El doctor muerte

 

 

Doctor Muerte: La Historia de Jack Kevorkian

Si uno lee diarios como “El País” y otros autodenominados “progresistas”, llegaría a la conclusión de que los norteamericanos son unos fascistas por meter en prisión a Jack Kevorkian, un simpático bienhecho que lo único malo que hacía era ayudar a pobres humanos a suicidarse. Cosa que no sería punible en Holanda- país de progreso- pero sí en los EEUU.

Vamos a hacer un análisis riguroso de este personaje, descubriendo hecho ocultados a los ingenuos lectores españoles, para que vean la verdadera miseria que oculta toda la progresía pro-muerte que domina la cultura periodística española.

«Deben acusarme. Si no lo hacen, se entenderá que no creen que se trate de un crimen. No necesitan más pruebas, ¿o sí?». Con estas palabras, Jack Kevorkian o el «Doctor Muerte», desafió a las autoridades del estado norteamericano de Michigan y firmó, sin saberlo ni esperarlo, su sentencia a 25 años de cárcel en el programa televisivo que transmitió un video con su último «suicidio asistido».

A seis meses de su condena por asesinato en segundo grado, ya no son sólo sus teorías sobre el «derecho a morir» las que causan controversia, sino los oscuros rasgos de su personalidad y su enfermiza pasión por la muerte, las que han llevado a cuestionar la imagen periodística de que, de alguna forma, Kevorkian podría ser un incomprendido y adelantado idealista.

Gira latinoamericana. En las últimas semanas, los planteamientos de Kevorkian a favor del suicidio asistido llegaron a varios periódicos latinoamericanos a través de uno de sus «embajadores ideológicos» de gira en la región. En efecto, el escritor y periodista inglés Derek Humphry llegó a Colombia para promover la eutanasia y apoyar la labor de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente, la misma organización que realizó una intensa campaña en 1997 para lograr que la Corte Constitucional convirtiera a Colombia en el único país de América Latina que despenaliza la aplicación de la muerte «a pedido» por parte de un médico.

 

 

 

 

 

Estrategia. Con una actitud menos desafiante que la del «Doctor Muerte» en Estados Unidos, haciendo uso de un tono no confrontacional, un marcado relativismo jurídico y una voz suave, Humphry lanzó su campaña para presentar a Kevorkian como un «genio» incomprendido. El inglés concedió entrevistas a todos los medios interesados y ofreció una conferencia en la que alegó respetar a los que opinan «distinto de mí» y tener claro «que en este país hay un gran arraigo de los principios y de los líderes católicos, los cuales, por supuesto, se oponen a la eutanasia». Sin embargo, el inglés señaló que era posible «respetar y reconocer también» el «aporte» de Kevorkian «a un derecho tan importante como el derecho a morir dignamente».

¿Pensador o psicópata? Pero la verdadera historia de Kevorkian, poco conocida para la mayoría del público, incluso en Estados Unidos, revela un sujeto radicalmente diferente al del «profeta adelantado» que ha venido difundiendo la macabra propaganada de Humphry. En efecto, desde su años de estudiante, Kevorkian era visto por sus compañeros como un sujeto por lo menos «inquietante», incluso respecto de la plenitud de sus facultades mentales. No por casualidad consiguió el apelativo de «Doctor Muerte» apenas graduado, y no en los últimos años, como la mayoría piensa.

Extrañas aficiones. Fanático relator de las masacres de sus antepasados armenios a manos de los turcos en la Primera Guerra Mundial y defensor del holocausto nazi porque «jamás podrán volver a hacerse los experimentos con humanos» de los campos de la muerte, Kevorkian se convirtió en el centro de atención de compañeros y jefes más por sus extrañas aficiones que por sus innovaciones médicas, desde que era residente de patología en un hospital de Detroit durante la década del cincuenta. Natural de Pontiac, Michigan, el novato Kevorkian hacía rondas especiales en busca de pacientes moribundos para mantenerles los párpados abiertos con cinta adhesiva y fotografiar sus córneas con el fin de observar si los vasos sanguíneos cambiaban de aspecto en el momento de la muerte, todo ello obviamente sin importarle la dignidad del moribundo.

Sin límites. Convencido de que ningún experimento era demasiado descabellado, a principios de los sesenta ya ensayaba transfusiones de sangre de cadáveres a personas vivas, buscaba permisos para experimentar con reos condenados a muerte por considerar «un privilegio único hacer pruebas con un ser humano que va a morir» y trataba de ampliar tales experimentaciones a cualquier persona que estuviera «frente a una muerte inminente e inevitable». Su obsesión por la muerte también comenzó a ser evidente en su pasatiempo: la pintura. Imágenes de asesinatos y personas decapitadas eran su tema constante e incluso llegó a usar su propia sangre como tinta para manchar el marco de su cuadro titulado «Genocidio».

Problemas. Su trastornada personalidad le causó despidos sucesivos que terminaron cuando logró abrir su propia clínica de diagnósticos, la misma que debió cerrar al poco tiempo porque los médicos se negaban a remitirle pacientes. Ante las constantes negativas para mezclar sus experimentos con la patología, decidió inventar su propia especialidad: la «obitiatría», es decir la manipulación de la muerte. A partir de 1982, cuando se jubiló, Kevorkian decidió dedicarse a su carrera de «obitiatra» proponiendo planes -uno de los cuales fue recogido en una publicación alemana- para experimentar con seres humanos desahuciados, incluyendo la posibilidad de remover un órgano vital o administrar algún fármaco letal a los «pacientes» que sobrevivieran a las pruebas.

¿Asistente o asesino? En 1987, cuando no era más que un fracasado médico jubilado, Kevorkian inició formalmente su macabro oficio de asistente de suicidios con un aviso publicitario en el que se presentaba como «médico asesor de enfermos desahuciados que deseen morir con dignidad» y saltó a la fama gracias a que los medios masivos cubrieron ampliamente la invención del Mercitron, un aparato creado en su propia cocina que se convirtió en la primera máquina del mundo para suicidarse. Desde ese momento Janet Adkins, Marjorie Wantz, Karen Shofftall, Margaret Garrish, Thomas Youk y otras decenas de personas, pasaron a ser nombres conocidos en la creciente lista de «pacientes» que buscaban terminar los padecimientos de sus males en plena crisis emocional, víctimas de la obsesión mortal de Kevorkian, que se preocupó más por verlos morir que por verificar si estaban realmente enfermos.

