentalismos al interpretar la Escritura de un modo literal, pues, como decía el cardenal Baronio: La Biblia nos enseña cómo se va al cielo y no cómo van los cielos, es decir, nos habla de Dios y de cómo ser buenos para ir al cielo, pero no habla de verdades matemáticas o científicas. Y la Iglesia sólo tiene autoridad en cuestiones de fe y costumbres.

 

De todos modos, el Papa Juan Pablo II en 1981 nombró una comisión de expertos para estudiar el tema de Galileo y sus conclusiones se dieron a conocer el 31 de octubre de 1992. Galileo no fue rehabilitado, porque no había nada de qué rehabilitarlo. Simplemente, después de estudiar exhaustivamente el tema con los documentos que se conservan en los archivos vaticanos, el Papa Juan Pablo II reconoció el error de algunas autoridades de la Iglesia en este caso.

 

 

 

Fuente: Luces y sombras de la Iglesia, del P. Agustín Lira Chiok

 

[1]     Messori Vittorio, Leyendas negras de la Iglesia, Ed. Planeta, Barcelona, 1996, p.120.

[2]     ib. p. 117.

[3]     ib. p. 126.

Fidelidad e indisolubilidad

FIDELIDAD E INDISOLUBILIDAD, TEOLOGÍA MORAL

SUMARIO: I. Fidelidad y cultura moderna. II. La propuesta cristiana de la fidelidad. III. De la fidelidad a la indisolubilidad. IV. La indisolubilidad del matrimonio en la tradición cristiana. V. Los divorciados vueltos a casar civilmente. VI. Hacia una ética cristiana de la fidelidad.

La categoría de «fidelidad» (conyugal) tiene una triple perspectiva de lectura: ética (la fidelidad como observancia del pacto de amor establecido con el otro), existencial (como comunidad continuada de vida con el cónyuge), teológica (como signo y símbolo de la alianza entre el ser humano y Dios). Una fidelidad conyugal auténtica, vivida en el marco del matrimonio cristiano, tendrá que abarcar los tres significados, que, por lo demás, están íntimamente relacionados y, en cierto modo, se complementan entre sí.

I. Fidelidad y cultura moderna

En la cultura del Occidente cristiano la fidelidad conyugal se ha presentado tradicionalmente como un valor. Durante mucho tiempo se ha considerado que la forma óptima de relación entre hombre y mujer era la sancionada por el pacto nupcial y confirmada por una comunidad indivisa de vida. Las no infrecuentes infracciones de la fidelidad conyugal, sobre todo por parte del hombre, no se veían como un debilitamiento del principio de la superioridad ética de la fidelidad respecto a su contrario (la infidelidad o el adulterio). Esta especie de favor previo otorgado al matrimonio estable se enmarcaba, por lo demás, dentro de una sociedad estática por tendencia, en la que la referencia a la tradición era continua y general, y en la que el anciano (identificado a menudo, precisamente por razones de

edad, con el depositario de la sabiduría) gozaba de una posición cualificada y autorizada. En este tipo de sociedad la categoría de duración despuntaba con rasgos nítidos como un valor, como una especie de banco de prueba de la autenticidad de los valores y, consiguientemente, también de la relación entre hombre y mujer.

Pero después de la revolución industrial -y espiritualmente incluso antes, a partir del renacimientola sociedad se fue construyendo sobre categorías diferentes: la innovación, la movilidad, el cambio. El mismo prolongamiento progresivo de la vida -que abría a la fidelidad conyugal unos horizontes de duración impensables sólo un siglo antescambiaba radicalmente los términos en los que se planteaba el problema de la fidelidad en las sociedades modernas. En el contexto de la sociedad industrial, la elevación de la fidelidad a categoría central de una relación entre hombre y mujer vivida como señal de estabilidad representa todo un desafío a una cultura basada en presupuestos diferentes. En un mundo en el que todo cambia, y cambia continuamente, la fidelidad conyugal se presenta como una excepción a la regla. Excepción, sin embargo, necesaria para poder sustraer al asalto de la sociedad de consumo algunos tipos de relación al menos -el primero de todos el establecido entre hombre y mujer en el matrimonio-, permitiendo a la relación conyugal desarrollar en el tiempo toda la riqueza de la que es potencialmente portadora.

Por contrastar con la lógica interna de las sociedades modernas, la fidelidad es ahora bastante más difícil de practicar y de vivir en toda su plenitud y profundidad, no simplemente como obsequio a la tradición o como pura «obligación» jurídica (obligación, por lo demás, superada con la introducción casi generalizada del l divorcio en la legislación civil), sino en su vertiente ética y religiosa de pacto que compromete definitivamente a una persona con otra, en una relación de amor continuo

e irrevocable, en la vida y, para el creyente, incluso después de la vida; pacto que para el cristiano es de alguna manera símbolo y reproducción del amor indefectible que el «Dios fiel» tiene a los humanos (2Tim 2,13).

La propuesta de la fidelidad como valor genuinamente humano y al mismo tiempo profundamente religioso resulta problemática en un contexto cultural caracterizado por grandes cambios de valores, amplios fenómenos de secularización y deterioro de la categoría de tradición. Como consecuencia se abre camino, incluso en la conciencia de los creyentes menos conscientes, una concepción del matrimonio en la que éste es visto como una especie de «experimento» continuamente renovable, cuyo mayor o menor éxito (y, consiguientemente, su continuación o no) se hace depender de la capacidad existente en la relación para garantizar la gratificación de los cónyuges. En última instancia, un matrimonio generador de infelicidad queda exonerado del compromiso de fidelidad y no se hace acreedor a la supervivencia.

II. La propuesta cristiana de la fidelidad

En este contexto cultural, la propuesta cristiana de la fidelidad como valor en el que se fundamenta toda la ética cristiana del l matrimonio resulta particularmente difícil, si bien su mantenimiento es una necesidad y un deber. La dificultad radica en que la propuesta de fe debe ser capaz de ensamblar las dimensiones antropológica y religiosa de la fidelidad.

En el plano antropológico, la fidelidad se presenta como el signo de la capacidad que posee el amor humano para dejar de ser realidad transitoria (como es, al menos en sus comienzos, cualquier experiencia humana de amor) y convertirse en una decisión definitiva e irrevocable que compromete de por vida. La aptitud para afrontar y superar el reto de la duración se convierte en la confirmación definitiva del amor. Desde este punto de vista, la misma

indisolubilidad jurídico-canónica del vínculo conyugal, cuando éste subsista, no hace sino transferir al plano de la ley una exigencia que dimana de una conciencia moral honradamente reflexiva. El amor incapaz de realizarse en la fidelidad, que no la defiende ni la salvaguarda con cuidado atento y autodisciplina rigurosa, no cruza el umbral de la autenticidad. En esta perspectiva, la fidelidad está contemplada no tanto ni sobre todo en su acepción negativa de rechazo del adulterio y de toda forma de evasión espiritual, afectiva y sexual, cuanto y sobre todo en su dimensión positiva de capacidad de compartir un proyecto común, el proyecto de vida que saca del recinto cerrado de la propia individualidad a cada uno de los actores del pacto conyugal para situarlos en un encuentro y una relación del uno con el otro en orden a la construcción de una comunión honda, que irá llevando poco a poco a la pareja al descubrimiento de posibilidades de relación siempre nuevas, de cuya riqueza los hijos, expresión de la sobreabundancia interior de vida de la pareja, son de alguna manera el signo y el símbolo.

La afirmación del deber de la fidelidad, más aún, de la capacidad estructural del hombre y de la mujer de ser fieles de por vida, presupone una visión al menos relativamente optimista de las personas y del amor humano. Por el contrario, una visión pesimista, que ve en las personas seres destinados a chocar indefinidamente contra un muro infranqueable que les impide incluso en el matrimonio su propia realización, lleva inevitablemente a elevar a teoría la imposibilidad de la fidelidad y, consiguientemente, a legitimar el divorcio. En el marco de esta visión pesimista del ser humano se explica la renuncia de las teologías nacidas de la reforma protestante a la defensa de la indisolubilidad por considerarla una carga demasiado pesada para las frágiles espaldas humanas.

En el plano puramente humano la fidelidad puede ser ciertamente apreciada como valor -los mismos no creyentes la consideran a menudo como un ideal hacia el que tender, aun a sabiendas de su difícil consecución-, pero difícilmente podrá ser practicada y vivida al margen de un contexto genuinamente religioso (trátese de un contexto de fe explícita o de fe solamente implícita). La infidelidad estructural del ser humano sólo puede ser superada y curada con la ayuda proveniente de la suprema fidelidad de Dios. Siempre que las personas, creyentes o no creyentes, dan prueba de fidelidad, participan en cierta medida, tengan o no conciencia de ello, de la suprema fidelidad de Dios..

Se abren aquí amplios espacios a la consideración y la profundización del modelo bíblico fundamental de la fidelidad de Dios, un tema que recorre toda la Biblia y que está estrechamente vinculado a las categorías típicamente bíblicas de alianza y de pacto. Una anticipación del mismo se encuentra ya en la afirmación de Gén 2,24 de que hombre y mujer son «una sola carne»; los profetas, desde Oseas (3,1-3) a Malaquías (2,14), hacen de él un uso repetido. La irrevocable fidelidad de Dios al ser humano, a pesar del pecado de éste, se presenta como signo y símbolo de su amor; de un amor que el ser humano está llamado a reproducir, en la medida de lo posible, a través de su propia capacidad de fidelidad. De esta manera la fidelidad de los humanos entre sí se convierte en el signo de una nueva relación del ser humano con Dios, de cuya «imagen» el matrimonio recoge y reproduce, dentro de los límites propios de la condición humana, el rasgo esencial de la fidelidad.

El estrecho vínculo existente entre la insondable esencia de Dios y las manifestaciones de su relación con el ser humano a través de la imagen del «Dios fiel» explica la atención especialísima que la tradición judía primero y la cristiana después han prestado al simbolismo matrimonial. En el horizonte de la

historia, el matrimonio aparece como una especie de lugar privilegiado en el que de alguna manera se hace visible la suprema fidelidad de Dios, y, a la vez, como la prueba por parte humana -a través precisamente de su capacidad de fidelidad- de la disponibilidad para acoger la invitación que Dios hace a una relación definitiva de amor, relación no interrumpida por el alejamiento o el desamor y apoyada en la contemplación y la oración. Cada vez que el amor humano entra en crisis y el matrimonio conoce la infidelidad, este vigoroso simbolismo se ensombrece y Dios queda en cierta medida más alejado. Esta es la razón por la cual la propuesta cristiana de la fidelidad en el matrimonio es parte integrante y esencial del mensaje de salvación que la Iglesia está llamada a presentar al mundo. Ensombrecer el sentido de la fidelidad en el matrimonio significaría, pues, atenuar de alguna manera la fuerza de cohesión que posee la palabra de Dios, que tiene capacidad para transformar desde dentro cualquier forma de encuentro entre los seres humanos, el prime,ro de todos el existente en la especialísima y profundísima relación que

se establece entre hombre y mujer unidos por el vínculo conyugal. La fidelidad, con su proyección ética y religiosa en la indisolubilidad del vínculo conyugal, posee, por consiguiente, una vertiente ética y, sobre todo, específicamente teológica, mucho más que jurídica y sociológica.

III. De la fidelidad a la indisolubilidad

La presentación, sin embargo, de la propuesta de Dios en su globalidad choca contra las limitaciones y debilidades humanas. Incluso in su aspecto negativo la historia del matrimonio reproduce y recoge la historia misma de la salvación, que es historia de gracia y a la vez de pecado, de fidelidad y a la vez de infidelidad. Desde este punto de vista una adecuación real entre la palabra de Dios y la actuación humana no es posible y, sobre todo, no se puede proponer más que como ideal remoto al que

jamás se llegará plenamente. Se plantea así el problema de los límites dentro de los cuales resulta posible transformar en regla o en norma la propuesta de Dios sobre la fidelidad.

La indisolubilidad, incluso jurídica, del vínculo encarna indudablemente el ideal, puesto que representa el contexto normativo en el que se da la adecuación menos imperfecta de la llamada de Dios a la fidelidad. El revestimiento jurídico del vínculo ético de la fidelidad bajo la forma del matrimonio indisoluble viene a ser como el marco dentro del cual puede la fidelidad desarrollar su tendencia realizándose al más alto nivel (y reconociendo que siempre existirá el riesgo de que en el matrimonio tenga lugar una fidelidad más negativa que positiva, repetitiva más que creativa). La sanción jurídica del deber de fidelidad se presenta como una garantía, aunque sea sólo externa, de la voluntad de amor de los cónyuges y puede sostenerla en los momentos de crisis. La institución garantiza así un espacio dentro del cual se puede desarrollar mejor la opción ética por la fidelidad, aunque por sí misma no forma parte constitutiva de esta opción ética ni puede garantizar la calidad de la misma. Sólo exteriormente coinciden las áreas de la indisolubilidad y de la fidelidad; ésta es más abarcadora y más profunda y la sanción de la indisolubilidad jurídica del vínculo puede preparar y favorecer su crecimiento, pero no puede ni fundamentarla ni predeterminarla.

En este corte que de hecho se produce entre la fidelidad como instancia ética, que nace de la profundidad de una relación entre hombre y mujer vivida en toda su globalidad y en toda su plenitud, y la fidelidad como regulación de la relación de pareja establecida por el ordenamiento jurídico -y, consiguientemente, entre la fidelidad como imperativo ético y la fidelidad como norma jurídicase abren amplios espacios tanto a la normativa eclesiástica como a la legislación civil.

Muy distantes la una de la otra en los primeros siglos cristianos (incluso pasado el s. VI, la legislación de Justiniano autorizaba en determinadas condiciones el !divorcio civil) y durante gran parte de la Edad Media, las legislaciones eclesiástica y civil se fueron adecuando después progresivamente en Occidente. El compromiso de fidelidad se fue transfiriendo poco a poco del plano religioso al civil a través de la prohibición de las segundas nupcias. Interrumpido en parte de los países cristianos por la reforma protestante, este paralelismo entre ambos ordenamientos se fue desvaneciendo sucesivamente casi por doquier debido a la implantación en casi todos los países, incluso de tradición católica, de legislaciones divorcistas orientadas en un sentido cada vez más permisivo. El problema de la indisolubilidad tiende, pues, a plantearse hoy en términos éticos (indisolubilidad como valor) o religiosos (indisolubilidad como norma eclesiástica) más que propiamente jurídicos (indisolubilidad del vínculo conyugal como prescripción del ordenamiento civil).

En el plano ético la fidelidad se presenta como un valor percibido todavía por la conciencia común. La autorización misma de anulación del vínculo conyugal se presenta como excepción o como remedio a casos y situaciones particulares más que como regla o mucho menos aún, como ideal. El afianzamiento, sin embargo, de una cultura que, como ya ha quedado dicho, siente una especie de horror instintivo a la duración y que se desarrolla en sentido contrario a la estabilidad del vínculo conyugal, corre el riesgo de oscurecer el significado ético de la indisolubilidad en la conciencia de los mismos creyentes. Resulta, pues, necesaria una presentación insistente del valor de la fidelidad conyugal como opción definitiva de vida, más allá incluso de la permisividad de la legislación civil. Al mismo tiempo debe ser un compromiso de los creyentes y de la sociedad civil misma el trabajar en la eliminación en la medida de lo posible de las

causas de la inestabilidad conyugal, tales como el uso precoz y a veces irresponsable de la sexualidad, la superficialidad y ligereza con que se contraen uniones carentes ya desde sus comienzos de los requisitos necesarios de autenticidad, la incidencia negativa que ejercen sobre la vida de la pareja factores complejos, desde la erradicación provocada por las migraciones hasta la degradación de la calidad de vida en los centros urbanos. Por tratarse de un valor esencialmente ético, la fidelidad conyugal tiene necesidad de soportes adecuados, si no necesariamente jurídicos, sí al menos educativos, políticos y sociales.

IV. La indisolubilidad del matrimonio en la tradición cristiana

Coexistente con legislaciones que ora autorizan el divorcio, ora sancionan jurídicamente la estabilidad del vínculo conyugal, la tradición cristiana en materia de fidelidad y de indisolubilidad ha conocido en el correr de los siglos constantes y variables.

[Para todo este párrafo, l Divorcio civil IV-V].

Sobre la base de los conocidos pasajes evangélicos de Mc 10,1-12; Mt 5,32; 19,3-11, y Lc 16,14-18,
la constante fundamental ha estado representada por la afirmación de la obligación absoluta para los creyentes de la fidelidad conyugal, tanto para el hombre como para la mujer. Según un proyecto al que remite explícitamente la predicación de Jesús, Dios quiere la unidad radical de la pareja desde el momento mismo de la creación, y esa unidad no puede romperse sin culpa grave de las personas. De aquí deriva el imperativo categórico de la ética cristiana de la fidelidad: «Luego lo que Dios ha unido que no lo separen los humanos» (Mt 19,6). Este axioma atestigua el deber que tienen los humanos de adaptarse al plan de Dios, que fija como norma fundamental de la relación de amor entre hombre y mujer la fidelidad recíproca y definitiva, excluyendo consecuentemente cualquier intervención humana

que desde el exterior pueda romper esta comunión. En esta perspectiva la ruptura del matrimonio y el intento de dar curso a una segunda experiencia conyugal suponen una negativa a acoger la llamada de Dios a la fidelidad en un ámbito decisivo de la existencia. De aquí la llamada constante y unánime de la tradición cristiana a la fidelidad como valor fundamental de la ética conyugal.

Junto a esta constante figuran, sin embargo, numerosas variables, de alguna de las cuales la exégesis más reciente ha mostrado la existencia de indicios ya en los estratos de las diversas redacciones de los dichos de Jesús sobre el divorcio transmitidos por los evangelistas; variables que encuentran puntual eco en la enseñanza y en la práctica de las primeras comunidades cristianas, tal como se deduce de los textos paulinos, de los primeros padres apostólicos y de los mismos padres de la Iglesia. Se puede afirmar que lo ideal (la fidelidad) ha chocado desde siempre contra lo real (el pecado humano, pero también el establecimiento de situaciones difícilmente compatibles con una absoluta y generosa indisolubilidad del vínculo conyugal).

a) La primera variable atañe a la posibilidad
de excepciones legitimadoras de la rescisión del vínculo, autorizando consiguientemente un segundo matrimonio poseedor de una más o menos completa dignidad sacramental.

El conocido inciso de Mateo (5,32 y 19,9) autorizando el repudio -según otros intérpretes, la separación o incluso el divorcio- en un único caso .particular (me epi porneia) constituye, se puede decir que desde hace casi dos milenios, el centro de una discusión teológica y pastoral todavía no definitivamente resuelta y de la que son buena muestra significativa las diversas y a veces contrapuestas traducciones del controvertido pasaje (la traducción litúrgica oficial española recoge la versión «excepto en caso de prostitución»; otros

prefieren «a no ser en caso de concubinato»; pero es muy discutida, por lo demás, en el propio ámbito católico y rechazada generalmente tanto por las Iglesias reformadas como por las orientales). El problema es extremadamente complejo, por lo que se hace inevitable remitir a la extensísimaliteratura especializada. En general se puede afirmar que, tras algún titubeo inicial, la tradición católica ha legitimado en determinados casos la separación, pero no el segundo matrimonio (salvo en el caso de nulidad radical del matrimonio mismo, según hipótesis progresivamente elaboradas por el derecho canónico), aun reconociendo a la autoridad de la Iglesia el derecho de hacer uso de sus poderes para anular algunos matrimonios de casuística particular.

b) La segunda variable atañe al tratamiento
pastoral de los divorciados. A esta variable han prestado especial atención las Iglesias de Oriente, según una línea que en los últimos tiempos se ha vuelto a plantear repetidamente en el debate en curso dentro incluso del catolicismo. Sin debilitar el principio de la indisolubilidad del matrimonio, que las Iglesias de Oriente siguen proponiendo como ideal de la convivencia conyugal, estas Iglesias han considerado oportuno permitir, por la «dureza del corazón» humano, pero también para no imponer a las personas cargas que, de hecho, no todas pueden sobrellevar, el segundo matrimonio de los divorciados, aunque sin conferirle una plena legitimación religiosa. Por consiguiente, incluso para las Iglesias de Oriente el ideal es el matrimonio primero y único; el matrimonio sucesivo es una acomodación del principio a la enorme diversidad de las situaciones, en base al criterio de la economía, yque podría traducirse como «solicitud pastoral» por las almas.

c) En un plano diverso, una tercera variable atañe a la relación entre normativp eclesiástica y ordenamiento civil. En ciertas épocas se ha practicado, y a veces incluso convertido en teoría, la

impermeabilidad recíproca de los dos ordenamientos. En otros períodos ambos ordenamientos se han identificado de hecho en lo tocante al tema de la indisolubilidad del matrimonio, mediante la asunción por parte del ordenamiento civil de los criterios fundamentales inspiradores de la normativa eclesiástica, el primero de todos el principio de la absoluta indisolubilidad del matrimonio rato y consumado. Otras veces han tenido lugar formas de convergencia parcial, frecuentemente definida mediante acuerdos específicos, concordatorios o no, entre las Iglesias y los Estados. En general ha ido afianzándose en los últimos decenios, incluso en los países católicos, la tendencia a legitimar el divorcio. Consecuencia de ello es la situación de conflicto entre los ordenamientos; situación que, de hecho, es hoy la predominante: la Iglesia católica es casi la única autoridad que mantiene el principio de la indisolubilidad del vínculo conyugal.

