Cómo mejorar la comunicación conyugal

CÓMO MEJORAR LA COMUNICACIÓN FAMILIAR
Podemos comenzar diciendo que una persona puede objetivar lo que ve en los otros o incluso hacerlo con lo que le ocurre a sí mismo, y, al verlo delante, como en una película o en una pizarra, tiene una mayor facilidad para captar lo que hay de proporcionado o bien lo que de gobernable podría haberse puesto. La conclusión tras este proceso es que se aprende mucho más.

 

Conferencia de Pedro Juan Viladrich (*)
Director del Instituto de Ciencias para la Familia
de la Universidad de Navarra[…] Debo advertirles de que aprender comunicación conyugal es complejísimo, no se acaba nunca. Esto se debe a que dicha comunicación no hace otra cosa que reflejar nuestra identidad en la relación. Como somos personas con defectos, con extremadas limitaciones y con alguna que otra gota de perversión, esa combinación, que no es la única, porque también hay grandeza, esfuerzo, virtudes y corazón, nos hace sentir que somos frágiles; nos hiere, nos desconcierta, nos crea sensación de soledad, tenemos la impresión de que no estamos reconocidos, de que parte de nosotros mismos se ha ido a la basura sin que haya no sólo un conocimiento sino también un reconocimiento. Y eso se refleja en la comunicación, es inherente al ser humano.

Ésta no es más que la interrelación entre personas, así que tengamos misericordia para enfrentarnos a algunos aspectos que veremos a continuación. Imaginen que estamos en el Pacífico. Veamos alguna que otra habitación de un pequeño hotel de Acapulco, no más. Intenten hacerse a la idea de que «prende» la televisión -que significa «enchufar» en México- una familia de 7 miembros; la pareja de los padres, cuatro hijos y una abuela. Es estable, está sentada en el salón, concentrada en torno a la abuela, que tiene en el regazo un álbum de fotos ¿Quién no ha tenido un álbum de fotos y se ha reunido con sus familiares, o se ha quedado a solas consigo mismo, alguna vez para pasar las páginas donde están las fotos de antes?

Entonces, la cámara enfoca el regazo de la abuela y se va fijando en cada una de las instantáneas. Cada una es una pincelada de biografía, a partir de la cual la abuela va comentando quiénes son los que aparecen según van preguntando los chicos. En esto, se oye la voz de Adriana, que es la niña de 15 años, mientras la cámara se fija en una de las fotos que ha señalado. «¿Y esta mujer tan guapa?», dice ella. «Sí, mi hijita, muy guapa y muy desgraciada. Es la tía Berta; su marido bebía y le pegaba hasta que le abandonó y la familia se descompuso». Entonces, el otro de los nietos comenta: «¿y este muchachito, abuela?». Y la abuela le dice: «éste es Toño, el hijo de Berta, que cayó en la droga por todo el drama de su casa. Lo encontraron un día medio muerto».

Al final de cada respuesta de la abuela, la cámara está enfocando las caras de todo el resto de la familia. En un momento determinado, uno de los nietos señala una fotografía donde está la famosa tía Berta con su chico; es una fotografía de boda en la que se les ve embelesados, mirándose felices, ante la que la señora dice: «todavía estaban a tiempo». Los padres se miran entre sí y ella, para sus adentros, en una voz en off, replica: «y tú y yo, Fernando, también estamos a tiempo». El marido, como si le leyera el pensamiento, responde, esta vez en voz alta: «sí, lo estamos».

«¿Por qué comenzamos con esta escena imaginaria?», se preguntarán. Y entonces yo les hago caer en la cuenta de que carece de sentido que le dediquemos un tiempo a la comunicación si cada uno de ustedes no se abre a ella. Los más jóvenes, por lógica, están mucho más a tiempo, pero todos, de alguna manera, lo estamos. Si dejamos que la comunicación corra a su aire, tiende a desgastarse, a confundirse y a crear situaciones opacas que originan la separación. Que es cosa de dos y que tiene funciones claras en nuestra vida es tema que trataremos a lo largo de toda la charla.
El siguiente caso que podemos analizar es el de Luis. Tiene 44 años y está casado desde hace 14 con Elisa, de su misma edad y antigua secretaria suya. Fruto de su matrimonio son tres varones de 12, 10 y 7 años, y desde que nació el segundo, Elisa se dedica a las tareas domésticas. Llevan dos meses separados y la esposa no manifiesta querer reanudar la convivencia.

Cuando el doctor le pide que le cuente el último día detalladamente para hacerse cargo de la reacción de ella, Luis se explica: «como le iba contando, una multinacional compró nuestra empresa y hubo un importante reajuste de cargos directivos. Se confirmó mi puesto de director comercial y tuve un respiro, ya que había semanas de mucha incertidumbre. El nuevo director general era extranjero, danés, para más señas. Yo soy persona abierta, afable, y me pareció que podía entenderme con él, así que pensé invitarle a cenar a casa. Tuve una gorda con Elisa porque se lo comenté el día anterior y se puso como una fiera por no habérselo dicho con tiempo suficiente. Pero ella ha trabajado ahí; sabe que nos solemos enterar de un compromiso importante sobre la marcha y hay que reaccionar, no te valen quejas. No vas a decir que no recibes a nadie, o que no tomas tu avión hasta que te avisen con la suficiente antelación. La verdad es que su actitud me pareció irresponsable, aunque al fin, muy tensos los dos, aceptó de mala gana. Y a mí eso me desmotiva. Quieren tu dinero, tu trabajo y todo lo que ello conlleva, pero no comprenden lo que hay que hacer para asegurarlo. En esto es como su madre. Mi suegro me contaba un día …»

El doctor le indica que no interrumpa el relato principal, así que Luis prosigue: «imagínese que son las 9 y estamos en casa esperando a nuestros invitados, mi director y su esposa. Hemos preparado un aperitivo en el salón para romper el hielo, pero, como no nos conocemos, hablamos y reímos poco. Enseguida llegan las tensiones; mi mujer me hace pagar el pato, ya sabe, y yo, nervioso como un flan, tomando el primer vino, se me ocurre contar un chiste que domino y tiene una gracia enorme ¿Pues sabe qué hizo mi mujer? En cuanto pregunto si saben el del pajarito Elisa suelta: «¿no iras a contar este chiste otra vez, verdad?». Y dirigiéndose a ellos les dice: «si no lo ha contado 100 veces no lo ha contado ninguna». Yo me quedo de piedra; no se me ocurre otro en aquel momento, hago de tripas corazón y lo suelto, fatal, por cierto, por culpa del mal cuerpo que me ha puesto. Encima, iba poniendo morritos en los puntos clave. Yo la hubiera matado.

Además, todavía me corroe pensar que, cuando éramos novios, ella misma era la que comentaba a todos: «Luis cuenta los chistes de cine. Cuéntales el del pajarito». Al principio, todo me lo reía, cualquier cosa mía le divertía. Me acuerdo de aquel día en que me dijo: «me caso contigo porque me haces reir»».
El doctor le pregunta: «¿y qué ocurrió luego? ¿Eso fue todo?». «No, no, ¡qué va! -dice Luis-. Nos sentamos a la mesa. Elisa cocina muy bien, por eso yo esperaba una merluza exquisita que sabe guisar de chuparse los dedos. Así que la sirve, y yo, para alabarla, para subrayar su buen hacer, comento que no le ha cogido el punto, que lo borda en otras ocasiones. Nada más decirlo, me suelta: «pues que venga tu madre a guisar». A mí se me enciende algo dentro, como si le metiesen lumbre a un barril lleno de pólvora, y, sin darme cuenta, comento algo sobre su madre ¡Qué situación! Se levanta de la mesa, nos mira a todos y me espeta: «hasta aquí hemos llegado; ya no te aguanto más y delante de tu jefe te lo digo: ¡me voy!». Estuve como dos o cinco minutos allí, en la mesa, solo, porque mi jefe y su esposa también se levantaron. Un drama. Les despedí pidiéndoles disculpas -sólo de pensarlo me muero de vergüenza y de rabia-. Y entonces me dirijo a nuestra habitación -yo iba a matar-; pero cuál era mi sorpresa que allí no había nadie: había hecho las maletas mientras yo despedía a los jefes y se había ido por la puerta del jardín. Así está el asunto. Ya le conté el primer día que está en casa de su madre desde hace dos meses, así que dígame: ¿estoy loco yo o esta loco ella? Yo eso no se lo hubiera hecho a nadie».

El doctor sigue con su interrogatorio: «¿se han visto después?» «Muy pocas veces-prosigue Luis-. Y cada vez que nos vemos, otro broncazo. Es como si me odiara y necesitara destruirme. Le mandé flores y nada; entonces, le compré la tanzanita -una piedra preciosa-que tantas veces me había pedido, un anillo divino, y se lo quedó sin agradecérmelo, sin que eso le ablandase y volviera conmigo. Por esa época, alguien me habló de usted.»

Como ven, se trata del final de una vida matrimonial. No entremos ahora en detalles, por mucho que ustedes tengan curiosidad por saber cómo acabó la cosa; se trata de extraer este flash sobre una escena final para aprender algunas cosas sobre la comunicación que pasan desapercibidas muchas veces.

Sorprendentemente, desde que nacemos hasta que tenemos 25 ó 26 años, la sociedad está configurada de tal manera que se nos introduce en un sistema educativo que se intensifica a partir de los 6 años. A lo largo de este proceso de educación consistente, en parte, en hacernos capaces de entender quiénes somos, quiénes son los que nos rodean, qué es la sociedad, el mundo del trabajo al que nos tenemos que incorporar y cómo nos capacitamos para entrar útilmente en ese modelo social, jamás hemos recibido una clase doctrinal o práctica acerca de lo que es vivir y la comunicación con los allegados, cuando resulta que dependemos de esa comunicación para lograr una armonía psíquica, para no perder la alegría y el sentido de la vida. De lo contrario, de no haber diálogo con el que está a nuestro lado, se produce desmotivación, tristeza, sensación de vida perdida …; sentimientos, todos ellos, que podemos acusar de una manera más dolorosa a lo largo de la vida.

Por tanto, ¿qué es lo que podemos aprender dentro de este pacto de misericordia recíproca que hacíamos al comienzo?, ¿qué es lo que podemos extraer de este último caso tragicómico como la vida misma? Por lo pronto, que nosotros, al interrelacionarnos, nos comunicamos íntimamente, es una relación íntima de los interiores. Y, cuando eso sucede, somos tiempo con tres sustratos, con tres pisos diferentes; sustratos que debemos identificar inmediatamente porque, en el hábil manejo de éstos, podremos prevenir «a tiempo», como decía la abuela viendo la foto, muchas de nuestras disfunciones, si son pequeñas, y, al mismo tiempo, podremos resolver algunas cosas que han encallado algo, comprendiendo por qué han encallado y en qué lugar de nosotros encallan.