Verdugo. El doctor L.J. Dragovic, médico forense del condado de Oakland, fue quien condujo la investigación sobre las autopsias. Desde que terminó su trabajo se niega a considerar como «suicidio facilitado por un médico», alguno de los casos en los que intervino Kevorkian inyectando drogas letales o proporcionando monóxido de carbono. Lo que ha visto le basta y en su opinión, Kevorkian «no es más que un verdugo múltiple».

Prisa por matar. La tesis de Dragovic se refuerza en las primeras conclusiones del psicólogo Kalman Kaplan, director del Centro de Investigación sobre el Suicidio de Chicago, que actualmente desarrolla un estudio sobre los suicidios asistidos de Kevorkian. Con 47 casos ya revisados, afirma que «hay muy pocas pruebas de que Kevorkian haya consultado con el médico o el psiquiatra de las víctimas», lo que explicaría la rapidez con la que Kevorkian asistía a sus «pacientes» -pues concertaba los suicidios en uno o dos días después de la primera cita- y evidenciaría una vez más la tanática obsesión del Doctor Muerte.

¿El fin? En tres ocasiones Kevorkian salió airoso de los liberales tribunales estadounidenses presentándose como un visionario humanista que sólo cumplía los deseos de personas sufrientes. Sin embargo, sus argumentos no convencieron al jurado de Oakland, Michigan, que lo condenó a una pena de entre 10 y 25 años por el asesinato en segundo grado de Thomas Youk, un enfermo del mal de Lou Gherig, que fue transmitido en el programa 60 Minutes de la CBS. Aunque intentó presentar el video como la justificación absoluta de sus postulados, perdió la apuesta que planteó a la justicia y sólo podrá obtener libertad condicional en el año 2007.

Encerrado. Ahora con 71 años de edad, Kevorkian pasa los días en una prisión de mediana seguridad en Kincheloe, Michigan, ha empezado a pagar 28 mil dólares de su cuenta personal como reparación civil y destina 364 dólares de su pensión mensual al condado para cubrir los gastos de su encarcelamiento. Mientras su abogado Mayer Morganroth insiste en apelar la sentencia y el juez de Oakland rechaza la posibilidad de un segundo juicio, se reduce el número de los que insisten en verlo como mártir del «derecho a morir» y son más los convencidos de que Kevorkian es un mero asesino en la línea de Mengele que finalmente recibió su sanción

 

El mito de la diversidad familiar

EL MITO DE LA DIVERSIDAD FAMILIAR

Fingir que todos los tipos de familia son iguales es negar la verdad de la experiencia infantil

Fuente:  Dale O’Leary  ,  23 Julio 2008

He recibido un correo electrónico de una madre preocupada porque la profesora de primer curso de su hijo había leído a la clase un relato sobre el matrimonio homosexual entre los conejillos de indias, para, acto seguido, anunciar su próxima boda con otra mujer.

Este tipo de montaje es justificado por quienes apoyan una educación elemental favorable a los homosexuales como una manera de ayudar a los niños a comprender la “diversidad”. Nada tiene de malo, en principio, asegurarse de que los niños, con independencia de sus antecedentes raciales, étnicos o religiosos, tengan la sensación de que aquello que constituye su patrimonio está representado y es respetado.

Sin embargo, la diversidad es un caballo de Troya. Una vez que la idea de aceptar la diversidad se ha introducido en el aula, el plan de estudios de la diversidad oculta algo que socava el auténtico respeto. Los promotores de la diversidad insisten en que, al igual que reconocemos diferencias raciales, étnicas y religiosas, debemos respetar la diversidad de las orientaciones sexuales y los modelos de familia.

Sí hay diferencias

Los militantes de la diversidad quieren obligar a profesores, estudiantes y padres a fingir que no hay diferencia entre una familia compuesta por marido y mujer y sus hijos, y otras variantes tales como una familia mutilada por un fallecimiento o un divorcio, la situación de las que tienen un solo progenitor o las parejas del mismo sexo que se han hecho con hijos por medio de la reproducción artificial o la adopción.

En realidad, las diferencias son enormes. Perder la presencia del padre o la madre naturales durante la infancia constituye siempre una tragedia. Todo el mundo comprende que el fallecimiento de uno de los progenitores es un golpe para un niño. Los adultos que han pasado por esa experiencia en su infancia la recuerdan como un suceso que los cambió de forma profunda.

Igualmente, la fractura de una familia por el divorcio afecta negativamente a los hijos por mucho que se esfuercen los padres en suavizar el golpe: basta leer los libros de Judith Wallerstein para ver los efectos a largo plazo (ver Aceprensa 129/00). Además, la concepción de un hijo fuera del matrimonio priva del vínculo con el padre o lo hace muy débil, y los hijos acusan la carencia con toda la razón. La adopción por parte de un matrimonio puede aportar ventajas maravillosas y mucho amor, pero la herida persiste. Los niños adoptados sienten a menudo la necesidad de hallar a su madre y a su padre naturales.

Con todo, por difícil que resulten la muerte, el divorcio, la ausencia de un progenitor o la adopción, en la mayoría de los casos los niños pueden consolarse con la creencia de que al menos uno de sus padres trató de evitar la tragedia: de que alguien estaba dispuesto a dar prioridad a sus necesidades.

Una privación voluntaria

La situación los hijos incorporados a parejas homosexuales es radicalmente distinta; por definición, se les ha dejado, ex profeso y de forma permanente, sin padre o sin madre. Los adultos que lo han hecho esperan que se aplauda su valor. Quieren que el mundo finja que esto no es más que “diversidad”, cuando, en realidad, ellos han privado a sus propios hijos –a los que quieren y que los quieren– de algo esencial: un progenitor del sexo opuesto.

Estos padres se sienten profundamente ofendidos cuando la escuela considera que las imágenes de familias compuestas por padre y madre son la norma. Ellos piensan que si la escuela promueve la “diversidad” de las formas familiares, sus hijos no darán importancia a que no tienen un progenitor de cada sexo. Se engañan. Los niños lo saben, pero también saben que no pueden ni mencionarlo.

A diferencia del niño cuyo padre fallece, se divorcia o nunca se casa, éstos se ven privados no sólo de un progenitor, sino también del derecho a lamentar dicha privación. Tienen que fingir. Los promotores de la “diversidad” exigen que nos incorporemos al fingimiento: que también nosotros traicionemos a esos niños.