V. Los divorciados vueltos a casar civilmente

Incluso en el ámbito de la Iglesia y de la teología católicas la situación ofrece indicios de movimiento, consecuencia del amplio debate teológico puesto en marcha por el Vat. II, de las nuevas perspectivas de la exégesis bíblica y de la investigación sobre la práctica de las Iglesias primitivas en este ámbito, pero también y sobre todo consecuencia de los requerimientos provenientes de la situación en que ha venido a encontrarse un elevado y cada vez más creciente número de creyentes que, tras la ruptura del primer matrimonio, recurren (ambos o cada uno de ellos) al divorcio civil, pero solicitan de las Iglesias a las que pertenecen la legitimación religiosa de su siguiente matrimonio. Problemas doctrinales, exigencias pastorales, incluso aspectos ecuménicos, se entrelazan estrechamente, formando una de las cuestiones más delicadas, todavía no definitivamente resuelta, de la vida de la comunidad cristiana: el trato a dispensar a los divorciados vueltos a casar civilmente.

Una primera indicación al respecto emanada del magisterio es la de no «abandonar a sí mismos a los que, unidos con anterioridad por el vínculo matrimonial sacramental, han tratado de casarse de nuevo». Una segunda directriz es la de salvaguardar la integridad de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio, evitando el que una práctica pastoral demasiado permisiva lleve a un oscurecimiento de la propuesta de fe (JUAN PABLO II, Familiaris consortio, 84). Una tercera exigencia es la de no identificar la totalidad de la vida cristiana con la participación en la eucaristía (de la que, en la práctica actual de la Iglesia católica, quedan excluidos los divorciados vueltos a casar), sino la de abrir a estos últimos otras formas de vida eclesial, desde la participación en la misa al servicio de la caridad (Pastoral de las situaciones matrimoniales no regulares, 22-23).

Aun manteniendo firme el principio de la imposibilidad de una segunda celebración propiamente sacramental del matrimonio, hay, sin embargo, en curso un debate acerca de la posibilidad de que la Iglesia católica adopte medidas pastorales análogas a las practicadas tradicionalmente por las l Iglesias de Oriente y permita la reintegración en la comunidad cristiana, aunque no fuera a título pleno, a los divorciados vueltos a casar, salvadas siempre determinadas condiciones y cumplimentadas las oportunas prácticas penitenciales. Para quien ha asumido la responsabilidad del matrimonio, la ruptura del mismo constituiría objetivamente un pecado, y un segundomatrimonio no podría tener nunca carácter sacramental pleno; pero la práctica pastoral podría dejar espacios más amplios al ejercicio de la misericordia de Dios, de quien la Iglesia se haría de alguna manera signo visible, poniendo en práctica formas análogas a las practicadas desde hace tiempo por las Iglesias de Oriente. No se trataría de modificar la doctrina tradicional, sino de darle una aplicación más benévola en el plano pastoral. Aunque se trate de un

planteamiento hoy por hoy minoritario dentro de la Iglesia católica, merece la pena ahondar en él.

VI. Hacia una ética cristiana de la fidelidad

A pesar de los retos que para el valor de la fidelidad comporta, y comportará todavía más en el futuro, una cultura orientada en sentido contrario al de la estabilidad del vínculo conyugal, es deber primordial de la comunidad cristiana la presentación de la fidelidad como criterio fundamental de verdad de la existencia cristiana en el matrimonio. Avalada incluso por consideraciones de orden humano y social, tales como la exigencia de completar el largo proceso de educación de los hijos o el respeto debido a las legítimas expectativas del cónyuge, la fidelidad cristiana ahonda sus raíces en las profundidades mismas del amor de Dios, del cual es de alguna manera, borrosa e indignamente, expresión y revelación. De hecho, la fidelidad de Dios resulta comprensible y perceptible para la mayoría de las personas en la medida en que se hace visible a través de una serie de «signos», siendo el primero de todos la recíproca fidelidad del hombre y de la mujer en el matrimonio. La caída generalizada de la fidelidad conyugal implicaría, bajo este aspecto, una pérdida irreparable para el mensaje cristiano en su conjunto: Dios resultaría más lejano, ya que su eminente fidelidad se verla privada de una de sus expresiones fundamentales: la fidelidad del hombre y de la mujer en el matrimonio, entendida ésta no como conquista humana, sino como don divino (un don que, en cambio, los humanos rechazarían, reiterando así el rechazo ya denunciado por el evangelista Juan: 1,11-12).

Sin embargo, la indisolubilidad del vínculo conyugal, tan vigorosamente proclamada por Jesús en contraste con el espíritu tanto de nuestro tiempo como del suyo propio, se plantea en un plano diverso del de la ley. Consecuencia de ello es, por una parte, la demanda exigente de valores y, por otra, una necesaria mediación, habida cuenta de las

limitaciones y debilidades humanas. También de esta exigencia de mediación debería de alguna manera hacerse cargo la Iglesia en el plano pastoral, ejerciendo al máximo su misión de acogida, de misericordia, de no atormentar las conciencias, aunque sin abandonar nunca lo esencial del mensaje del que es portadora: «Siendo Cristo el único esposo de la Iglesia, el matrimonio cristiano no podrá ser imagen duradera y auténtica del amor de Cristo a la Iglesia a menos que participe de la fidelidad que define a Cristo como esposo de la Iglesia. Por eso, cualesquiera que sean el dolor y las dificultades psicológicas que se puedan derivar, es imposible consagrar a Cristo, para hacer un signo o un sacramento de su misterio, un amor conyugal que implique el divorcio» (Dieciséis tesis cristológicas sobre el sacramento del matrimonio, ti. 11).

[l Divorcio civil; l Familia; l Matrimonio].

BIBL. Lds temas aquí abordados se suelen tratar ampliamente en los estudios sobre el ¡matrimonio. Nos limitamos, pues, a señalaralgunos estudios específicos: AA.VV., El vínculo matrimonial, BAC, Madrid 1978; AA.VV., Le lien matrimonial, Cerdic Estrasburgo 1970; AA.VV., El sacramento del matrimonio, en «Communio»6(1979);

AA.VV., Cuestionesfundamentales sobre matrimonio y familia, Eunsa, Pamplona 1980; ADNES P.,
El matrimonio, Herder, Barcelona 1979; ALBERTI A., Matrimonio e divorzio nella Bibbia, Ancora, Milán 1962; BARAzzuTrt L., Divorciados vueltos a

casar, Paulinas, Bs. Aires 19912; BASSETT V.V. y otros, El matrimonio, ¿es indisoluble?, Sal Terrae, Santander 1971; CAMPANINI G., II fondamento del¡’ indissolubilitá del matrimonio, leas, Roma 1966; CERETI G., Matrimonio e indissolubilitá. Nuove prospettive, Dehoniane, Bolonia 1971; ID, Divorzio, nuove nozze e penitenza nella chiesa

primitiva, Dehoniane, Bolonia 1977; COMISIóN EPISCOPAL ESPAÑOLA PARA LA DOCTRINA DE LA FE, La estabilidad del matrimonio, 7 de mayo de

1979;Matrimonio y familia hoy, agosto de
1979; Instrucción colectiva del Episcopado español sobre el divorcio civil, 23 de noviembre de 1979; COMISIÓN TEOLóGICA INTERNACIONAL, Doctrina católica sobre el matrimonio (Treinta tesis), en CTI, Documentos 1970-1979, Cete, Madrid 1983, 176- 189; CROUZEL G., L Église primitive face au
divorce, Beauchesne, París 1971; DANIELI
G., Ipotesi recenti sull’indissolubilitá e il
matrimonio, en AA.VV., Evangelizzazione e matrimonio, D’Auria, Nápoles 1975, 28-48; DE LOcHT P., I rischi della fedeltá, Cittadella, Asís 1974; ELIZARI F.J., Pastoral de los divorciados y de otras situaciones irregulares, Paulinas, Madrid 1980; GARCÍA P., Matrimonio y divorcio hoy en
España, BAC, Madrid 1984 GoRIA F., Studi sul matrimonio dell adultera riel diritto glustinianeo e bizantino, Giappichelli, Turín 1975; KASPER W., Teología del matrimonio cristiano, Sal Terrae, Santander 1980; LARRABE J.L., El matrimonio cristiano y lafamilia, Editorial Católica, Madrid 1973; LOZANO F., Divorcio y nuevo matrimonio, Verbo Divino, Estella 1971; MACIAS A., Matrimonio cristiano en un mundo en cambio, Centro Teológico de Las Palmas, 1980; MATABOScH A., Divorcio e Iglesia,Marova, Madrid 1979; N£DONCELLE M., Della fedeltá, Paoline 1956; PLANA G., II significato dell lindissolubilitá matrimoniale nella riflessionepersonalista, en «RTM» 2 (1969), 117-139; P140SPISHIL V.J., Divorcio y nuevo
matrimonio, Carlos Lohlé, Bs. Aires 1969; PRIVITERA S., Lfndissolubilitá del matrimonio nella chiesa ortodossa orientale, en «Nicolaus» (1983) 77-114; RICHTER, La celebración litúrgica en el matrimonio. Suproblemática a la vista de las nuevas concepciones teológicas yjuridicas de la unión matrimonial, en «Con» 87 (1973) 75-91; Rossl L., Pastorale
familiare, Dehoníane, Bolonia 1970, 291-306; SCHILLEBEECKX, El matrimonio, realidad terrena y misterio de salvación, Sígueme, Salamanca 19702; STEININGER V., Divorzio anche per chi accetta il vangelo7. Herder-Morcelliana, Roma-Brescia 1969;

TETTAMANZI D., Pastorale dei divorziati
risposati, en Evangelizzazione e matrimonio, cit., 148179; TORTI G., La stabilitñ del vincolo nuziale in S. Agostino e in S. Tommaso, La nuova Italia, Florencia 1979; VILLAREJO A., El matrimonio y la familia en la «Familiares consortio» Paulinas, Madrid 1984.

Dimensión ética y pastoral de la evolución demográfica

PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA

EVOLUCIONES DEMOGRÁFICAS: DIMENSIONES ÉTICAS Y PASTORALES

25 de marzo de 1994

INTRODUCCIÓN

1. Con la publicación de este texto, el Pontificio Consejo para la Familia se propone aportar elementos de reflexión sobre las realidades específicas en el campo de la población. La primera parte del documento examina las evoluciones demográficas. La segunda describe las actitudes respecto de las realidades demográficas. La tercera parte expone los principios éticos, a cuya luz la Iglesia analiza las realidades demográficas; esta iluminación fundamenta las orientaciones pastorales propuestas.

2. En efecto, las evoluciones demográficas serán objeto de reflexiones, estudios y reuniones a nivel internacional y también a niveles regionales y nacionales, a fin de llegar a comprender mejor las situaciones concretas. Este documento consentirá a las Conferencias Episcopales y a las Organizaciones católicas estar mejor informadas sobre estas realidades. A partir de aquí podrán elaborarse líneas de acción pastoral.

3. Este instrumento de trabajo preparado por el Pontificio Consejo para la Familia, es fruto de una labor paciente, después de haber consultado y dialogado con especialistas – teólogos, pastores y demógrafos – . Se propone conseguir que los hombres tomen conciencia de los valores sobre los que debería basarse una comprensión plenamente humana de las realidades demográficas. Estos valores son la dignidad de la persona humana, su trascendencia, la importancia de la familia en cuanto célula fundamental de la sociedad, la solidaridad entre pueblos y naciones, la vocación de la humanidad a la salvación.

El Pontificio Consejo para la Familia, que tiene competencia ética y pastoral en materia de demografía, ofrece este documento como un servicio a las orientaciones de la pastoral de la Iglesia. Sobre todo, los principios éticos han de guiar dicha pastoral en el campo de la demografía, porque las cuestiones demográficas influyen sobre la familia en lo referente a la libertad y responsabilidad de los esposos en su misión de transmitir la vida. La Iglesia, con realismo, reconoce los graves problemas relacionados con el crecimiento demográfico tal como se presentan en las diversas partes del mundo, con las implicaciones morales que ello comporta(1) . Al mismo tiempo, la pastoral de la Iglesia debe tener en cuenta los diferentes efectos, actuales y futuros, de la caída de los índices de natalidad en muchos países. Por tanto, conviene comenzar por el análisis objetivo y sereno de las distintas evoluciones demográficas.

PRIMERA PARTE

REALIDADES DEMOGRÁFICAS ACTUALES

Capítulo I

EVOLUCIONES DIVERSIFICADAS

4. A lo largo de este siglo, el número de habitantes en nuestro planeta ha aumentado de modo continuo. Se estima en 5.506.000.000 a mitad del año 1993(2) . El crecimiento de la población se ha de interpretar a la luz de factores bien identificados y bien entendidos. El más importante de dichos factores es absolutamente inédito en la historia de la humanidad: se trata del aumento de la esperanza promedio de vida; éste se ha más que duplicado en un siglo, en muchos países. El aumento es fruto de una mejor situación sanitaria y del nivel de vida, de una mejor producción alimenticia y de políticas más eficaces. En menos de dos siglos se ha verificado un descenso casi general de los índices de mortalidad infantil y este descenso en numerosos países es superior al 90%. Al mismo tiempo, la mortalidad materna ha disminuido también en grandes proporciones.

1. Crecimiento y geografía de la población

5. De 1950 a 1991, la población mundial se ha duplicado. Sin embargo, el índice del crecimiento demográfico disminuye tras haber alcanzado un máximo en los años 1965-1970(3) . Esta desaceleración en la evolución de la población mundial es coherente con lo que la ciencia de la población llama «transición demográfica», es decir, el descenso de los niveles de mortalidad y natalidad cuando los países gozan de condiciones sanitarias y/o económicas más adecuadas, que modifican considerablemente el régimen demográfico.

En todo caso es de notar que las evoluciones demográficas se presentan de modos muy diferentes según los países. En los países llamados desarrollados se aprecian bajas muy importantes de los índices sintéticos de fecundidad(4) . En la casi totalidad de dichos países, el índice se sitúa a un nivel inferior al necesario actualmente para asegurar el mero reemplazo de generaciones. Por el contrario, en los países considerados en vías de desarrollo, los mismos índices se hallan a un nivel que permite el reemplazo de generaciones, habida cuenta de sus condiciones sanitarias y de su régimen de mortalidad.

Pero, si bien las evoluciones son muy diferentes, en el período que va de los años 60 hasta nuestros días, el descenso de la natalidad (muy importante en la casi totalidad de las regiones del planeta), es indiscutiblemente perceptible en los datos publicados por los organismos especializados. A pesar de ello, con frecuencia es desconocida.

6. Otra evolución importante es aquella de la geografía de la población. Así vemos que la urbanización crece sobre todo en los países en vías de desarrollo, como consecuencia de la emigración rural y de las migraciones internacionales dirigidas casi siempre hacia territorios urbanos. Es verdad que ciertas políticas – sobre todo las fiscales y/o agrarias – procedentes de instancias nacionales o internacionales, no han estimulado el desarrollo del ambiente rural. Por otro lado, la urbanización se explica por la evolución de las estructuras de producción y por el deseo de acceder a mayores posibilidades de empleo, a mercados de producción, a almacenes, a instituciones educativas, a establecimientos sanitarios, a diversiones y a otras ventajas ofrecidas por la ciudad.

7. Para comprender las evoluciones demográficas, es preciso estudiar las migraciones. Son varios los factores que permiten captar su importancia. Tristemente la actualidad política nos enseña que cada día hay hombres obligados a desplazarse para escapar de guerras o de linchamientos; esto a veces da lugar a éxodos en masa(5) . Otras personas, con la esperanza de mejorar sus condiciones de vida, se desplazan por motivos económicos, a fin de evitar el paro y encontrar un trabajo mejor remunerado. A causa de los cambios estructurales que se verifican en los modos de producción, también las situaciones económicas figuran entre las causas de migraciones importantes: emigración rural, emigración desde regiones antiguamente industrializadas, emigración hacia tierras prometedoras de porvenir. Las migraciones inciden en la fisonomía del país, en su evolución, en la geografía de su población; y esto vale tanto para los países de emigración como para los de inmigración.

2. ¿Una «segunda revolución demográfica»?

8. ¿Cómo entender la evolución de los comportamientos de cara a la natalidad en las sociedades «desarrolladas»? La importancia del descenso de la natalidad inclina a algunos a hablar de una «segunda revolución demográfica». Se trata de un cambio tan considerable como lo había sido, aunque en otro sentido, la «primera revolución demográfica». Ésta, de alguna manera, había consentido «domesticar la mortalidad» y, más concretamente, las tres mortalidades que acompañaban anteriormente los ritmos demográficos: mortalidad en el parto, mortalidad infantil y mortalidad de adolescentes.

9. Esta segunda revolución demográfica tiene causas diversas que son, ante todo, de orden moral y cultural: hay que buscarlas en el materialismo, el individualismo y la secularización. De aquí que muchas mujeres se vean cada vez más impulsadas a trabajar fuera del hogar(6) . De ello resulta un desequilibrio de las estructuras por edad. Dicho desequilibrio genera ya desde ahora problemas políticos, económicos y sociales. Sin embargo, estos problemas corren el peligro de no manifestarse con claridad sino al final, pues las evoluciones demográficas suelen ser de larga duración. Por ejemplo, cada vez va a ser mayor el número de ancianos que van a depender de pensiones aseguradas sólo con el trabajo de la población activa, cuya disminución será cierta, a juzgar por la lectura de las proyecciones demográficas. En varios países avanzados, se verifica un «invierno demográfico» cada vez más riguroso; las autoridades están comenzando a inquietarse: hoy hay más féretros que cunas, más ancianos que niños.

10. Una de las consecuencias más graves del envejecimiento de la población podría ser la degradación de la solidaridad entre generaciones, que llevaría a auténticos conflictos en el reparto de los recursos económicos. Las discusiones sobre la eutanasia quizá no sean ajenas a estas evoluciones conflictivas.

11. Con frecuencia se entiende mal esta «segunda revolución demográfica» y ello por tres razones. Primeramente porque las sociedades que disfrutan de las ventajas producidas en los tiempos en que la natalidad era suficiente, se siguen beneficiando de las estructuras por edad favorables de su población activa. Esto, entre otras cosas, hace posible, por el momento, producciones elevadas. Apenas comienzan a sentirse los efectos negativos que producirá la reducción de la natalidad en los campos económicos y sociales. Asimismo, la presencia en estas sociedades de mano de obra extranjera contribuye a retrasar la percepción de esta disminución de la natalidad y de las consecuencias que pueden seguirse. Y, en fin, el fuerte descenso de la natalidad, al traducirse en menores inversiones en recursos humanos y, por tanto, en formación, pone en circulación medios financieros a corto término percibidos como ventajas, pero de los que las generaciones presentes se benefician en perjuicio del futuro(7) .

12. ¿Qué ha sido de Europa oriental tras la caída del sistema comunista? Se constata generalmente que sensibles descensos de la natalidad en ciertos países, conducen a un número de nacimientos menor que el de fallecimientos, a semejanza de cuanto constatamos en ciertas regiones de Europa occidental. Durante varios decenios, los pueblos de Europa oriental han padecido políticas demográficas diversas, con frecuencia no respetuosas de la persona humana, a veces, autoritarias, inspiradas en los a priori de la ideología marxista-leninista y los imperativos atribuidos a las «necesidades» de la historia. Sus comportamientos demográficos actuales no pueden entenderse sin tener en cuenta los residuos del clima en el cual han sido sumergidos. Además, estos países están expuestos a la influencia de los modelos de consumismo de Europa occidental.

3. Los continentes en vía de desarrollo

13. Según las estimaciones más corrientes, África es un continente de alta natalidad, pero también es un continente poco poblado, con bajas densidades en la mayor parte del territorio. Por otra parte, se ha puesto en mayor evidencia, en este continente, el carácter aleatorio de ciertos datos demográficos(8) . Con frecuencia las condiciones sanitarias y políticas de África contribuyen a limitar el descenso de la mortalidad, a detenerlo incluso en algunos países(9) . Por otra parte, conviene llamar la atención sobre las futuras consecuencias demográficas del sida, que podrían ser dramáticas en ciertas regiones.

En África del Norte, la baja de la natalidad aparece ya como fenómeno asentado, si bien el juego de las inercias propias de los fenómenos demográficos encubre cierta potencialidad de crecimiento de la población, con una estructura muy joven por edad.

14. Si se considera América Latina en relación con los otros continentes en vía de desarrollo, la primera característica que sobresale es la de los índices de mortalidad más bajos, con índices de natalidad menos elevados en América del Sur templada, que en América del Sur tropical y en América central. La segunda característica de algunos países reside en que la proporción de mujeres casadas es más baja que en Asia y África. Esto trae como consecuencia una cifra elevada de nacimientos fuera del matrimonio(10).