Si nos situamos en la escena anterior, ¿qué es lo que se quería conseguir?: cumplir con el jefe y su esposa para llegar a tener una amistad, por lo que se le pide a la esposa una cierta colaboración con muy poco tiempo de antelación. Pues bien, toda esta escena sería inexplicable si ocurriese el primer día que Luis y Elisa se conocen. Para que ella llegue a decir: «el del pajarito no», es necesario que exista un antecedente biográfico largo, si no es imposible esta respuesta. Y lo mismo para que explote aprovechando que su marido comenta el «punto» de la merluza. Debe haber una gota que desborde el pantano. Si no hay antecedentes, se trata, entonces, de una severa disfunción psicopatológica de la señora -lo cual es improbable-. Esto demuestra que cada uno de nosotros es un estado habitual de nuestra vivencia; un hábito largo, una reiteración de situaciones que se han acumulado generando un modo de estar con el otro. Son muchos días, muchas tardes acumuladas en lo que llamamos hábito, que se diferencia del puro acto del presente, de lo que, ¡chas!, pasa a gran velocidad. Una cena dura una hora y estos hábitos son muchas horas, muchos días, meses, años.

Además, la escena ocurre al final de una tarde; es decir, tiene un momento de presente en el que ocurre. Son las nueve de un día concreto, es la merluza que se cocinó horas antes para esa cena, etc. Si nos colocamos en la posición de Elisa, cada uno de nosotros es aquel presente, aquella tarde, aquel final de tarde.

Ahora bien, en ese presente, están resucitadas y acumuladas situaciones que vienen de tan lejos que Elisa no quiebra frente a una mala cena o un mal chiste, sino que lo hace tras una serie de experiencias en su vida como esposa. Porque nosotros no solamente somos el acto transeúnte, hábitos acumulados; somos decisiones de identidad muy profundas, como el nombre del barco que pasa una tormenta: los malos vientos y las malas olas duran una hora, y el barco lleva acumulada mucha travesía en la estructura, y esa estructura puede tener desgastado el material, pero, además, tiene un nombre; se llama «esposa», o «marido», o «padre», «hermano», «hijo»…, etc. El nombre es la identidad final.

Hay un momento determinado en el que un puro acto, una mala tempestad, conlleva una discusión horrorosa pero no deja nada porque todavía no hay acumulación. A veces, uno llega a su casa con la mejor de las sonrisas y no sirve de nada porque la situación habitual está gastada, así que la sonrisa cae como una losa. El acto muere porque ya está previamente matado por el hábito, y, al final, cuando no hay mejora, la crisis sobreviene al último nivel, que somos nosotros mismos con el nombre que nos damos (marido, mujer, etc.).

El caso expuesto se utiliza para estudiar los tres niveles, los tres planos en los que cada uno de nosotros nos comunicamos con la esposa, con el hijo, con el hermano…, y los que usan los otros cuando se relacionan conmigo. Nos relacionamos aquí y ahora, pero existen hábitos favorables o desfavorables, gastados o desgastados, que influyen. Cuando lo negativo alcance un punto determinado, no sólo se desgastará la estructura, sino también el interior. La persona entrará en crisis en su ámbito final; se planteará si le es posible sobrevivir siendo la definición un día elegido. No obstante, aunque se comuniquen, estos planos se relacionan entre sí. El primer día que conocemos a nuestro amor no hay hábito ni historia. Los tres o cuatro momentos actuales los celebramos suponiendo que el futuro será la repetición feliz de estas tres tardes que hemos salido con el muchacho, con nuestra chica, que el resto de nuestra vida será la reiteración de estos primeros momentos. En ningún caso nos imaginamos esas tres primeras tardes para discutir, todavía no hay saturación.

Sin embargo, la comunicación es tridimensional y compleja. Poco a poco, sobre el aquí y ahora, sobre el segundo que pasa, sobre el presente, se van depositando, entre uno y otro, los surcos, para bien o para mal. Generan una identidad que podríamos denominar larga, como una durata; un trozo de nuestro pasado que, de alguna manera, resucitamos continuamente, con el que vamos al presente, a la vivencia de cada acto, matándolo a veces o iluminándolo fuertemente cuando el hábito de relación entre dos es muy bueno y está muy cuidado. Las dos partes van predispuestas a vivirlo, añadiendo flor al jardín en vez de añadir hiel al barril. Éste se va llenando muy despacio; no hay, durante las primeras llenadas de barriles, por muy dolorosas que sean, un interrogante al nombre final de uno mismo, pero hay un momento determinado en que el hábito negativo se va consolidando, con un peso brutal, sobre el susodicho, y acabamos preguntándonos si nuestra vida puede tener sentido con esta persona o si no me es posible soportar la idea de que el resto de mis actos y de mi vida futura sean a su lado.

Cuando uno supone que esto va a ser así, que va a ser la reiteración sistemática de este estado habitual tan negativo, entramos en la crisis de la bodega final, es decir, del lugar donde el barco tiene el nombre. Cualquier pequeñita tormenta, a veces un simple viento inesperado, desarbola, hace que cruja la estructura y hunde el barco. Y la insistencia de un ligero viento que el primer día no es más que un incidente divertido, al cabo de años, es la gota negativa creadora de un hábito que, finalmente, satura. Así que somos estas tres cosas.
Veamos ahora cómo curarlas. Evidentemente, no lo haremos muy bien. En psicología clínica y en medicina, por ejemplo, aprendemos la salud a costa de empacharnos de enfermedad, como cuando no hay forma mejor de sensibilizarse ante la justicia que sufrir su falta en nuestras propias carnes -ya lo dijo Ortega y Gasset hace mucho tiempo-. Aquí no podemos hacer lo mismo.

Además, hay que hacer una interrupción en estos tres planos: acto puro en presente, durata habitual y nombre. Este último, aunque dolorido, puede ser fuerte; por ejemplo, cuando alguien quiere seguir siendo tu mujer o tu marido. Pero, en el plano habitual, uno está cansado, desesperanzado -ojo porque ese plano acabará rompiendo el nombre final, que es el último plano más radical que tenemos, si persiste la saturación-, y la única forma que tiene de mejorar es en el acto presente, puesto que no podemos entrar en el pasado desde el mismo pasado, ni podemos entrar en el futuro desde el mismo futuro.

Lo que ocurre es que, en el momento en el que se ven, estos planos plantean un sorprendentemente divertido y, al mismo tiempo, difícil arte de comunicación entre los tres. Esto, en la medida en que los tenemos bien objetivados, nos permite diagnosticar dónde se está produciendo el daño, cómo está cada plano y comó empezar a mejorarlos todos, a sanearlos. Uno puede intentar mejorar la relación con su mujer o con su marido sin llegar a captar la tridimensionalidad; por ejemplo, con un acto como el regalo de un abrigo de visón, de unos gemelos de oro, de su corbata preferida o de un viaje a Venecia. No obstante, cuando el mal está a determinados niveles de hábito, un puro acto bueno, aparentemente alimentador, puede producir un efecto absolutamente contrario; así que los males que están en nuestro plano habitual deben ser resueltos con actos que provocan fe en larga durata de tiempo.

No consiste en el aquí y el ahora, en me has hecho esto pero nada más, pretendiendo poder revisar todo mi estado habitual con eso, no. Como ya he dicho, una flor no hace jardín y un garbanzo no hace olla. Sin embargo, nuestro marido puede ir al doctor diciéndole «le compré la tanzanita y, encima, se la quedó, porque no comprende que, en el plano habitual, la que se quedó la tanzanita nunca ha dispuesto de un presupuesto familiar seguro y estable desde el primer día del mes, sino que ha sido un goteo pedido humillantemente cada tres o cuatro días. De manera que cuando ve el anillo, puro acto presente, se dice «pájaro en mano…». Por eso digo que captar estos tres planos, ver sus juegos, nos puede distender mucho de lo que nos pasa.

Ahora vamos a ver un caso de intento inadecuado de resolución, de mejora, con los planos gastados. Todo lo que entendemos sólo como idea pero no lo podemos referir a nosotros mismos está medio entendido. Y las cosas las comprendemos cuando las identificamos en nuestra biografía, de manera que, para entender los tres planos ya aludidos, basta con que ustedes se fijen en una serie de cuestiones a su alcance:

Si tienen a su chico o a su chica al lado, éste es, justamente, el plano actual, es decir, lo que está ocurriendo ahora, en estos dos o tres segundos. Inmediatamente, verán el plano habitual, la sensación de bienestar al estar con él o con ella; o, por el contrario, dirán «madre mía, ¡qué mal huele! Siempre hace lo mismo. Mira que le he repetido infinitas veces que se ponga un desodorante », o «no le digo nada porque me va a mandar callar, que estamos en una cafetería», O sea, el recuerdo de la vida vivida, acumulada en forma positiva o negativa, es eso otro que también tenemos con el/la que está a nuestro lado.

Finalmente, está ese pensamiento de «bueno, pero yo soy su mujer (o su marido)». Este reconocimiento se hace explícito porque no está en crisis, no ha alcanzado el punto en el que tengo que negarlo para sobrevivir. Estas definiciones biográficas sólo se ponen en cuestión final cuando el plano habitual es tan pesante que el futuro no será más que la sistemática repetición de esta saturación tan negativa. Si no vemos futuro, no podemos sobrevivir salvo en la tristeza absoluta, y sin esperanza no se vive; en ese instante es cuando uno entra en la tentación de cambiar de identidad, de cambiar de nombre en la relación.

Por supuesto que estos tres planos, como ya he dicho, se comunican entre sí, como los vecinos de una casa de tres pisos, pero son distintos. Lola, nuestra paciente, tiene 40 años, está casada desde hace 15 y tiene dos hijos, un niño y una niña de 14 y 10 años respectivamente. Ella es médico pediatra en el mismo centro hospitalario donde su marido Alberto, de 48 años, es médico-cirujano, y expone una larga crisis en el plano habitual con distintos intentos de solución sin éxito. Quiere separarse pero todavía no hay crisis de identidad de fondo, aunque se está acercando. Sí la hay, empero, en el plano actual, porque sus conatos de mejora son continuamente frustrados, decepcionantes.

Supongo que, poco a poco, van viendo ustedes los tres planos. Sólo tienen que aplicárselo a su propia experiencia; comprenderán y captarán inmediatamente, al hablar con su mujer o con su marido, qué es lo que tienen desgastado, qué es lo acumulado en el plano habitual, qué gestos y actos del otro, considerados por éste como grandes gestos, tienen una enorme capacidad de minarles habitualmente, mientras que no es capaz de captar otros que recompondrían la situación. Esto desconcierta a la pareja, desde luego. Eso sí, quizás ocultan que están con la identidad rota desde hace años y se mienten descaradamente a ustedes mismos.

Así que ya hemos visto el juego de estos tres planos: Lola, médico, y Alberto, esposo y cirujano, arrastran una larga crisis que corresponde al estado habitual. Ella no quiere separarse, pero no ve cómo continuar, que es cuando comienza la desesperanza y la necesidad de cambiar de nombre.