A pesar de todas las simulaciones y afirmaciones en contra, una familia formada por un esposo, una esposa y sus hijos es la norma, y un estudio tras otro han demostrado que es el mejor lugar para criar a un hijo.

Fingir no ayuda

¿Qué deberíamos, pues, hacer con esos niños que han sufrido la trágica separación de uno de sus padres naturales? Fingir que no han sufrido no es la solución. Recuerdo haber impartido una clase de religión, parte de la cual trataba de las palabras de Jesús sobre el divorcio. Sentado en la primera fila estaba un niño cuyo padre acababa de dejar a su madre por una atractiva mujer más joven. Tuve mis dudas pero dije lo que tenía que decir. El chico levantó la mano: “Entonces, ¿a Dios no le gusta el divorcio?”. “Así es”, contesté. “Bien”, respondió. Por la expresión de su cara pude ver que el muchacho se sentía aliviado porque, aunque todos los adultos que le rodeaban habían excusado el acto de su padre, al menos Dios comprendía su enfado.

Existen otra muchas clases de “diversidad” que son verdaderas tragedias: el alcoholismo o el consumo de drogas por parte de los padres, el maltrato del cónyuge o los hijos, la obesidad mórbida, la enfermedad crónica, sea física o mental, la ludopatía, el gasto o el acaparamiento compulsivos. Cualquier profesor sabe que los niños vienen a la escuela con sus lastres. No les pedimos que simulen. No les contamos cuentos sobre hogares felices sometidos a maltratos. Respetamos su intimidad y tratamos de convertir la escuela en un refugio en el que un niño pueda huir de una situación familiar que es incapaz de controlar.

Simular que todas las familias son iguales es negar la verdad de la experiencia infantil. El deseo de tener un padre y una madre propios arde en lo más profundo de cada corazón humano y toda la educación en la “diversidad” no logrará extinguir esa llama. La propaganda por la diversidad sólo hará que niños ya heridos se sientan culpables de querer lo que unos docentes manipuladores tratan de convencerles de que no deberían querer.

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Dale O’Leary es la autora de The Gender Agenda

El chantaje de la ONU a los países pobres

El chantaje de la ONU a los países pobres: o promueves el aborto o te quedas sin dinero

La página mexicana Yo Influyo denuncia las presiones de Naciones Unidas sobre los rebeldes

La multinacional del aborto, regida por el lobby feminista que impera en Naciones Unidas -ahora empieza a compartir poder con lobby gay- siempre se ha alimentado de tres tipos de fondos. Los de las propias Naciones Unidas, financiados por los países miembros, a escote, los fondos que otorgan gobiernos concretos para fomentar el aborto y la esterilización en el mundo, y los que otorgan los gran plutócratas del mundo como Warren Buffet, Bill Gates, las fundaciones Ford, Rockefeller y HP, etc.

En el segundo apartado, por poner un ejemplo, hay que recordar que uno de los escasos avances en defensa de la vida del no nacido durante la etapa George Bush ha consistido en anular la financiación del aborto en el exterior por parte de la Casa Blanca, que los Clinton habían convertido en pieza básica de su política exterior.

En lo que respecta a la financiación ONU, lo más duro, como denuncia Yo influyo, es que se está utilizando el dinero común de la ONU para financiar el aborto en el mundo así como las esterilizaciones masivas. Y en forma de chantaje: es decir, si el Gobierno del país impecune no se somete a los dictados ONU le retiran la ayuda internacional: sanitaria, contra el hambre, etc.

Recientemente, el 4 de enero de 2008, se informó que la ONU recomendó a México incluir en la Ley General de Salud “la capacidad de decisión de las niñas y mujeres para abortar”,y  “manifestó su preocupación de que los debates judiciales sobre los derechos a la sexualidad y a la reproducción no sean del todo ‘garantistas’ (sic) de la libertad sexual y reproductiva de las mujeres conforme a los estándares internacionales”.

La directora de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Louise Arbour, consideró como “un avance en los derechos de la mujer” que en los Estados de Morelos, Baja California y el Distrito Federal, se legalizara el aborto. También ella recomendó “la homologación de las legislaciones estatales para incluir los abortos legales y que las mujeres puedan elegir libremente sobre su embarazo” (agencia Milenio).

Estas indicaciones del Alto Comisionado llegaron cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación anunció que la revisión de los recursos de inconstitucionalidad presentados por la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la Procuraduría General de la República contra la legalización del aborto hasta la 12ª semana de embarazo en el Distrito Federal, sería un tema primordial.

En lo que a la CEDAW se refiere, felicitó al anterior gobierno del Presidente Vicente Fox por medio de la Presidenta en turno del INMUJERES en la Sesión No. 36 (07/25-08-06), por la implementación de políticas de equidad de género y salud reproductiva (aborto encubierto); sin embargo, el Comité le exigió a México profundizar en estos programas. Es necesario decir además que la Santa Sede denunció en el año 2000 la Recomendación General No. 24 del CEDAW (1999) que condena las leyes que prohíben o limitan el acceso al aborto.

Los y las artífices de la nueva “perspectiva de género” presentes en estos organismos, apuntan la necesidad de “de-construir” a la familia, el matrimonio, la maternidad y la feminidad misma, para que la mujer pueda ser “libre” e “igual” al varón y adquiera una ciudadanía de primera.

Los once miembros que acaban de ser electos para el comité de monitoreo de la CEDAW (julio de 2008), fueron escogidos por grupos radicales feministas para impulsar su agenda pro-aborto.

Una vez que un comité de la ONU envía una recomendación a algún país para liberalizar las leyes a favor del aborto, los grupos activistas emiten notas a las cortes o envían cartas a líderes gubernamentales haciéndoles ver su obligación de adherirse a las recomendaciones de estos comités simplemente porque ya firmaron el Tratado.

Esto es un descarado abuso del poder. De esta manera, otras agencias de la ONU los apoyan chantajeando a países subdesarrollados ya que, si no cumplen con dichas recomendaciones, pueden perder financiamiento internacional de ayuda y algún otro apoyo.

El ejemplo más reciente de este problema en México es un memorándum legal elaborado por Amnesty International (Amnistía Internacional), dirigido a la Suprema Corte de Justicia de la Nación en donde, primero, apoya la ley pro-aborto del año pasado aprobada por la Asamblea Legislativa del DF, y proclama que debido a que México forma parte de la Convención Internacional de Derechos Civiles y Políticos (ICCPR) y otras convenciones y tratados de la ONU, el país debe legalizar el derecho al aborto.