La baja de la natalidad, en amplia correlación con los niveles de mortalidad citados más arriba, origina un crecimiento demográfico inferior al de Asia (no comprendida la ex-urss) y al de África.

15. En cuanto a Asia, que es el continente que congrega la mayor parte de la Federación de Rusia y los dos Estados más poblados del planeta, China e India, hay que decir que mientras que la evolución demográfica de Rusia es comparable, en cierta medida, a la de Europa oriental, los demás países de Asia presentan situaciones muy diferentes, no sólo entre Estados sino también en el interior de los Estados. Entre los países de Asia, los llamados «nuevos países industriales», parece que algunos están entrando en la «segunda revolución demográfica». Otros, en cambio, no han concluido todavía la fase de la «primera revolución demográfica» y unen una natalidad bastante alta a mortalidades igualmente elevadas. De modo que, en una evolución global marcada por el descenso de la natalidad que ha seguido al descenso de la mortalidad, Asia experimenta una gran heterogeneidad demográfica. En el interior mismo de China e India, la natalidad puede duplicarse, y más incluso, mientras que los índices de urbanización son dos veces menos elevados que en Europa.

16. Por tanto, la evolución de la población mundial no puede estudiarse sin tener en cuenta un dato casi general, es decir, la relación entre índices de fecundidad e índices de mortalidad(11) y sin tener presentes los enormes contrastes demográficos existentes no sólo entre continentes sino también en el interior de los continentes y de los Estados, donde a veces se constatan desigualdades regionales muy grandes. Reflexionando pues globalmente en términos de población mundial, se atenúan la diversidad de índices de mortalidad, la variedad de fenómenos migratorios, las diferencias de los índices de crecimiento de la población, que en algunos territorios son incluso negativos. Sin conocer dichas diferencias, no se puede ignorar la realidad de las evoluciones demográficas.

Capítulo II

POBLACIÓN Y SOCIEDADES

17. Teniendo en cuenta los datos cuantitativos proporcionados por las grandes instituciones de estadística y los factores que entran en juego en la estimación numérica de las evoluciones, las realidades demográficas son ciertamente muy diversas según las regiones; y son, además, enormemente complejas(12) . Todo estudio de la población ha de tener en cuenta la historia de los pueblos en cuestión, los cambios verificados en el régimen demográfico, y también las diferencias considerables a veces, que existen entre un punto y otro. De cualquier modo, muchos son – sobre todo entre aquellos cuya experiencia de vida está limitada a las ciudades – los que se inclinarían a creer que «existe una crisis de la población mundial». Para justificar el «control demográfico», se ha hablado de «bomba demográfica», de «explosión demográfica», de «mundo superpoblado», que dispone de recursos irremediablemente limitados; se dice que existe un «consentimiento mundial» sobre la urgencia de la situación. Los slogans divulgados sobre estos temas no resisten, sin embargo, al análisis, puesto que la historia del desarrollo de la humanidad demuestra cuán simplista es la afirmación según la cual sería necesario controlar la amplitud de la población, para alcanzar un cierto nivel de prosperidad o mantenerse en él. Conviene, pues, examinar las evoluciones demográficas seriamente y con lucidez.

1. Crecimiento demográfico y nivel de vida

18. Las dificultades para el desarrollo en los países en cuestión no han de buscarse únicamente en el aumento del número de sus habitantes. Muchos de dichos países poseen recursos naturales considerables, capaces con frecuencia de sostener poblaciones más numerosas que las actuales. Lamentablemente, este potencial hoy se halla sub-explotado o mal explotado en muchas ocasiones. Y más en general, la tierra posee elementos que han resultado ser a lo largo de la historia y gracias a la creatividad del hombre, recursos decisivos para el progreso de la humanidad. El origen de las dificultades de los países denominados del Tercer Mundo se ha de buscar primeramente en las relaciones internacionales. Dichas dificultades, las ha estudiado y denunciado la Iglesia muchas veces(13) . Ante estas causas que inciden en la dificultad del desarrollo, se hace necesaria la solidaridad, si bien ésta presuponga un cambio en las políticas de las naciones desarrolladas.

Existen también otras causas internas de los mismos países en vías de desarrollo. El bajo nivel de vida y las carencias alimenticias que incluso llegan hasta el hambre, pueden ser fruto de malas gestiones tanto políticas como económicas, combinadas frecuentemente con la corrupción. A ello se han de añadir presupuestos militares exagerados, en pleno contraste con el bajo importe de los presupuestos dedicados a la educación; guerras – a veces por la intromisión de otras naciones – o conflictos fratricidas; desigualdades clamorosas en el reparto de las ganancias; concentración de medios de producción en provecho de una casta de privilegiados; discriminación de las minorías; paralizadora carga de la deuda exterior acompañada de éxodo de capitales; peso de ciertas prácticas culturales negativas; desigual acceso a la propiedad; burocracias que bloquean la iniciativa y la innovación; etc. En realidad, si bien hay condiciones objetivas que explican el subdesarrollo en ciertas regiones del planeta, no existe fatalidad ante el no-desarrollo, porque todas estas causas pueden vencerse, si se aplican las medidas oportunas, aunque ello siga siendo difícil.

2. Alimentación, recursos y población

19. El crecimiento de la población ¿traería como ineluctable consecuencia sed y pobreza, desde el momento en que algunos afirman que los recursos alimenticios mundiales y demás son limitados? Debemos tener en cuenta que el volumen de recursos a disposición en el planeta ni está pre-definido ni es invariable. La historia de las sociedades y civilizaciones nos muestra que algunos pueblos, en determinados momentos de su historia, han sabido explotar recursos no tenidos en cuenta o desconocidos por generaciones precedentes. De modo que, a lo largo de los siglos, los recursos de la humanidad no se han estancado ni han disminuido, sino que han aumentado y se han diversificado. Con el cultivo de plantas explotadas recientemente, como la patata que ha originado una verdadera revolución en la alimentación; con el empleo de técnicas nuevas, por ejemplo la irrigación de los arrozales o el cultivo en invernaderos; la capacidad de utilizar recursos no apreciados anteriormente como el carbón, el petróleo, los abonos, el átomo, la arena, los hombres han aumentado los recursos a su disposición. Dichos progresos son perceptibles igualmente en los sectores de la agricultura y la ganadería, donde los métodos modernos multiplican las posibilidades. Desde la energía solar – hoy infrautilizada en gran medida – a los nódulos submarinos, pasando por los centros de «revolución verde» anunciados por los agrónomos, habida cuenta sobre todo de los progresos de la ingeniería genética aplicada al mundo vegetal y animal, los hombres siguen contando con grandes posibilidades para el desarrollo del planeta(14).

20. Por otra parte, si se estudia la utilización de las tecnologías agrícolas en los países más avanzados, se constata que los hombres poseen ya desde ahora la capacidad de producir bienes alimenticios suficientes para la población mundial, aún en el caso en que se hicieran realidad las hipótesis planteadas por organizaciones internacionales en sus proyecciones más altas sobre la población mundial: y ello sin tener en cuenta los progresos técnicos del futuro(15).

Todo ello confirma que las carencias más críticas de recursos alimenticios tienen remedio cuando los hombres están equipados para afrontarlas y procuran ser solidarios16 .

Las penurias alimenticias puestas en evidencia por los medios de comunicación estos últimos años, son consecuencia de guerras y luchas fratricidas, como se puede ver actualmente en distintos países, o de la mala gestión estatal o privada, mucho más que de la inclemencia del clima u otras causas naturales

.

3. Ambiente y población

21. Según una afirmación frecuente, el número de habitantes sobre la tierra es el que produce la contaminación creciente o la degradación del ambiente. La preocupación por el ambiente surgió en la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Población de 1974(17) . La Conferencia sobre la Población de Méjico de 1984 trató de nuevo el tema(18) ; y después, la Conferencia sobre el ambiente y desarrollo de Río en 1992(19) . Por otra parte, los países desarrollados, con una fuerte densidad demográfica, presentan menores índices de contaminación que los alcanzados recientemente en los países de precedente régimen comunista(20) . En estos países, el sistema de producción resulta ser extremamente contaminante. Los modelos de producción y consumo y los tipos de actividades económicas son los que determinan la calidad del ambiente. Con frecuencia, la degradación de éste se debe a políticas equivocadas, que pueden y deben corregirse con esfuerzos razonables y conjuntos de los sectores público y privado.

22. No es menos cierto que en las sociedades desarrolladas conviene poner remedio a ciertos modos de consumo que no respetan el ambiente y no tienen en cuenta las responsabilidades de nuestros contemporáneos respecto a las generaciones futuras.

23. El problema del medio ambiente ha de considerarse a la luz del desarrollo humano, teniendo presentes los aspectos económicos y sociales del mismo. Por esta razón, todas estas cuestiones tienen implicaciones éticas. Los hechos confirman que los países industrializados hacen grandes esfuerzos reales y están dispuestos a realizarlos para proteger su ambiente. Ello les exige recurrir a técnicas de producción no contaminantes y tener un alto sentido de responsabilidad. El problema del ambiente se plantea igualmente en los países en desarrollo. En este último caso los mayores problemas nacen de la explotación mal controlada de los recursos naturales, del empleo de técnicas agrícolas anticuadas que agotan el terreno, o también de la implantación anárquica de firmas – extranjeras frecuentemente – muy contaminantes. En dichas regiones, la adopción de tecnologías apropiadas podría prevenir la degradación del medio ambiente. En todo caso, sería simplista echar sobre las poblaciones de estas regiones, la responsabilidad de las lluvias ácidas o de otros fenómenos recordados aquí o allá a propósito de los desequilibrios ecológicos del planeta.

SEGUNDA PARTE

ACTITUDES RESPECTO DE LAS REALIDADES DEMOGRÁFICAS

Capítulo I

CONTROL DE LA POBLACIÓN Y DESARROLLO

24. La mención de los índices de evolución demográfica a menudo desencadena vivas reacciones; se presentan cifras globales que expresan la relación entre crecimiento demográfico y natalidad. Según este tipo de reflexión, el control de la natalidad sería la condición indispensable y previa al «desarrollo duradero» de los países pobres. Se entiende por «desarrollo duradero» un desarrollo en el que los diferentes factores (alimentación, salud, educación, tecnologías, población, ambiente, etc.) que se hallan en juego, estén armonizados para evitar desequilibrios de crecimiento y pérdida de recursos. Son las naciones desarrolladas quienes definen para los demás países, lo que, según su punto de vista, es «desarrollo duradero». Esto explica el que algunos de los países ricos y las grandes organizaciones internacionales estén de verdad dispuestos a ayudar económicamente a estos países, pero con una condición: que acepten programas de control sistemático de su natalidad.

Los que reaccionan así, generalmente no han asimilado la lógica de los mecanismos demográficos y, más concretamente, el fenómeno de auto-regulación constatada en las cifras. Ignoran o infraestiman, por tanto, la importancia de los descensos de la tasa de natalidad que se constata en los países en vías de desarrollo e igualmente la disminución demográfica de los países industrializados.

25. Es difícil encontrar en la historia el ejemplo de un país con tendencia prolongada (más de veinticinco años) de la disminución de su población y que, a su vez, gozara de un desarrollo económico sustancial. Incluso se ha demostrado que el crecimiento demográfico con frecuencia ha precedido al crecimiento económico. La Iglesia, atenta a las lecciones de la historia, expresadas en algunos hechos recientes, no puede aceptar que se tome a las poblaciones más pobres como «víctimas expiatorias» del subdesarrollo. La Iglesia considera esta posición especialmente inoportuna cuando se contempla a los países sumidos en graves dificultades económicas, precisamente cuando tienen una densidad demográfica baja y abundantes recursos explotables. Por otra parte, la Iglesia no puede desconocer las evoluciones demográficas negativas de los países industrializados, justamente porque los efectos de dichas evoluciones no pueden ser neutros. Al mismo tiempo, la Iglesia desea entablar un diálogo constructivo con los que siguen convencidos de la necesidad de realizar un control imperativo de población, y con los Gobiernos e Instituciones que se ocupan de políticas de la población, ya que existen problemas demográficos reales, si bien frecuentemente son vistos desde una óptica equivocada y se proponen soluciones depravadas para resolverlos.

26. Conviene indicar ahora los métodos principales de quienes proclaman la limitación del crecimiento de la población y ven en ella una de las primeras condiciones del desarrollo económico y social. Enumerando estos métodos, pondremos una especial atención al problema del aborto.

Capítulo II

MÉTODOS DE CONTROL DE LA POBLACIÓN

27. Es de todos un hecho conocido la existencia de una amplia red internacional de organizaciones bien financiadas, con el objetivo de reducir la población. Dichas organizaciones comparten, en medidas diversas, una óptica parecida y preconizan políticas antinatalistas. Algunas de estas organizaciones con frecuencia actúan en conexión con compañías que preparan, producen y distribuyen sustancias y dispositivos contraceptivos (por ej., el «dispositivo intra-uterino» DIU) o aconsejan la esterilización e incluso el aborto. Dichas organizaciones promueven, divulgan y con frecuencia aplican, métodos muy variados para reducir la población.

.

28. El Santo Padre ha denunciado estas «campañas sistemáticas contra la natalidad»(21). Algunas campañas están organizadas y financiadas por organizaciones internacionales (públicas o privadas), dirigidas con frecuencia por los Gobiernos. Estas campañas, frecuentemente, se llevan a cabo invocando la salud y el bienestar de la mujer y se destinan a los jóvenes bajo forma de programas de educación sexual antinatalista. Conviene destacar de paso que entre los factores que controlan la demografía hay uno, en diversos países, que no por ser indirecto es menos importante: la falta de vivienda adecuada para las familias. En todo caso, los métodos elaborados para controlar directamente los nacimientos son actualmente los medios principales en curso en el control demográfico.

Abordaremos aquí principalmente los métodos recientemente desarrollados, haciendo notar que los métodos «tradicionales» (mecánicos, coitus interruptus, p.e.) siguen empleándose todavía hoy abundantemente. Todos estos métodos artificiales plantean problemas éticos importantes sobre cuanto concierne a la vida humana y sobre los derechos de la persona y de la familia.

1. Contracepción hormonal

29. La contracepción hormonal figura entre los métodos modernos de limitación de la población, difundidos en gran escala a nivel internacional. Algunas relaciones preparadas por organizaciones internacionales publican periódicamente estadísticas sobre el número de mujeres que realizan este tipo de contracepción. Otras relaciones dan a conocer asimismo las iniciativas de ciertas organizaciones para estimular y financiar investigaciones sobre estos productos y divulgarlos ampliamente.

30. En algunas aplicaciones recientes, la contracepción hormonal plantea problemas nuevos. En efecto, se sabe que la píldora de la primera generación – estroprogestativa – tiene efecto esencialmente anticonceptivo: hace imposible la concepción al bloquear la liberación del óvulo. Ahora bien, entre las píldoras presentadas hoy como contraceptivas, las hay que producen efectos diversos según el caso(22) . Así, la píldora actúa sea impidiendo la concepción sea impidiendo la anidación del óvulo ya fecundado, es decir, de un individuo de la especie humana. En este último caso y no obstante los eufemismos acostumbrados en estas materias, dichas píldoras provocan el aborto del óvulo fecundado. La mujer que utiliza una píldora de este tipo o algún otro método nuevo de contracepción hormonal(23) , nunca tiene la posibilidad de saber exactamente qué está ocurriendo, ni si en concreto se aborta.

2. Esterilización

31. Otro método de control demográfico es la esterilización femenina y masculina, que está también muy promocionada en numerosos países. El modo de propagar la esterilización plantea cuestiones graves sobre los derechos del hombre y el respeto de la persona. Tales cuestiones se refieren especialmente a la honradez y calidad de la información dada acerca de la esterilización y sus consecuencias, así como al grado de consentimiento lúcido y libre obtenido de tales personas. La cuestión de la competencia del consentimiento se plantea con frecuencia cuando las personas poseen un nivel educativo poco elevado. Como en otros casos, también aquí se recurre al eufemismo; por ejemplo, a propósito de la ligadura de las trompas se hablará de «contracepción quirúrgica voluntaria femenina».

En el plano moral, al ser una supresión deliberada de la función procreativa, la esterilización no sólo viola la dignidad humana sino que incluso suprime toda debida responsabilidad en el terreno de la sexualidad y la procreación. Los programas de esterilización han provocado muchas fuertes protestas, con repercusiones políticas directas en ciertos casos. De hecho, por ser habitualmente irreversible, la esterilización quirúrgica, a largo término, puede tener efectos demográficos más netos que la misma contracepción o el aborto.

3. Aborto

32. No obstante ciertos desmentidos, el aborto (quirúrgico y farmacológico) se presenta abierta o veladamente como método de control de la población. Esta tendencia se observa incluso en instituciones que en sus orígenes no habían incluido en sus programas el aborto. Puede uno preguntarse en qué medida se ha puesto en práctica después de la Conferencia Internacional de Méjico sobre la Población, la Recomendación aprobada por dicha Conferencia que rechazaba el aborto como método de control demográfico.

33. La Recomendación 18 de dicha Conferencia dice: «No se ahorrará esfuerzo alguno por disminuir la enfermedad y mortalidad maternas». Y, a propósito de la salud de la mujer, precisa: «Se invita instantemente a los Gobiernos (…) a tomar las medidas oportunas para ayudar a la mujer a evitar el aborto, que en ningún caso se ha de aconsejar como método de planificación familiar; y, en la medida de lo posible, a tratar con humanidad a las mujeres que han practicado el aborto y proporcionarles servicios de asesoramiento»(24) .

34. Esta Recomendación fue aceptada por la asamblea de las naciones que participaban en la Conferencia. Se dirigía a los Gobiernos, algunos de los cuales destinan fondos a organizaciones de control de la población. Sin embargo, las actividades e investigaciones efectuadas por cuenta de dichas organizaciones prueban que en la práctica no se aplica la Recomendación 18. Muchas de estas organizaciones preconizan, al menos de facto, el aborto entre los métodos de planificación familiar.

35. En las sociedades desarrolladas, algunas mujeres consideran el aborto una solución de emergencia en caso de haber fracasado la contracepción. En los países en vías de desarrollo se tiende a facilitar el recurso al aborto en cuanto método eficaz de control demográfico, sobre todo entre los estratos más pobres de la población.

36. Además de los diversos métodos quirúrgicos, se han elaborado métodos químicos para provocar el aborto. Podemos mencionar las vacunas anti-embarazo(25) , inyecciones a base de progestativos como la Depo-Provera o el Noristerat(26) , las prostaglandinas, la administración de altas dosis de ostroprogestativos (llamada comúnmente la píldora del día siguiente) y también la píldora abortiva RU486 preparada por el Laboratorio Roussel-Uclaff, filial de Hoechst. Además, en el contexto del aborto precoz, puede incluirse el dispositivo intrauterino (esterilete).

4. Infanticidio

37. Y, finalmente, hay que recordar que en ciertos países se sigue practicando el infanticidio a fin de controlar la población. Las niñas suelen ser con más frecuencia las víctimas inocentes.

TERCERA PARTE

POSICIÓN ÉTICA Y PASTORAL DE LA IGLESIA CATÓLICA

38. La Iglesia, lejos de permanecer indiferente a las diversas evoluciones demográficas, sopesa, por el contrario, su alcance y conoce su complejidad. No obstante, ella tiene que proclamar que entre las actitudes posibles ante este problema, no todas son moralmente aceptables. La postura de la Iglesia en esta materia no puede ser dictada por meras consideraciones cuantitativas. Es, ante todo, consecuencia de la verdad sobre el hombre(27) y de una determinada concepción de la persona y de la sociedad humana.

39. Vamos a exponer a grandes líneas esta postura de la Iglesia. En primer lugar resumiremos la enseñanza de los Papas sobre el tema. Veremos después cuáles son los principios que la Iglesia pone en evidencia para aportar su contribución a la comprensión de los datos relativos a la población. Por último, enunciaremos algunos tipos de acciones que sería oportuno enfocar o estimular.

Capítulo I

ENSEÑANZA DE LOS PAPAS

40. La enseñanza de los Papas sobre cuestiones morales relativas a la población está comprendida en un cuerpo de doctrina con varias secciones: la enseñanza sobre la sexualidad y la familia, y también la enseñanza referente a la sociedad y a los poderes públicos. Bajo este cuerpo de doctrina subyace toda una visión del hombre como centro de la Creación y llamado a la salvación.

La Iglesia siempre ha considerado que el control programado de nacimientos que recurre a medios directa o indirectamente coercitivos, con el fin de limitar cuantitativamente la población, no contribuye al auténtico desarrollo humano. Por otra parte, anticipándose a ciertas críticas contemporáneas sobre teorías y prácticas «controladoras», los Papas han considerado con suma prudencia lo que a veces se llama «crisis de la población». Es necesario, sin embargo, hacer notar que los Pontífices han observado atentamente las evoluciones demográficas, hasta el punto de prestar atención tanto al crecimiento demográfico de ciertas regiones como al descenso observado en otros lugares. Al mismo tiempo, los Papas se han esforzado con tesón por promover la justicia, la paz y el desarrollo. De este modo querían contribuir a resolver los problemas de la pobreza y del hambre atacándolos en su raíz. Esta enseñanza de los Papas se halla expuesta en varios documentos. Sólo mencionaremos aquí los más incisivos, limitándonos, casi por completo, a los últimos Papas y al Concilio Vaticano II.