Aquí, como ocurre en cirugía, hay que diseccionar para poder operar con las medidas adecuadas. Sin distinguir los planos, no sabemos lo que nos pasa, aunque nos duele; queremos hacer un acto que refresque pero no lo acertamos, porque tiene que haber una cierta proporción entre el aquí y el ahora y el efecto que queremos producir en los otros planos. Lola explica que les han ido distanciando muchas cosas, unas pequeñas y otras grandes, como, por ejemplo, lo poco que le cuidó su marido en el primer embarazo, sobre todo en el parto, a propósito de lo cual, los varones se sorprenderían de la cantidad de historias con disfunción de comunicación conyugal en las que la primera quiebra interior como esposa proviene de la soledad durante la gestación y el parto. Al marido ni se le ocurre pensar que la dejó sola, le es una sorpresa, como si a ustedes les acusasen ahora de haber hundido el Titanic: « ¿cómo? Pero si yo no estaba, no había nacido».

Cuando el médico le preguntó a Lola si no habló de ello con él tras el parto, ella respondió que sí, pero que lo único que sacó de ello, génesis del plano habitual, fue una riña: «me dijo que yo era una egoísta, una celosa y una competitiva frustrada. Alberto me reprendió por no entender una profesión como la nuestra. Me espetó que yo envidiaba su éxito profesional porque yo no lo tenía, que él no puede parir aunque quiera, que es cirujano y eso lo tengo que apoyar. Me estrellé contra una pared, era inútil; él tenía su código para interpretar mis quejas, y lo que a mí me pasaba, que todavía no lo sé muy bien, no entraba en su diccionario.»

Por otra parte, los pacientes tienden, en general, a contar las minucias detalladamente y a dejar vislumbrar las grandes, no a contarlas. Entonces, es lógico que el doctor le comente: «me habla usted de cosas pequeñas y grandes». «Sí -responde Lola-, cuando me emperraba en que hablásemos, él me llevaba a la cama. Al principio, nos levantábamos como si todo hubiese quedado resuelto…» Noten ustedes la tendencia a intensificar, en un acto propuesto del varón, a saturar un estado vital de la mujer; un acto sexual convertido, simplemente, en puro presente que no tiene continuidad, que no produce mejora de la saturación de la mujer sino todo lo contrario: produce desesperanza en la mujer y bloqueo afectivo progresivo. Así se crea, entre las dos personas, una situación en la que el varón capta el estado insatisfecho de la esposa y pretende resolverlo con un acto que ocurre en el puro acto; es decir, que ocurre en el puro presente pero que, entre cópula y cópula, no hay continuidad, sino discontinuidad.

El estado habitual de la esposa no pretende esto, sino el hilo entre acto y acto, porque es precisamente ahí donde está la herida, donde la mujer está desconcertada o se siente sola afectivamente. La pretensión del marido de acompañar mediante actos concretos le da la seguridad de que él lo intenta y pone en evidencia, por otra parte, que los intentos son absolutamente desafortunados. La ausencia de compañía en el estado habitual y la pretensión de darle una siesta, un desayuno, un aquí te pillo, aquí te mato, produce desgaste. No solamente hay una incomunicación, sino que también hay una absoluta incapacidad de relacionar los niveles en donde se están descomponiendo ambos sin que ninguno de los dos lo capte. El marido dice: «yo, cuando la veo triste, lo que le digo es «ven aquí, cariño» y la meto en la cama»; la mujer, en cambio, dice: «cada vez que me mete en la cama salgo más destruida».

Es lógico que lo necrosado se tenga que resolver en el instante, en este aquí y ahora, pero ojo: debe tratarse de actos concretos, presentes, cuya finalidad sea de larga duración. Es la única manera de dar crédito a nuestra conducta; de lo contrario, no se cura el estado habitual: se cristaliza. Por decirlo de alguna manera, hay granitos de arroz pero no hay paella.

Lola prosigue: «poco a poco, empecé a odiar el sistema». Ahora ya saben a qué se refiere: significa que hay un desajuste entre las comunicaciones actuales, entre las habituales y, por último, entre las identidades de fondo. Este hombre, su marido, está trabajando actos que no influyen en la mejora del plano habitual, que es el que está padeciendo. Así que la crisis vendrá antes o después porque son estériles.

Hablar frecuentemente de los temas de cada día sí es una propuesta de mejora en el estado habitual. Y no vale con el típico «sí, vale, cuéntame, tengo cinco minutos», como el hijo de un dentista que, para que su padre le hiciera caso, tuvo que pagarle una hora de consulta como un cliente más.

Y continuando con nuestra protagonista, acerca de su incomodidad con las reglas de su vida, pregunta: «pero ¿cómo decírselo? Un día lo intenté y mi queja tenía otra interpretación en su código». «¿Cuál?», incide el doctor.«Pues que yo -prosigue Lola- ya había tenido a mis hijos, ya había conseguido todo de él y, ahora, me venían las jaquecas. En fin, todo eran excusas mías porque él me quería como siempre. Así que yo era la mala de la película por quejarme, y lo peor es que llegué a creérmelo. Cuanto más esfuerzo hacía por ajustarme, peor me sentía, y cuanto más fingía, peor y peor. Al final, nos dedicábamos a sonreir únicamente delante de los amigos».
El doctor le comenta que, por lo visto, su marido quería hacer una segunda luna de miel, que había interrumpido su trabajo para eso. «Es verdad que fuimos a Venecia -asiente ella-. Alberto lo intentó pensando que todo debía ser como cuando teníamos veinte años». Esto demuestra que, en nuestra comunicación íntima, a cualquier nivel, alguno de nosotros no logra unir los tres planos, sino que sólo tenemos capacidad de comunicar en actos tan transeúntes como la puramente actual, y ésa no es la solución. Es como el padre que pretende saber de su hijo al cabo de dieciocho años. Éste ya no quiere contar nada porque, durante años, no le ha hecho ni caso, y su progenitor se queja porque sí se lo cuenta a sus amigos.

No trabajamos el ser una identidad biográfica estable para los que nos rodean, pero sí lo exigimos de los otros, sí queremos que estén completos en los tres planos. Y esta exigencia va creando una mayor soledad en el plano habitual y en el del nombre, por lo que de nada me sirve ir a la televisión, por ejemplo, y decir, ante millones de espectadores, que alguien me ama en una carroza que me ha prestado el presentador del programa. Desde luego, es la máxima intensificación del acto presente; sin embargo, llega la esposa y comenta «éste que viene en carroza, que no puede vivir sin mí, es un pájaro que no alimenta a sus hijos, que me pega…». Vean la diferencia entre la pretensión de ser hábito para los demás y lograrlo. Ya no nos ven más que como un momento concreto, un rato suelto.

El don y la entrega son tridimensionales. Se hace en el día a día, pero hay que estar dentro de manera estable, biográfica. Si se está fuera se nota, aunque no se pueda expresar. Se siente soledad, y hay que saber si es cosa de una tarde y el fondo es extraordinariamente espléndido.
Cuando Lola comenta la intención de su marido con el viaje a Venecia, nos damos cuenta de que hay gente que sólo es capaz de afrontar sus actos volviendo a tiempos anteriores, a su adolescencia o juventud, que es tremendamente inmadura. Cuando falta precedente, no hay nada, ni bueno ni malo, por eso no hay problema; y por eso se quiere volver a ese estado. «Había que volver a empezar, pero a mí me pesaban muchas cosas que no podía olvidar, y no hablamos de ninguna de ellas; más bien nos propusimos no tocar temas escabrosos. Así que yo, a la vuelta, me sentía peor, y pasó lo que tenía que pasar».

En esta visión de tridimensionalidad, la comunicación descansa en la verdad. Si no se percibe, no hay solución. Nuestra verdad es la verdad de los tres modos de ser tiempo. Una madre normal informa continuamente a su hijo normal de que su identidad de madre es biográfica. Podrán discutir hasta tirarse la vajilla, pero ella sigue teniendo la sensación de que es su hijo. Aun en casos de drogas, nunca llegará a una crisis de identidad, aunque tenga un sufrimiento intenso. Siempre será la madre. Pero, en general, no es lo que se da en nuestras casas. Discutimos sobre estados habituales notablemente normales, sobre identidades de fondo estables.

Tenemos que darnos cuenta de que lo mejor es hacer saber al otro que nuestro don es entero; que estamos en el aquí y ahora, comprometidos con el estado habitual en el que me percibes y me percibo, etc. Esto forma parte de la verdad del don; su mentira es desentenderse de cómo está el otro puesto que yo ya le regalé un anillo o le llevé al cine y pensar que cómo interprete estos gestos es únicamente su problema.

Cuando dos se encuentran realmente, no se temen en los tres planos. Juegan en serio a construirlos en el cada día, alimentando la comunicación entre defectuosos, frágiles, perversos. Porque el secreto no es la perfección de ambos, sino que crean el uno en el otro, que sean sinceros en el intento.

Quisiera terminar con un caso que sucedió en Buenos Aires. Es la última página del diario de una anciana, y con ella entenderemos el concepto de unidad biográfica. Si uno ha pasado el ecuador de su vida, debe preguntarse cómo está mi estado tridimensional, qué hago cada día, cómo vivo el presente fugaz, con quién. Uno tiene una armonía biográfica si tiene una dosis suficiente, o la va consiguiendo a base de luchar, de autoanálisis, de comprensión del otro y de sí mismo. La honestidad es lo que hace funcionar la interrelación en la medida en que hay un pacto entre las partes (conyugal, paterno-filial o fraternal), no la perfección. Trabajos y amigos son muy importantes, pero no dan compañía íntima.

Así pues, demos paso a esta página poniéndonos en antecedentes. Berta, arquitecto de 45 años, casada desde hace 18 años con Juan, de 47 y piloto de las Fuerzas aéreas con grado de coronel, acude al doctor para leerle el retazo de vida de su difunta madre:

«Queridísimos míos. No imaginé que sería así. Me doy cuenta de que me quedo aquí, de que me vais a internar y ya no saldré viva. Dejadme el gusto de escribiros esta pequeñita carta al final de este pequeñito diario mientras Matilde y Berta van haciéndome el equipaje. Os miraba y observaba todos estos últimos días mientras me acompañabais en la clínica, de médico en médico. A ti, Matilde, y a tu marido el matasanos, que ya no sabe qué hacer conmigo, mi tan querido Carlos; y a tí, Berta, y a tu bonito piloto, mi Juan; y a todos vuestros hijos, a mis nietos. Y sobretodo a Ricardo, mi hombre desde que era una mocita, al que extraño como nunca supuse y no le dije, y se lo debo, cosas que no supe en su momento; cosas mías, nuestras, tan profundas, hermosas, como sembrar y abonar, cuidar y recoger esperando cada cosa a su tiempo. Así fue lo nuestro, pero no es de esto de lo que quería hablaros ahora.
Os veía que cuchicheabais con los médicos, y yo sé que soy enferma terminal, no es una sorpresa. En cambio, sí lo fue vuestro miedo, me pareció que sufríais imaginando mi sufrimiento, el de morirme, pero eso ahora no me importa. Mi vida no es mi sangre corriendo, sino vosotros. Yo no soy la vuestra, pero vosotros sí sois la mía, porque soy vuestra madre ¿Os acordáis de cuando el médico os dijo lo que os dijo? ¡Qué preocupación más grande, quién me lo diría! Y yo cogí vuestras manos, y uní las de Juan y Berta, y las de Carlos y Matilde, y os dije que no os preocuparais porque mi vida, hijos míos, es vuestra unión y las futuras de mis nietos y sus hijos.
Os doy unas gracias tan íntimas que no sabría explicarlas, y os las doy en nombre de Ricardo también. Es nuestro agradecimiento porque vuestra unión es nuestra vida. Gracias, hijos míos. Ya le pediré al buen Dios que os de la bendición de ver vuestra vida en vuestras uniones y en las de vuestros hijos, y lo pediré el día en que se descubre que el principio está al final».