Esta organización aparentemente refleja la estrategia adoptada por el Centro de Derechos Reproductivos (CRR) y la Comisión Internacional de Juristas, quienes también entregaron una “Intervención de Terceros” a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (noviembre, 2007).

De esta manera se ejerce coerción para que nuestro país acepte el aborto como parte de los derechos humanos; esto solamente puede verse como una amenaza seria a nuestra soberanía. ¿Es así como las mujeres adquiriremos la deseada igualdad?

Fuente: Zenit

El relativismo lleva a la tolerancia hostil

El relativismo lleva a la «tolerancia hostil», no a la libertad religiosa

Representante vaticano reflexiona sobre la persecución a los cristianos

ROMA, miércoles 14 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).- El secretario de la Santa Sede para las relaciones con los Estados, el arzobispo Dominique Mamberti, considera que el relativismo que impera en Occidente no lleva a la libertad religiosa, sino a una “tolerancia hostil”.

Lo afirmó en un discurso pronunciado durante la cumbre, el pasado lunes 12 de septiembre en Roma, de la Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa (OSCE), sobre la discriminación de los cristianos.

El arzobispo recordó que en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, el Papa Benedicto XVI ya advirtió que los cristianos “constituyen el grupo religioso que sufre más persecución a causa de su fe”.

El prelado admitió que la mayor parte de los crímenes de odio contra los cristianos tienen lugar fuera del área de la OSCE, pero afirmó que hay “signos preocupantes” también en Europa. Citó en este sentido un informe de la Oficina para las Instituciones Democráticas y los Derechos Humanos (ODIHR), que “ofrece una prueba irrefutable de una creciente intolerancia contra los cristianos».

Monseñor Mamberti explicó que la promoción y la consolidación de la libertad religiosa está en el centro de la prevención de este tipo de crímenes.

«La libertad religiosa no puede limitarse a la simple libertad de culto, aunque esta última sea obviamente una parte importante de ella», afirmó. “he explained. «Con el debido respeto por los derechos de todos, la libertad religiosa incluye, entre otros, el derecho a predicar, educar, convertir, contribuir al discurso político y participare plenamente en las actividades públicas».

Trascendente y social

El prelado explicó también que la libertad religiosa no es sinónimo de relativismo, ni de “ni de la idea post-moderna según la cual la religión es un componente marginal de la vida pública».

“El relativismo y el secularismo niegan dos aspectos fundamentales del fenómeno religioso, y por tanto del derecho a la libertad religiosa, que en cambio exigen respeto: las dimensiones trascendente y social de la religión, en los que la persona humana intenta ligarse, por así decirlo, a la realidad que la supera y que la rodea, según los dictámenes de su propia conciencia», explicó.

Prosiguió diciendo que «si bien es verdad que el riesgo de crímenes dictados por el odio está ligado a la negación de la libertad religiosa, no deberíamos olvidar que hay graves problemas en áreas del mundo donde por fortuna no hay persecuciones violentas de cristianos».

Aun admitiendo que la marginalización de la religión no puede compararse con la persecución violenta, sin embargo “estos crímenes se alimentan en un ambiente en el que la libertad religiosa no es plenamente respetada y la religión es discriminada”.

«En la región de la OSCE, estamos ampliamente bendecidos por el consenso sobre la importancia de la libertad religiosa. Por esto es importante seguir hablando de la sustancia de la libertad religiosa, de su vínculo fundamental con la idea de verdad, y de la diferencia entre la libertad de religión y el relativismo que simplemente tolera la religión aún considerándola con un cierto grado de hostilidad», agregó.

El prelado concluyó apuntando que “la visión que identifica la libertad con el relativismo o con el agnosticismo militante y que hace surgir dudas sobre la posibilidad de conocer jamás la verdad, podría ser un factor base del aumento de la verificación de estos incidentes y crímenes dictados por el odio”.

El legado de Galileo Galilei

Informe Especial

El legado de Galileo Galilei
Una conferencia debate la duradera influencia de los científicos

Por Edward Pentin

ROMA, lunes 13 de diciembre de 2009 (ZENIT.org). – Cuatrocientos años después de haber inventado el primer telescopio, el legado de Galileo Galilei sigue vivo, mientras sigue influyendo en cómo el mundo ve la ciencia y cómo la ciencia ve el mundo y, por supuesto, el universo.

Se ha examinado con detalle su grado de impacto en el mundo científico y en la Iglesia en una fascinante conferencia en Roma, reunida por la Pontificia Universidad Lateranense.

Titulado “1609-2009: Desde el Telescopio de Galileo a la Cosmología Evolutiva – Ciencia, Filosofía y Teología en Diálogo”, el encuentro de tres días reunió a toda una serie de conferenciantes de primer orden incluyendo a dos Nobel de Física, cosmólogos, teólogos y filósofos. Ha tenido lugar al finalizar el Año Internacional de la Astronomía, para celebrar el invento de Galileo en 1609.

La conferencia comenzó, lógicamente, aclarando los mitos que todavía rodean a Galileo y su relación con la Iglesia. El Dr. Own J. Gingerich, antiguo profesor e investigador de astronomía y de historia de la ciencia en la Universidad de Harvard, presentó la historia de la controversia.

Eliminó rápidamente la acusación más famosa y al parecer más irrefutable: que la Iglesia torturó a Galileo. Se envió una carta al astrónomo italiano, afirmaba Gingerich, que indicaba que debía ser “interrogado por una vehemente manifestación de herejía” y que concluía “siendo mostrados legalmente los instrumentos de tortura”.

No obstante Gingerich afirmó que Galileo “ciertamente no fue torturado y sospecho que tampoco se le mostraron los instrumentos de tortura, pero estaba en su tercer interrogatorio cuando se dio cuenta de que no habría debate, de que no sería capaz de sostener que el sistema copernicano se debía tomar en serio”. A partir de entonces estaba dispuesto a “confesar de cualquier forma que se le requiriese, a ponerse en arresto domiciliario y a ser devuelto a Florencia”.

El profesor Gingerich decía que era especialmente importante ver el caso de Galileo en su contexto. “Hay que comprender que la mayoría de la gente pensaba que el sistema copernicano era totalmente ridículo; además nadie quería adoptar el sistema copernicano”.

El astrónomo norteamericano hacia luego una observación especialmente pertinente: que la controversia de Galileo “cambió esencialmente la forma en que hacemos ciencia porque hoy la ciencia trabaja sobre todo por la persuasión y no por las pruebas, y Galileo influyó mucho en que esto ocurriera”.