1. De Juan XXIII a Pablo VI

41. En su Encíclica Mater et Magistra, de 1961, el Papa Juan XXIII aludía a los problemas de la alimentación y a las cuestiones demográficas. Escribía: «Estos problemas deben plantearse y resolverse de modo que no recurra el hombre a métodos y procedimientos contrarios a su propia dignidad como son los que enseñan sin pudor quienes profesan una concepción totalmente materialista del hombre y de la vida»(28) .

42. En la Constitución pastoral Gaudium et Spes (de 1965), los Padres del Concilio Vaticano II, aludiendo a las evoluciones demográficas, reafirman los derechos de la familia y rechazan las soluciones inmorales, incluido el aborto y el infanticidio(29) . Asimismo abogan por el derecho y deber de la «paternidad responsable», cuya exigencia sólo puede ser cumplida dentro del matrimonio. «En el deber de transmitir la vida humana y de educarla, lo cual hay que considerar como su misión propia, los cónyuges saben que son cooperadores del amor de Dios Creador y como sus intérpretes. Por eso, con responsabilidad humana y cristiana cumplirán su misión, y con dócil reverencia hacia Dios se esforzarán ambos, de común acuerdo y común esfuerzo, por formarse un juicio recto, atendiendo tanto a su propio bien personal como al bien de los hijos, ya nacidos o todavía por venir, discerniendo las circunstancias de los tiempos y de la situación de la vida, tanto materiales como espirituales, y, finalmente, teniendo en cuenta el bien de la comunidad familiar, de la sociedad temporal y de la propia Iglesia. Este juicio, en último término deben formarlo ante Dios los esposos personalmente»(30) .

43. Este mismo documento conciliar subraya la importancia del crecimiento demográfico de ciertas naciones. Afirman los Padres conciliares: «Es sobremanera necesaria la cooperación internacional en favor de aquellos pueblos… que se ven agobiados por la dificultad que proviene del rápido aumento de su población. Urge la necesidad de que, por medio de una plena e intensa colaboración de todos los países, pero especialmente de los más ricos, se halle el modo de disponer y facilitar a toda la comunidad humana aquellos bienes que son necesarios para el sustento y para la conveniente educación del hombre». Y, además, el Concilio recuerda los límites de la «autoridad pública» y exhorta a todos «a que se prevengan frente a las soluciones propuestas en privado o en público, y a veces impuestas, que contradicen a la moral»(31)

.

44. En su histórica alocución en la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1965, el Papa Pablo VI decía: «Aquí proclamáis los derechos y deberes fundamentales del hombre, su dignidad, su libertad y ante todo la libertad religiosa. Percibimos que sois los intérpretes de cuanto hay de más alto en la sabiduría humana. Diríamos casi: su carácter sacro. Porque en primer lugar se trata de la vida del hombre y la vida del hombre es sagrada; nadie puede osar atentar contra ella. Precisamente en vuestra asamblea es donde se debe profesar más altamente y defender con más razón, el respeto a la vida incluso en lo referente al gran problema de la natalidad. Vuestra tarea consiste en conseguir que el pan sea suficientemente abundante en la mesa de la humanidad y no en fomentar el control artificial de nacimientos – que sería irracional – , a fin de disminuir el número de comensales en el banquete de la vida»(32).

45. A propósito de las realidades demográficas, en 1967 escribía Pablo VI en su Encíclica Populorum Progressio: «Es cierto que los poderes públicos, dentro de los límites de su competencia pueden intervenir, llevando a cabo una información apropiada y adoptando las medidas convenientes, con tal de que estén de acuerdo con las exigencias de la ley moral y respeten la justa libertad de los esposos. Sin derecho inalienable al matrimonio y a la procreación, no hay dignidad humana. Al fin y al cabo, es a los padres a los que toca decidir, con pleno conocimiento de causa, el número de sus hijos, aceptando sus responsabilidades ante Dios, ante los hijos que ya han traído al mundo y ante la comunidad a la que pertenecen, siguiendo las exigencias de su conciencia instruida por la ley de Dios, auténticamente interpretada y sostenida por la confianza en Él»(33) .

46. El Papa Pablo VI reiteraba estas enseñanzas en la Encíclica Humanae Vitae (de 1968). Explicaba así la «paternidad responsable»: «El amor conyugal exige a los esposos una conciencia de su misión de ?paternidad responsable? sobre la que hoy tanto se insiste con razón y que hay que comprender exactamente. Hay que considerarla bajo diversos aspectos legítimos y relacionados entre sí. En relación con los procesos biológicos, paternidad responsable significa conocimiento y respeto de sus funciones; en el poder de dar la vida, la inteligencia descubre leyes biológicas que forman parte de la persona humana. En relación con las tendencias del instinto y de las pasiones, la paternidad responsable comporta el dominio necesario que sobre ellas han de ejercer la razón y la voluntad. En relación con las condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales, la paternidad responsable se pone en práctica, ya sea con la deliberación ponderada y generosa de tener una familia numerosa, ya sea con la decisión tomada por graves motivos y en el respeto de la ley moral, de evitar un nuevo nacimiento durante algún tiempo o por tiempo indefinido. La paternidad responsable comporta sobre todo una vinculación más profunda con el orden moral objetivo establecido por Dios, cuyo fiel intérprete es la recta conciencia. El ejercicio responsable de la paternidad exige, por tanto, que los cónyuges reconozcan plenamente sus propios deberes para con Dios, para consigo mismos, para con la familia y la sociedad, en una justa jerarquía de valores. En la misión de transmitir la vida, los esposos no quedan por tanto libres de proceder arbitrariamente, como si ellos pudiesen determinar de manera completamente autónoma los caminos lícitos a seguir, sino que deben conformar su conducta a la intención creadora de Dios, manifestada en la misma naturaleza del matrimonio y de sus actos, y constantemente enseñada por la Iglesia»(34) .

La paternidad maternidad responsables comprenden no sólo decisiones prudentes de los esposos sino también el rechazo de los medios artificiales de control de nacimientos y, cuando existen serias razones, la elección de la regulación natural de la fertilidad.(35)

47. En la Humanae Vitae , el Papa Pablo VI llamó la atención sobre el hecho de que las autoridades públicas pueden verse tentadas a imponer a los pueblos métodos artificiales de control de nacimientos(36) . Por esta razón hizo un llamamiento a dichas autoridades: «A los gobernantes, que son los primeros responsables del bien común y que tanto pueden hacer para salvaguardar las costumbres morales: no permitáis que se degrade la moralidad de vuestros pueblos; no aceptéis que se introduzcan legalmente en la célula fundamental que es la familia, prácticas contrarias a la ley natural y divina. Es otro el camino por el cual los poderes públicos pueden y deben contribuir a la solución del problema demográfico: el de una cuidadosa política familiar y de una sabia educación de los pueblos, que respete la ley moral y la libertad de los ciudadanos»(37) .

48. En su Carta Apostólica de 1971, Octogesima Adveniens, Pablo VI estudia el problema de la urbanización(38) . Y escribe a propósito del crecimiento demográfico: «Es inquietante comprobar en este campo una especie de fatalismo que se apodera incluso de los responsables. Este sentimiento conduce a veces a soluciones maltusianas aguijoneadas por la propaganda activa en favor de la anticoncepción y del aborto. En esta situación crítica hay que afirmar, por el contrario, que la familia, sin la cual ninguna sociedad puede subsistir, tiene derecho a una asistencia que le asegure las condiciones de una sana expansión»(39).

49. En los años 60 se vio claramente que las naciones ricas consideraban un instrumento indispensable para el desarrollo, el control de la población. El 9 de noviembre de 1974, dirigiéndose Pablo VI a la Conferencia Mundial de la Organización de la Alimentación y la Agricultura (FAO), denunció «una acción irrazonable y unilateral contra el crecimiento demográfico». Y añadió con fuerza: «Es inadmisible que quienes poseen el control de los bienes y recursos de la humanidad traten de resolver el problema del hambre impidiendo que los pobres nazcan o dejando morir de hambre a los niños cuyos padres no entran en el cuadro de puras hipótesis sobre el porvenir de la humanidad. En otros tiempos, en un pasado que esperamos no vuelva, ha habido naciones que han declarado la guerra a fin de apoderarse de las riquezas de sus vecinos. Pero ¿acaso no es una forma nueva de guerra imponer a las naciones una política demográfica limitadora a fin de que no reclamen la parte que les corresponde de los bienes de la tierra?»(40).

2. Juan Pablo II

50. Con esta enseñanza pontificia puede vincularse el Mensaje a las familias cristianas de los obispos en ocasión del Sínodo sobre la Familia, celebrado en Roma en 1980. En dicho mensaje, los Padres sinodales escribían entre otras cosas: «Es frecuente ver a Gobiernos y Organizaciones internacionales presionando sobre las familias… Éstas se ven obligadas – y a ello nos oponemos con vehemencia – a emplear medios inmorales como la contracepción o, peor aún, la esterilización, el aborto y la eutanasia, con el fin de resolver los problemas demográficos y sociales. Por ello el Sínodo recomienda encarecidamente que se redacte una Carta de los Derechos de la Familia que garantice sus derechos en el mundo entero»(41).

51. En su Exhortación Apostólica Familiaris Consortio de 1982, el Papa Juan Pablo II estudiaba el surgir de una mentalidad secularizante opuesta a la vida: «Piénsese, por ejemplo, en un cierto pánico derivado de estudios de ecólogos y futurólogos sobre la demografía, que a veces exageran el peligro que el incremento demográfico representa para la calidad de la vida. Pero la Iglesia cree firmemente que la vida humana, aún débil y enferma, es siempre un don espléndido del Dios de la bondad. Contra el pesimismo y egoísmo que ofuscan el mundo, la Iglesia está en favor de la vida… Por esto, la Iglesia condena como ofensa grave a la dignidad humana y a la justicia, todas aquellas actividades de los Gobiernos o de otras autoridades públicas, que tratan de limitar, del modo que sea, la libertad de los esposos en la decisión sobre los hijos. Por consiguiente, hay que condenar totalmente y rechazar con energía cualquier violencia ejercida por tales autoridades en favor del anticoncepcionismo e incluso de la esterilización y el aborto provocado».

«La Iglesia es ciertamente consciente también de los múltiples y complejos problemas que hoy afectan en muchos países a los esposos en su cometido de transmitir responsablemente la vida. Conoce también el grave problema del incremento demográfico como se plantea en varias partes del mundo, con las implicaciones morales que comporta».

«Ella cree, sin embargo, que una consideración profunda de todos los aspectos de tales problemas, ofrece una nueva y más fuerte confirmación de la importancia de la doctrina auténtica acerca de la regulación de la natalidad, propuesta de nuevo en el Concilio Vaticano II y en la Encíclica Humanae Vitae »(42) .

52. El Papa retomó este tema en 1984, en una alocución al Secretario de la Conferencia Internacional de Méjico sobre la Población. Asumió la defensa de los derechos del individuo, la familia, la mujer y los jóvenes en los términos siguientes: «Las experiencias y tendencias de estos últimos años ponen en evidencia los efectos profundamente negativos de los programas de contracepción. Estos programas han incrementado la permisividad sexual y estimulado a conductas irresponsables, con graves consecuencias para la educación de los jóvenes y la dignidad de la mujer. Distribuyendo contraceptivos a adolescentes, han perjudicado la verdadera noción de «paternidad responsable» y de «planificación familiar». Más aún, comenzando con programas de contracepción, de hecho se ha pasado muchas veces en la práctica a la esterilización y el aborto, financiada por Gobiernos y organizaciones internacionales»(43) .

La delegación de la Santa Sede en esta Conferencia propuso una resolución que fue aceptada, la cual urgía a los Gobiernos «a tomar las oportunas medidas para ayudar a las mujeres a evitar el aborto que, en ningún caso, debería fomentarse como medio de planificación familiar»(44) .

53. Asimismo, con la aprobación explícita del Papa Juan Pablo II se publicó en 1987 la Instrucción Donum Vitae. El estudio de los problemas planteados por las nuevas prácticas biomédicas ha dado ocasión para volver a examinar el derecho de la sociedad de velar por la transmisión de la vida humana. Ésta ha de darse en el contexto del amor interpersonal. Por tanto, hay que proteger la célula familiar. A la luz del principio de subsidiaridad, es preciso también reafirmar que los poderes públicos tienen el deber de proteger a la familia. Lejos de intervenir abusivamente en el control de la transmisión de la vida, deben dedicarse, por el contrario, a hacerla respetar ya desde su mismo origen (45)

54. En su Carta Encíclica de 1987, Sollicitudo Rei Socialis, escribe Juan Pablo II: «No se puede negar la existencia – sobre todo en la parte Sur de nuestro planeta – de un problema demográfico que crea dificultades al desarrollo. Es preciso afirmar enseguida que en la parte Norte este problema es de signo inverso: aquí lo que preocupa es la caída del índice de natalidad, con repercusiones en el envejecimiento de la población, incapaz incluso de renovarse biológicamente. Fenómeno éste capaz de obstaculizar de por sí el desarrollo. Como tampoco es exacto afirmar que tales dificultades provengan solamente del crecimiento demográfico; no está demostrado siquiera que cualquier crecimiento demográfico sea incompatible con un desarrollo ordenado. Por otra parte, resulta muy alarmante constatar en muchos países el lanzamiento de campañas sistemáticas contra la natalidad por iniciativa de sus Gobiernos, en contraste no sólo con la identidad cultural y religiosa de los mismos países, sino también con la naturaleza del mismo desarrollo. Sucede a menudo que tales campañas son debidas a presiones y están financiadas por capitales provenientes del extranjero y, en algún caso, están subordinadas a las mismas y a la asistencia económico-financiera. En todo caso, se trata de una falta absoluta de respeto por la libertad de decisión de las personas afectadas, hombres y mujeres, sometidos a veces a intolerables presiones incluso económicas, para situarlas bajo esta nueva forma de opresión. Son las poblaciones más pobres las que sufren los atropellos, y ello llega a originar en ocasiones la tendencia a un cierto racismo, o favorece la aplicación de ciertas formas de eugenismo, igualmente racistas. También este hecho, que reclama la condena más enérgica, es indicio de una concepción errada y perversa del verdadero desarrollo humano»(46).

55. El mismo Papa Juan Pablo II, en su Encíclica Centesimus Annus que conmemora en 1991 los cien años de la Rerum Novarum, escribe a propósito de la población: «El ingenio del hombre parece orientarse, en este campo, a limitar, suprimir o anular las fuentes de la vida, recurriendo incluso al aborto, tan extendido por desgracia en el mundo, más que a defender y abrir posibilidades a la vida misma. En la Encíclica Sollicitudo Rei Socialis han sido denunciadas las campañas sistemáticas contra la natalidad que, sobre la base de un concepto deformado del problema demográfico y en un clima de «absoluta falta de respeto por la libertad de decisión de las personas interesadas», las someten frecuentemente «a intolerables presiones… para plegarlas a esta nueva forma de opresión». Se trata de políticas que con técnicas nuevas extienden su radio de acción hasta llegar, como en una «guerra química», a envenenar la vida de millones de seres humanos indefensos»(47).

56. No puede olvidarse tampoco el Discurso pronunciado por el Santo Padre el 22 de noviembre de 1991, en la Audiencia a la Academia Pontificia de las Ciencias, que había dedicado una semana de estudio sobre la relación entre «Recursos y Población». Decía el Papa: «Es opinión difundida que el control de nacimientos es el método más fácil para resolver el problema de fondo, desde el momento en que la reorganización a escala mundial de los procesos de producción y reparto de los recursos necesitaría una enorme cantidad de tiempo y tendría implicaciones económicas inmediatas».

«Es consciente la Iglesia de la complejidad del problema que debe afrontarse sin retardo, teniendo en cuenta, sin embargo, la diversidad de situaciones regionales que a veces incluso son de signo contrapuesto. Hay países con altísimo índice de crecimiento demográfico y otros que experimentan un acusado envejecimiento de su población. Con frecuencia son estos últimos los que con su consumo son los mayores responsables de la degradación del ambiente».

«Cuando se desee intervenir, la urgencia no ha de llevar a cometer errores, es decir, a la aplicación de métodos disconformes con la naturaleza del hombre para llegar a provocar efectos dramáticos de hecho. Por esto, la Iglesia ?experta en humanidad? (cf. Pablo VI), reconociendo el principio de la paternidad y maternidad responsables, considera un deber esencial llamar la atención vigorosamente sobre la moralidad de los métodos, que siempre habrán de respetar a la persona y sus derechos inalienables».

«El crecimiento y la reducción forzada de la población se deben en parte a carencia de instituciones sociales; los daños al ambiente y la insuficiencia de recursos naturales derivan muchas veces de errores de los hombres. Aunque en el mundo se producen bienes alimenticios suficientes para todos, cientos de millones de personas padecen hambre, mientras que en otros lugares se ven ejemplos manifiestos de despilfarro de alimentos».

«Teniendo en cuenta los muchos y variados comportamientos humanos incorrectos, es preciso dirigirse primero a los que son más responsables».

«Hay que hacer frente al crecimiento demográfico no sólo ejerciendo la paternidad y maternidad responsables dentro del respeto de la ley divina, sino también con medios económicos que incidan profundamente en las instituciones sociales».

«Sobre todo en los países en vías de desarrollo, donde gran parte de la población es joven, se debe paliar la enorme insuficiencia de estructuras educativas referentes a la instrucción, difusión de la cultura y formación profesional. Hay que promover la situación de la mujer, en cuanto elemento esencial de modernización de la sociedad»(48).

57. Al invitar a una actitud responsable en relación con la procreación, declaraba el Santo Padre: «Gracias a los progresos de la medicina, que han reducido la mortalidad infantil y alargado la esperanza de vida media, gracias también al desarrollo de la tecnología, se ha verificado un cambio real en las condiciones de vida. Hay que afrontar estas nuevas condiciones no sólo con razonamientos científicos sino – y esto es lo más importante – recurriendo a todas las energías intelectuales y espirituales disponibles. Las gentes necesitan redescubrir el significado moral del respeto de los límites; deben crecer y madurar en el significado de su responsabilidad respecto de cada uno de los aspectos de la vida (cf. Mater et Magistra, 195; Humanae Vitae , passim: Gaudium et Spes, 51-52)».

«Si la familia humana no toma medidas en esta dirección, puede llegar a ser víctima de una tiranía devastadora que violaría una faceta fundamental del significado de la existencia humana, o sea, dar la vida a nuevos seres humanos y conducirlos a la madurez».

«Por todo ello, una de las funciones de los poderes públicos consiste en tener reglamentaciones capaces de conciliar la política de la natalidad con el respeto del sentido libre y personal de las responsabilidades (cf. Gaudium et Spes, 87). La intervención política que tenga cuenta de la naturaleza del hombre puede influir en la evolución demográfica, pero al mismo tiempo debe asegurar la redistribución de los recursos económicos entre los ciudadanos. En caso contrario se corre el riesgo de que tales reglamentaciones carguen principalmente sobre los más débiles y más pobres, añadiendo injusticia a injusticia».

El Papa concluía: «El hombre – la única criatura sobre la tierra que Dios ha querido por sí misma – (Gaudium et Spes, 24), es sujeto de derechos y deberes primordiales que anteceden a los derivados de la vida social y política (cf. Pacem in Terris, 5, 35). La persona humana es «el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales» (Gaudium et Spes, 25) y por esta razón las autoridades deben tener siempre presentes en su espíritu los límites de sus competencias. Por su parte, la Iglesia invita a la familia humana a planificar su futuro, estimulada no por preocupaciones materiales únicamente, sino sobre todo por el respeto al orden establecido por Dios en la creación»(49).

58. En 1992 tuvo lugar en Río de Janeiro la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio ambiente y el Desarrollo. En su intervención del 13 de junio, el Cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado, declaraba: «No puede justificarse moralmente la actitud de una parte del mundo que, sin dejar de proclamar los derechos del hombre, se atreve a pisotear los de las personas que se hallan en situaciones menos privilegiadas y ?a la manera de una dictadura devastadora? (Juan Pablo II, Discurso del 22 de noviembre de 1991 a la Academia Pontificia de las Ciencias, n. 6) decide el número de hijos que pueden tener estas personas, amenazándolas con condicionar las ayudas al desarrollo según estas decisiones»(50).

59. También en 1992 los obispos de Latinoamérica recogieron las enseñanzas de Juan Pablo II y las aplicaron a la situación real de sus países. Durante la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Santo Domingo, unos doscientos obispos asistentes a la misma enviaron a la Organización de las Naciones Unidas y a sus diversos Organismos un Mensaje en defensa de la vida y denunciaban más concretamente las campañas sistemáticas contra la natalidad llevadas a cabo por instituciones internacionales y de los Gobiernos(51).