Ésta es la página que quería leerles. Muchas gracias

 

Pensamientos tóxicos entre cónyuges

LOS PENSAMIENTOS TÓXICOS
ENTRE CÓNYUGES

Los chicos no hacen más que armar jaleo y a Juan, su padre, que acaba de llegar a casa tarde del trabajo, le falta tiempo para perder la paciencia. Se vuelve hacia su esposa, Isabel, y le dice en tono áspero: ‘Cariño, ¿no te parece que los niños podrían callarse un poco? Ya no son horas para estar de juerga.”

Lo que piensa realmente es: “Isabel les deja hacer lo que les viene en gana”

Como reacción al enfado de Juan, Carla se irrita. Y con una expresión ceñuda le responde: ‘Los niños lo están pasando bien, ya han terminado sus deberes. De todos modos, se irán a dormir enseguida’.

Lo que piensa realmente es: ‘Otra vez lo mismo, siempre quejándose’.

Ahora Juan pierde su ya la poca paciencia que le quedaba. Se inclina hacia delante , aprieta los puños y dice en tono seco: “¡Pues que se vayan ya a dormir! Si quieres (tono amenazador) los llevo yo”

Lo que piensa realmente es: ‘Nunca me das la razón. Si no me hicieras caso, lo arreglaré yo mismo”.

Isabel, preocupada por la cólera de Martín, dice en tono dócil: ‘No te preocupes, ya voy yo’.

Lo que piensa realmente es: ‘Está perdiendo el control… Será mejor que yo ceda. Lo que me faltaba es que grite y sea hosco con los niños’.

Estas conversaciones paralelas -la verbalizada y la que se calla- son mencionadas por Aaron Beck, el fundador de la terapia cognitiva, como un ejemplo de las clases de pensamiento que pueden envenenar un matrimonio. El verdadero intercambio emocional entre Carla y Martín está modelado por sus pensamientos, y esos pensamientos, a su vez, están determinados por otra capa más profunda que Beck llama ‘pensamientos automáticos’: suposiciones fugaces y en segundo plano acerca de uno mismo y de la gente relacionada con uno que reflejan nuestras actitudes emocionales más profundas.


Para Isabel, el pensamiento en segundo plano es algo así como: ‘El siempre me está manipulando con sus cabreos’. Para Juan, el pensamiento clave es: ‘Ella nunca tiene en cuenta cómo me siento’. Isabel siente que es una víctima inocente en el matrimonio, y Martín siente absoluta indignación ante lo que considera un tratamiento injusto.

La idea de ser una víctima inocente o la de la indignación absoluta son típicas de los cónyuges con problemas, que además retroalimentan constantemente estos pensamientos negativos. Una vez que los pensamientos perturbadores como la indignación o el victimismo se vuelven automáticos, son auto confirmadores: el cónyuge que se siente víctima está analizando constantemente todo lo que su pareja hace, con el fin de confirmar el punto de vista de que es una víctima; pasa por alto o deja de lado cualquier acto amable por parte de su cónyuge que pudiera cuestionar o negar ese punto de vista.

Los cursos de comunicación conyugal que desarrollamos en el COF Virgen de Olaz basadas en la inteligencia emocional, detectan estos problemas, hacen a los cónyuges conscientes de estos pensamientos de segundo plano, ayudan a sacarlos a la luz, y abordarlos de forma constructiva. Existen técnicas de grupo y casos que permiten mostrar a los cónyuges la base de estos comportamientos, y cómo modificarlos, cortando así un círculo vicioso que puede ser muy perjudicial para la convivencia.

 

 

Autor: Equipo CIF Virgen de Olaz

 

Taller de comunicación matrimonial

II TALLER DE COMUNICACIÓN CONYUGAL (CAMPAMENTO DE FAMILIAS)
13-14-15 Noviembre 2009

FICHA DE INSCRIPCIÓN FAMILIA:……………………………………………………………………………………………………………

Nombre y Apellidos del Padre:…………………………………………………………………………… e-mail:…………………………………………………………….movil…………………………………………

Nombre y apellidos de la madre: ………………………………………………………………………. e-mail:…………………………………………………………….movil…………………………………………

Nombre de los hijos:
Nombre:……………………………………………………………………… Edad:………………………….. Nombre:……………………………………………………………………… Edad:………………………….. Nombre:……………………………………………………………………… Edad:………………………….. Nombre:……………………………………………………………………… Edad:………………………….. Nombre:……………………………………………………………………… Edad:………………………….. Nombre:……………………………………………………………………… Edad:………………………….. Nombre:……………………………………………………………………… Edad:………………………….. Nombre:……………………………………………………………………… Edad:………………………….. Nombre:……………………………………………………………………… Edad:………………………….. Nombre:……………………………………………………………………… Edad:…………………………..

Domicilio postal: C/Avda/……………………………………………………………………………………………………………. Num…………………………..Código Postal……………….Localidad……………………………….. Telefono……………………………………………………………………………………………………………

La matrícula en el curso es de 250 euros por matrimonio. El precio del campamento (alojamiento del viernes al domingo y pensión completa todos los dias) es de 65 euros por niño mayor de 2 años. Las familias numerosas consultar descuentos en el teléfono del COF Virgen de Olaz

La inscripción será en firme tras abonar el importe de la matricula en la c/c 3172- 0001-70-9800092032, a nombre de «Comunidades de Nuestra Señora de la Asunción», de la Caja Caminos, en la calle Almagro.

C/ Santa Engracia 20 (esquina C/ Caracas) Teléfono: 91 448 3461 www.cofvirgendeolaz.org

Campamento familias

ENCUENTROS DE COMUNICACIÓN CONYUGAL

(CAMPAMENTO DE FAMILIAS)

26-27-28 Octubre 2007

 

FICHA DE INSCRIPCIÓN

 

 

FAMILIA:……………………………………………………………………………………………………………

 

Nombre y Apellidos del Padre:……………………………………………………………………………

e-mail:…………………………………………………………….móvil.………………………………………..

 

Nombre y apellidos de la madre: ……………………………………………………………………….

e-mail:…………………………………………………………….móvil.………………………………………..

 

 

Nombre de los hijos:

Nombre:……………………………………………………………………… Edad:…………………………..

Nombre:……………………………………………………………………… Edad:………………………….. Nombre:……………………………………………………………………… Edad:………………………….. Nombre:……………………………………………………………………… Edad:………………………….. Nombre:……………………………………………………………………… Edad:………………………….. Nombre:……………………………………………………………………… Edad:………………………….. Nombre:……………………………………………………………………… Edad:………………………….. Nombre:……………………………………………………………………… Edad:………………………….. Nombre:……………………………………………………………………… Edad:………………………….. Nombre:……………………………………………………………………… Edad:…………………………..

 

Domicilio postal:

C/Avda./…………………………………………………………………………………………………………….

num…………………………..Código Postal……………….Localidad………………………………..

Teléfono……………………………………………………………………………………………………………

 

El precio del campamento (inscripción en el curso, alojamiento del viernes al domingo, pensión completa todos los días, y monitores para los niños) es de 100 euros por persona, hasta un máximo de 500 euros por familia.

 

La inscripción será en firme tras abonar el importe del curso en la c/c 3172-0001-70-9800092032, a nombre de «Comunidades de Nuestra Señora de la Asunción», de la Caja Caminos, en la calle Almagro.

Curso comunicación en el matrimonio

COMUNICACIÓN EN EL MATRIMONIO

Objetivo 

Saber cómo aprovechar los momentos cotidianos de la convivencia en pareja y todas las expresiones de la comunicación, para alimentar el amor conyugal.

 


COMUNICACIÓN EN EL MATRIMONIO

 

 

 

Preguntas iniciales

 

Se sugiere contestar individualmente y al finalizar la exposición comentarlo con el esposo(a):

 

  Pregunta Siempre Algunas veces Nunca
1 ¿Busco pretextos de negocios para evadir la casa?
2 ¿Conozco y respeto los gustos de mi cónyuge, aunque éstos sean diferentes a los míos?
3 ¿Procuro lucir atractivo(a)?
4 Cuándo disfruto algo solo(a), ¿pienso inmediatamente en compartirlo con mi esposa(o)?
5 ¿Respeto a la familia y amigos de mi cónyuge?
6 ¿Procuro jamás herir a mi esposo(a) con palabras sarcásticas o mordaces?
7 ¿Le digo frecuentemente a mi esposo(a) que lo(a) quiero, que lo(a) amo?
8 ¿Considero la opinión de mi esposa(o), antes de tomar una decisión importante?
9 ¿Me expreso bien de mi cónyuge en ausencia o presencia de él o ella?
10 ¿Acostumbramos a salir “solos” (ir al cine, caminar, restaurante, viaje, etc.)?
11 ¿Comento con otras personas (amigos, parientes, etc.) los pensamientos que mi cónyuge ha compartido conmigo?
12 ¿Valoro sus aportaciones económicas, o el trabajo en el hogar, y se lo manifiesto así?
13 Cuando mi esposo(a) está platicando conmigo, ¿le estoy interrumpiendo y le doy consejos sin que me los pida?
14 Cuando platico con mi esposo(a), ¿siento que me está escuchando?
15 Cuando mi esposo(a) se quiere comunicar conmigo, ¿dejo la TV, el periódico, los quehaceres del hogar, escucho con atención tratando de entender? ¿Lo(a) miro a los ojos?
16 ¿Hablamos de muchas cosas, pero sin aludir a temas personales y de nuestra relación como pareja?
17 ¿Nos aventuramos sobre discusiones sobre moral, ciencia, religión, discutimos algún artículo del periódico?
18 ¿Descubrimos qué podemos hacer juntos, pintar, adornar la casa, arreglar fotografías, etc.?
19 ¿Procuramos repetir cada año, siquiera reducido, nuestro viaje de bodas?

 

 

COMUNICACIÓN EN EL MATRIMONIO

 

 

Definición

 

Según el diccionario, Comunicación es “el medio de unión”. Comunicar también es “trasmitir o hacer partícipe a otro de lo que uno conoce o tiene” (Pequeño Larousse Ilustrado. 2008).