Después de que Galileo publicara su Diálogos sobre los Dos Mayores Sistemas del Mundo que comparaba los sistemas copernicano y ptolemaico (que la tierra giraba alrededor del sol y que el sol giraba alrededor de la tierra), Gingerich decía que hubo una constante “erosión de esta distinción entre la tierra y los cielos”. Pero al mundo le llevó siglos que se extendiera plenamente.

Era de descubrimientos

Sin embargo, los avances en astronomía han sido desde entonces impresionantes, y muchos de ellos han tenido lugar durante los últimos 15 a 20 años. “Estamos en una era de grandes descubrimientos y haciendo grandes progresos”, afirmaba el profesor George F. Smoot, ganador del premio Nobel de Física en el 2006 por su trabajo para ayudar a entender la Teoría del Big Bang.

Gracias al telescopio espacial Hubble y al más reciente observatorio espacial Planck, lanzado por la Agencia Especial Europea, los astrónomos pueden ver ahora el universo con un detalle mucho mayor. Smoot, cuya tarea es cartografiar la superficie del comienzo del universo, comparaba dos mapas del globo para ilustrar cuánto se ha progresado. Uno mostraba todos los continentes cartografiados más o menos como en un atlas medieval, el segundo mostraba la tierra con gran detalle topográfico. El primero representaba lo que sabíamos del universo en 1992; el segundo, lo que conocemos hoy.

Los telescopios actuales han llevado al descubrimiento de por lo menos 100.000 millones de galaxias en el universo, observaba Smoot, llevándole a plantear una cuestión cosmológica provocativa. “Si el propósito del universo es que el ser humano pudiera vivir en él, ¿Por qué hacer tantas galaxias? Claramente sería más que suficiente con crear el sistema solar, [sin embargo] hay muchas, muchas galaxias distribuidas de formas extrañas y evolucionando a lo largo del tiempo. Por eso la cuestión que se tiene en cosmología es explicar todas estas series de factores”. Añadía que los astrónomos esperan que Planck les ayude a comprender mejor la naturaleza fundamental de la creación del espacio y el tiempo que, afirmaba “es muy crítica”.

Más allá de la observación

En su mensaje a los participantes en la conferencia, Benedicto XVI afirmaba que la lección de Galileo es también una llamada a ir más allá de lo que se puede observar. Las cuestiones sobre la inmensidad del universo, su origen y su fin, “no admiten una única respuesta de carácter científico”, afirmaba. “Quien mira al cosmos, siguiendo la lección de Galileo, no podrá detenerse sólo en aquello que observa con el telescopio; deberá ir más allá, interrogándose sobre el sentido y el fin al que se orienta toda la creación”. En este contexto, observaba el Papa, la filosofía y la teología tienen un importante papel “para allanar el camino hacia ulteriores conocimientos”.

Algunos oradores pusieron de relieve que Galileo valoraba la Escritura, observando que le gustaba citar al cardenal Cesare Baronio, que afirmaba: “La Biblia fue escrita para mostrarnos cómo ir al cielo, no cómo van los cielos”. Pero Galileo hacía hincapié en que la Biblia no debería tomarse a la letra o como un instrumento de prueba de la ciencia. Al hacerlo, esperaba que esta visión fomentaría la reconciliación entre la fe y la ciencia (sus detractores, sin embargo, tomaron la postura opuesta y vieron en ello un intento de interferir en la teología)”.

Sin embargo, según el arzobispo Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, la postura de Galileo sobre el literalismo enseña algo muy relevante al mundo de hoy: que tales interpretaciones de la Biblia conducen al fundamentalismo. El prelado italiano, que es también un renombrado erudito de la Biblia, afirmaba que los textos bíblicos son “una realidad vida” y, por tanto, implican el riesgo del fundamentalismo. Pero también ponía de relieve que, a través de la Biblia, se puede llegar a apreciar la “estética de la creación”. “El hombre no puede nunca estar presente en la creación sólo estudiándola desde un punto de vista científico”, explicaba. “Al estudiar el científico el universo desde el punto de vista científico, se deja abrumar por el lenguaje simbólico y recurre a las emociones estéticas, poéticas”.

“Esto es lo que hacen los creyentes, y los grandes pensadores como [Blas] Pascal cuando habla del temor y casi vértigo cuando se enfrenta a estos inmensos espacios y reconoce que una criatura muy frágil”, continuaba el arzobispo. Hizo referencia al salmo 8 en el que un hombre contempla las galaxias y piensa de sí mismo: ¿Qué es el hombre? “De la contemplación estética de la creación dimanan grandes cuestiones existenciales”, afirmaba Mons. Ravasi, “y este es uno de nuestros grandes empobrecimientos”. No es que la humanidad no haya progresado en la ciencia, afirmaba, “sino que el hombre no ha progresado en la contemplación de la belleza de la creación”.

Citando a G. K. Chesterton, afirmaba que “estamos pereciendo no por falta de maravillas, sino por falta de capacidad de maravillarnos”. El arzobispo pedía luego a creyentes y a no creyentes “que descubrieran el valor secreto, el valor poético” de la creación.

¿Orden o desorden?

Como un apunte interesante, el profesor Smoot había afirmado en su conferencia que el universo es “extremadamente ordenado” y parece que llegará a estar incluso más ordenado.

Esto llevó a un miembro del auditorio a preguntar sobre la observación del profesor, preguntando si, como se piensa comúnmente, el universo se está expandiendo y enfriando a una temperatura uniforme y, por lo tanto, se volverá más desordenado, un proceso conocido en termodinámica como entropía creciente.

La conclusión lógica es que, si esto es así, entonces el universo se dirige hacia una posible muerte, o lo que los astrofísicos llaman “muerte caliente”, en la que toda la energía del cosmos termine como una distribución homogénea de energía termal, de manera que no pueda extraerse fuerza de ninguna fuente.

El profesor Smoot contestaba diciendo, en primer lugar, que la parte más temprana del universo tiene una baja entropía. Luego continuaba: “La entropía es mayor donde hay agujeros negros, y nuestro conocimiento actual es que la mayoría de la entropía del universo está en los grandes agujeros negros”.

“La entropía específica es todavía bastante baja, y aunque el universo comenzó extremadamente ordenado se ha vuelto menos ordenado. Aunque parezca ordenado, si se mira a cómo se distribuyen las galaxias y la materia oscura, actualmente está más desordenado que cuando comenzó con casi una uniforme distribución.