3. Dignidad del hombre y justicia

60. Cuando el Magisterio de la Iglesia estudia las evoluciones demográficas, vuelve a afirmar la naturaleza sagrada de la vida humana, la responsabilidad de la transmisión de la vida, los derechos inherentes a la paternidad y maternidad, los valores del matrimonio y de la vida familiar, en los que los hijos son don de Dios Creador(52) . Frente a los partidarios del control de la población y sin negar las realidades de las situaciones humanas, la Iglesia toma el partido de la justicia al defender los derechos de mujeres y hombres, familias y jóvenes, y de los llamados con el hermoso apelativo de nascituri, es decir, los niños que van y deben nacer. Dejando claro que el control de la población no puede ciertamente ser la sustitución del desarrollo verdadero, los Papas afirman el derecho de todos los hombres a beneficiarse de los abundantes recursos de la tierra y de la inteligencia humana.

61. Los Papas no pueden suscribir las declaraciones alarmistas sobre las varias evoluciones demográficas mundiales. A medida que pasan los años, los hechos demuestran que se debe revisar a fondo esta lectura alarmista. Las ideologías que niegan la posibilidad de formar los hombres de modo que sepan gobernar responsablemente su fecundidad y abrigan sentimientos de inseguridad y miedo, basados en una «penuria» amenazadora y/o en la degradación del ambiente, parecen ignorar la diversidad y complejidad de los diferentes aspectos de las realidades demográficas. Dichas ideologías conceden escaso valor no sólo a los recursos naturales sino, sobre todo, a la capacidad propia del hombre para explotar con más juicio estos recursos – a comenzar por los recursos humanos – , para distribuirlos mejor, para dotar a la sociedad humana de instituciones capaces de ser a la vez, eficaces y respetuosas de las exigencias de la justicia.

Capítulo II

PRINCIPIOS ÉTICOS PARA UNA ACTITUD PASTORAL

62. La ansiedad de cuantos evocan sin tregua «la crisis demográfica mundial» no parece que esté justificada por las evoluciones diferenciadas, constatadas realmente, de la población en los distintos países del mundo. De hecho esta inquietud es expresión de una especie de ideología del miedo por el porvenir y desconfianza en el hombre. Esta actitud «aseguradora» se encuentra en diferentes momentos de la historia con formulaciones diversas pero fundamentalmente convergentes. Hipoteca la solidaridad entre generaciones y entre naciones. La Iglesia debe iluminar a los hombres y ayudarles a reflexionar sobre esta ideología expresada muy frecuentemente por los mass media.

1. Aportación de la enseñanza social de la Iglesia

63. En primer lugar la Iglesia llama la atención con apremio sobre la aparición solapada de una nueva forma de pobreza. Esta nueva forma de pobreza se manifiesta concretamente en actitudes negativas frente a la vida y la familia. Dichas actitudes llevan a olvidar la solidaridad; abandonan a los hombres en la soledad; no son suficientemente acogedoras para las generaciones futuras ni bastante sensibles a la falta de población. Son actitudes que revelan la peor de las pobrezas: la pobreza moral.

64. Los logros positivos heredados del reemplazo de las generaciones pasadas corren el riesgo de peligrar o incluso de perderse en parte, por falta de hombres capaces de transmitirlos. Peligra la transmisión del patrimonio común de la humanidad, constituido por valores morales y religiosos, los bienes de la cultura, las artes, las ciencias y las técnicas. Este patrimonio puede transmitirse y enriquecerse sólo con la aportación de nuevas generaciones de hombres. Los primeros que padecerían por este empobrecimiento y declive serían precisamente los más desposeídos de los hombres, ya que las sociedades opulentas, pero envejecidas, corren el riesgo, a la vez, de hundirse en un egoísmo creciente. De aquí que la Iglesia debe manifestar sin tregua su opción preferencial, si bien no exclusiva, por los más vulnerables(53)

65. La Iglesia es asimismo consciente de la realidad de las evoluciones demográficas en los países en vías de desarrollo. Afirma que todo hombre y todo pueblo están llamados al desarrollo. Hay modo de remediar las desigualdades entre las condiciones en la existencia, en el poseer, en el saber y en el saber hacer. Nunca es una fatalidad el subdesarrollo. Es posible poner en ejecución dinámicas de desarrollo que consientan a cada hombre y a cada pueblo desplegar sus virtualidades y vencer así el subdesarrollo. Entre otros, el acceso de todos al saber es una prioridad absoluta a fin de que cada uno de los hombres y las naciones se hallen en grado de resolver satisfactoriamente por sí mismos los problemas elementales de subsistencia y desarrollo, evidentes en el cuadro de la solidaridad internacional(54).

66. En cuanto concierne a las realidades demográficas, la búsqueda de una actitud humana en las respuestas dadas es clarificada por la doctrina de la Iglesia sobre el bien común, sobre lo superfluo y sobre el destino universal de los bienes(55) . La perspectiva del bien común universal exige una solidaridad efectiva entre los pueblos, que pueda dirigir los esfuerzos de cada uno en beneficio de todos. Nadie – sea individuo o nación – está justificado para hacer prevalecer su bien particular por encima de las exigencias del bien común de la familia humana.

67. La Iglesia enseña igualmente que la justicia exige que los pueblos más favorecidos compartan su superfluo con los que se ven privados de los bienes necesarios para vivir(56).

68. En cuanto a las enseñanzas sobre el destino universal de los bienes, recuerda que según el designio del Creador, el conjunto de los bienes de la humanidad incluidos los bienes espirituales e intelectuales está a disposición de la comunidad humana presente y futura, y ante ellos cada generación debe comportarse responsablemente(57).

69. El principio de subsidiaridad se aplica también al terreno de la población. Como los últimos Papas han indicado, la Iglesia reconoce a los poderes públicos – dentro de los límites de sus competencias – un derecho en esta materia, pero afirma, asimismo, que el Estado no puede arrogarse en este campo las responsabilidades que no pueden quitar a los esposos. Con mayor razón, el Estado no puede chantajear, ni coactar, ni ejercer violencia para conseguir que las parejas se sometan a sus intimidaciones en esta materia(58) . Toda política demográfica autoritaria, sea encubierta o declarada, es inaceptable. Por el contrario, corresponde al Estado proteger a la familia y la libertad de los esposos, garantizar la vida de los inocentes y, especialmente, hacer respetar a la mujer en su dignidad de madre(59). Para desempeñar estas funciones primordiales, el Estado y las Autoridades públicas en general, deben adoptar políticas apropiadas, especialmente en el campo fiscal y educativo.

70. Este mismo principio de subsidiaridad vale igualmente para las instituciones internacionales públicas. Ninguna de éstas tiene derecho de presionar sobre los Estados o comunidades nacionales, a fin de imponerles políticas incompatibles con el respeto de la persona, de la familia o de la independencia nacional. Dichas instituciones nacieron por el deseo de hacer confluir libremente los esfuerzos de todas las naciones hacia una sociedad más justa. Por tanto, deben respetar la soberanía legítima de las naciones, así como la justa autonomía de las parejas. De ello se sigue que dichas instituciones propasarían sus competencias incitando a los Estados a adoptar políticas demográficas, que ellas mismas establecen, y si estimulan estas políticas con presiones para facilitar su puesta en práctica.

71. Hay también que estar atentos para que dichas instituciones no estén al servicio de naciones poderosas. Existe el peligro, asimismo, de que abunde entre las naciones pobres la sospecha de que ciertas naciones tratan de ejercer el poder a escala mundial valiéndose de medios puestos a disposición por dichas instituciones. Por ello, la Iglesia recuerda que existe un deber de solidaridad internacional y que para los ricos es deber de justicia ayudar a los pobres del mundo entero. Afirma igualmente que sería escandaloso vincular la concesión de dicha ayuda a condiciones inmorales que afectan al dominio de la vida humana. Afirma además que sería grave abuso del poder intelectual, moral y político presentar las campañas antinatalistas acompañadas incluso de violencia moral y hasta física a veces como la más apropiada expresión de la ayuda de los pueblos ricos a los pueblos desfavorecidos(60).

72. Precauciones parecidas se deberían aplicar también respecto de las instituciones internacionales privadas. Éstas podrían anteponer intereses particulares de grupos privados a los derechos imprescindibles para todos los seres humanos: derecho a la vida, a la integridad física, a la educación, a la libertad responsable, y derechos de todos los pueblos a la autonomía y al desarrollo humano en solidaridad.

2. Por la vida y la familia

73. Merecen ser recordados otros dos principios éticos, pues en ellos se basa la Iglesia cuando se pronuncia sobre las evoluciones demográficas: el primero se refiere a la condición sagrada de la vida humana y la responsabilidad de los esposos respecto de la transmisión de la vida. Creados a imagen y semejanza de Dios, origen de toda vida, hombres y mujeres están llamados a ser copartícipes con el Creador en la transmisión del don sagrado de la vida humana. Dentro de la comunión de vida y amor que es el matrimonio, constituyen la familia, célula básica de la sociedad(61). No es concorde con el designio de Dios que los esposos impidan o destruyan su fecundidad por medio de la contracepción artificial o la esterilización; y menos aún, que recurran al aborto para suprimir a sus hijos antes de que nazcan(62). La paternidad y maternidad verdaderamente responsables comienzan por asumir su responsabilidad de la pareja como tal, ante el Autor y Señor de la vida; se basa, por tanto, en la generosidad en el matrimonio y en el respeto del derecho a la vida del niño no nacido.

74. El segundo principio se refiere al intrínseco derecho a la paternidad. En la Carta de los Derechos de la Familia, la Iglesia afirma: «Los esposos tienen el derecho inalienable de fundar una familia y decidir sobre el intervalo entre los nacimientos y el número de hijos a procrear, teniendo en plena consideración los deberes para consigo mismos, para con los hijos ya nacidos, para con la familia y la sociedad, dentro de una justa jerarquía de valores y de acuerdo con el orden moral objetivo que excluye el recurso a la contracepción, la esterilización y el aborto»(63).

75. Por ello, en la misma medida, agencias internacionales que recurren a la coacción y al engaño, violan no sólo los derechos del hombre y la mujer en cuanto individuos, sino también los derechos de la familia. La Carta de los Derechos de la Familia dice así: «a) Las actividades de las autoridades públicas o de organizaciones privadas que tratan de limitar de algún modo la libertad de los esposos en las decisiones acerca de sus hijos, constituyen una ofensa grave a la dignidad humana y a la justicia. b) En las relaciones internacionales, la ayuda económica concedida para la promoción de los pueblos no debe ser condicionada a la aceptación de programas de contracepción, esterilización o aborto. c) La familia tiene derecho a la asistencia de la sociedad en lo referente a sus deberes en la procreación y educación de los hijos. Las parejas casadas con familia numerosa tienen derecho a una ayuda adecuada y no deben ser discriminadas»(64).

Más concretamente, independientemente de la licitud moral de las políticas demográficas que se propongan los Gobiernos, no tienen ningún derecho a decidir en lugar de los padres, sobre el número de hijos que pueden y deben tener. Sólo percibiendo el valor intrínseco de la persona humana, del matrimonio y de la familia, puede estimular los hombres a ser acogedores de sus hijos con vistas al futuro.

3. La elección responsable

76. Libres de elegir el número de sus hijos, los esposos han de ser igualmente libres de adoptar métodos naturales de regulación de la fecundidad de modo responsable, cuando existen serias razones y en conformidad con la enseñanza de la Iglesia. Dichos métodos son diversos y merecen ser conocidos y divulgados(65); hay que ofrecer, por tanto, a las parejas el medio de ejercer libremente su maternidad y paternidad responsable. Los medios artificiales de control de nacimientos al igual que la esterilización, no respetan a la persona humana de la mujer y del hombre, pues anulan o impiden la fecundidad que forma parte integrante de la persona.

Por esto, en 1994, en su Carta a las Familias con ocasión del Año Internacional de la Familia, el Santo Padre Juan Pablo II explicaba así esta maternidad y paternidad responsables de los esposos: «Ellos viven entonces un momento de especial responsabilidad, incluso por la potencialidad procreativa del acto conyugal. En aquel momento, los esposos pueden convertirse en padre y madre, iniciando el proceso de una nueva existencia humana que después se desarrollará en el seno de la mujer. Aunque es la mujer la primera que se da cuenta de que es madre, el hombre con el cual se ha unido en ?una sola carne? toma a su vez conciencia, mediante el testimonio de ella, de haberse convertido en padre. Ambos son responsables de la potencial, y después efectiva, paternidad y maternidad»(66).

Capítulo III

ORIENTACIONES PARA LA ACCIÓN

77. Con gran parte de las informaciones que circulan sobre las realidades demográficas hay que ser precavidos, pues son erróneas. Ante las reservas sobre dichas informaciones y ante programas de control de la población moralmente inadmisibles, la Iglesia no puede quedarse silenciosa ni inactiva. No se limita a adoptar una actitud de principio ante estos abusos, sino que responde de manera positiva y práctica, de acuerdo con su misión de servicio a la familia «santuario de la vida». Los cristianos deben ante todo difundir la verdad, sobre todo cuando se la oculta bajo tópicos muy propagados y desprovistos de fundamento.

78. Todos están invitados a dar pruebas de vigilancia ante las prácticas que no respetan a la persona humana. En cada situación concreta ¿cómo se utiliza el tema del ambiente para justificar el control obligatorio de la población? ¿A qué conduce la política familiar? ¿Garantiza ésta la verdadera libertad de las parejas?

¿Se denuncian los casos en los que organizaciones internacionales o nacionales, públicas o privadas violan los derechos de los individuos o de las familias, con el pretexto de «imperativos demográficos» falaces? ¿En qué medida organizaciones internacionales presionan a los Estados para obtener que subscriban políticas de «contención» demográfica incompatibles con la justa soberanía de las naciones?

79. Algunas prioridades se imponen sin ninguna duda y exigen una acción rápida:

– Múltiples intentos de la ideología de «la crisis demográfica» que pretenden influir en las agencias internacionales y en los Gobiernos;

– Proclamación de los así llamados «derechos de la mujer» que desprecian la vocación de ésta a dar la vida;

– La continua referencia frecuente y abusiva a los problemas del ambiente, con el fin de justificar un control forzado de la población;

– Intentos de propagar productos abortivos como el RU 486, no sólo en países llamados desarrollados sino, sobre todo, en países pobres;

– La generalización de la esterilización;

– La banalización y la difusión de dispositivos contra la vida tales como los dispositivos intrauterinos DIU («esteriletes»);

– Las violaciones de los derechos imprescriptibles e inalienables del individuo y la familia;

– Y, más en general, los abusos del poder intelectual, y político.

Además, la Iglesia recuerda la necesidad de actuar prioritariamente contra prácticas nefastas: retos contrarios a la vida como la droga, la pornografía, la violencia, etc.

1. Correcto conocimiento de las realidades

80. Los cristianos y todos los hombres de buena voluntad deben informarse para comprender cuán diferentes son los pueblos en cuanto a su situación y su evolución. Deben desarrollar un espíritu crítico ante la ideología de la «crisis demográfica». Frente a la insistencia programática desplegada por muchos movimientos en favor del control obligatorio de la población, es urgente que los cristianos y todos los hombres de buena voluntad tengan más en cuenta el hecho de que las tácticas empleadas utilizan continuamente informaciones económicas y demográficas simplistas, y proyecciones aproximativas, y hasta inexactas(67).

81. La Iglesia estimula vivamente a todos los expertos implicados en el tema y, más en especial, a los demógrafos, economistas y politólogos, a profundizar sus investigaciones científicas sobre las realidades demográficas. Asociaciones y organizaciones que respetan la persona humana y la familia, deben dedicar un espacio en sus reflexiones y actividades al correcto conocimiento de los datos y diversidades demográficas. Han de oponer un rechazo razonado a la ideología que manifiesta miedo a la vida y al porvenir. Esto concierne igualmente a las organizaciones que actúan en favor de la justicia y de la paz en la solidaridad.

Por su parte, se invita a todas las instituciones formativas a incluir en sus programas una reflexión sistemática y crítica sobre las realidades demográficas. Dichos esfuerzos han de completarse con la voluntad de informar objetivamente a los líderes de la opinión, los mass media, así como a la opinión pública.

2. Política familiar

82. Toda autoridad territorial, sea nacional, regional o local, tiene el deber de desarrollar una política familiar que permita a las familias asumir libremente sus responsabilidades en la sociedad de hoy y en la sucesión de las generaciones. Dichas políticas familiares deben establecer diversos medios para la reglamentación del trabajo, adecuación fiscal, acceso a la vivienda, a la educación, etc.

Además, esta política familiar debe comprender la lucha contra el «imperialismo contraceptivo» que la Delegación de la Santa Sede denunció ya en 1974, en la Conferencia internacional sobre la Población, celebrada en Bucarest. Dicho «imperialismo anticonceptivo» que viola las tradiciones religiosas y culturales de la vida familiar, violenta la libertad de las personas y de los esposos y, con ellas, hiere a las familias y a las naciones.

83. Las asociaciones y organizaciones nacionales e internacionales, públicas y privadas, tienen también sus responsabilidades en la promoción de la correcta política familiar. En la búsqueda del surgimiento de comunidades humanas solidarias, la política familiar es indispensable para conseguir que estas células de base – que son las familias – colaboren en el desarrollo de toda la comunidad humana. No sólo los políticos y legisladores son agentes y protagonistas de una auténtica política familiar, sino muy en especial los padres y las mismas familias(68).

3. Justicia para la mujer

84. La Iglesia recomienda también que se pongan en práctica políticas idóneas para que se respete la especificidad humana de la mujer como persona, esposa y madre. Las mujeres son las primeras que sufren en el corazón y en el cuerpo las campañas inspiradas por la ideología del miedo demográfico. En tales campañas se utiliza un falso concepto de «salud reproductiva» femenina, para difundir diferentes métodos de contracepción o aborto que, no sólo pueden suprimir la vida del niño no nacido, sino también pueden tener repercusiones graves en la salud de la mujer, hasta el punto de hacer peligrar su vida.

Dicha ideología del miedo demográfico, culpabiliza a la mujer en su dimensión maternal, ocultando que, precisamente, por esta dimensión aporta ella su prestación esencial e irreemplazable a la sociedad. La calidad de una sociedad se expresa en el respeto al puesto de la mujer. Una sociedad que desprecia la acogida del niño, que desprecia la vida, desprecia a la mujer. Por esto, precisamente, se ha de hacer todo lo posible para permitir a la mujer desempeñar sus responsabilidades, conciliando, como ellas lo saben, sus tareas familiares, profesionales, asociativas y sociales. Ello será posible sólo si se reconoce de hecho la igual dignidad del hombre y la mujer. En especial, la mujer debe poder expresarse y animar movimientos orientados a dar a conocer y asumir mejor su lugar en la sociedad(69).

4. Ningún compromiso posible

85. Se da el caso de que organizaciones favorables al control obligatorio de la población, a través de medios ilícitos, comprometen deliberadamente a los cristianos en sus actividades. Así puede ocurrir que sean invitados a participar en proyectos o en programas de acción sobre temas suficientemente nobles como, por ejemplo, el desarrollo o el ambiente, cuando en realidad la verdadera meta de dichas iniciativas es difundir la ideología del miedo a la vida («anti-life mentality») e implicarles en ella desviándolos hacia un «yugo impropio»(70). Por tanto, los cristianos deben estar atentos, ser prudentes y valientes. Han de estar dispuestos a dar testimonio, hasta el martirio, del valor que todo hombre tiene a los ojos de Dios(71).

Cartas pastorales podrán ayudar a los fieles a discernir sobre los problemas morales planteados en el contexto de las evoluciones demográficas y a organizar su plan de acción consecuente.

CONCLUSIÓN

1. Desarrollo, recursos y población

86. La diversidad y complejidad de las evoluciones demográficas de los diferentes pueblos del mundo no pueden resumirse, como sucede frecuentemente, en fórmulas provocantes y sumarias a un tiempo. Por otra parte, los índices de crecimiento de la población mundial disminuyen, tras haber alcanzado un máximo en los años 1965-1970 con una media, que dada su propia naturaleza, no refleja la variedad de situaciones.

Las proyecciones medias de las organizaciones especializadas para el siglo XXI, teniendo en cuenta el conjunto de la población de los diferentes países, hablan de un aumento tres veces inferior al constatado en el siglo XX. Todo demuestra que las potencialidades del planeta son ampliamente suficientes para satisfacer las necesidades de los hombres. Como lo destaca expresivamente Juan Pablo II: «El principal recurso del hombre es, junto con la tierra, el hombre mismo. Es su inteligencia la que descubre las potencialidades productivas de la tierra y las múltiples modalidades con que se pueden satisfacer las necesidades humanas»(72) . El Santo Padre precisa aún más, y concreta, su pensamiento: «El hombre… es para sí mismo un don de Dios»(73) . Le corresponde, pues, al hombre explotar responsable y con iniciativa los bienes que el Creador ha puesto a su disposición.