 

Comunicarse en el matrimonio es poder expresar o transmitir libremente los pensamientos, inquietudes, problemas, dudas, con sencillez y honestidad, teniendo en el cónyuge un buen receptor.

 

Reflexiones

 

Las siguientes reflexiones nos ayudan a entender mejor el significado y la importancia de la comunicación en el matrimonio:

 

  • El presente es el resultado del pasado, y el futuro será el resultado del presente. Hay que vivir y trabajar hoy.
  • El hombre es un ser racional que necesita la comunicación para crecer.
  • La comunicación entre dos personas se hace difícil cuando compartimos
  • Como todos los demás logros humanos, la comunicación es cuestión de práctica constante.
  • Comunicar no sólo es hablar, sino escuchar.
  • Amar es compartir.
  • El camino hacia el éxito está lleno de fracasos.
  • El único fracaso real es aquel del que no aprendemos
  • El síndrome del fracaso se puede convertir en un cáncer de la comunicación.

 

La importancia y beneficios de la comunicación

 

El ser humano vive en constante relación con otros seres humanos. Es también un ser social y cada uno de nosotros es fruto de una relación de tipo moral, humano, físico y amoroso.

 

Premisas de la comunicación:

 

El compromiso: Cuando no queremos comunicarnos es porque no queremos comprometernos o abrirnos. Cuando ha habido fracasos en la comunicación nos da temor volverlo a intentar.

 

La conciencia de ser un don: Cada uno de nosotros es un regalo para los demás, y los demás son un regalo de Dios para nosotros, somos únicos e irrepetibles. Debemos tener muy presente que darnos a los demás nos enriquece y recibir de los demás también nos enriquece.

 

La opción por la sinceridad: Debo ser fiel conmigo mismo y eso me ayudará a serlo con los demás, debo conocer mi propia identidad, conocerme, saber de qué soy capaz, ser auténtico y no aparentar lo que no soy, sino lo que en realidad soy. Esto nos ayudará a conocer abiertamente a nuestro cónyuge, no con máscaras.

 

Obstáculos para la comunicación

 

Si realmente deseamos comunicarnos tenemos que estar dispuestos a trabajar para superar todos los obstáculos. El triunfo no está lejos y las recompensas del éxito son: el crecimiento personal, conyugal y familiar; la felicidad y satisfacción con nosotros mismos, con lo que tenemos, lo que somos. Esto es algo que se irradia y se contagia, lo cual provoca la creación de un ambiente familiar de amor.

 

Obstáculos exteriores:

 

Ocupaciones: Hablamos de lo que hacemos y no de lo que somos.

Distracciones: Televisión, teléfono, periódico.

Injerencias de otras personas: Se debe buscar el lugar y la hora conveniente (en ocasiones, los hijos pueden ser un obstáculo para la comunicación conyugal).

 

Obstáculos interiores:

 

Malas experiencias: Miedo a los fracasos durante el diálogo en tiempos pasados, gritos o regaños.

La falta de contenido interior.

 

Consejos para comunicarte con tu cónyuge

 

En el amor adulto se debe establecer una doble corriente, el dar y recibir.

  • Dar aunque con ello se tenga que romper el cascarón del egoísmo.
  • Recibir aunque en ocasiones pensamos que no necesitamos nada de los demás.

 

El matrimonio es como un puente sostenido por dos pilares, si uno es débil se cae. También cabe mencionar que todos los consejos y pláticas que podamos escuchar no bastan para mejorar si no los practicamos constantemente.

 

  1. La amistad es más importante que la relación. Por lo general, para un amigo lo más importante es su amigo; quienes consideran que la amistad con su cónyuge es lo más importante, pueden crear una relación más gratificante. En cambio, quienes se han convertido en amantes, sin haber desarrollado una verdadera amistad, consideran que antes que su cónyuge, están ellos mismos, o la propia relación. A un amigo se le acepta tal como es y se le perdonan sus fallas.

 

  1. No trates temas importantes durante los momentos tensos del día. Es bueno hablar de los sentimientos en el mismo momento que surgen, pero en ocasiones no conviene, sobre todo cuando se tiene mucha carga emocional. Se debe evitar hablar cuando alguno de los dos esté muy cansado, antes de irse a trabajar o inmediatamente después de regresar, y lo mejor es preguntarle a tu cónyuge si está dispuesto a escuchar o dialogar.

 

  1. No culpes a tu cónyuge sin haberlo escuchado. Si culpas a tu cónyuge sin haberlo escuchado, lo único que vas a lograr es que se pondrá a la defensiva y se va a encerrar. Tampoco se vale hacer prejuicios o querer adivinar. Deja a tu cónyuge expresar sus sentimientos.

 

  1. Trata un solo asunto a la vez. Se debe tratar un solo asunto y nunca mezclar otros, concentrarse sólo en el tema presente y olvidar en ese momento si existen otros.

 

  1. Escucha con atención y está seguro de entender lo que tu cónyuge te está diciendo. Se debe escuchar con atención el mensaje completo y sin interrumpir, no salir a conclusiones precipitadas ni ponerse a la defensiva. Si el asunto es importante, trata de repetirle a tu cónyuge lo que oíste o interpretaste para que no le quede duda.

 

  1. Haz frases usando el “yo” en lugar del “”. Una de las principales causas de discusión es culpar a tu cónyuge de tus emociones o sentimientos, por eso debemos aprender a decir “yo” en lugar de “”. Por ejemplo, cuando dices: “cuando te demoras me da mucho coraje porque tú eres muy desconsiderada(o)”; se puede cambiar por: “cuando te demoras me da mucho coraje porque yo siento mucha vergüenza de haber sido de los últimos en llegar”. Queda estrictamente prohibido comunicarse usando las siguientes frases:

 

“¡Ven aquí, apresúrate!”

“¡Nunca haces las cosas bien!”

“¡Otra vez con lo mismo!”

“¡Tú tienes la culpa!”

“¡Si no lo haces…!”

 

También queda prohibido comunicarte con ironía y sarcasmo.

 

  1. Haz peticiones no exigencias. Una petición implica cualquier respuesta, así sea negativa y será aceptada. Una exigencia implica que la respuesta siempre sea afirmativa, y, como se dice “en la forma de pedir está el dar”.

 

  1. No divulgues los sentimientos. Evita divulgar los sentimientos compartidos por tu cónyuge, ni aun con el mejor amigo, porque perderá la confianza de volver a comunicártelos.

 

  1. No debes ser sincero el 100 % de las veces. Habla siempre con la verdad sabiendo cómo decirlo, porque por ser demasiado franco, puedes caer en la agresión.

 

  1. No dejes problemas sin resolver o resentimientos ocultos. Al dejar problemas sin resolver o sin decir, se irá formando un muro de indiferencia, no debemos tener miedo a afrontarlos.

 

Conclusión

 

Consideramos que para mantener vivo nuestro matrimonio hay que regarlo y cuidarlo, y eso sólo se logra con mucho esfuerzo, voluntad y sacrificio. Es importante que hagamos un alto en el camino, para reflexionar:

 

  • ¿En qué estamos fallando? ¿En qué podemos mejorar?
  • ¿Qué cuentas le estamos dando a Dios del tesoro que un día nos regaló?
  • ¿Es feliz mi pareja a mi lado?
  • ¿Qué ejemplo de vida conyugal estamos dando a nuestros hijos?

 

Quizás nunca nos hayamos puesto a pensar en esto, pero en nuestras manos tenemos una buena parte de responsabilidad sobre la vida futura de nuestra familia.

 

Terminemos la reflexión con este poema de Gustavo Adolfo Bécquer:

 

“Asomaba a sus ojos una lágrima,

y a mi labio una frase de perdón;

habló el orgullo y enjugó su llanto

y la frase en mis labios expiró.

Ahora ella va por un camino y yo por otro

y al pensar en nuestro mutuo amor,

Él se preguntará ¿por qué no hablé aquel día?

y ella se dirá ¿por qué no lloré yo?

 

¡No nos conformemos con ser una pareja más, luchemos por ser la mejor!

 

Lecturas recomendadas

 

La Gota que Derramó el Vaso

Michael Ryan Grace

Dirca Impresores.

Tareas para vivir la semana

 

Leer y reflexionar lo siguiente:

 

A todas las parejas que han callado cosas hermosas, y no han hablado a tiempo.

A quienes no supieron perdonar.

A los que sólo vieron lo malo en el otro.

A quienes se fueron separando poco a poco.

A quienes no supieron conservar el amor.

A quienes no vieron claro, hasta que fue demasiado tarde.

A todos los que andan mal en su matrimonio, con la esperanza de que aún están a tiempo:

 

“Ahí estás…

Frío y callado, ya que no puedes hablar, ni yo contigo me puedo comunicar… Aunque cuando estabas vivo ya no podíamos conversar, sólo nos dedicábamos a pelear.

De novios, yo te admiraba y… y para mí eras un verdadero galán, a ti te debe haber pasado igual… por eso nos casamos.

¡Oh Dios, cuánto nos amábamos!… Después, algo perdimos y nunca lo buscamos, así fue como nos separamos… ¿Dónde fue?, no lo sé, pero algo pasó y nos volvimos dos extraños.

Una tremenda soledad de dos seres separados, viviendo como enemigos, hasta a los hijos los usábamos para enfrentarnos …y, ¿sabes?, ahora me sucede algo muy extraño; siento remordimiento, una sensación de culpabilidad… ¿Por qué no luché más?, ¿por qué no guardé silencio?, ¿por qué no te amé y perdoné más? No lo sé… en algún lugar perdimos el camino y nos separamos.

También veo las mil cosas que hacías y me parecían sin importancia. Pero, ¿sabes?… De algo estoy segura: sí yo estuviera en tu lugar, igual sentirías respecto de mí, y te arrepentirías y lo lamentarías. Pero… ahora ya nada podemos hacer… Tan sólo con lágrimas en los ojos te dedico este… Réquiem para un marido muerto”.

 

Reflexión en Grupo

 

Objetivo: Caer en cuenta de que lo que necesitamos comunicar al cónyuge debemos hacerlo hoy y no dejarlo para después.

 

Instrucciones

 

  • Dedicar 30 minutos al desarrollo de la dinámica de esta sesión.
  • Contestar la evaluación de la sesión.
  • Comentar las “Tareas para la Semana” de la anterior sesión.
  • Hacer la acción de gracias.