“Este desorden está aumentando, y uno de los principales debates de hoy es si esta entropía seguirá creciendo siempre, o si en algún momento esta información se perderá y se borrará y se logrará un nuevo Big Bang.

“Esta es una de las cuestiones interesantes de la cosmología actual: que incluso aunque parezca que nos ordenamos más, no es así”.

 

El matrimonio se funda en la diferencia de sexos

El matrimonio se funda en la diferencia de sexos

La palabra “homoparentalidad”, recientemente acuñada, intenta hacer olvidar que el matrimonio está fundado sobre la diferencia de sexos, y no sobre la sexualidad de los individuos. Esta es la tesis que desarrolla la filósofa francesa Sylviane Agacinski en un artículo que publica en Le Monde (22 junio 2007).

Agacinski señala que la institución de una pareja parental homosexual “aboliría la distinción hombre/mujer en beneficio de la distinción entre homosexuales y heterosexuales”. La reivindicación del “matrimonio homosexual” o de la “homoparentalidad” se ha formulado a partir de la construcción de sujetos jurídicos que nunca han existido: los “heterosexuales”, con lo cual se ha planteado la igualdad de derechos entre homosexuales y heterosexuales. “Sin embargo, se trata de una ficción, pues ni el matrimonio ni la paternidad se basan en la sexualidad de los individuos, sino en primer lugar en el sexo, es decir, en la distinción antropológica entre hombres y mujeres”.

En una civilización como la nuestra, heredera del derecho romano, afirma Agacinski, el matrimonio ha sido siempre la unión legal de un hombre con una mujer, a la que hace la madre de sus hijos. El matrimonio es, todavía hoy, “la unión de dos sexos en razón de su complementariedad en la generación”. En cambio, “un matrimonio homosexual instauraría simbólicamente como pareja parental a dos personas del mismo sexo y pondría en cuestión la filiación bilateral de los hijos (un lado materno y otro paterno)”.

“Se invoca generalmente un culturalismo integral para afirmar que el derecho civil y particularmente la institución del matrimonio y de la filiación son puras construcciones, ajenas a la sexuación y a la generación. Pero no hay nada de eso, pues el lazo de filiación que une a un hijo con sus padres es universalmente reconocido como bilateral, y esta bilateralidad sería ininteligible si no se construyera directamente sobre la generación sexuada”.

“Sin duda alguna, es la complementariedad y asimetría hombre-mujer la que da su modelo a la distinción de los lados paterno y materno de la filiación”.

Agacinski reconoce que la paternidad civil no siempre coincide exactamente con la generación biológica, pero en general se ha intentado que coincidan. “No olvidemos tampoco que el orden civil no borra todo lazo biológico: el incesto sigue siendo tabú entre padres e hijos naturales, y la responsabilidad moral de los progenitores, cuando son conocidos, no desaparece simplemente tras la paternidad legal”.

En cualquier caso, “la alteridad sexual da su modelo formal a la bilateralidad de los ascendientes (por eso, y solo por eso, son dos, y no tres o cuatro)”. En resumen, “si el orden humano, social y simbólico, da a los individuos una filiación doble, materna y paterna, no es en razón de los sentimientos que pueden unir a los padres entre sí, los deseos que los animan o los placeres que se dan, sino en razón de la condición sexuada de la existencia humana y de la heterogeneidad de toda generación, cuyo modelo la cultura ha querido conservar hasta ahora”.

Se trata pues de decidir si hay que mantener o romper “este modelo en el que se articulan la generación, la diferencia de sexos y la de generaciones

 

Fuente: Aceprensa

El lenguaje no es sexista

Contrapunto

La gramática no es sexista

 RAFAEL SERRANO. Fuente: Aceprensa.  8.MAR.2012

Un informe sobre “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”, obra del académico de la Lengua Ignacio del Bosque y suscrito por 26 colegas,

critica algunas guías de “lenguaje inclusivo” aparecidas en los últimos años. El texto se publicó en El País el 4 de marzo, en vísperas del Día Internacional de la Mujer, y el mismo diario ha atizado una polémica en sus páginas pidiendo comentarios a unos y otros. Unas nociones de gramática comparada pueden ayudar a comprender que el género no es el sexo, y una expresión será o no sexista según lo que signifique, no por la extensión que se dé al masculino.

La correspondencia entre los géneros gramaticales y los sexos de algunos seres vivos es a lo sumo parcial, y no existe en todas las lenguas

Los filipinos son un pueblo falto de iniciativa. Efectivamente, en su idioma, la voz verbal no marcada es pasiva. Por defecto, el tagalo –como otras lenguas austronesias – pone el foco en el objeto en vez del agente. Para entendernos: si el español fuera una lengua del mismo tipo, en “un búho cazó un ratón”, el ratón sería el depredador y el búho, la presa. Esta forma de expresar acciones en esos idiomas es muestra de la pasividad de sus hablantes.

Salta a la vista que lo anterior es una estupidez. La pasividad gramatical no tiene que ver con la del carácter. Hay millones de filipinos emprendedores, y en cambio se puede hablar una lengua en que la voz activa sea la directa y la pasiva derivada, y ser un holgazán redomado.

Pues bien, no menos absurdo es tachar de sexista el uso del masculino para mentar hombres y mujeres. Ocurre simplemente que en muchos idiomas, como el

español, el masculino es el género no marcado, de suerte que tiene mayor extensión, a costa de ser menos preciso. Al revés, el femenino tiene mayor precisión y es excluyente. Por eso, “los alumnos” puede significar todo el estudiantado o solo los hombres, mientras que “las alumnas” no son más que las mujeres.

Interpretar eso como sexismo es buscar tres pies al gato. Con la misma base, podríamos ver un indeseable prejuicio antimasculino en el ruso porque los

equivalentes de “hombre” (muzhchina) y “tío” (diadia) terminan en -a y se declinan según el modelo femenino; o, si se prefiere, cabe denunciar machismo porque a esas mismas palabras, pese a su morfología femenina, se las obliga a concordar con adjetivos en versión masculina. Y ¡qué sexismo el de los alemanes – y las alemanas–!, que hacen neutras Fräulein (señorita) yMädchen (chica), haciendo invisible la feminidad. En cambio, los hablantes de inglés, turco o euskera, lenguas sin géneros gramaticales, han de ser los paladines de la igualdad sexual. El caso de los holandeses es dudoso, pues por una parte casi han desterrado de su idioma el femenino, pero por otra, lo han hecho fundiéndolo con el masculino en un género común que se contrapone al neutro.