87. En su enseñanza, la Iglesia tiene presente el hecho de las evoluciones demográficas. Sin embargo, se ve interpelada por campañas que siembran el miedo al futuro. Los promotores de tales campañas no han asimilado la lógica de la amplia duración de los mecanismos demográficos y, más concretamente, lo que la ciencia de la población llama «transición demográfica»(74) . Ante estas campañas, la Iglesia se preocupa sobre todo de la promoción de la justicia en favor de los más desprotegidos. Ciertos grupos propagan el control obligatorio de la población por medio de la contracepción, la esterilización e incluso el aborto; creen ver en estas prácticas «la solución» de los problemas planteados por las diferentes formas de subdesarrollo. Cuando esta recomendación procede de naciones prósperas, parece la expresión del rechazo de los ricos a afrontar las verdaderas causas del subdesarrollo. Es más, los métodos proclamados para reducir la natalidad producen efectos más nocivos que los males que pretenden remediar. Dichos perjuicios son más perceptibles a nivel de derechos del hombre y de la familia.

2. Solidaridad con la familia

88. Sólo cuando se reconocen y promueven los derechos de la familia, puede darse un desarrollo auténtico, respetuoso de la mujer y del niño, así como del derecho a la rica variedad de culturas. En el contexto de este desarrollo humano auténtico existe una verdad moral fundamental que no puede ser cambiada ni por las leyes ni por las políticas demográficas, sean éstas patentes o disimuladas. Dicha verdad fundamental es ésta: la vida humana debe ser respetada desde la concepción hasta la muerte natural. La calidad de una sociedad no se expresa sólo por el respeto que se profesa a la mujer; se manifiesta asimismo por el respeto o desprecio a la vida y a la dignidad humana.

En la Centesimus Annus, Juan Pablo II precisa que dicho respeto a la vida debe ser fomentado en la familia. «Hay que considerar a la familia como el santuario de la vida. En efecto, es sagrada: es el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a que está expuesta y puede desarrollarse según las exigencias del auténtico crecimiento humano. Contra la llamada cultura de la muerte, la familia constituye la sede de la cultura de la vida»(75) .

89. Descubriendo en la familia el «santuario de la vida» y el «corazón de la cultura de la vida», los hombres y mujeres pueden liberarse de la «cultura de la muerte». Ésta comienza por la «mentalidad anti-niño», tan extendida en la ideología del control forzado de la población. Los esposos y la sociedad han de reconocer en cada niño un don deseado que les viene del Creador, un don precioso que ha de ser acogido y amado con gozo(76).

Junto con los esfuerzos por poner en práctica políticas familiares, se ha de proclamar también el valor inherente a cada niño en cuanto ser humano. Confrontado con las evoluciones demográficas, el hombre es invitado a valorar los talentos que el Creador ha dado a cada uno para realizar su desarrollo personal y contribuir de modo original al de la comunidad. En fin de cuentas, Dios no ha creado al hombre sino para incorporarlo a su designio de vida y amor.

Las palabras de S.S. Pablo VI, citadas más arriba, deben seguir haciendo reflexionar a los responsables de las naciones: «…Vuestra tarea consiste en conseguir que el pan sea suficientemente abundante en la mesa de la humanidad y no en fomentar el control artificial de nacimientos – que sería irracional – a fin de disminuir el número de comensales en el banquete de la vida»(77).

Ciudad del Vaticano, 25 de marzo de 1994.

Cardenal Alfonso Cardenal López Trujillo,

Presidente

S.E. Mons. Elio Sgreccia,

Secretario

NOTAS

1. Ver Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, 22 de noviembre 1981, 31; AAS 74 (1982), p. 117.

2. Ver Population Reference Bureau, World Population Data Sheet, 1993.

3. Daniel Noin, Atlas de la population mondiale. Paris. Reclus. La Documentation française, 1991, p. 22.

4. El breve índice de natalidad, calculado agregando las tasas de natalidad por edades, permite comparar los tiempos y el espacio de los comportamientos de la fecundidad, por lo que se eliminan prácticamente los efectos lesivos a los diferentes estractos, por edad, de la población.

5. Ver Pontificio Consejo «Cor Unum», Pontificio Consejo para la Pastoral de Migrantes e Itinerantes, Los Refugiados, un reto a la solidaridad, Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 1992.

6. Ver Juan Pablo II, Encíclica Laborem Exercens, 14 de septiembre 1981, 19; AAS 73 (1981), p. 625.

7. Este fenómeno puede verse en los diferentes países de Europa, en especial en Italia, Francia, Alemania y España.

8. Se considera confiable por los observadores, el censo de 1991 realizado en el país más poblado de África, Nigeria, que ha dado 88,5 millones de habitantes, mientras los datos oficiales señalaban 122,5 millones de habitantes, es decir, una sobreestimación de ¡34 millones!

9. Este fenómeno puede observarse en varios países. Sin embargo, en el pequeño país de Rwanda hay una fuerte concentración demográfica, a causa de la emigración a esta región fértil, unida a un alto nivel de procreación

10. La importancia de las relaciones natalidad-población podrían aclararse con el ejemplo de Bolivia, que tiene el índice de natalidad más alto de América Latina y, al mismo tiempo, es de las naciones más baja en densidad.

11. Durante la «primera revolución demográfica», en los países no desarrollados, los progresos de la medicina disminuyen la mortalidad en general, mientras que la natalidad aumenta (relación inversa). En la «segunda revolución demográfica», por ejemplo en la Europa actual, la medicina sigue disminuyendo la mortalidad, pero también disminuye la natalidad.

12. Véase, por ejemplo, World Population Monitoring, 1991, Population Studies, 126, United Nations, Nueva York 1992; The Sex and Age Distributions of Population, The 1990 Revision of the United Nations Global Population Estimates and Projections, Population Studies, N. 122, United Nations, Nueva York 1991, y 1991 Annuaire démographique, United Nations, Nueva York 1993.

13. Ver Juan Pablo II, Encíclica Sollicitudo Rei Socialis, 30 de diciembre 1987, 11-26; AAS 89 (1988), pp. 525-547.

14. En 1991, la Academia de las Ciencias estudió la cuestión de la relación recursos-población, ver más abajo nn. 56-57.

15. Todos sabemos que cuando se habla de «crisis» agrícola en Estados Unidos o en la Comunidad europea, no se trata de crisis de sub-producción sino de crisis de super-producción.

16. Ver Declaración mundial sobre la nutrición, Conferencia mundial sobre la nutrición, Organización de las Naciones Unidas de la Alimentación y la Agricultura, Organización mundial de la Salud, 12 de diciembre 1992.

17. Ver Relación de la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Población, Bucarest, 19-30 de agosto 1974, Naciones Unidas, Nueva York 1975, Resolución IX, pp. 45-46.

18. Ver Declaración de Méjico sobre la población y el desarrollo, Recomendación 4, Relación de la Conferencia internacional sobre la población, 1984, Naciones Unidas, Nueva York 1984, p. 16.

19. Ver Declaración de Río sobre ambiente y desarrollo, Relación de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Ambiente y Desarrollo, Río de Janeiro, 3-14 de junio 1992, Naciones Unidas, Nueva York 1992, Vol. I, pp. 8-12.

20. Por ejemplo, el desastre de Chernobyl en 1986.

21. Juan Pablo II, Sollicitudo Rei Socialis, 25; AAS 89 (1988), p. 543.

22. 1) Modifican la estructura del mucus cervical haciéndolo impenetrable a los espermatozoides. 2) Modifican la movilidad de la trompa de Falopio, impidiendo el paso del huevo fecundado de la trompa a la cavidad uterina. 3) Alteran el desenvolvimiento normal del endometrio, de modo que no sea apto para la implantación del embrión. Estos dos últimos efectos son abortivos y prevalecen cuando la píldora estroprogestativa no llega a bloquear la ovulación y, por tanto, a funcionar como contraceptivo.

23. Además de la píldora estroprogestativa, hay en el comercio otros productos hormonales llamados intencionalmente contraceptivos. En realidad actúan impidiendo la continuación del embarazo, que concluye con el aborto. Se trata de píldoras o sustancias inyectables o implantables (como el Norplant, p.e.) que alteran el endometrio y la movilidad de las trompas, sin bloquear la ovulación y, por tanto, actúan como abortivos. Dichas sustancias pueden administrarse a la mujer continuamente o en el caso de relaciones que se consideran fecundas («la píldora del día siguiente»

24. Relación de la Conferencia Internacional sobre la Población 1984, op. cit., Recomendación 18, pp. 21 y 22. En el texto francés falta la frase siguiente: «en ningún caso debe estimularse como método de planificación familiar».

25. Vacunas anti-hcg o anti-gonadotropina coriónica humana.

26. Depo-Provera (Acetato de Médroxyprogesterona); Noristerat (Enanthate de Norestiterona).

27. Ver Juan Pablo II, Encíclica Centesimus Annus, 1 de mayo 1991, 25, 29; AAS 83 (1991), pp. 822-824, 829, donde el Santo Padre presenta la verdad sobre el hombre en el contexto del derrumbamiento de los regímenes comunistas.

28. Juan XXIII, Encíclica Mater et Magistra, 15 de mayo 1961, 191; AAS 53 (1961), p. 447.

29. Ver Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes (1965), 5, 8, 47, 51.

30. Ver Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes (1965), 50.

31. Ver Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes (1965), 87.

32. Pablo VI, Discurso a la Asamblea de la ONU, 4 de octubre 1965, 6; AAS 57 (1965), p. 883.

33. Pablo VI, Encíclica Populorum Progressio, 26 de marzo 1967, 37; AAS 59 (1967), p. 276.

34. Ver Pablo VI, Encíclica Humanae Vitae , 25 de julio 1968, 10 ; AAS 60 (1968), pp. 487-488.

35. Ver Pablo VI, Encíclica Humanae Vitae , 25 de julio 1968, 11 -18; AAS 60, pp. 488-492; ver más abajo n. 76 .

36. Ver Pablo VI, Encíclica Humanae Vitae , 25 de julio 1968, 17 ; AAS 60 (1968), p. 493.

37. Pablo VI, Encíclica Humanae Vitae, 25 de julio 1968, 23 ; AAS 60 (1968), p. 497.

38. Ver Pablo VI, Carta Apostólica Octogesima Adveniens, 14 de mayo 1971, 10-12; AAS 63 (1971), pp. 408-410.

39. Pablo VI, Carta Apostólica Octogesima Adveniens, 18; AAS 63 (1971), pp. 414-415.

40. Pablo VI, Alocución a los participantes en la Conferencia mundial de la Alimentación, 9 de noviembre 1974, 6; AAS 66 (1974), p. 649.

41. Ver Mensaje del VI Sínodo de los Obispos a las Familias cristianas del Mundo contemporáneo, 24 de octubre 1980, 5.

42. Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 30, 31; AAS 74 (1982), pp. 116-117.

43. Juan Pablo II, Alocución a Don Rafael M. Salas, Secretario General de la Conferencia internacional 1984 sobre la Población, y Director ejecutivo del Fondo de las Naciones Unidas para la Población, 7 de junio 1984, 2; Insegnamenti di Giovanni Paolo II, VII, 1, 1984, p. 1628.

44. Ver Relación de la Conferencia Internacional sobre la Población, 1984, op. cit, Recomendación 18, pp. 20-21; ver más abajo n. 32 y n. 34.

45. Ver Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación, Donum Vitae , 22 de febrero 1987, capítulo III ; AAS 89 (1988), pp. 98-100.

46. Juan Pablo II, Encíclica Sollicitudo Rei Socialis, 25; AAS 80 (1988), pp.543, 544.

47. Juan Pablo II, Centesimus Annus, 39; AAS 83 (1991), p. 842. En sus palabras «guerras químicas», el Santo Padre toma la fuerte expresión de Pablo VI en la Alocución a los Participantes en la Conferencia Mundial de la Alimentación, más abajo n. 49.

48. Juan Pablo II, Sólo respetando la dignidad de la persona, la humanidad será capaz de afrontar el reto demográfico, Alocución a la Academia pontificia de las Ciencias, 4-6, 22 de noviembre 1991, en L’Osservatore Romano, 23 de noviembre 1991, p. 415.

49. Juan Pablo II, Sólo respetando la dignidad de la persona, la humanidad será capaz de afrontar el reto demográfico, Alocución a la Academia pontificia de las Ciencias, 6, 22 de noviembre 1991, en L’Osservatore Romano, 23 de noviembre 1991, p. 415.

50. Cardenal Angelo Sodano, Ambiente y Desarrollo en la óptica cristiana, en L’Osservatore Romano, Edición francesa, n. 25, 23 de junio 1992, p. 7.

51. Ver Mensaje del Episcopado Latinoamericano a la Organización de las Naciones Unidas, Bolletino della Sala Stampa Vaticana, 19 de noviembre de 1992, n. 437, p. 12. «Es preciso vigorizar la cultura de la vida contra la cultura de la muerte que cobra tantas víctimas en nuestros pueblos. Jamás habría un progreso real, digno del hombre, por el camino del atropello al ser humano. Es urgente decirle a la humanidad, como un clamor sin equívocos: ¡Respetemos el don sagrado de la vida! Este clamor surge, con nueva fuerza, desde el corazón de nuestros pueblos que hace 500 años recibieron el Evangelio de Jesucristo. (…) para un auténtico progreso humano salvaguardando ?las condiciones morales de una auténtica ecología humana? (Centesimus Annus, 38). Resulta doloroso que se busque un desarrollo económico que termine secando las fuentes de la vida convirtiéndose en cultura de la muerte».

52. Ver Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 50.

53. Ver Juan Pablo II, Centesimus Annus, 38-40, 49, 51; AAS 83 (1991), pp. 840-843, 854-856, 856-857.

54. Ver Juan Pablo II, Centesimus Annus, 32-34; AAS 83 (1991), pp. 832-836.

55. Ver Juan Pablo II, Centesimus Annus, 30; AAS 83 (1991), pp. 830-831.

56. Ver Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 69; Juan Pablo II, Sollicitudo Rei Socialis, 28, 31; AAS 80 (1988), pp. 548-550, 553-556; Centesimus Annus, 58; AAS 83 (1991), pp. 831-832.

57. Ver Juan Pablo II, Centesimus Annus, 31; AAS 83 (1991), pp. 831-832.

58. Ver Juan Pablo II, Alocución a Don Rafael M. Salas, Secretario General de la Conferencta Internacional 1984 sobre la Población, y Director ejecutivo del Fondo de las Naciones Unidas para la Población, 2; Insegnamenti di Giovanni Paolo II, VII. 1, 1984, pp. 1626-1628; ver más arriba nn. 45-49 , 51 , 54 , 55 , 57 .

59. Ver Juan Pablo II, Centesimus Annus, 39, 47, 49; AAS 83 (1991), pp. 841-843, 851-852, 854-856.

60. Puede citarse de nuevo el Mensaje enviado a la Organización de las Naciones Unidas por los obispos de Latinoamérica (ver más arriba n. 59): «Somos conscientes del problema demográfico que existe en algunos de nuestros países, pero no es lícito transitar por caminos reñidos con la ética para enfrentarlo. No se pueden aceptar las campañas sistemáticas contra la natalidad organizadas por Instituciones Internacionales y Gobiernos, muchas veces presionados, contra la identidad cultural y religiosa de nuestras naciones».

61. Ver Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 11, 14, 28; AAS 74 (1982), pp. 91-93, 96-97, 114.

62. Ver Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 51; Pablo VI, Humanae Vitae, 12-14; AAS 60 (1968), pp. 488-491; Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 29-31; AAS 74 (1982), pp. 114-120.

63. Carta de los Derechos de la Familia, presentada por la Santa Sede, 22 de octubre 1983, artículo 3.

64. Carta de los Derechos de la Familia, artículo 3 a), b), c). Sería útil que las Naciones Unidas publicasen una Carta de los Derechos de la Familia.

65. Ver Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 35; AAS 74 (1982), pp. 125, 126; y véase la Declaración final de la reunión sobre métodos naturales de regulación de la fertilidad, en L’Osservatore Romano, edición en lengua Española, n. 19, 7 de mayo 1993, p. 9: Los expertos reunidos entonces decían: «Los métodos naturales son fáciles de enseñar y comprender. Se adaptan a todos los contextos sociales y no están condicionados por el nivel de alfabetización. La salud de la madre y del niño resultan beneficiadas al espaciar los nacimientos, lo cual no daña ni a la madre ni al niño. Los métodos naturales no ponen en peligro la salud de la pareja. Con estos métodos, centrados en la mujer y basados en el respeto de la integridad de su cuerpo, quedan respetados los derechos de la mujer y de su marido».

66. Juan Pablo II, Carta a las Familias, 2 de febrero 1994, 12, y Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2366-2379.

67. Muchas veces, dichas informaciones son provisionales; por tanto, es preciso verificarlas y ponerlas al día teniendo en cuenta la diversidad de las situaciones actuales en los distintos países y regiones. Hay que ser conscientes también de la falta de exactitud de las proyecciones demográficas que toleran, por ejemplo, una imprecisión de 660 millones de habitantes en las proyecciones a veinte años de la población mundial.

68. Ver Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 47, 48; AAS 74 (1982), pp. 139, 140.

69. Ver Juan Pablo II, Laborem Exercens, 19; AAS 73 (1981), p. 625; Familiaris Consortio, 22-24; AAS 74 (1982), pp. 106-110; Carta Apostólica Mulieris Dignitatem, 15 de agosto 1988, 19, 30; AAS 80 (1988), pp. 1693-1697, 1724-1727.

70. Ver 2 Cor 6,14.

71. Ver Juan Pablo II, Encíclica Veritatis Splendor, 6 de agosto 1993, 90-94; AAS 85 (1993), pp. 1205-1208.

72. Juan Pablo II, Centesimus Annus, 32; AAS 83 (1991), p. 833.

73. Juan Pablo II, Centesimus Annus, 38; AAS 83 (1991), p. 841.

74. Ver más arriba, n. 5 .

75. Juan Pablo II, Centesimus Annus, 39; AAS 83 (1991), p. 842.

76. Ver Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 50.

77. Pablo VI, Discurso a la Asamblea de la ONU, 6; AAS 57 (1965), p. 883.

Ética sexual católica

Declaración «Persona humana» acerca de ciertas cuestiones de ética sexual

Creación: Congregación para la Doctrina de la Fe

Fuente: Santa Sede

Lengua original: Latín

Copyright del original latino: No

Traducción castellana: Santa Sede

Copyright de la traducción castellana: No

Fecha: 29 de diciembre de 1975

Comprobado el 7 de abril de 2003

Declaración «Persona humana» acerca de ciertas cuestiones de ética sexual

1. Consideraciones generales sobre la persona humana y la sexualidad

La persona humana, según los datos de la ciencia contemporánea, está de tal manera marcada por la sexualidad, que ésta es parte principal entre los factores que caracterizan la vida de los hombres. A la verdad en el sexo radican las notas características que constituyen a las personas como hombres y mujeres en el plano biológico, psicológico y espiritual, teniendo así mucha parte en su evolución individual y en su inserción en la sociedad. Por esto, como se puede comprobar fácilmente, la sexualidad es en nuestros días tema abordado con frecuencia en libros, semanarios, revistas y otros medios de comunicación social. Al mismo tiempo ha ido en aumento la corrupción de costumbres, una de cuyas mayores manifestaciones consiste en la exaltación inmoderada del sexo; en tanto que con la difusión de los medios de comunicación social y de los espectáculos, tal corrupción ha llegado a invadir el campo de la educación y a infectar la mentalidad de las masas. Si en este contexto han podido contribuir educadores, pedagogos o moralistas a hacer que se comprendan e integren mejor en la vida los valores propios de uno y otro sexo, ha habido otros que, por el contrario, han propuesto condiciones y modos de comportamiento contrarios a las verdaderas exigencias morales del ser humano, llegando hasta a dar favor a un hedonismo licencioso.

De ahí ha resultado que doctrinas, criterios morales y maneras de vivir conservados hasta ahora fielmente, han sufrido en algunos años una fuerte sacudida aun entre los cristianos; y que son hoy numerosos los que, ante tantas opiniones que contrastan con la doctrina que han recibido de la Iglesia, llegan a preguntarse qué deben considerar todavía como verdadero.

2. La sana doctrina moral y la acción pastoral a la luz del Concilio Vaticano II

La Iglesia no puede permanecer indiferente ante semejante confusión de los espíritus y relajación de las costumbres. Se trata, en efecto, de una cuestión de máxima importancia para la vida personal de los cristianos y para la vida social de nuestro tiempo 1. Los obispos tienen que constatar cada día las dificultades crecientes que, particularmente en materia sexual, experimentan los fieles para adquirir conciencia de la sana doctrina moral, y los Pastores para exponerla con eficacia. Son conscientes de que, por su cargo pastoral, están llamados a responder a las necesidades de sus fieles sobre este punto tan grave. Ya algunos de entre ellos, e incluso enteras Conferencias Episcopales, han publicado importantes documentos sobre este tema. Sin embargo, como las opiniones erróneas y las desviaciones que de ellas se siguen continúan difundiéndose en todas partes, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, en virtud de su función respecto de la Iglesia universal2 y por mandato del Soberano Pontífice, ha juzgado necesario publicar la presente declaración.

3. La ley natural y la ley divina

Los hombres de nuestro tiempo están cada vez más persuadidos de que la dignidad y la vocación humanas piden que, a la luz de su inteligencia, ellos descubran los valores inscritos en la propia naturaleza, que los desarrollen sin cesar y que los realicen en su vida para un progreso cada vez mayor.