 

Desarrollo

 

  • Sensibilización. Supongamos que el siguiente hecho sucede realmente: “viajamos en un avión, entre los pasajeros va cada uno de nosotros sin el cónyuge, la sobrecargo anuncia que por algunas razones el avión va a caer en cinco minutos, tiempo que se sugiere para escribir una carta a nuestro esposo(a), existe toda la certeza de que esta carta será recibida”.
  • (5 min.) Cada uno de los cónyuges escribe la carta, dada la limitación del tiempo sólo se debe escribir lo que se considere más importante en ese último momento de nuestra vida.
  • (10 min.) Compartir la carta con el cónyuge, levantarse y dejar el grupo.
  • (15 min.) Regresar al grupo con la finalidad de compartir la experiencia vivida, no la carta. Se pretende:

 

  1. Comentar aquellas cosas nuevas que han aparecido al hacer el ejercicio.
  2. Analizar y reflexionar, sobre todo aquello que tenemos que decir y no hemos dicho y consideramos, durante el ejercicio, muy importantes como para decirlas en el último momento de nuestra vida”.
  3. Reflexionar el porqué a lo que consideramos tan importante no le dedicamos tiempo.
  4. Proponer en grupo consejos para lograr poner en práctica el dedicar tiempo a la comunicación entre esposos.
  5. Sugerir quienes no hayan podido compartir la carta con su esposo(a), busquen algún momento para hacerlo.

Encuentros de comunicación conyugal

COF “Virgen de Olaz”

 

Madrid, 10 Septiembre 2007

 

Queridos amigos,

 

Desde el COF “Virgen de Olaz” hemos organizado un proyecto titulado “ENCUENTROS DE COMUNICACIÓN CONYUGAL”. Nuestro objetivo es plantear un espacio dónde la comunicación en la pareja se fortalezca y revitalice, en un mundo donde el tiempo escasea y las tareas familiares y laborales lo hacen en ocasiones difícil.

 

El esquema elegido ha funcionado muy bien con anterioridad en los “Campamentos para familias” que el COF “Virgen de Olaz” ha organizado en Sos del Rey Católico durante mas de diez años. Serán reflexiones personales, con un largo tiempo de dialogo en pareja, y finalmente una puesta en común para todo el grupo dirigida por el P. Juan Pérez Soba, profesor del Instituto Juan Pablo II, que dirigirá estos encuentros.

 

Nuestros hijos estarán en esos momentos con monitores y actividades adecuadas a la edad de cada uno. También hay previstos tiempo libre para jugar en familia y por supuesto, fuego de campamento donde se aumentará la convivencia entre todos.

 

Pensamos que esta actividad es muy importante no solo para el matrimonio y la familia en si, sino para aumentar el conocimiento entre las diferentes familias de los equipos y para poder invitar a vuestros amigos.

 

Cualquier duda o información adicional que podéis necesitar, estamos a vuestra entera disposición

 

Un abrazo

 

 

Ana Martínez y José Sastre

 

Armonía matrimonial

Armonía matrimonial

(2) El mayor obstáculo para el ajuste en el matrimonio es el miedo de ser dominado.

Muchos matrimonios fracasan porque se han contraído con ligereza y frivolidad; sin conocerse y sin amarse. Por sólo apetito sexual. Y esto no basta para hacer feliz un matrimonio.
Otros fracasan por inmadurez. Se casan sin estar preparados para la unidad matrimonial, sin haberla siquiera entendido. Siguen dentro del matrimonio viviendo su individualidad, y los casados deben vivirlo todo «con y para» el otro.
Para que un matrimonio vaya bien, hace falta la colaboración de los dos; pero para hundirlo, basta con uno.
«La convivencia es un trabajo costoso que exige comprensión y generosidad constantes»8.
El matrimonio no es un contrato de servicios sino una comunidad de vida y amor, como dice el Concilio Vaticano II9. La huida de todo sacrificio quita al amor el sello de su autenticidad.Cuando vaya pasando el tiempo de tu matrimonio, encontrarás en tu cónyuge defectos de carácter que no advertiste en el noviazgo. No se los eches en cara de una manera desagradable. Eso sería contraproducente.
Tampoco los consideres como de gran importancia.
Es preferible que atiendas las virtudes que te movieron a elegir esa persona para unirte en matrimonio, y que sirven de contrapeso.
En este mundo nadie es perfecto, y hemos de resignarnos a sobrellevar los defectos de nuestros prójimos.
Procura portarte como si fuera tal como tú deseas. Esto le ayudará a que llegue, a la larga, a ser como tú deseas.
Durante el noviazgo sólo se ven las buenas cualidades de la persona a quien se ama. Con los defectos hay mucha indulgencia. En cambio de casados ocurre al contrario: hay cierta tendencia a olvidar las buenas cualidades y a aumentar los defectos.

«El mayor obstáculo para el ajuste en el matrimonio es el miedo de ser dominado. (…)
»Es éste un miedo peligroso, porque hace que ambos se pongan a la defensiva en lugar de preocuparse por el mayor bienestar del otro.
»Tan pronto como uno traslada la atención de la persona amada a uno mismo, el verdadero amor está amenazado. (…) Si una persona tiene miedo de ser dominada, la otra queda contagiada del mismo miedo, y surge un conflicto»10.

El orgullo desempeña un papel muy importante en las disputas matrimoniales.
El remedio es la humildad, reconocer los errores y dar explicaciones aprovechando un rato de calma.
Y si se domina el buen humor es un modo magnífico de terminar muchas disputas.

Las dificultades conyugales son menos graves de lo que parecen, y pueden superarse con buena voluntad.
«Supongamos dos esposos que después de algunos años de convivencia se encuentran en plena discordia, pero de tal modo exasperados y furiosos que quieren separarse lo antes posible y a costa de lo que sea.
»Al principio estaban muy contentos, se consideraban felices; ahora, en cambio, maldicen el día en que se casaron.
»¿Cómo ha sido eso?
»Los dos tienen defectos, pasiones, errores, pero, ¿quién no los tiene? ¡Cuántos tienen los mismos defectos que ellos, o acaso más, y sin embargo viven en paz! ¿Qué es lo que les ha conducido a la infidelidad y a la ruina?
»El esposo, algún tiempo después del matrimonio, ha comenzado a darse cuenta de las lagunas y defectos de su esposa, y esto le ha disgustado y le ha irritado.
»Bondadosamente, le ha hecho notar estas cosas, pensando que su mujer se enmendaría pronto de sus defectos. ¡Le parecía tan sencillo y tan fácil! Pero ella no se ha corregido…
»Entonces la atención del marido se ha centrado más y más sobre las faltas y errores de ella, con lo que su desagrado, y luego su mal humor, han ido en aumento.
»Parecíale que ella no tenía buena voluntad y no le amaba, pues nada cambiaba su conducta, ni su modo de hacer; lo cual cada vez le disgustaba, irritaba y hería más vivamente.
»Pero también el marido tenía lagunas, defectos, errores; y la mujer en ese mismo tiempo ha fijado su atención en ellos, y se ha desarrollado en su alma un drama igual al que se producía en el ánimo del marido.
»Pensaba que él pretendía mucho de ella y no se preocupaba de cambiar ciertas maneras suyas que la ofendían y amargaban. ¡Hubiera costado tan poco!… Y así llegaron a donde llegaron.
»Algún juez imparcial dirá inmediatamente que la conducta de los dos ha sido estúpida, y ambos han sido los autores de su desdicha.
»Si cada uno de ellos, en lugar de atender a los defectos y agravios del otro, en lugar de emperrarse en la pretensión de que el otro se corrigiera, hubiese observado sus propios defectos y se hubiera esforzado en quitar de sí lo que disgustaba al otro, habrían vivido en paz y la buena armonía se habría consolidado cada vez más.
»Ésta era la única conducta práctica razonable; era también la única cosa que cada uno podría hacer, ya que no tenía ningún poder sobre la voluntad del otro. Pero no han hecho lo que podían; han pretendido cada uno que fuese el otro el que lo hiciese, y así han llegado a ser desgraciados»11.

«En este proceso de mutua “domesticación” que tiene que sufrir todo matrimonio, es esencial, por una parte, la constancia y, por otra, la mutua delicadeza.
»Nada de impaciencia con los defectos del otro; mucho tacto y, sobre todo, no restregárselo con dureza, ironías o ridículos.
»Las moscas no se cazan con vinagre.
»Tampoco tratéis de rehacer el otro a vuestra imagen y semejanza.
»Por parte de cada uno de vosotros, el esfuerzo debe ser contrario: no tratar tanto de rehacer al otro, cuanto de adaptarse al otro»12.

La mayor parte de los conflictos en el matrimonio son causados por falta de mutua adaptación.
Para que el matrimonio progrese los dos deben remar en la misma dirección.
Si cada uno rema en sentido contrario, la barca girará sobre sí misma.
Quien no esté dispuesto a adaptarse al otro, más vale que no se case.
Sin esfuerzo de mutua adaptación, el matrimonio no hay quien lo aguante.

El continuo choque de opiniones, deseos, planes, gustos, etc., convierte al matrimonio en un infierno.
Es posible que no coincidáis en gustos, planes, deseos, etc.
Pero si quieres a la persona, de buena gana aceptarás lo que ella prefiera. Cuando los dos quieren dominar, el choque es inevitable. Cuando los dos quieren adaptarse, la armonía es maravillosa13.

El Dr. Vallejo-Nájera dijo por Televisión Española que la raíz de muchos matrimonios desgraciados es porque esperan demasiado del otro y quedan defraudados14.

«Exigir del otro que se adapte, que procure mejorar su personalidad, querer que luche contra sus defectos y consolide sus cualidades, bien está.
»Pero exigir que eso se realice enseguida, y que la transformación sea inmediata, sería nefasto.
»Se obligaría entonces al cónyuge a contentarse con cambiar las apariencias, se le conduciría a adoptar unas actitudes que serían forzosamente superficiales; el resultado no tardaría en manifestarse con un retorno a las costumbres antiguas y un mutuo desengaño.
»Si hay algo que debe evitarse es eso.
»Más vale proceder gradualmente, contar con el tiempo y obtener resultados ciertos.
»Esta paciencia será sin discusión, una de las formas superiores del amor y un testimonio irrecusable de desinterés. Saber esperar a que el cónyuge logre superar sus defectos, animándole sin hostigarle, ayudándole sin desquiciarle, éste es uno de los primeros pasos en el camino del acuerdo de las personalidades.
»Este acuerdo se efectuará con tanta mayor seguridad cuanto con más calma se proceda.
»Excitarse no servirá de nada; lo más que se conseguirá es exasperarse uno mismo y exasperar al otro.
»En tal ambiente, el acuerdo, en vez de progresar, retrocedería multiplicando los roces y exacerbando los choques.
»Todo esto no quiere decir que se encierre uno en la pasividad esperando que el cónyuge se decida de una vez, a realizar un esfuerzo para adaptarse, sino que significa que al exigir de él unas manifestaciones de buena voluntad, se impondrá uno a sí mismo una paciencia a toda prueba, respetando el curso del tiempo y contando con la lentitud normal de toda evolución humana.
»Saber repetir una corrección.
»Repetirla sin dejar traslucir que está uno harto y a punto de estallar.
»Repetirla, por el contrario, con incansable afabilidad, con una pizca de buen humor, pero nunca fuera de tiempo.
»Domeñar esta impaciencia, esta precipitación, e imponerse contar con el tiempo.
»Esperar que poco a poco se efectúe la evolución requerida.
»El tiempo destruye siempre lo que se hace sin él.
»En toda observación evitar las palabras agrias; en toda crítica, evitar las palabras ultrajantes; en todo reproche, evitar la aspereza; tales son las condiciones que se requieren previamente para el acuerdo conyugal.
»Éste no puede realizarse más que en un clima en que el afán de comprensión recíproca sea evidente.
»Este ambiente se creará si de una parte y de otra se emplea la destreza necesaria para hablarse con provecho.
»La preocupación por proceder con tacto conducirá a no hablar nunca bajo el efecto de la emoción violenta que acompaña habitualmente a la primera reacción. Le sucede a nuestro espíritu lo que al agua: cuando ésta se enturbia ya no se puede ver nada en ella; hay que dejarla reposar para que recobre su limpidez»15.