Cuando hay conductas sexistas, como presionar a una empleada para que no tenga hijos, la batalla contra el género masculino es una pérdida de tiempo

Los 16 géneros del swahili

Quédense tranquilos esos a quienes se les antojan los dedos huéspedes cuando no oyen “los alumnos y las alumnas”. El género de las palabras no guarda relación necesaria con el sexo de los seres significados. Como su denominación indica, el género es una clase o tipo. En virtud de esta categoría gramatical, los nombres y pronombres se dividen en clases que se distinguen, en algunos casos, por la morfología, y sobre todo, por concordar con unas u otras formas de artículos, adjetivos o incluso verbos. La correspondencia entre los géneros gramaticales y los sexos de algunos seres vivos es a lo sumo parcial, y no existe en todas las lenguas. El swahili tiene 16 géneros o clases nominales, y ninguno tiene que ver con el sexo: en dos (uno para singulares, otro para plurales) entran los nombres aplicados a personas, sin distinción de mujeres y hombres; otros dos son para árboles y fuerzas naturales; hay dos más para animales…

La clasificación de nombres, o sea la distinción de géneros, tiene la ventaja de evitar ambigüedades con economía de palabras. Por ejemplo, el género del pronombre disipa toda duda en una frase con dos posibles objetos directos: “Hay allí un jardín con una fuente, pero no lo encontré”, o bien: “… no la encontré”.

Ni jardines ni fuentes tienen sexo, pero en muchos idiomas los nombres tienen género, y se aplican a las realidades significadas con independencia que estas sean de un sexo, del otro o de ninguno. Decimos, pues, “él es una persona muy simpática” y “ella es el miembro más activo del grupo”. Hay también en español sustantivos comunes en cuanto al género, que concuerdan con artículos y

adjetivos femeninos o masculinos, indistintamente (artista, detective, juez…); y adjetivos de una sola forma que concuerdan con nombres de cualquier género (sagaz, fuerte, fácil…). Pero si un nombre tiene variante de género y ha de designar a hombres y mujeres conjuntamente, lo más económico es usar una de las formas. La lengua cayuga, de la familia iroquesa, para referirse a varias personas de uno y otro sexo emplea la forma femenina del pronombre

personal, godi (ellas), mientras que la masculina, hodi (ellos), no sirve más que

para un grupo de hombres solos. ¿Hemos de acusar a los iroqueses de sexismo contra los varones?
Bordeando el ridículo
La corrección política en esta materia bordea el ridículo en su empeño de implantar el lenguaje no sexista. Es curioso que la paranoia comenzara con un idioma sin géneros, el inglés, a propósito de los pocos casos en que no se emplea una misma palabra para hombres y mujeres (he/she,man/woman…). Hay feministas que quieren suprimir womenporque incluye el plural de man. No se han puesto de acuerdo en el término sustituto (womyn, wimmin, womban…), y los otros 375 millones de angloparlantes nativos siguen aferrados al de siempre.

En el caso del español, el filósofo Jesús Mosterín propone el
término humán (pl. humanes) para designar a mujeres y hombres sin referencia al sexo. Bien poco se adelanta con ese neologismo, pues en cuanto se le adjunta el

artículo, reaparece el género. Mosterín, concretamente, dice “los humanes”, no sin lógica, pues “las humanes” serían solo mujeres. Los demás seguimos diciendo “los hombres”, “los seres humanos” o “las personas”.
Por supuesto, como las palabras no son signos naturales, la norma última del lenguaje es el uso común. Es posible que la generalidad de los hablantes se acostumbre a decir “voy al cine con las amigas y los amigos” o “esto es bueno para nosotros y nosotras”. Aunque, si ha de cambiar el uso, yo preferiría que adoptáramos el femenino como género no marcado, y así bastara decir “nosotras” para referirse a nuestro grupo de amigas (incluidos, pues, los amigos). Pero si eminencias como las antedichas apenas han logrado seguidores, menos cabe esperar que se imponga mi opinión.

En todo caso, el lenguaje sexista no lo es por la gramática, sino por el significado injurioso o despectivo contra las personas de un sexo. Y peor aún que el de las palabras es el sexismo de los hechos: presionar a una empleada para que no tenga hijos, la pornografía que reduce a la mujer a un objeto erótico, que un hombre deje a su pareja en la alternativa de abortar o ser abandonada. Cuando abundan conductas como esas, la batalla contra el género masculino es una pérdida de tiempo.

Impacto del envejecimiento en la economía

El impacto del envejecimiento en la economía

Nueva oleada de presión para promover el control demográfico

ROMA, domingo, 8 de marzo de 2009 (ZENIT.org).- La preocupación por el medio ambiente ha dado un nuevo impulso a los defensores del control de nacimientos.

El libro de Paul R. Ehrlich «La Bomba de Población» (1968) creó una oleada de presiones maltusianas para frenar el crecimiento de población, pero, conforme han pasado los años, y los desastres previstos no ocurrieron, el entusiasmo por el control de población disminuyó.

Sin embargo, una nueva oleada de preocupación está siendo alimentada por los ecologistas. En Inglaterra, Jonathan Porritt, que dirige la Comisión de Desarrollo Sostenible del gobierno, declaró que las familias deberían limitarse a dos hijos, informaba el Sunday Times de Londres el 1 de febrero.

Según el artículo, Porritt ha instado a grupos de presión medioambiental a que hagan de la población uno los puntales de sus campañas.

Hizo estas afirmaciones tras unos comentarios de James Lovelock, autor de la teoría de Gaia, que considera la tierra como un único organismo que se autorregula.

En una entrevista publicada el 23 de enero por la revista New Scientist, Lovelock hacía el pronóstico apocalíptico de que debido al calentamiento global el 90% de la población del mundo moriría, según sus palabras, con «una matanza».

El clamor de los activistas verdes tiene una amplia cobertura mediática, mientras que una situación mucho más preocupante – la de una población envejecida por la falta de niños – suele atraer poca atención. Tras las drásticas caídas en la fertilidad de las últimas décadas, muchos países se enfrentan a enormes problemas económicos debido a una proporción más alta de personas ancianas en su población.

Cambio demográfico

Recientemente George Magnus, consultor económico del banco de inversiones suizo UBS, publicaba un análisis en profundidad del impacto económico de este envejecimiento

En «The Age of Aging How Demographics Are Changing the Global Economy and Our World» (La Edad del Envejecimiento: Cómo la Demografía está cambiando la Economía Global y nuestro Mundo) (John Wiley and Sons), Magnus comienza comentando que no hay precedentes para guiarnos en esta situación de rápido envejecimiento de la población.