Pero en sus juicios acerca de valores morales, el hombre no puede proceder según su personal arbitrio. «En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley, que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer… Tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente»3. Además, a nosotros los cristianos, Dios nos ha hecho conocer, por su revela ción, su designio de salvación; y Jesucristo Salvador y Santificador, nos lo ha propuesto, en su doctrina y en su ejemplo, como la ley suprema e inmutable de la vida, al decirnos Él: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá luz de vida» 4.

No puede haber, por consiguiente, verdadera promoción de la dignidad del hombre, sino en el respeto del orden esencial de su naturaleza. Es cierto que en la historia de la civilización han cambiado, y todavía cambiarán, muchas condiciones concretas y muchas necesidades de la vida humana; pero toda evolución de las costumbres y todo género de vida deben ser mantenidos en los límites que imponen los principios inmutables fundados sobre los elementos constitutivos y sobre las relaciones esenciales de toda persona humana; elementos y relaciones que trascienden las contingencias históricas.

Estos principios fundamentales comprensibles por la razón, están contenidos en «la ley divina, eterna, objetiva y universal, por la que Dios ordena, dirige y gobierna el mundo y los caminos de la comunidad humana según el designio de su sabiduría y de su amor. Dios hace partícipe al hombre de esta su ley, de manera que el hombre, por suave disposición de la divina Providencia, puede conocer más y más la verdad inmutable»5. Esta ley divina es accesible a nuestro conocimiento.

4. El Magisterio de la Iglesia

Se equivocan, por tanto, los que ahora sostienen en gran número que, para servir de regla a las acciones particulares, no se puede encontrar ni en la naturaleza humana, ni en la ley revelada, ninguna norma absoluta e inmutable fuera de aquella que se expresa en la ley general de la caridad y del respeto a la dignidad humana. Como prueba de esta aserción aducen que, en las que llamamos normas de la ley natural o preceptos de la Sagrada Escritura, no se deben ver sino expresiones de una forma de cultura particular, en un momento determinado de la historia.

Sin embargo, cuando la Revelación divina y, en su orden propio, la sabiduría filosófica, ponen de relieve exigencias auténticas de la humanidad, están manifestando necesariamente, por el mismo hecho, la existencia de leyes inmutables inscritas en los elementos constitutivos de la naturaleza humana; leyes que se revelan idénticas en todos los seres dotados de razón.

Además, Cristo ha instituido su Iglesia como «columna y fundamento de la verdad» 6. Con la asistencia del Espíritu Santo ella conserva sin cesar y transmite sin error las verdades del orden moral e interpreta auténticamente no sólo la ley positiva revelada, sino también «los principios de orden moral que fluyen de la misma naturaleza humana» 7. y que atañen al pleno desarrollo y santificación del hombre.

Ahora bien, es un hecho que la Iglesia, a lo largo de toda su historia, ha atribuido constantemente a un cierto número de preceptos de la ley natural, valor absoluto e inmutable, y que en la transgresión de los mismos ha visto una contradicción con la doctrina y el espíritu del Evangelio.

5. La ética sexual

Puesto que la ética sexual se refiere a ciertos valores fundamentales de la vida humana y de la vida cristiana, a ella se le aplica de igual modo esta doctrina general. En este campo existen principios y normas que la Iglesia ha transmitido siempre en su enseñanza sin la menor duda, por opuestas que les hayan podido ser las opiniones y las costumbres del mundo. Estos principios y estas normas no deben, en modo alguno, su origen a un tipo particular de cultura, sino al conocimiento de la ley divina y de la naturaleza humana. Por lo tanto, no se los puede considerar como caducados, ni cabe ponerlos en duda bajo pretexto de una situación cultural nueva.

Tales principios son los que han inspirado los consejos y las orientaciones dados por el Concilio Vaticano II para una educación y una organización de la vida social que tengan en cuenta la dignidad igual del hombre y de la mujer, en el respeto de sus diferencias 8.

Hablando de «la índole sexual del hombre y (de) la facultad generativa humana», el Concilio ha hecho notar que «superan admirablemente lo que de esto existe en los grados inferiores de la vida» 9.

A continuación se ha aplicado a exponer en particular los principios y los criterios que conciernen a la sexualidad humana en el matrimonio, y que tienen su razón de ser en la finalidad de la función específica del mismo.

A este propósito declara que la bondad moral de los actos propios de la vida conyugal, ordenados según la verdadera dignidad humana, «no dependen solamente de la sincera intención y apreciación de los motivos, sino de criterios objetivos, tomados de la naturaleza de la persona y de sus actos, que guardan íntegro el sentido de la mutua entrega y de la humana procreación, entretejidos con el amor verdadero» 10.

Estas últimas palabras resumen brevemente la doctrina del Concilio, expuesta más ampliamente con anterioridad en la misma Constitución 11, sobre la finalidad del acto sexual y sobre el criterio principal de su moralidad: el respeto de su finalidad es el que asegura su honestidad a este acto.

Este mismo principio, que la Iglesia deduce de la Revelación y de su interpretación auténtica de la ley natural, funda también aquella doctrina tradicional suya, según la cual el uso de la función sexual logra su verdadero sentido y su rectitud moral tan sólo en el matrimonio legítimo12.

6. Objeto de la presente Declaración

La presente Declaración no se propone tratar de todos los abusos de la facultad sexual, ni de todo lo que implica la práctica de la castidad. Tiene por objeto recordar el juicio de la Iglesia sobre ciertos puntos particulares, vista la urgente necesidad de oponerse a errores graves y a normas de conducta aberrante, ampliamente difundidas.

7. Las relaciones sexuales prematrimoniales

Muchos reivindican hoy el derecho a la unión sexual antes del matrimonio, al menos cuando una resolución firme de contraerlo y un afecto que en cierto modo es ya conyugal en la sicología de los novios piden este complemento, que ellos juzgan connatural; sobre todo cuando la celebración del matrimonio se ve impedida por las circunstancias, o cuando esta relación íntima parece necesaria para la conservación del amor.

Semejante opinión se opone a la doctrina cristiana, según la cual debe mantenerse en el cuadro del matrimonio todo acto genital humano. Porque, por firme que sea el propósito de quienes se comprometen en estas relaciones prematuras, es indudable que tales relaciones no garantizan que la sinceridad y la fidelidad de la relación interpersonal entre un hombre y una mujer queden aseguradas, y sobre todo protegidas, contra los vaivenes y las veleidades de las pasiones. Ahora bien, Jesucristo quiso que fuese estable la unión y la restableció a su primitiva condición, fundada en la misma diferencia sexual. «¿No habéis leído que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer y que dijo: ‘Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa, y los dos se harán una carne’? Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre» 13. San Pablo es más explícito todavía, cuando declara que, si los célibes y las viudas no pueden vivir en continencia, no tienen otra alternativa que la de la unión estable en el matrimonio: «Mejor es casarse que abrasarse» 14. En efecto, el amor de los esposos queda asumido por el matrimonio en el amor con el cual Cristo ama irrevocablemente a la Iglesia15, mientras la unión corporal en el desenfreno16 profana el templo del Espíritu Santo que es el cristiano. Por consiguiente, la unión carnal no puede ser legítima sino cuando se ha establecido una definitiva comunidad de vida entre un hombre y una mujer.

Así lo entendió y enseñó siempre la Iglesia 17, que encontró, además, amplio acuerdo con su doctrina en la reflexión ponderada de los hombres y en los testimonios de la historia.

Como enseña la experiencia, para que la unión sexual responda verdaderamente a las exigencias de su propia finalidad y de la dignidad humana, el amor tiene que tener su salvaguardia en la estabilidad del matrimonio. Estas exigencias reclaman un contrato conyugal sancionado y garantizado por la sociedad; contrato que instaura un estado de vida de capital importancia tanto para la unión exclusiva del hombre y de la mujer como para el bien de su familia y de la comunidad humana. A la verdad, las relaciones sexuales prematrimoniales excluyen las más de las veces la prole; y lo que se presenta como un amor conyugal no podrá desplegarse, como debería indefectiblemente, en un amor paternal y maternal; o, si eventualmente se despliega, lo hará con detrimento de los hijos, que se verán privados de la convivencia estable en la que puedan desarrollarse, como conviene, y encontrar el camino y los medios necesarios para integrarse en la sociedad.

Por tanto, el consentimiento de las personas que quieren unirse en matrimonio tiene que ser manifestado exteriormente y de manera válida ante la sociedad. En cuanto a los fieles, es menester que, para la instauración de la sociedad conyugal, expresen según las leyes de la Iglesia su consentimiento, lo cual hará de su matrimonio un sacramento de Cristo.

8. La homosexualidad

En nuestros días, fundándose en observaciones de orden psicológico, han llegado algunos a juzgar con indulgencia, e incluso a excusar completamente, las relaciones entre ciertas personas del mismo sexo, en contraste con la doctrina constante del Magisterio y con el sentido moral del pueblo cristiano.

Se hace una distinción, que no parece infundada, entre los homosexuales cuya tendencia, proviniendo de una educación falsa, de falta de normal evolución sexual, de hábito contraído, de malos ejemplos y de otras causas análogas, es transitoria o a lo menos no incurable, y aquellos otros homosexuales que son irremediablemente tales por una especie de instinto innato o de constitución patológica que se tiene por incurable.

Ahora bien, en cuanto a los sujetos de esta segunda categoría, piensan algunos que su tendencia es natural hasta tal punto que debe ser considerada en ellos como justificativa de relaciones homosexuales en una sincera comunión de vida y amor análoga al matrimonio, mientras se sientan incapaces de soportar una vida solitaria.

Indudablemente esas personas homosexuales deben ser acogidas, en la acción pastoral, con comprensión y deben ser sostenidas en la esperanza de superar sus dificultades personales y su inadaptación social. También su culpabilidad debe ser juzgada con prudencia. Pero no se puede emplear ningún método pastoral que reconozca una justificación moral a estos actos por considerarlos conformes a la condición de esas personas. Según el orden moral objetivo, las relaciones homosexuales son actos privados de su regla esencial e indispensable. En la Sagrada Escritura están condenados como graves depravaciones e incluso presentados como la triste consecuencia de una repulsa de Dios 18. Este juicio de la Escritura no permite concluir que todos los que padecen de esta anomalía son del todo responsables, personalmente, de sus manifestaciones; pero atestigua que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y que no pueden recibir aprobación en ningún caso.

9. La masturbación

Con frecuencia se pone hoy en duda, o se niega expresamente, la doctrina tradicional según la cual la masturbación constituye un grave desorden moral. Se dice que la sicología y la sociología demuestran que se trata de un fenómeno normal de la evolución de la sexualidad, sobre todo en los jóvenes, y que no se da falta real y grave sino en la medida en que el sujeto ceda deliberadamente a una autosatisfacción cerrada en sí misma (ipsación); entonces sí que el acto es radicalmente contrario a la unión amorosa entre personas de sexo diferente, siendo tal unión, a juicio de algunos, el objetivo principal del uso de la facultad sexual.

Tal opinión contradice la doctrina y la práctica pastoral de la Iglesia católica. Sea lo que fuere de ciertos argumentos de orden biológico o filosófico de que se sirvieron a veces los teólogos, tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado 19. La razón principal es que el uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice esencialmente a su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine. Le falta, en efecto, la relación sexual requerida por el orden moral; aquella relación que realiza el sentido íntegro de la mutua entrega y de la procreación humana en el contexto de un amor verdadero20. A esta relación regular se le debe reservar toda actuación deliberada de la sexualidad. Aunque no se puede asegurar que la Sagrada Escritura reprueba este pecado bajo una denominación particular del mismo, la tradición de la Iglesia ha entendido, con justo motivo, que está condenado en el Nuevo Testamento cuando en él se habla de «impureza», de «lascivia» o de otros vicios contrarios a la castidad y a la continencia.

Las encuestas sociológicas pueden indicar la frecuencia de este desorden según los lugares, la población o las circunstancias que tomen en consideración. Pero entonces se constatan hechos. Y los hechos no constituyen un criterio que permita juzgar del valor moral de los actos humanos21. La frecuencia del fenómeno en cuestión ha de ponerse indudablemente en relación con la debilidad innata del hombre a consecuencia del pecado original; pero también con la pérdida del sentido de Dios, con la depravación de las costumbres engendrada por la comercialización del vicio, con la licencia desenfrenada de tantos espectáculos y publicaciones; así como también con el olvido del pudor, custodio de la castidad.

La sicología moderna ofrece diversos datos válidos y útiles en tema de masturbación para formular un juicio equitativo sobre la responsabilidad moral y para orientar la acción pastoral. Ayuda a ver cómo la inmadurez de la adolescencia, que a veces puede prolongarse más allá de esa edad, el desequilibrio psíquico o el hábito contraído pueden influir sobre la conducta, atenuando el carácter deliberado del acto, y hacer que no haya siempre falta subjetivamente grave. Sin embargo, no se puede presumir como regla general la ausencia de responsabilidad grave. Eso sería desconocer la capacidad moral de las personas.

En el ministerio pastoral deberá tomarse en cuenta, en orden a formar un juicio adecuado en los casos concretos, el comportamiento de las personas en su totalidad; no sólo en cuanto a la práctica de la caridad y de la justicia, sino también en cuanto al cuidado en observar el precepto particular de la castidad. Se deberá considerar en concreto si se emplean los medios necesarios, naturales y sobrenaturales, que la ascética cristiana recomienda en su experiencia constante para dominar las pasiones y para hacer progresar la virtud.

10. Pecado grave y opción fundamental

El respeto de la ley moral en el campo de la sexualidad, así como la práctica de la castidad, no se ven poco comprometidos, sobre todo en los cristianos menos fervorosos, por la tendencia actual a reducir hasta el extremo, al menos en la existencia concreta de los hombres, la realidad del pecado grave; si no es que se llega a negarla.

Algunos llegan a afirmar que el pecado mortal que separa de Dios sólo se verifica en el rechazo directo y formal de la llamada de Dios, o en el egoísmo que se cierra al amor del prójimo completa y deliberadamente. Sólo entonces tendría lugar una opción fundamental, es decir, una de aquellas decisiones que comprometen totalmente una persona, y que serían necesarias para constituir un pecado mortal. Por ella tomaría o ratificaría el hombre, desde el centro de su personalidad, una actitud radical en relación con Dios o con los hombres. Por el contrario, las acciones que llaman periféricas (en las que niegan que se dé por lo regular una elección decisiva), no llegarían a cambiar una opción fundamental. Y tanto menos, cuanto que, según se observa, con frecuencia proceden de los hábitos contraídos. De esta suerte, esas acciones pueden debilitar las opciones fundamentales, pero no hasta el punto de poderlas cambiar por completo. Ahora bien, según esos autores, un cambio de opción fundamental respecto de Dios ocurre más difícilmente en el campo de la actividad sexual donde, en general, el hombre no quebranta el orden moral de manera plenamente deliberada y responsable, sino más bien bajo la influencia de su pasión, de su debilidad, de su inmadurez; incluso, a veces, de la ilusión que se hace de demostrar así su amor por el prójimo. A todo lo cual se añade con frecuencia la presión del ambiente social.

Sin duda que la opción fundamental es la que define en último término la condición moral de una persona. Pero una opción fundamental puede ser cambiada totalmente por actos particulares, sobre todo cuando éstos hayan sido preparados, como sucede frecuentemente, con actos anteriores más superficiales. En todo caso, no es verdad que actos singulares no son suficientes para constituir un pecado mortal.

Según la doctrina de la Iglesia, el pecado mortal que se opone a Dios no consiste en la sola resistencia formal y directa al precepto de la caridad; se da también en aquella oposición al amor auténtico que esté incluida en toda transgresión deliberada, en materia grave, de cualquiera de las leyes morales.

El mismo Jesucristo indicó el doble mandamiento del amor como fundamento de la vida moral. Pero de ese mandamiento depende toda la ley y los profetas 22; incluye, por consiguiente, todos los demás preceptos particulares. De hecho, al joven rico que le preguntaba: «¿qué de bueno haré yo para obtener la vida eterna?», Jesús le respondió: «Si quieres entrar en la vida eterna, guarda los mandamientos…: no matarás, no adulterarás, no hurtarás, no levantarás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre y ama al prójimo como a ti mismo»23.

Por lo tanto, el hombre peca mortalmente no sólo cuando su acción procede de menosprecio directo del amor de Dios y del prójimo, sino también cuando consciente y libremente elige un objeto gravemente desordenado, sea cual fuere el motivo de su elección. En ella está incluido, en efecto, según queda dicho, el menosprecio del mandamiento divino; el hombre se aparta de Dios y pierde la caridad. Ahora bien, según la tradición cristiana y la doctrina de la Iglesia, y como también lo reconoce la recta razón, el orden moral de la sexualidad comporta para la vida humana valores tan elevados, que toda violación directa de este orden es objetivamente grave 24.

Es verdad que en las faltas de orden sexual, vista su condición especial y sus causas, sucede más fácilmente que no se les de un consentimiento plenamente libre; y eso invita a proceder con cautela en todo juicio sobre el grado de responsabilidad subjetiva de las mismas. Es el caso de recordar en particular aquellas palabras de la Sagrada Escritura: «El hombre mira las apariencias, pero Dios mira el corazón» 25. Sin embargo, recomendar esa prudencia en el juicio sobre la gravedad subjetiva de un acto pecaminoso particular no significa en modo alguno sostener que en materia sexual no se cometen pecados mortales.

Los Pastores deben, pues, dar prueba de paciencia y de bondad; pero no les está permitido ni hacer vanos los mandamientos de Dios, ni reducir desmedidamente la responsabilidad de las personas: «No menoscabar en nada la saludable doctrina de Cristo es una forma de caridad eminente hacia las almas. Pero esto debe ir acompañado siempre de la paciencia y de la bondad de que el mismo Señor dio ejemplo en su trato con los hombres. Venido no para juzgar, sino para salvar, El fue ciertamente intransigente con el mal, pero misericordioso con las personas» 26.

11. La virtud de la castidad

Como se ha dicho más arriba, la presente Declaración se propone llamar la atención de los fieles, en las circunstancias actuales, sobre ciertos errores y desórdenes morales de los que deben guardarse. Pero la virtud de la castidad no se limita a evitar las faltas indicadas. Tiene también otras exigencias positivas y más elevadas. Es una virtud que marca toda la personalidad en su comportamiento, tanto interior como exterior.

Ella debe calificar a las personas según los diferentes estados de vida a unas, en la virginidad o en el celibato consagrado, manera eminente de dedicarse más fácilmente a Dios sólo con corazón indiviso27; a otras, de la manera que determina para ellas la ley moral, según sean casadas o celibatarias. Pero en ningún estado de vida se puede reducir la castidad a una actitud exterior. Ella debe hacer puro el corazón del hombre, según la palabra de Cristo: «Habéis oído que fue dicho: no adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón» 28.

La castidad está incluida en aquella «continencia» que san Pablo menciona entre los dones del Espíritu Santo, mientras condena la lujuria como un vicio especialmente indigno del cristiano, que excluye del reino de los cielos 29. «La voluntad de Dios es vuestra santificación: que os abstengáis de la fornicación; que cada uno sepa tener a su mujer en santidad y honor, no con afecto libidinoso, como los gentiles que no conocen a Dios; que nadie se atreva a ofender a su hermano… Que no nos llamó Dios a la impureza, sino a la santidad. Por tanto, quien estos preceptos desprecia, no desprecia al hombre sino a Dios, que os dio su Espíritu Santo» 30. «Cuanto a la fornicación y cualquier género de impureza o avaricia, que ni siquiera pueda decirse que lo hay entre vosotros, como conviene a santos… Porque habéis de saber que ningún fornicario, o impuro, o avaro, que es adorador de ídolos, tendrá parte en la heredad del reino de Cristo y de Dios. Que nadie os engañe con palabras de mentira, pues por éstos viene la cólera de Dios sobre los hijos de la rebeldía. No tengáis parte con ellos. Fuisteis algún tiempo tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor; andad, pues, como hijos de la luz»31.

El Apóstol precisa, además, la razón propiamente cristiana de la castidad, cuando condena el pecado de fornicación no solamente en la medida en que perjudica al prójimo o al orden social, sino porque el fornicario ofende a quien lo ha rescatado con su sangre, a Cristo, del cual es miembro, y al Espíritu Santo, de quien es templo: «¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?… Cualquier pecado que cometa un hombre, fuera de su cuerpo queda; pero el que fornica, peca contra su propio cuerpo. O ¿no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que, por tanto, no os pertenecéis? Habéis sido comprados a precio. Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo» 32.

Cuanto más comprendan los fieles la excelencia de la castidad y su función necesaria en la vida de los hombres y de las mujeres, tanto mejor percibirán, por una especie de instinto espiritual, lo que ella exige y aconseja; y mejor sabrán también aceptar y cumplir, dóciles a la doctrina de la Iglesia, lo que la recta conciencia les dicte en los casos concretos.