La crítica mutua en el matrimonio es buena y ayuda a mejorar.
Pero debe ser una crítica que nace del amor y se hace con amor.
No una crítica-reproche que molesta al otro. Éstas son inútiles y perjudiciales, porque deterioran la convivencia.

Una crítica que es un desahogo de la agresividad, produce agresividad en el otro. La finalidad de la crítica debe ser ayudar al otro a ser mejor.

Por eso, no pedir imposibles; ni hablar con vaguedades que no concretan lo que debe cambiar; ni en plan exigente, sino sugiriendo.
Y en el momento oportuno. Una crítica a destiempo es perjudicial, o, por lo menos, inútil.

«Es necesario, a todo precio, vencer el mal humor y, para conseguirlo, cultivar el arte del perdón recíproco.
»Que no se tema ir demasiado lejos en este sentido, porque si es peligroso perdonar demasiado, mucho más peligroso es no perdonar lo suficiente.
»De tener que elegir entre los dos excesos habría que optar sin titubeo por el primero; porque un exceso de bondad sólo pude servir al amor, mientras que, por el contrario, éste no podría sobrevivir a una negativa del perdón.
»En la vida conyugal es donde tiene más aplicación la respuesta de Cristo: hay que perdonar setenta veces siete16.
»Es decir, ¡siempre!
»Solamente en la medida en que el uno y el otro hagan de esta ley cristiana norma de su vida cotidiana florecerá la comprensión en la vida común.
»Cualquier otra orientación sólo puede acarrear endurecimientos y choques que acabarán por destruir la felicidad.

»Para que la vida en común sea bella, para que sea armoniosa y reine en ella la alegría, para que el amor sea fácil, es preciso que marido y mujer se traten con toda caridad, concediéndose recíprocamente un perdón renovado sin cesar.

»Cuando tengas que reprender a tu cónyuge, no lo hagas con reproches duros, que suelen motivar reacciones violentas.
»Es preferible una suave sugerencia que facilite la disculpa, el acuerdo, la avenencia.
»Con mucha frecuencia en el origen del enojo está el orgullo.
»Algunas torpezas inconscientes y repetidas traen como consecuencia que la mujer ofendida se refugie en una protesta silenciosa.
»Se encierra en sí misma, negándose a avanzar por el camino de la comprensión. No admite el perdón.
»Pensando que ha iniciado ella demasiadas veces los pasos de la reconciliación, se repliega ahora a la defensiva y manifiesta su protesta con una terquedad irreductible.

»No posee ella, sin embargo, el monopolio del malhumor.
»Hay que reconocer que el hombre, a su vez, lo utiliza con frecuencia, impulsado también por el orgullo.
»En él también, puede triunfar la fobia a dar el primer paso. Ésa es la manera mejor de hacer la vida común insostenible.

»El triunfo de la terquedad, del orgullo, y malhumor, actúa sobre el amor como un cáncer.
»Muchos de los fracasos matrimoniales se deben a la falta de comunicación. Porque la mujer no encuentra en el marido atención a lo que ella necesita comunicar.

»Muy cercana al malhumor está la taciturnidad.
»Es un estado de espíritu en el cual no se encuentra nada que decir.
»Este defecto es, la mayoría de las veces, patrimonio del hombre.
»Aun no siendo siempre consecuencias de mala voluntad, no por ello debe dejar de ser corregido.
»Hay maridos que no comprenden que imponen así a su mujer un verdadero suplicio.
»A lo largo de todo el día, ella no tiene nadie con quien hablar.
»Cuando llega el marido, siente una necesidad muy comprensible de comunicarse con él.
»Pero éste cansado y rendido, no se encuentra con ganas de conversar.
»Se atrinchera tras el periódico o se dedica a la televisión.
»Cuando esto se repite con regularidad llegan a ser extraños entre sí.
»Están al borde del fracaso.
»El marido debe hacer un esfuerzo para salir de sí mismo y dedicar a su esposa una atención parecida a cuando era su novia.
»Hay que conseguir que en el hogar brille la alegría. Es la mejor salvaguardia del amor»17.

El doctor Enrique Rojas, Catedrático de Psiquiatría en Madrid, en su libro El amor inteligente19, cuenta el caso de un matrimonio, con tres hijos, a punto de separarse, porque él, excelente profesional, sólo vivía para su trabajo, y su mujer se sentía abandonada.
Él dice que le gusta ser responsable de lo que lleva entre manos, aunque reconoce que habla poco; pero considera que para hablar hay que tener algo que decir, que hablar por hablar es ridículo, y que para hablar de cosas insulsas prefiere estar callado.
Pero ella no aguanta esa falta de comunicación. Y él se queja de que ella está siempre protestando de todo.
Total, que la falta de comunicación iba a acabar con ese matrimonio.

En el matrimonio no basta coexistir, hay que convivir.
Y esto no es posible si no tienen nada en común.
Hay que compartir gustos, ideas, valores.
No basta que los cuerpos estén juntos, si las almas están separadas19.
Para la armonía matrimonial es fundamental la comunicación.
El hablar aclara las cosas. El silencio enreda cosas que no debían haber sido problema.

Un día, una esposa ve pasar a su marido en su coche con una joven al lado.
Es una compañera de trabajo, y la lleva al médico.
Pero su mujer se imagina lo peor.
Cuando él llega a casa, con toda naturalidad, y como siempre, va a besar a su esposa.
Ella con la idea que tiene en la cabeza lo recibe displicentemente.
Él se extraña, pero calla.
Ella también calla.
Al día siguiente él se acerca a darle el beso de costumbre, y nota en ella la misma reacción.
Al tercer día, se va directamente a su habitación sin besarla. Ella saca su conclusión: «no hay duda que se ha liado con la otra».
Ya tenemos una tragedia que se hubiera evitado sin el silencio de los dos.

Hay mujeres que se quejan de que sus maridos no hablan; pero no caen en la cuenta de que ellas no dejan hablar, pues son interminables narrando sus cosas. Otras interrumpen continuamente lo que a ellos les parece interesante contar, con multitud de «cositas»: ¿cómo te has hecho esa mancha? ¿Está buena la sopa? ¡Ten cuidado con la ceniza!, etc.
Así dan a entender a su marido que lo que él les cuenta no tiene para ellas ningún interés, y al marido se le quitan las ganas de hablar.

Escuchar no es lo mismo que alternancia en el monólogo, donde cada uno aprovecha una pausa del otro para retomar el hilo de lo que estaba diciendo.
No es lo mismo oír que escuchar.
Al escuchar intentas comprender al otro.
Quien se siente escuchado se siente querido.
Escuchar a una persona es valorarla.
Todos necesitamos ser valorados por los demás.
Si a una persona no se la hace caso, no se la valora, se sentirá frustrada.
Esto la llevará a fracasar en la vida y a vivir amargada.

También es importante amar lo que el otro ama: su familia, su profesión, sus aficiones. Despreciar estas cosas enfría el afecto y distancia las personas.

La comunicación es indispensable, pero debe hacerse en el momento oportuno. Empeñarse en tenerla inoportunamente es contraproducente.

Y, desde luego, no confundir la comunicación con el reproche.
Hay personas que siempre están poniendo defectos al otro. Resultan insoportables.
Para que el reproche sea eficaz debe ser oportuno.
Y, por supuesto, nunca delante de terceras personas.

Para remediar las desavenencias en el matrimonio te recomiendo este libro excelente: Felicidad conyugal: sus obstáculos; su éxito20.
Además de ser un libro provechosísimo para los casados, también lo es para los que se acercan al matrimonio; para que sepan, desde el principio, evitar todos los pasos que les aparten de la felicidad conyugal.

El matrimonio, como todas las cosas, tiene su lado negro; y es necesario soportarlo.
El sufrimiento es en esta vida inevitable, y hay que aceptarlo.

Para consultar el artículo completo:

Armonía matrimonial (1)

Armonía matrimonial (2)

  1. ENRIQUE ROJAS: El amor inteligente, IV, 5. Ed. Temas de hoy, Madrid. 1997. regresar
  2. Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº 48 regresar
  3. ANA MOW: El secreto del amor matrimonial, 2ª, VIII. Ed. SAL TERRAE. Santander. regresar
  4. PABLO POVERA: Vive tu vocación, XVII. Ed. Herder. Barcelona regresar
  5. ROBINSON: Educación sexual y conyugal, 4ª, III, 2. Ed. Mensajero. Bilbao. Este magnífico libro deberían leerlo todos los chicos y chicas a partir de los 18 años. Informa admirablemente de todo lo que deben saber los jóvenes, los novios y los esposos sobre la vida sexual. regresar
  6. MARABEL MORGAN: La mujer total,VI. Ed. Planeta. Barcelona. 1976. Este libro deberían leerlo todas las casadas. Si cumplieran los consejos que aquí se dan, muchos matrimonios irían mejor. regresar
  7. Dr. VALLEJO-NÁJERA en TVE el 8-II-79 a las 4 de la tarde. regresar
  8. CHARBONNEAU: Noviazgo y felicidad, V, 2. Ed. Herder. Barcelona, 1970 regresar
  9. Evangelio de SAN MATEO, 18:22 regresar
  10. CHARBONNEAU: Noviazgo y felicidad, V, 3, c. Ed. Herder. Barcelona, 1970 regresar
  11. ENRIQUE ROJAS: El amor inteligente,II. Ed. Temas de hoy. Madrid.1997 regresar
  12. JUAN LÓPEZ PEDRAZ, S.I.: Tres trampas en el noviazgo, XIII. Ed. Paulinas. Caracas, 1978 regresar
  13. ÁNGEL DEL HOGAR: Felicidad conyugal. Ed. Desclée. Bilbao regresar

Armonía matrimonial (3) Cuando los dos esposos procuran complacerse mutuamente, por encima de los intereses y gustos particulares de cada uno, el matrimonio es mucho más suave.

Armonía matrimonial (3)

Nunca deberemos olvidar que incluso en un matrimonio en el que reine un verdadero amor, siempre habrá lugar para el sacrificio. A veces puede ser necesaria una autodisciplina, tan recomendada por la ascética cristiana, para el control sexual de los esposos.
Incluso en la formación integral prematrimonial, siempre deberá promocionarse el sacrificio como elemento indispensable del matrimonio cristiano.