Para el 2050 habrá casi 2.000 millones de personas con más de 60 años, cerca del 22% de población mundial total prevista, un gran cambio si se compara con la actual proporción de este grupo que es del 10%. Este vuelco en la estructura de edades traerá consigo, explicaba Magnus, nuevas cuestiones económicas, sociales y políticas.

En cuanto a los de más de 80 años, se espera que aumente de los actuales 88 millones, hasta más de 400 en el 2050.

Magnus está capacitado de sobra para hablar sobre temas económicos globales. Según un artículo publicado en el diario británico Telegraph el 8 de noviembre, Magnus, en marzo del año pasado, cuando el Henry Paulson, Secretario del Tesoro de Estados Unidos, anunciaba que no estaba preocupado por las inestabilidades del mercado mundial, publicó un documento advirtiendo de que la crisis de las hipotecas subprime de Estados Unidos provocaría el fin del ciclo crediticio «con consecuencias económicas para el sistema mundial».

Una población envejecida significa que habrá menos personas trabajando para sostener a los que estén jubilados. En Estados Unidos, en los próximos años, la población en edad de trabajar, de los 15 a los 64 años, crecerá, aunque lentamente.

En cambio, en Japón, las cifras de aquellos en edad laboral ya están descendiendo, y en Europa Occidental están casi en punto muerto, explicaba Magnus. Algunos se han visto especialmente afectados.

Menos personas trabajando

En Japón y en Italia, por ejemplo, las personas con más de 65 años eran en 2005 aproximadamente el 30% respecto a la población en edad laboral. Para el 2050 alcanzarán no menos del 70%. En términos prácticos, esto significa que mientras actualmente hay en Japón 3,4 personas en edad laboral por cada persona con más de 65 años, para el 2.050 esto habrá disminuido a sólo 1,3.

En general, en Europa Occidental, el actual nivel de casi cuatro personas en edad de trabajar por cada una con más de 65 años se reducirá aproximadamente a la mitad en el 2050.

Pero el mundo desarrollado no es el único que se enfrenta a un dramático cambio en la distribución de edades. En China, gracias a las draconianas medidas de planificación familiar, el número de quienes trabajan por cada persona con más de 65 años se desplomará en el 2050 del actual nivel de 9,2 hasta el 2,5.

Persuadir a más personas para que se sumen a la fuerza laboral es una solución a la escasez de trabajadores, pero Magnus quitaba alas a esta solución refiriéndose a un estudio llevado a cabo por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Según el FMI, el índice de participación total de la población de una nación que está trabajando tendría que aumentar en un 10% en los países avanzados para ayudar a compensar el envejecimiento. Sin embargo, en tiempos de la expansión económica de los años noventa, la participación en la fuerza laboral aumentó sólo en un 6%, cuando las condiciones económicas fueron lo más favorables posible.

Para países como España, Corea del Sur e Italia, el índice de participación tendría que aumentar de un 18% a un 20% debido al rápido envejecimiento de su población, un objetivo imposible, declaraba Magnus.

Tampoco la inmigración es una solución inmediata. De media, en las economías avanzadas, la inmigración como porcentaje de población ha estado cerca del 6% en el 2000. Para el 2050 tendría que alcanzar un nivel del 30% para compensar en envejecimiento.

Elevar la edad de jubilación y animar a más mujeres a sumarse a la fuerza laboral puede contribuir a la solución del descenso en el número de trabajadores, pero, según Magnus, son sólo remedios muy parciales.

Al mismo tiempo que tiene lugar el envejecimiento, los más jóvenes retrasan su incorporación a la fuerza laboral. Esto se debe en parte al creciente número de quienes emprenden estudios universitarios, pero muchos jóvenes se toman también un tiempo antes de incorporarse a la fuerza laboral y viven en casa con sus padres.

Dilemas económicos

Una población más anciana significa costes sanitarios más altos y un aumento de los gastos sociales. Pero con menos contribuyentes sosteniendo las finanzas públicas, financiar este gasto, observaba Magnus, será un verdadero problema.

Los costes de pensiones ya se han convertido en una pesada carga para empresas y gobiernos. Esto empeorará cuando aumente la expectativa de vida. Magnus observaba que sólo en el Reino Unido, en los dos años anteriores a marzo de 2007, las empresas del sector privado añadieron cerca de 30.000 millones de libras a sus fondos para pensiones, reconociendo que sus antiguos empleados tendrán una vida más larga.

Por otra parte, Magnus comentaba que muchas personas no hacen lo suficiente por ahorrar para su jubilación. Citaba una reciente encuesta en Estados Unidos que demostraba que muchas personas simplemente asumen que recibirán una cobertura sanitaria y una pensión de su empresa por lo que sus ahorros son insignificantes.

De hecho, afirmaba Magnus, para algún tiempo los hogares norteamericanos no han ahorrado o han sobre consumido. Incluso países como Japón, tradicionalmente con altos índices de ahorro, han visto un descenso en los ahorros en la última década, debido a las adversas condiciones económicas.

El gasto de los gobiernos en los jubilados y ancianos aumentará en los próximos años, de una forma más rápida, observaba Magnus, de lo que puede financiarlo el índice subyacente de crecimiento económico. Por lo que se irán haciendo difíciles las decisiones sobre las prioridades de gasto y los niveles de impuestos.

Los gobiernos de algunos países han ajustado la generosidad de sus planes de pensiones en los últimos años. Por ejemplo, en el Reino Unido, quien se retire con unos ingresos medios en el 2050 recibirá una pensión equivalente a sólo un 31% de sus ingresos antes de jubilarse.

Magnus advertía que aunque los trabajadores comiencen a dedicar más ingresos a planes de ahorro para su jubilación, la pobreza en la vejez se convertirá en un grave riesgo.

La situación económica tras la publicación de este libro, y el actual colapso de los mercados bursátiles y monetarios, subrayan los desafíos que plantea el estudio de Magnus.

Los actuales aprietos ya han afectado gravemente a muchos jubilados que dependían de inversiones para financiar su jubilación. Con el envejecimiento que traerá un dramático cambio demográfico en las próximas décadas, muchas personas ven con preocupación sus perspectivas de futuro.

Por el padre John Flynn, L. C., traducción de Justo Amado