12. Las exigencias de la vida cristiana

El Apóstol San Pablo describe en términos patéticos el doloroso conflicto que existe en el interior del hombre esclavo del pecado entre la ley de su mente y la ley de la carne en sus miembros, que le tiene cautivo 33. Pero el hombre puede lograr la liberación de su «cuerpo de muerte» por la gracia de Jesucristo 34. De esta gracia gozan los hombres que ella misma ha justificado, aquellos que la ley del espíritu de vida en Cristo libró de la ley del pecado y de la muerte 35. Por ello les conjura el Apóstol: «Que ya no reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, sometido a sus concupiscencias» 36.

Esta liberación, aunque da aptitud para servir a una vida nueva, no suprime la concupiscencia que proviene del pecado original ni las incitaciones al mal de un mundo «en que todo está bajo el maligno» 37. Por ello anima el Apóstol a los fieles a superar las tentaciones mediante la fuerza de Dios 38, y a «resistir a las insidias del diablo» 39 por la fe, la oración vigilante40 y una austeridad de vida que someta el cuerpo al servicio del Espíritu 41.

El vivir la vida cristiana siguiendo las huellas de Cristo exige que cada cual «se niegue a sí mismo, y tome cada día su cruz» 42 sostenido por la esperanza de la recompensa: «Que si padecemos con Él, también con Él viviremos; si sufrimos con Él, con Él reinaremos» 43.

En la línea de estas invitaciones apremiantes hoy también, y más que nunca, deben emplear los fieles los medios que la Iglesia ha recomendado siempre para mantener una vida casta: disciplina de los sentidos y de la mente, prudencia atenta a evitar las ocasiones de caídas, guarda del pudor, moderación en las diversiones, ocupación sana, recurso frecuente a la oración y a los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía.

Los jóvenes, sobre todo, deben empeñarse en fomentar su devoción a la Inmaculada Madre de Dios y proponerse como modelo la vida de los santos y de aquellos otros fieles cristianos, particularmente jóvenes, que se señalaron en la práctica de la castidad.

En particular es importante que todos tengan un elevado concepto de la virtud de la castidad, de su belleza y de su fuerza de irradiación. Es una virtud que hace honor al ser humano y que le capacita para un amor verdadero, desinteresado, generoso y respetuoso de los demás.

13. Deberes de los obispos, de los teólogos, de los sacerdotes, de los padres de familia, de los que operan en los medios de comunicación social. Responsabilidad de todos.

Corresponde a los obispos enseñar a los fieles la doctrina moral que se refiere a la sexualidad, cualesquiera que sean las dificultades que el cumplimiento de este deber encuentre en las ideas y en las costumbres que hoy se hallan extendidas. Esta doctrina tradicional debe ser profundizada, expresada de manera apta para esclarecer las conciencias de cara a las nuevas situaciones creadas, enriquecida con el discernimiento de lo que de verdadero y útil se puede decir sobre el sentido y el valor de la sexualidad humana. Pero los principios y las normas de vida moral reafirmadas en la presente Declaración se deben mantener y enseñar fielmente. Se tratará en particular de hacer comprender a los fieles que la Iglesia los conserva no como inveteradas tradiciones que se mantienen supersticiosamente (tabús), ni en virtud de prejuicios maniqueos, según se repite con frecuencia, sino porque sabe con certeza que corresponden al orden divino de la creación y al espíritu de Cristo; y, por consiguiente, también a la dignidad humana.

Misión de los obispos es, asimismo, la de velar para que en las facultades de teología y en los seminarios sea expuesta una doctrina sana a la luz de la fe y bajo la dirección del Magisterio de la Iglesia. Deben igualmente cuidar de que los confesores iluminen las conciencias, y de que la enseñanza catequética se dé en perfecta fidelidad a la doctrina católica.

A los obispos, a los sacerdotes y a sus colaboradores corresponde poner en guardia a los fieles contra las opiniones erróneas frecuentemente propuestas en libros, revistas y conferencias públicas.

Los padres en primer lugar, pero también los educadores de la juventud, se esforzarán por conducir a sus hijos y alumnos a la madurez sicológica, afectiva y moral por medio de una educación integral. Para ello les impartirán una información prudente y adaptada a su edad, y formarán asiduamente su voluntad para las costumbres cristianas; no sólo con los consejos, sino sobre todo con el ejemplo de su propia vida, mediante la ayuda de Dios que les obtendrá la oración. Tendrán también cuidado de protegerlos de tantos peligros que los jóvenes no llegan a sospechar.

Los artistas, los escritores y cuantos disponen de los medios de comunicación social deben ejercitar su profesión de acuerdo con su fe cristiana, conscientes de la enorme influencia que pueden ejercitar. Tendrán presente que «todos deben respetar la primacía absoluta del orden moral objetivo» 44, y que no se puede dar preferencia sobre él a ningún pretendido objetivo estético, ventaja material o resultado satisfactorio. Ya se trate de creación artística o literaria, ya de espectáculos o de informaciones, cada cual en su campo debe dar prueba de tacto, de discreción, de moderación y de justo sentido de los valores. De esta suerte, lejos de añadir favor a la licencia creciente de las costumbres, contribuirán a frenarla e incluso a sanear el clima moral de la sociedad.

Por su parte, todo el laicado fiel, en virtud de su derecho y de su deber de apostolado, tomará en serio el trabajar en el mismo sentido.

Finalmente, conviene recordar a todos que el Concilio Vaticano II «declara que los niños y los adolescentes tienen derecho a que se les estimule a apreciar con recta conciencia los valores morales y a prestarles su adhesión personal y también a que se les estimule a conocer y amar más a Dios. Ruega, pues, encarecidamente, a todos los que gobiernan los pueblos, o están al frente de la educación, que procuren que nunca se vea privada la juventud de este sagrado derecho» 45.

Su Santidad, Pablo VI por la divina Providencia, en audiencia concedida al infrascrito Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 7 de noviembre de 1975, aprobó esta Declaración acerca de la ética sexual, la confirmó y ordenó que se publicara.

Dado en Roma, en la sede de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, el 29 de diciembre de 1975.

Cardenal Franjo SEPER, Prefecto

Jerôme HAMER, arzobispo titular de Lorium, Secretario.

Notas

1. Cf. Concilio Vaticano II, Constitución sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo «Gaudium et Spes,» 47 AAS 58 (1966), p. 1067.

2. Cf. Constitución Apostólica «Regimini Ecclesiae Universae,» 29 (15 Ago 1967) AAS 89 (1967), p. 1067.

3. «Gaudium et Spes,» 16 AAS 58 (1966), p. 1037.

4. Jn 8:12.

5. Concilio Vaticano II, Declaración «Dignitatis Humanae,» 3 AAS 58 (1966), p. 931.

6. I Tim 3:15

7. «Dignitatis Humanae,» 14 AAS 58 (1966), p. 940; cf Pio XI, Encíclica «Casti Connubii,» Dec 31st, 1930 AAS 22 (1930), pp 579-580; Pio XII, alocución de 2 de noviembre de 1954 AAS 46 (1954), pp 671-672; Juan XXIII, Encíclica «Mater et Magistra,» 15 de mayo de 1961 AAS 53 (1961), p. 457; Pablo VI, Encíclica «Humanae Vitae,» 4, 25 de julio de 1968 AAS 60 (1968) p. 483.

8. Cf. Concilio Vaticano II, Declaración «Gravissimum Educationis,» 1, 8: AAS 58 (1966), pp. 729-730; 734-736 «Gaudium et Spes,» 29, 60, 67 AAS 58 (1966), pp. 1048 1049, 1080-1081, 1088-1089.

9. «Gaudium et Spes,» 51 AAS 58 (1966), pp. 1072.

10. Ibid; cf también 49 loc cit, pp. 1069-1070.

11. Ibid, 49, 50 loc cit, pp. 1069-1072.

12. La presente Declaración no profundiza en las normas relativas a la vida sexual dentro del matrimonio; estas normas han sido claramente enseñadas en las Encíclicas «Casti Connubii» y «Humanae Vitae.»

13. Cf. Mt 19:4-6.

14. I Cor 7:9.

15. Cf. Eph 5:25-32.

16. Las relaciones sexuales extramatrimoniales se encuentran formalmente condenadas en I Cor 5:1; 6:9; 7:2; 10:8 Eph. 5:5; I Tim 1:10; Heb 13:4; y con razones explícitas en I Cor 6:12-20.

17. Cf. Inocencio IV, carta «Sub catholica professione,» 6 de marzo de 1254, DS 835; Pio II, «Propos damn in Ep Cum sicut accepimus.» 13 de noviembre de 1459, DS 1367; decretos del Santo Oficio de 24 de septiembre de 1665, DS 2045; 2 de marzo de 1679, DS 2148; Pio XI, Encíclica «Casti Connubii,» 31 de diciembre de 1930 AAS 22 (1930), pp. 558 559.

18. Rom 1:24-27 «Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos; a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén. Por eso los entregó Dios a pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza; igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío.» Véase también lo que San Pablo dice de «masculorum concubitores» en I Cor 6:10; I Tim 1:10.

19. Cf. León IX, carta «Ad splendidum nitentis,» en el año 1054 DS 687-688; decreto del Santo Oficio, de 2 de marzo de 1679: DS 2149; Pio XII, «Alocución,» 18 de octubre de 1953 AAS 45 (1953), pp. 677-678; 19 de mayo de 1956 AAS 48 (1956), pp. 472-473.

20. «Gaudium et Spes,» 51 AAS 58 (1966), p. 1072.

21. «. . . aunque las investigaciones sociológicas son útiles para conocer mejor la mentalidad del ambiente, las preocupaciones y las necesidades de aquellos a quienes anunciamos la palabra de Dios, así como la resistencia que le opone la razón humana en la edad moderna, con la idea ampliamente difundida de que no existiría, fuera de la ciencia, ninguna forma legítima de saber, las conclusiones de tales encuestas no podrían constituir por sí mismas un criterio determinante de la verdad.» Pablo VI, Exhortación apostólica «Quinque iam anni.» 8 de diciembre de 1970, AAS 63 (1971), p. 102.

22. Mt 22:38, 40.

23. Mt 19:16-19.

24. Cf. notas 17 y 19 anteriores; Decreto del Santo Oficio, 18 de marzo de 1666, DS 2060; Pablo VI, Encíclica «Humanae Vitae,» 13, 14 AAS 60 (1968), pp. 489-496.

25. Sam 16:7.

26. Paul VI, Encíclica «Humanae Vitae,» 29 AAS 60 (1968), p. 501.

27. Cf. I Cor 7:7, 34; Concilio de Trento, Sesión XXIV, can 10 DS 1810; Concilio Vaticano II, Constitución «Lumen Gentium,» 42 43, 44 AAS 57 (1965), pp. 47-51; Sínodo de Obispos, «De Sacerdotio Ministeriali,» parte II, 4, b: AAS 63 (1971), pp. 915-916.

28. Mt 5:28.

29. Cf. Gal 5:19-23; I Cor 6:9-11.

30. I Thes 4:3-8; cf. Col 3:5-7; I Tim 1:10.

31. Eph 5:3-8; cf. 4:18-19.

32. I Cor 6:15, 18-20.

33. Cf. Rom 7:23.

34. Cf. Rom 7:24-25.

35. Cf. Rom 8:2.

36. Rom 6:12.

37. I Jn 5:19.

38. Cf. I Cor 10:13.

39. Eph 6:11.

40. Cf Eph 6:16, 18.

41. Cf I Cor 9:27.

42. Lc 9:23.

43. II Tim 2:11-12.

44. Concilio Vaticano II, Decreto «Inter Mirifica,» 6 AAS 56 (1964), p. 147.

45. «Gravissimum Educationis,» 1: AAS 58 (1966), p. 730

El mito de la superpoblación

EL MITO DE LA SUPERPOBLACION

¿Una «Bomba» Poblacional?

Los Maltusianos y ecologistas nos han vendido el control de población como algo necesario y urgente… nos han hecho creer que somos demasiados en el mundo y que los países, especialmente los más pobres, deben imponer drásticas políticas de reducción de la tasa de natalidad, o muy pronto, todos moriremos por falta de recursos o porque, siendo demasiados, contaminaremos nuestro planetas hasta hacerlo insostenible.

A no pocos católicos les han «vendido» la historia de que somos muchos y de que la Iglesia es «retrógrada» por oponerse al control de la natalidad. Algunos, incluso han terminado diciendo «soy católico… pero estoy de acuerdo con el control de la natalidad».

Pero ¡Alto!

¿Realmente es necesario el control de la natalidad?

¿Nos estamos quedando sin alimentos?

¿Nos estamos quedando sin espacio?

¿Las naciones pobres son pobres porque tienen mucha gente?

Aquí tenemos algunas respuestas a los mitos de la superpoblación

El Nacimiento de un Mito

El Mito del control poblacional no surgió de la nada ni tampoco es una idea moderna basada en datos científicos. Es un mito creado por el economista inglés Robert Thomas Malthus (1766-1834). Malthus aplicaba un aumento aritmético a las subsistencias y uno geométrico a la población, adoptando para sus proyecciones periodos de 25 años cada uno. Malthus aplicó esta hipótesis a su nativa Inglaterra: Así, en los primeros 25 años, población y abastecimiento resultan iguales, porque ambos se doblan. En el siguiente periodo la población llegaría a los 28 millones pero con un abastecimiento adecuado sólo para 21 millones. Al término del cuarto periodo (que Malthus señala como 1898), la población llegaría a 112 millones, en tanto los abastecimientos alcanzarían tan sólo para 35, quedando 77 millones de seres totalmente privados de alimentos.
¿Y que pasó? Bueno… cualquiera sabe que el país de Malthus -no uno sino casi dos siglos después- cuenta con poco menos de 58 millones de habitantes y supera en 32 puntos el nivel mínimo de necesidades calóricas per capita.

La ley de Malthus y su cálculo, simplemente carecen de respaldo en los hechos; constituyen un error intelectual, típico del cientismo del siglo XIX: atribuir a los hechos sociales complejos las características de la materia física y de variables y elementos de número manejables.

Todo no pasaría de la anécdota si no fuera porque muchos y poderosos personajes hacen que el cálculo maltusiano siga teniendo vigencia y que se invoque para justificar las políticas coercitivas y la cuantiosa inversión publicitaria hecha con recursos públicos.

Desmintiendo Mito por Mito

«Se acaban los recursos»

Instituciones como la Conferencia de las Naciones Unidas para la Conservación de los Recursos llegó ha predecir que para 1975 -es decir, muchos años atrás – se habrían agotado las reservas de plomo, cromo, zinc y cobre del mundo.

Los alimentos y otros recursos naturales, para 1980, no alcanzarían para satisfacer las demandas del mundo entero y el poco que quedaría se vendería a precios exorbitantes.

La Verdad:

– El precio de todos los metales y minerales, incluyendo el petróleo, han registrado un decrecimiento sostenido. Los metales no sólo no escacean, sino que hoy se venden más baratos que en 1968 o 1975. En el CUADRO 1 puede observarse cómo las reservas de los principales productos minerales en 1970 se habían incrementado y bajado de precio respecto de 1950.

CUADRO 1

– Más población es alimentada en el mundo actualmente que hace 20 años y los alimentos, en general bajan de precio. ¿La razón? que la tierra cultivable por habitante, en vez de reducirse se ha incrementado en los últimos años, incluso en aquellas naciones que pueden considerarse «superpobladas», tal como puede observarse en el CUADRO 2. ¿Cuál es la razón? el empleo de mayor y mejor tecnología en el mundo agropecuario ha mejorado la producción de productos agrícolas y de crianza. Está demostrado que el hambre no es producto de la falta de alimentos o el exceso de población, sino de pésimas políticas gubernamentales o la injusta distribución de la riqueza. En efecto, el alimento que se arroja al mar en Europa para mantener precios competitivos en el mercado podría dar de comer a dos tercios de la población hambrienta del mundo.

CUADRO 2

– Julián L. Simón y Hernan Kahn,autores del libro The Resourceful Earth, sostienen que la reducción del precio y el incremento de los recursos básicos se debe a que «los mecanismos usados por el hombre, que nos conducen a la noción del límite, no son aplicables a los recursos. Deberíamos pensar, más bien, en eso que hemos llamado la mentalización del trabajo (es decir la aplicación de la mente humana en la tarea de multiplicar las subsistencias al ritmo de las necesidades) para explicarnos por qué, cada cierto tiempo regular, superamos los límites que anteriormente parecían infranqueables». En otras palabras, cuando los recursos parecen acabarse, la inteligencia humana encuentra nuevos medios para sobreponerse a la escasez.

«Aunque hayan recursos, nos estamos quedando sin espacio físico porque somos muchos»

La Verdad

La realidad es que la tierra está subpoblada y con una población distribuida de manera irregular. Un dato fundamental: Si se juntara toda la población del mundo en una ciudad como Nueva York, es decir, con una razonable zona industrial, áreas verdes, oficinas y residencias, la ciudad con toda la población del mundo entraría completa en el estado norteamericano de Texas y se alimentaría con un terreno cultivado equivalente a la India. ¡El resto del planeta estaría totalmente vacío!

Por otro lado, las regiones más pobladas no son las más pobres: la densidad poblacional del mundo se encuentra en zonas como Hong Kong, Taipei, Tokio y Manhattan, todas ellas con niveles de vida altamente superiores al standard. Lo curioso es que estas ciudades no decrecen justamente porque la gente no quiere irse, sino más bien mudarse allí. La razón: la concentración de población concentra también servicios y, por tanto, incrementa el bienestar. El caso caótico de otras ciudades como Calcuta se debe más a un problema de administración y organización que a la mucha población.

«Los países pobres son pobres porque tienen demasiada población»

La Verdad

No hay vinculación entre pobreza y población, contra lo que sostiene el mito malthusiano. El especialista de la Unión Internacional para el Estudio Científico de la Población, Ronald D. Lee sostiene que «docenas de estudios, comenzando por el de Kuznets (1967) han establecido la no asociación entre la tasa de crecimiento de la población y el crecimiento de la tasa de ingreso per capita».

El CUADRO 3 a continuación es el fruto de una larga investigación realizada en varios países con el fin de establecer la relación entre el crecimiento poblacional y el Producto Nacional Bruto (PNB) -el índice que habla de la riqueza o pobreza de una nación-. En el cuadro pueden verse puntos distribuídos desordenadamente en un campo. ¿Qué significa esto? Que no ha sido posible demostrar la existencia de un patrón que relacione más población con menos riqueza o menos población con más riqueza: algunos países empobrecían con el crecimiento poblacional, otros se enriquecían. La riqueza o pobreza, por tanto, depende de otros factores no relacionados con el de la población.

CUADRO 3

Finalmente, la no relación entre población y riqueza de una nación es demostrable empíricamente, mirando un mapa: naciones «superpobladas» como Taiwan, Japón, Corea, tienen una densidad poblacional entre 150 y 200 veces mayor que la de Somalia, y el ingreso per cápita es entre 200 y 500 veces superior.

 

«Las naciones pobres necesitan reducir su población por lo menos temporalmente para salir del subdesarrollo porque ‘una torta se reparte mejor entre menos invitados a la mesa’ »

La Verdad

Este argumento ha sido uno de los más seductores para las naciones subdesarrolladas, especialmente en América Latina. Sin embargo, las estadísticas demuestran que, áun si fuera necesario controlar la población, esto es imposible. Los casos de Inglaterra, Suecia, Estados Unidos y China demuestran dos cosas: que la conducta reproductiva de los seres humanos no es controlable ni siquiera por medios represivos, y que las variables que operan son absolutamente imprevisibles. China es ejemplo de lo primero: a pesar de las amenazas de castigos, la población sigue creciendo a un ritmo razonable, digamos «autorregulado». De lo segundo son las proyecciones de Suecia en 1935, cuando la población era de 5.1 millones, se pensaba que la población llegaría a 6.1 millones en 1990. Suecia llegó a los 8.3 millones. Con Inglaterra pasó exactamente lo contrario: las proyecciones auspiciaban un crecimiento poblacional del 30 por ciento en 20 años, cuando la población creció en apenas 5%, poniendo en peligro la tasa de reposición generacional.

Pero la realidad es que no es necesario controlar la población. Todo país necesita una tasa de reposición mínima de entre el 2.2% y el 2.3% de crecimiento poblacional con el fin de evitar que la población anciana sea superior a la población joven. Una tasa de reposición mayor al 2.3% no implica ningún problema, pero sí lo contrario: un número menor de jóvenes estará manteniendo a una población cada vez mayor de ancianos: lo que ya está sucediendo en Europa y para lo cual se están dictando paradójicas leyes para promover la natalidad «hacia dentro»… con la misma pasión con que promueven el antinatalismo para los países pobres. Si las proyecciones son correctas, en América Latina, la actual tasa de crecimiento poblacional, proyectada al año 2025, nos llevará a tener una proporción jóvenes-ancianos equilibrada y bien distribuida, tal como puede apreciarse en el CUADRO 4, donde se compara el árbol poblacional de 1980 con el proyectado para el futuro.

La conclusión de dicho gráfico es que actualmente América Latina NO necesita reducir en nada su tasa poblacional, de lo contrario estaría hipotecando su futuro.

CUADRO 4

Recopilación resumida basada en el artículo aparecido en ACI Prensa 2007