La felicidad de un matrimonio no se hunde porque en alguna ocasión pueda haber un disgusto.
Son consecuencia de la fragilidad humana.
Pero siempre sale el sol después que pasan los nubarrones.
Cuando hay amor y virtud las dificultades son más llevaderas.
Es muy difícil que en un matrimonio no surjan problemas.
Lo importante es que se mantenga el amor, y se sobrelleven con virtud los defectos de la otra persona.
Y no contar a terceros las desavenencias conyugales; a no ser para pedir consejo a persona amiga e imparcial.

Los esposos deben saber apreciarse mutuamente.
Que la mujer aprecie el trabajo de su marido, su prestigio social, su responsabilidad, sus éxitos, etc.
Que el marido sepa apreciar lo que supone la consagración total de la mujer a los hijos y al hogar.
Jamás decir nada que pueda suponer menosprecio del otro, aunque sea una pequeñez.
Dar siempre a entender, en el hablar, que se siente admiración por el cónyuge.
«Uno de los puntos esenciales para mantenerse enamorado es seguir admirando al otro y alimentando las bases positivas que hicieron nacer ese amor. (…) El amor es como el fuego. Hay que avivarlo. si no, se apaga. Hay que nutrirlo de detalles pequeños»21.

«A una persona se la conoce cuando sabemos qué valores tiene. Compartir sus valores es el primer pasom para el amor»22.

No es raro el enfrentamiento entre nuera y suegra.
Las dos aman al mismo hombre y pueden surgir celos entre ellas.
El perjudicado es el hombre que quiere hacer feliz a su mujer, pero no puede desatender sus obligaciones de hijo.
El ideal sería que las dos fueran comprensivas.
La nuera comprendiendo que su marido tiene que atender a su madre.
Y la suegra no entrometiéndose en el matrimonio.
Muchos matrimonios han fracasado por las intromisiones de las suegras.
Los matrimonios deberían colocar el cartelito de PRIVADO sin que por eso la suegra se sienta rechazada23.

Otra dificultad puede estar en los antiguos amigos de cada cónyuge.
A veces son de ambientes muy distintos, pero ambos deberían ser agradables con los amigos del otro.
Pero ambos, también, ser prudentes para evitar que un antiguo amigo o amiga sea un «intruso» en su matrimonio24.

¿Cómo hacer fracasar un matrimonio?
1º Abandonar las muestras de amor al otro cónyuge.
2º Dejarse llevar del amor a tercera persona.
3º Supervalorar los defectos del otro cónyuge.
4º Contestarle mal y alzarle la voz.
5º Prolongar los pequeños enfados, mantener la mala cara y ser difíciles para perdonar y pedir perdón, cuando sea necesario.
6º Desinteresarse de las cosas del otro.
7º Despreocuparse de hacerle feliz.
8º Molestarle continuamente.

Para salir del conflicto matrimonial:
1º Tomar conciencia del problema.Nada se resuelve si no se conoce su existencia.
2º Que los dos quieran resolverlo.
3º Buscar las causas que lo han originado.
4º No echarse la culpa mutuamente.
5º Perdonar: pedir perdón; ofrecer perdón.
6º Partir de lo que los une, y apoyarse en ello.
7º Buscar posible solución.
8º Diálogo: Ponerse a hablar. Preguntarse, ¿qué nos pasa?
9º Escuchar. Aguantar. Tolerar.
10º Buscar ayuda en tercera persona (amigo, consejero, sacerdote); pero no para que nos dé la razón a nosotros.

La felicidad del hogar no puede buscarla cada uno independientemente del otro.
Ha ha de ser felicidad de los dos al mismo tiempo.
El amor es un encuentro interpersonal de un «yo» con un «tú» para formar un «nosotros».

«El auténtico amor no busca que la otra persona le haga feliz a uno, sino que uno busca hacer feliz a la otra persona, y en hacerla feliz encuentra su propia felicidad»25.

La felicidad conyugal es una conquista diaria. Fuego que no se alimenta, se apaga. Lo mismo ocurre con el amor Exige a uno y otro un empeño continuo para bien de la pareja y del hogar. No siempre es fácil comprenderse. Hace falta cierto esfuerzo para salir de sí mismo y encontrar el camino de la armonía.

Amar es, ante todo, buscar el bien del otro.
Hay matrimonios que, después de muchos años, se quieren más que en sus primeros tiempos, precisamente por el mutuo perfeccionamiento conseguido con este continuo vencimiento para hacerse mutuamente felices.
Si quieres evitar muchos disgustos en el matrimonio, busca complacer y hacer feliz a tu cónyuge antes que tus gustos y comodidades.
Cuando los dos esposos procuran complacerse mutuamente, por encima de los intereses y gustos particulares de cada uno, el matrimonio es mucho más suave.
Extremar la delicadeza en todo momento, la higiene íntima, los modales educados. La grosería, el descuido, la indelicadeza, la suciedad, llevan al fracaso matrimonial.
La mayor intimidad exige el máximo cuidado en la persona y en los actos, si no se quiere labrar la propia desgracia, destrozando afectivamente el matrimonio.

Mujer, para tu armonía matrimonial:
1. Acepta a tu marido como es.
2. Admíralo en sus valores. Un hombre se siente feliz al verse admirado por su mujer. En cambio una de las cosas que más le humilla es ver que ella le desprecia. El desprecio mata el amor.
3. Adáptate a su vida y no intentes que la cambie por ti.

Para procurar la felicidad de tu esposo, debes caer en la cuenta de que su psicología es muy distinta de la tuya.
«La clave de la psicología masculina está precisamente en el predominio de las facultades de acción (razón y voluntad) y en el desarrollo menor de la sensibilidad. (…)La diferenciación sexual es algo que va con la naturaleza. No todo se debe a la educación. Aunque ésta puede influir también.
»Si una niña de cuatro años coge el lápiz de labios para pintarse delante de un espejo, piensas: «esta niña va a ser presumidilla».Y no te preocupas. Pero si esto lo hace un niño, te preocupas de que vaya a resultar afeminado. En cambio no te preocupas si le ves jugar con coches y aviones.
»El hombre, tiene necesidad de trabajar, organizar, construir. Puede pasar durante el noviazgo o los primeros meses de casado, por un período en que el amor lo ocupe todo. De ordinario esto no le dura mucho tiempo. Un hombre, verdaderamente tal, que pueda vivir del amor, no existe.
» Una mujer no puede ser más feliz que si se entrega a seres de carne y hueso. El hombre no tiene más dicha que cuando se entrega a los negocios, a la actividad, a una obra, sin que esto excluya su dedicación a la familia.Por eso debes comprender esta necesidad de acción de tu marido. Y no debes asombrarte de que tu marido no piense tanto en ti, como tú piensas en él o en tus hijos.
No acoses a tu marido exigiéndole que te dedique más tiempo, agobiarle así es contraproducente.
Todo hombre se vuelve hacia la actividad exterior. Es feliz cuando construye, crea algo. La mujer no desenvuelve su verdadera naturaleza más que cuando se entrega a un gran amor, y puede sacrificarse por los seres a quienes ama»26.
No exijas a tu marido una delicadeza y una ternura que «a él no le va».
Los hombres son más fáciles a expresar su desagrado que su satisfacción.
Tú procura hacer bien todas las cosas. Pero no esperes una alabanza de tu marido por ello. Él está acostumbrado a que en su trabajo no se le suele felicitar por lo que está bien hecho. Eso suele ser lo normal. En cambio se le reprende si algo no está bien. Fácilmente él emplea la misma táctica en casa. Es lógico que a ti te gustaría que te agradezca el esmero que pones en tus cosas. Pero a él, ni se le ocurre. No lo lleves a mal. Es el modo de ser del hombre27. La esposa debe ayudar al marido a que vaya conociéndola cada vez mejor «descubriéndole cada vez más el alma femenina: sus anhelos íntimos, sus quejas, sus ilusiones, lo que le duele, desanima o humilla, lo que espera o desencanta de él»28.
Tu marido quiere que necesites de su amor. Disfruta, si tú disfrutas con él. Procura conseguirlo y decírselo. Le llenará de satisfacción29.
Puede ocurrir que tu amor no sea tan apasionado como el suyo; pero siempre puedes mostrarte cariñosa y complaciente. No es el momento de hablarle de temas que nada tienen que ver con este asunto.
Cuando tengas que negarte, hazlo con delicadeza. Que quede bien claro que no lo rechazas a él, que estás deseando complacerle, pero en otro momento.

El hombre es consciente de su fuerza física en contraposición a su esposa.
Y no es haciendo prueba de fuerza como la esposa obtendrá algo de su marido, sino tomándolo en el momento oportuno por la ternura.
La mujer es débil ante el marido cuando pretende usar la fuerza; es fuerte y omnipotente sobre él cuando obra por la ternura. Dulzura, paciencia y tiempo hacen más que fuerza y rabia30.

Para saber interpretar diversas actitudes de tu esposo, te conviene saber que el hombre es más amigo de sus comodidades y de su bienestar, que la mujer.
Es sensual en todo el sentido de la palabra.
La mujer sacrifica regularmente sus comodidades a su vanidad. Es capaz de hacer grandes sacrificios para estar bella.
El hombre, por el contrario, sacrifica alegremente su vanidad a sus comodidades: se quita la corbata, o crea modas que la suprimen; se pone en mangas de camisa, se instala cómodamente en el mejor sillón, ronca allí. Y no se molestará en echar la ceniza dentro del cenicero.

He aquí unas normas para tu vida como esposa y madre:

Serás una celosa y prudente administradora. No permitas lujos que tu posición no te admita.
Tampoco pasarás la vida protestando porque los cortos ingresos de tu marido te impiden competir socialmente con amigas tuyas.

No le darás demasiada importancia a tu propia familia, ni le darás demasiada poca a la de tu esposo. Aunque ames a los tuyos como siempre y te encante visitarlos frecuentemente, tendrás presente que el primero y más grande amor de tu vida es tu marido.
No amargues la vida de tu esposo manteniendo relaciones tirantes con su familia.
A sus padres, míralos como si fueran los tuyos.
Nunca hables mal a tu marido de su familia, y menos de su madre. Instintivamente cogemos antipatía a las personas que nos hablan mal de quienes amamos.
La esposa no debe tener celos de que su marido tenga con su madre las atenciones que no pueden faltar en todo buen hijo; ni de que su suegra tenga por su hijo el interés natural en toda madre.

Embellecerás tu hogar y serás tú misma el motivo central de la decoración.
Con eso lograrás que tu esposo no pierda el gusto hacia el hogar y hacia ti.
Por muy modesto que sea tu hogar, si despliegas tu ingenio y tu buen gusto, puedes convertirlo en un bello retiro lleno de luz y alegría, donde tu esposo ansíe refugiarse después de las largas jornadas de trabajo.
Que el marido esté en casa cómodo y a gusto. Los griegos decían: «Mucho hogar, esposo firme».